palabras para cuando las cosas sin palabras...

Sobre los escombros, los hombres y mujeres human@s intercambiamos señales con los faros y las 

estrellas, troqueandonos naves, palabras encarnadas.

Palabras para las cosas sin palabras


Soy todavía en el placer que siento al andar por el bordillo de la acera, al saltar a la pídola sobre el puf de la sala. Soy ya al pensar, cuando me invade la funesta sensación de para qué y me quedo en el sofá rumiando melancolías difusas y sumándome las canas con odio.

Si los ancianos ya han sido, los niños todavía no son. A veces hay alguien que no es ni una cosa ni la otra. O que es las dos a la vez”.

Su palabra te despierta, vibra en tu interior, te hace ver que lo más común es también lo más hermoso. Triste a veces como la vida pero es una tristeza bella porque sus palabras lo son. “No quiero divertirlos, no quiero divertirme, quiero lo que reside en el interior de lo interior, donde están las personas y nosotros con ellas, transformar en letras lo que no tiene letra alguna”.



“Es curioso, porque siempre (las guerras) son hechas por muchachos, los soldados siempre tienen entre 18 y 19 años. Pero no es posible hablar de una guerra… es demasiado, por respeto a los muertos y porque en una guerra nunca hay un ganador”.


A pesar de que todos pierden y de que es lo más terrible que existe, “hasta la fecha no sé explicar porque los que estuvimos ahí no tuvimos culpabilidad de matar gente. Es algo a lo que aún no le tengo respuesta

El autor de El culo del mundo explicó que escribir es tan solo un delirio y, desde su formación como psiquiatra, señaló que es muy similar al edificio lógico de los psicóticos, pues primero colocan una primera premisa errónea y a partir de ahí construyen. “Así es la literatura, la primera premisa es errónea y luego escribes todo un edificio lógico”.

Las palabras provienen de las “regiones más oscuras de ti mismo. Nunca escribes pensando en un público. Escribes por tus demonios interiores, por la fuerza que te obliga a escribir, porque es lo que da sentido, alegría y dirección a la vida”. Incluso relató que un día, escribiendo, estaba llorando, pero no era de alegría o tristeza. Fue la fuerza de la palabra lo que lo generó, “y ha sido de una intensidad de placer inmensa”.

"Mi primer gran maestro lo vengo a encontrar en un asilo siquiátrico",

"Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás", le dijo un joven a Lobo Antunes, en lo que definió como su primera lección.

Sí: le dieron a Lobo Antunes el Premio de la FIL. Hace dos años lo vi en ese mismo marco. Y dentro de todos los fantoches, oportunistas, divos, petardos, histriones que uno encuentra entre los grandes nombres de las editoriales, Lobo Antunes me pareció de una humildad y realismo que me conmovieron.

En la conferencia habló con amor hacia su profesión, la psiquiatría. Nunca quiso dejarla para dedicarse a la literatura. Amaba su labor y pensaba que podía ayudar más como psiquiatra que como escritor. Enfrentarse a la condición humana desde los entresijos le ayudaba también a crear historias, personajes, guardando la confidencialidad ética de su gremio.

Hice fila para una firma. Enfrente de mí estaba un chico con una pila de 4 libros de Lobo Antunes. Mientras esperaba su turno iba barajando los libros con nerviosismo y ansiedad. Una vez frente al autor todavía dudó entre dos libros para pedirle la firma. El escritor le dijo: No sufra, puedo firmarle todos.

Y me pareció un gesto muy bello, humilde, cariñoso hacia los lectores, de un escritor al que a partir de ese momento admiré todavía más, en esos días de hartazgo entre los vedettes de alfombra roja raída que por desgracia suelen verse en la FIL.

“Las palabras no son para tratarlas con respeto. Tienes que tratarlas como un cuerpo, un cuerpo de mujer, que tienes que palpar, que apretar, que sentir. Cuando por primera vez leí un texto que tenía olor, sangre, venas, sentí una revelación muy grande”.



A los quince años ganaba mucho dinero pues me había fichado el club Benfica. Para mis colegas del equipo era muy raro que yo fuera a los entrenamientos con libros, que una parte mía tocara a Çamoes, Quevedo, que es mi escritor favorito después de mí. Era una tensión insoportable. Al año siguiente me llamaron para el equipo nacional y el entrenador tenía muchas dudas, no porque jugara bien o mal, sino porque leía”.

“En las ferias veo a los escritores firmando y vuelvo a ser el niño que era y les miro de lejos con admiración increíble, porque hacen libros. Es tan difícil escribir”.

“Tenemos tendencia a leer con nuestra llave, hecha de nuestra experiencia de vida, lecturas, emociones, gustos. No sabemos hacer la distinción entre nuestras pasiones y nuestras ideas. Resulta muy difícil comprender que un libro tiene que ser abierto con la llave del libro, que un buen libro trae su manual de instrucciones y tienes que leerlos con ojos vírgenes y desprevenidos ; olvidar todo lo que sabes y dejarte atrapar por el libro como por una enfermedad. Un buen libro ha sido escrito sólo para mí y no lo presto porque los otros ejemplares dicen cosas diferentes. Hay una relación personal. Te muestran a ti mismo, te revelan y retratan”.

“Durante la guerra de Angola, nos salvó leer poesía. Entendí en mi carne por qué los nazis quemaban libros. Por qué la policía política de Salazar iba periódicamente a la librería y se llevaba casi todo. Los libros han tenido una autoridad inmediata para mí. Al regresar de la guerra empecé a leer y a escribir de otra manera. Mi lectura no es inocente. Leo para ver cómo está hecho y luego tengo ganas de corregir. El libro tiene que tener una fuerza tal que haga olvidar que son personajes de papel. Eso me pasa con Tolstoi, Chejov, Conrad”.

