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2013.03.24 – Esther Díez Martínez (2).

publicado a la‎(s)‎ 24 mar. 2013 2:50 por N. Nozick   [ actualizado el 6 abr. 2017 10:28 ]
2013.03.24 – Esther Díez Martínez (2).



Para justificar el que las niñas salieran tan tarde (a las ocho y veinte) de casa de Esther, según su declaración sumarial en la que dijo que había consultado la hora en el vídeo, se ha presentado la hipótesis de que no se había modificado la hora del vídeo para ajustarlo al cambio de horario de invierno. Con lo que las niñas habrían salido en realidad a las siete y veinte de la tarde.

Pero esta explicación no se sostiene por dos motivos: porque todos los testigos tendrían que haber olvidado modificar la hora de sus relojes y porque no necesitamos el vídeo para saber a qué hora salieron las niñas de su casa, según los datos de entonces.

Soria Chaveli las vio junto al ambulatorio a las 19:45 (¿también tenía el reloj mal?). Poco después, digamos a las 19:50, Miriam, Toñi y Desirée recogieron a Esther a la puerta del ambulatorio. En el juicio, aunque modificó la hora de salida, Esther dijo que habían estado con ella media hora. 19:50 + media hora = 20:20 horas. Justo la hora que marcaba el vídeo en la primera declaración. El vídeo, hasta podría estar bien sin que se modificara la hora. Dependiendo de cuando lo hubieran puesto en hora, estaría seis meses con la hora bien y seis meses con la hora mal.

Matilde Iborra también tendría que tener mal el reloj cuando dijo que Miriam la llamó a las ocho de la tarde para pedirle a su padre que las subiera a Coolor. Hervás también tendria el rejoj mal, y su novia, y también Cano Llacer. Hasta Miguel Ricart, que declaró que Anglés y él salieron de casa de Neusa hacia Picassent a las ocho de la tarde.

La mayor parte de los testigos eran conscientes del horario.

Matilde Iborra tuvo que consultar el reloj antes de decirle a Miriam que ya no eran horas. Soria Chaveli tenía que ir a un examen, así que tenía que conocer claramente qué hora era, no podía llegar tarde. Cano Llacer tenía que recoger a su novia en Silla, que salía a una hora en concreto. Hervás tenía que llegar al taller antes de que cerraran (y es el único que podría tener el reloj mal, ya que cuando dijo llevar el coche al taller ya habían cerrado, aunque afirmó lo contrario). Todos tienen motivo para saber claramente qué hora es con bastante aproximación.

Y si el reloj de Esther estaba mal, habría dicho en el juicio que salieron de su casa a las siete y veinte de la tarde, una hora antes de lo que declaró en el sumario. Pero en su declaración del 28 de mayo de 1997 lo que dijo fue que las niñas "salieron de su casa sobre las ocho"... A no ser que en Alcàsser hicieran los cambios horarios de sólo media hora, no cuadra.

Pero no es un problema de relojes. Quien tenía que haber comprobado en su día si la hora del vídeo era correcta, si Soria Chaveli tenía un examen, si el coche de Hervás llegó al taller, si Cano Llacer fue a Silla y si la señora Badal tenía bien su reloj de pulsera o el de pared de su casa, no lo hizo o no dejó constancia de haberlo hecho.


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También tenemos información sobre Esther en dos capítulos del libro “Sin piedad”, y en un artículo de prensa de “La Vanguardia”.

El pueblo de Zamora (recordemos que Esther nace en Zamora) al que su madre Rosalía Martínez, también zamorana, se la lleva en verano -según nos cuenta Marisa- podría ser Fuentelapeña, en donde al parecer tiene familia.

El último dato que tenemos sobre Esther es un artículo en "El Mundo" (Crónica), del domingo 11 de noviembre de 2012. No quiere hablar. "... La muerte de sus amigas, su azarosa salvación de última hora, le han costado años de depresión y tratamiento psiquiátrico y, aunque de un tiempo a esta parte está mejor, aún le palpita el corazón y echa a correr si tiene, por ejemplo, que recoger su coche en un parking solitario..." Ya no vive en Alcásser. Ha huido a un pueblo vecino. (1) Está casada, tiene una hija y es azafata.


(1) A Picassent.

http://www.picassentpopular.com/wp-content/uploads/2009/06/9-de-mayo-de-2009-extraordinario.pdf

En este  documento, ver Seccion 12, Mesa A.

