clasificacion usos de suelo
 
 

 


La calificación de suelos o terrenos es un nuevo método educativo que se ha desarrollado para enseñar los principios fundamentales del cuidado de la tierra. Su objetivo es obtener la máxima productividad en cosechas, carne o madera, a la vez que proteger y conservar el suelo. Estos propósitos son de una importancia innegable en países que, como en México, se estima que el 70.9% de su territorio se encuentra afectado por la erosión acelerada o humanamente inducida a causa del manejo irracional de los recursos edáficos. Existen testimonios de que civilizaciones enteras desaparecieron como consecuencia de un deficiente manejo de los suelos, tanto en Asia como en América. En México, tenemos como ejemplos la Teotihuacana y la Maya cuyos efectos fueron agravados por una sequía poco común. Tal pudo ser el caso de la Civilización Mochica en Sudamérica.

 

 

Mapa del Mundo de la textura de los

Horizontes superficiales del suelo

Fuente: Glasod-NASA

Guión para la calificación (clasificación) de suelos

El conocimiento del manejo racional de los suelos ha sido siempre difícil de enseñar. Dado que el desarrollo de los suelos requiere de siglos, a demás que una vez degradados su recuperación también es muy lenta. Los educadores en ese campo debemos tener, los mejores métodos e ideas con vistas a despertar el interés de los estudiantes y los agricultores.

 

La clasificación de suelos por su capacidad de uso, vocación, uso potencial y uso ecológico, ha demostrado ser un medio excelente, para interesar y enseñar a los ciudadanos a conocer el suelo. Fue desarrollado en el estado de Oklahoma, por, Roberts y colaboradores, traducido por Tomas Barrios del CSEA de Puerto Rico y modificado por el autor. Tales clasificaciones se basan en características tales como: textura, profundidad, permeabilidad, pendiente, grado de erosión, desagüe o drenaje externo, etc.

 

¿Por qué debemos conocer nuestro suelo?

La práctica de la clasificación por capacidad de uso de los suelos tiene el propósito previamente descrito: enseñar a diferenciar los suelos de acuerdo con su capacidad de uso.  De esta manera a cada tipo de terreno se le debe categorizar en función, como mínimo, de un manejo apropiado y el tratamiento necesario para mantener su productividad, asegurando tanto nuestra supervivencia como la de nuestros descendientes. Siendo la tierra la base de la vida y del progreso es lógico que la humanidad deba interesarse en tener un conocimiento más amplio de la misma.

 

Conociendo su terreno

Las características que se debe considerar en la calificación de los suelos son: textura profundidad efectiva, permeabilidad, erosión, declive o pendiente, desagüe externo, etc. Para clasificar un terreno es conveniente, como primer paso obtener un plano topográfico o elaborarlo si no existe, y dividirlo en áreas como: tipo de vegetación, color de los suelos, textura, profundidad, lomeríos, terrenos planos, pendientes, quebrados, erosionados, etc.  

 

En México existen las cartas de la Secretaría de la Defensa Nacional escala 1:50,000, pero se requiere de una, solicitud para poder adquirirlos. El INEGI ha elaborado planos escala 1:50,000 de gran parte de la República. Existen otras entidades, como la Secretaría de la Reforma Agraria, que han elaborado planos (mapas) a diferentes escalas incluso con curvas a nivel que facilitan nuestra labor, ya que la mayor cercanía entre curvas indica pendientes fuertes, mientras que su distanciamiento sugiere lo contrario.

 

Debido a lo irregular del relieve de nuestro país, es muy difícil que todo un ejido o un rancho quede en una son unidad de clasificación. Por lo que es conveniente realizar una calificación, en sitios diferentes, de todos los factores limitantes para la producción agropecuaria o forestal como son textura, permeabilidad, pendiente, profundidad efectiva, grado de erosión, pH, carbonatos, densidad aparente y si uso actual, para obtener la clasificación por capacidad de uso, de cada una de las fracciones delimitadas en el plano.

 

Características Físicas del Suelo y sus Definiciones.

Una de las primeras propiedades que generalmente podemos determinar en un suelo, con tan solo una pequeña muestra y agua (y si no se tuviera a mana, la propia saliva), es la textura.

 

Textura

La textura es la proporción de las diferentes partículas que forman un suelo. Las partículas varían en tamaño, desde la arcilla (2 µ) que es la más pequeña, hasta las de arena gruesa (50µ o más), más grandes. El limo es la partícula intermedia entre la arena y la arcilla. La textura de un suelo la determinan los porcentajes de arena, limo y arcilla que contiene. De la textura depende, entre otras propiedades, la capacidad del suelo para retener la humedad y los nutrimentos. Aunque con vistas a una descripción más precisa, se puede consultar un manual de descripción de perfiles de suelo como el de FAO, para propósitos más elementales pueden considerarse tres grandes grupos:

 

Textura fina, arcillosos, barriales o pesados. Los suelos de textura fina tienen, desde luego, un alto con tenido de arcilla. Al tacto, podemos diferenciarlos cuando están mojados, ya que al amasarlos entre los dedos se sienten suaves, plásticos y pegajosos. Mas cuando estos se aprietan entre los dedos, después de haberlos amasado perfectamente hasta eliminar cualquier influencia de la estructura, forman una cinta larga, a modo de una pasta de dientes. Pueden tener un poco de arena pero el porcentaje será muy bajo. Cuando están secos son duros.

 

Los suelos "pesados" o de textura fina son, generalmente muy difíciles de trabajar -tanto saturados como secos- y tienen una capacidad muy alta para retener el agua y los nutrimentos. Las arcillas caoliníticas, sin embargo, son relativamente fáciles de trabajar, aunque su capacidad para retener los nutrimentos y la humedad es generalmente baja. Tales suelos son propios de climas cálidos y húmedos, con buen drenaje, como los del sur de la República de México, exceptuando la Península Yucateca.

 

 

 

Estimando la Textura por el tacto

Fuente: Aquí

 

 Textura intermedia o francos. Los suelos de textura intermedia, al estrujarlos entre los dedos, se sienten suaves como harina. Estos suelos son una mezcla favorable de arena, limo y arcilla. Para trabajarlos no son ni muy pesados, ni muy livianos. Cuando se aprietan entre los dedos forman una cinta corta, como de un medio centímetro, que se rompe con facilidad.

 

Los suelos de una textura mediana contienen regularmente un porcentaje considerable de arcilla y limo, pero pueden contener un porcentaje más alto de arena que de de las dos primeras. A veces es necesario acercar los dedos al oído, al frotarlos, al objeto de oír el ruido de las arenas. Los suelos de una textura mediana retienen una cantidad moderada de agua y nutrimentos. Es una textura óptima para la mayoría de los cultivos.

 

Textura gruesa (arenosa o franco-arenosa). Los suelos de textura gruesa, o suelos livianos, son muy arenosos, contienen aproximadamente 60 por ciento o más de arenas. Al frotarlos entre los dedos, se sienten ásperos y sus granos producen ruido, no se forma una cinta cuando se aprietan entre los dedos, ni son pegajosos cuando están mojados.

 

Estos suelos son fáciles de trabajar. Absorben agua rápidamente y no se forman costras como en los de textura mediana y fina. Tienen la desventaja, sin embargo, de que su capacidad para retener el agua y nutrimentos es muy baja (se pierden rápidamente por infiltración). Por lo tanto, tienden a ser poco fértiles y las plantas sufren mucho en las épocas de sequía.