“Para escribir son necesarias tres cosas : paciencia, orgullo y soledad. Sánchez Ferlosio decía de su mujer : Carmen es una viuda que tiene al difunto en casa”.

“Cuando empiezas a leer libros que son muy buenos, tu visión del mundo empieza a cambiar y empiezas a comprender que nunca harás el libro que quieres hacer. Quieres el libro perfecto y nunca lo será”.

“Lo que yo quería era poner la vida toda entre las cubiertas de un libro. Y cómo hacerlo. Empecé a escribir mucho más despacio. Tres líneas, cuatro líneas por día. Media página ya era muy bueno. He descubierto que mientras me adormecía leyendo, cuando estás en el estado crepuscular, entre lo real y el sueño, lees cosas que no están en el libro, mucho mejores. ¿Cómo conseguir este estadio mental próximo a esto para escribir ? Entonces comprendí que cuando estoy muy fatigado, y mi autocensura y todos mis mecanismos lógicos y cartesianos ya no funcionaban, las cosas empezaban a salir de mí, Que tenía que escribir en un estadio próximo a los sueños. Que parezca que cuando lees estás caminando por un sueño que es el tuyo también. Un placer infinito. Así que las primeras dos o tres primeras horas de mi trabajo diario son horas perdidas. Luego, mi actitud es la de dejarme impregnar por el libro, por el don encantador de la poesía, de la prosa”.

“Lo que tiene que ser el buen arte es la alegría para siempre. Y es con esa alegría para siempre con la que yo vivo. Y con esa alegría se celebra aquí esta fiesta del libro. Porque el libro tiene que ser una fiesta. Así es como leo”.


''Mirando el catálogo de la feria me quedé sorprendido por la cantidad de escritores que hay, y es muy curioso porque hay muchos artistas y muy pocas obras de arte, eso es muy curioso. Hay escritores por todas partes, escultores, pintores pero obras de arte hay muy pocas."

''Los escritores que más me gustan no han ganado ningún premio: Tolstoi, Conrad, etcétera. El hecho de ganarlos da placer, pero no es importante, ni puede serlo para tu trabajo, pero debes sentirte agradecido con quien te los da: hay una generosidad y una simpatía. Uno no escribe para ganar, sea lo que sea, ni para volverse rico, uno escribe no sé bien por qué, pero cuando escribes te sientes culpable porque cuando no lo haces es como si te hubieras vestido sin haber tomado un baño, es una necesidad vital."


lo que sí le preocupa ''es empezar un libro, nunca sabes si vas a poder hacerlo o si el libro más reciente va a ser el último. Creo que la única cosa que he aprendido con los años es que la vida te da un cierto conocimiento de ella, que llega siempre demasiado tarde. Aún estoy aprendiendo a escribir y a vivir".

''Nosotros los latinos tenemos la posibilidad de tomar la palabra como si fuera un cuerpo, o sea, haciendo el amor, pegándole, deshaciéndolo. El problema está en que mientras escribes hablas de cosas que son anteriores a las palabras: impulsos, emociones, etcétera, que por definición son intraducibles en palabras y lo que buscas es cómo traducir en palabras cosas que por definición son intraducibles.

''Entonces, cuando estás frente a una dificultad técnica buscas la forma de resolverla y la crítica dice '¡Ah! Ha intentado una cosa nueva', pero lo que llaman calidades no son más que defectos disfrazados.

''Al mismo tiempo, las palabras son verdaderas y muy traicioneras, y tienes que inventar, porque ya están muy viejas; hay poemas de Babilonia con 15 mil años en que los poetas se lamentan que todo está dicho, que ya no hay nada más qué decir. Entonces sigues trabajando con palabras que han sido utilizadas por tantos escritores. Así que todo tu trabajo es en el sentido de que las palabras que están antes y después tenga una existencia propia, tengan sangre. Eso es lo que intentas con tu trabajo."


''La escritura es una cosa que no me da alegría, que no asocio al placer, la lectura sí, pero la escritura, no porque no estás seguro de lo que estás haciendo, a mí me encantaría estar lleno de luminosas certidumbres".


''Es muy curioso, porque en los países latinos me siento en casa. No me siento en un lugar ajeno, me siento entre la gente de la misma raza que yo. Antes de venir estuve en Estocolmo, ahí sí me sentía extranjero: los hombres tienen los pies demasiado grandes, y su relación con la vida, la gente, es diferente: pasaba una mujer guapa y no había un hombre que la mirase, tampoco se puede fumar y para eso hay ceniceros de cristal en la calle."


Se aprende también a vivir en ''función de un minuto, un año o 20, y al mismo tiempo sea un minuto, un año o 20, eso no va a acabar porque no puedes vivir sin futuro, no puedes.

''Tienes que vivir en función de pequeñas eternidades. En la guerra esa eternidad era 'he sobrevivido hoy'. Siempre negocio el libro con la muerte, le digo: 'déjame acabar el libro primero', porque nunca sabes cuando eso va a pasar.

''Todo es importante y vivo esto con alegría. Creo que lo mejor que podemos hacer es que no haya malentendidos entre nosotros y la vida."


"Era en la escuela del señor Andre. por ejemplo, preguntaba ¿Las sierras del sistema galaico-duerense? y si me quedaba callado, cogia la regla y decia: "Penedo", "Suajo", "Geres", "Larouco", "Falperra". Y las sierras entraron todas en mi cabeza."