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Marisa
Capítulo 7 del libro: “Sin Piedad”
Fernando Martínez Laínez,  Ediciones B
I.S.B.N.-10: 8440641788
I.S.B.N.-13: 9788440641786

... Tengo todavía lo que les han hecho como un peso en la cabeza que no me puedo quitar, y algunas noches hasta tengo pesadillas. No tantas como Ester, que ella sí que conocía a Desi. Eran amigas de toda la vida, pero amigas de verdad, de las que se cuentan todo y saben todo la una de la otra. Ella conoció a Desi mucho antes que yo, casi desde que andaban a gatas y habían patinado juntas y estado en clase juntas... A mí, Ester a veces me impresiona, te lo juro, y cuando está ella delante y sale el nombre de Desi, la observo y quiero cambiar de conversación porque sé que le están haciendo daño, mucho daño por dentro... Ester llora mucho y está como alucinada. A veces llora por cualquier cosa, y entonces yo sé que de repente le ha llegado como de golpe el recuerdo de Desi. No había dos chicas en el pueblo que se quisieran más, pero sin saberlo Ester las empujó a la muerte porque fue ella la que les dijo al final que fuesen a la discoteca, y piensa que tiene la culpa de lo que ocurrió... Fíjate qué tontería, cómo puede ser culpable alguien de algo que nadie podía ni siquiera haber imaginado... Pero eso a Ester no le sirve de consuelo, se ha puesto más delgada y no para de llorar por cualquier tontería, como una loca. Así es que la madre se la ha llevado este verano a un pueblo de Zamora, a ver si se olvida un poco, aunque yo creo que eso es una tontería. Cuando tienes el coco a presión, totalmente lleno, y estás obsesionada con alguna cosa, es igual el sitio en el que estés. Siempre terminas pensando en lo mismo.

... Yo, el viernes no vi a Miriam, pero ella había quedado en verse con el Lean en el local de los recreativos ZASS, que está aquí en Alcásser, o en la discoteca; y, si no, luego a las nueve y media, de vuelta al pueblo. A la que vi el viernes fue a Desi, que estuvo conmigo en clase ese día. "Me voy a Valencia a comprarme unos zapatos, ¿te vienes?", le dije. Y ella me dijo: "No, no, que tienen que pasar Toñi y Miriam a por mí." "Pues vale, cuando venga de Valencia ya os buscaré." Yo llegué de Valencia hacia las ocho y cuarto y lo primero que hice fue llamar a Ester. "¿Ésas están en tu casa?", le pregunté. Y me dijo: "No, ya se han ido." "Pues me voy a ZASS a ver si están por ahí", dije yo. Y cuando comprobé que tampoco estaban pensé: pues vale, y me vine a casa...

... y lo que más me corta es que al recordar algo de ellas lo suelto sin pensarlo; y cuando está Ester delante me mira como si me guardara rencor, como si yo estuviese diciendo alguna tontería, porque ella quería tanto a Desi que te juro que me parece que le molesta que alguien hable de ella en su presencia, como si fuera algo que sólo Ester comprende, un recuerdo que sólo ella quiere guardar sin que las demás lo toquemos, porque ella y Desi se conocían de toda la vida, desde que eran muy pequeñitas, pero eso ya lo sabes porque te lo he dicho al principio...

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Ester
Capítulo 18 del libro: “Sin Piedad”
Fernando Martínez Laínez,  Ediciones B
I.S.B.N.-10: 8440641788
I.S.B.N.-13: 9788440641786

Miriam era la más guapa. Hacía ballet en el Instituto y quería ser bailarina. La gimnasia le gustaba y le había dado un buen tipo. También era bastante reservada para sus cosas íntimas... Miriam se lo callaba todo, a lo mejor había salido con un chico y no te lo contaba... se lo callaba. Siempre estaba pensando.

Sí, fueron algo así como novios, y él se llama Lean, que en realidad es Leandro. Ahora está en la mili y se dedica a la naranja. Alto, muy fuerte, hacía pesas y kárate, y con decirte que calza un 45 te harás idea de lo chicarrón que es... Pero habían roto, Miriam tenía nobleza y, aunque callada, planteaba los problemas de frente. Rompió con el Lean porque había conocido a otro chico, así es que habló con él y se lo dijo: "Lo siento mucho, pero he conocido a otro chico en la acampada del Instituto y me gusta. Lo siento." El Lean estaba que alucinaba, y aquello le sentó fatal, pero no le quedó más remedio que aguantarse.

Regañaron, pero, luego, al oír el disco de Peter Schilling que Toñi nos dedicó, a Miriam se le agolparon los recuerdos de su antiguo novio y le dio pena. Estuvo llorando toda la noche pensando en el Lean, en el daño que ella creía que le había hecho, y como era tan sensible fue a verlo otra vez, a hacer las paces, y a decirle que estaba arrepentida de lo que le había dicho. Hubo reconciliación —nos dijo Miriam—, pero el Lean se hizo un poco el duro y lo aceptó sin demostrar mucho deseo, dejando ver que tampoco estaba impaciente. Debió de ser una actitud calculada pero accedió a que volvieran a salir juntos y quedaron en verse, aunque no en la discoteca, porque Lean, a última hora, decidió no subir a COOLOR. Miriam no fue esa tarde a la discoteca por el Lean, y no tenía mucho interés en ir. La que más interés tenía era Toñi, que quería ver a un chico del pueblo que le gustaba y que se llama José Antonio. Pero a José Antonio se lo cruzaron en la calle Padre Guaita, poco después de salir andando de la gasolinera. Él bajaba en un Vespino y les dijo adiós. Puede que Toñi se llevara un chasco cuando vio que bajaba, porque ella subía precisamente para verle.

