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Bienvenida de Leonardo

 
A las 10 de la mañana, según el horario previsto, y cuando ya había
llegado a Monreal la expedición turolense, hizo su aparición Leonardo. 
En un ambiente alegre y distendido agradeció el trabajo realizado durante el curso recordando su vida y su obra. He aquí las palabras que dirigió al público:


Buenos días. Me llamo Leonardo da Vinci y nací en el lejano año de 1452 en Italia. Resulta que hoy es mi día aquí, en Monreal del Campo y querría decir unas palabras antes de que cada uno se vaya a sus talleres y actividades. Empecemos por los honores: de mí dicen que soy un gran artista, polifacético, que me dediqué a casi todas las disciplinas artísticas y humanas de mi tiempo, un genio, vamos. Sin embargo, ahora mucha gente solo me recuerda por un libro no muy bueno que se vendió mucho y una película que generó bastante polémica en la que salía Tom Hanks. Ah, y por un cuadro de una chica con mirada enigmática…Pero yo hice muchas más cosas y de bastantes de ellas casi nadie se acuerda. Eso sí, cada vez que se habla del dinero que podría pagarse por algunos de mis escritos se dan unas cifras elevadísimas, algo que yo no pude disfrutar en vida, que esto de la crisis y no reconocer a los artistas no es solo de vuestro tiempo, sino que ya sucedía antes…

He hecho de casi todo en esta vida: he diseñado armas, máquinas voladoras, artilugios para hacer más cómoda la vida, incluso un submarino, que nunca me reconocieron mientras vivía…; he pintado, he trabajado para los hombres más poderosos de mi tiempo (que no me pagaban bien y a tiempo, como sucede ahora) y de mí comentan que soy algo fantasioso, que quería saberlo todo y que preguntaba mucho.

Pero no penséis que mi vida fue fácil: fui hijo ilegítimo, escribía con la izquierda, no tuve acceso a la educación de los nobles y me gustaban cosas tan raras como las aves y los elementos de la naturaleza. Estuve en Florencia, donde aprendí el arte de la pintura junto al maestro Verrocchio en el Renacimiento. Enseguida me dijeron “¡Eh, chaval, esto de la pintura no se te da mal!” y me fui a Milán, donde un tal Ludovico Sforza, me contrató. Este señor quería que hiciese diseños de máquinas bélicas, acueductos, puentes, métodos de asedio…y también fiestas, que no todo era trabajo. Pero no era del todo feliz: quería aprender más y mi curiosidad me llevaba a temas novedosos, como la anatomía, métodos de riego…y en medio, mi jefe me encargaba cosas como un caballo de bronce de siete metros de altura…Claro, como no lo pagaba solo él y yo no veía ni un céntimo era muy fácil: ¡venga, tú construye, que ya te pagaré! Y ni lo terminé –se quedó en un molde de arcilla- ni me pagó, como ha sucedido por vuestro país en muchas ocasiones. También me dio tiempo para pintar a una joven, Cecilia Galerani, que era muy amiga de mi jefe. Eso sí, a veces mi jefe era bastante espléndido y me encargaba pintar un cuadro como “La última cena”: ¡Jesús bendito! ¡Qué de trabajo me ha dado y cuánto se han aprovechado otros de ese cuadro! Y encima le salen grietas…Vamos, que así no hay quien trabaje.

En Venecia diseñé un ejército subacuático que era la pera limonera y me dijeron que no, que ya se lo pensarán, que les parece muy bien y que ya me llamarán…Por supuesto no me pagaron, sino que me dieron largas…A mí eso no desanimaba y seguía aprendiendo y alimentando mi curiosidad: motores, proyectiles, catapultas, anatomía…Hasta que aparece en mi vida César Borgia, cuya fama le precedía: decían cada cosa de él que daba miedo que te llamara. Sin embargo conmigo se portó bien: me propuso proyectos y me dio un relativo poder. Eso sí, de dinero, como siempre, y yo cada día más agobiado.

Luego volví a mi querida Florencia y pinté un cuadro que, lo mires por donde lo mires, nunca lo olvidas (La Mona Lisa). Hice proyectos de los que luego me enteré que se llevaron a cabo, inventos como el helicóptero o el ala delta.

Al final también estuve en Roma, ese lugar tan de modo en estos días, porque me llamó León X, bueno su hermano o algo así, porque no nos terminamos de entender. Al final me fui, y muchos de mis escritos se quedaron criando polvo en cajones…hasta que algunos los redescubrieron y se dieron cuenta de que yo era un adelantado, un genio. A buenas horas, mangas verdes.

Buenos, pues resulta que hoy, en Monreal del Campo, lugar que nunca pisé ni conocía, unos entusiastas profesores y alumnos de su instituto –¡qué suerte, que yo tuve que aprender por mi cuenta!- y de otro de Teruel me han dedicado una feria, con múltiples actividades y talleres, para darme a conocer y que la gente sepa por qué doy juego. Estoy seguro de que su esfuerzo e ilusión no os defraudarán y que disfrutaréis de una jornada como esta. Mi espíritu estará por todos los lugares, cogiendo ideas, diseñando nuevos inventos, aprendiendo, que es de lo que se trata. ¡Que lo disfrutéis! ¡Viva Leonardo! ¡Viva el instituto de Monreal! ¡Viva el instituto de Teruel! Hala. 

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