Esa tarde, las tres, acompañadas de Vanesa, que también era muy amiga, se fueron a eso de las cinco y media a los recreativos ZASS a jugar a las maquinitas, pero en realidad debieron de ir porque Miriam quería ver al Lean, que estaba jugando al billar. Bromearían un poco entre ellas y luego decidieron venir a verme a mi casa.

Yo estaba con gripe esa mañana del viernes, y como sabía que Desi, que era mi mejor amiga, entraba a las nueve al colegio y a veces se fumaba algunas clases, la llamé antes y le dije: "Desi, pírate las clases y te vienes a mi casa." Y me dijo, "Vale, vale, guay..." Mi madre no estaba, ni mi hermana, y estuvimos las dos hablando de lo que solíamos hablar, cosas nuestras sin importancia, y luego, al mediodía llegó Marisa, y Desi se marchó un poco antes, y al irse, me dijo: "Ya te llamaré esta tarde." Y a eso de las cinco fue cuando yo la llamé otra vez. "Desi, ¿vas a salir? ¿Habéis quedado?" Yo estaba harta de quedarme en casa. Llevaba tres o cuatro días y mi madre no estaba, así que dije: me las piro un rato. Y Desi me lo quitó de la cabeza: no, no, quédate, que nosotras iremos a verte y te llevaremos golosinas. No salgas que te vas a poner peor...No sé qué, no sé cuántos... o sea, superguay... Y luego fui a ponerme una inyección al ambulatorio, pero antes pasé un rato por los recreativos de ZASS y ellas ya no estaban. Entonces, llegué al ambulatorio y, luego, al salir, estaban esperándome en la calle. Les dije: "Bueno, qué vais a hacer." Y Toñi contestó: "Vamos a COOLOR." Sacaron el dinero de las tres para ver cuánto tenían.

No llevaban dinero para entrar en la disco, que cuesta cuatrocientas pesetas la entrada. Entre las tres no juntaban las mil doscientas. Desi llevaba sólo tres o cuatro duros, no más, porque se lo había gastado, y entonces fue cuando Miriam me dijo:

—“¿Puedo llamar desde tu casa a mi padre, a ver si nos lleva?" Y le dije: "Veniros y le llamas." Cuando llegaron a casa ya estaba mi madre. Miriam llamó y su padre le dijo que no, que estaba muy cansado. Entonces nos sentamos y yo les dije que se quedaran a jugar a las cartas o a lo que fuera, pero Toñi quería marcharse, y Desi y Miriam le siguieron la corriente...

Miriam preguntó: "¿Cómo nos vamos, andando?", y yo les aconsejé que se fueran haciendo dedo, porque a pie hay que cruzar un puente que está cerca, con mala gente, y da un poco de miedo por la noche... Y mi madre lo estaba oyendo, sabía que yo también hacía dedo a veces, y aquel día lo dijo: "No vayáis a dedo que algún día os pasará algo..." "¿Qué les va a pasar, mamá?", dije yo, hasta entonces no había ocurrido nada haciendo autoestop, y mira que todas hemos hecho dedo...

Bueno, se fueron hacia las ocho menos algo, y ya no supe más hasta que a las doce me llamó Pepita, una amiga, superpreocupada: "Oye, ¿has visto a ésas...? Se han ido a COOLOR, ¿qué pasa...? Es que la madre de Desi me ha llamado superpreocupada..." Pero yo pensé: no ha pasado nada, y me quedé supertranquila viendo la tele... ¡Cada vez que lo pienso me entra una congoja...! Yo superguay, mientras ellas... Y luego, a la una, estaba durmiendo y llamó la madre de Miriam. Cogió el teléfono mi madre y me dijo: "¡Eh, que no han aparecido...!", y entonces yo me puse a llorar, supermal, porque supe que les había pasado algo...

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¿La llama Pepita a las doce porque la había llamado la madre de Desi? ¿Cómo es esto? ¿Acaso Esther no era la mejor amiga de Desi? ¿Cómo es que Rosa Folch no llamó a Esther antes que a nadie? ¿O sí que llamó y no le cogieron el teléfono? ¿A las doce de la noche no han aparecido sus amigas y superesther se queda supertranquila viendo la supertele? ¿Y hasta la una de la mañana no llama Dª Matilde, la madre de Miriam? A Esther la tendrían que haber llamado ambas madres en cuanto empezaron a preocuparse. A partir de las 10 de la noche, en cualquier momento. Cada madre habría llamado a las madres de las otras dos niñas. Y la tercera llamada habría sido para Esther, porque habían quedado en ir a verla...


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El horror estaba muy cerca
LA VANGUARDIA - SOCIEDAD. VIERNES, 29 ENERO 1993
SUCESOS: Tragedia en Alcásser

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1993/01/29/pagina-18/34719338/pdf.html?search=horror

El último testigo

Esther, de 14 años, es la última amiga que las vio con vida. Aquel trágico 13 de noviembre de 1992, Esther tenía que ir con las tres chicas a la discoteca de Picassent, pero se quedó en casa porque estaba enferma.

-Esto me salvó la vida -dice-. Por la mañana Desirée estuvo en mi casa, y luego quedamos que volvería por la tarde o que nos veríamos en los recreativos Zass. Por la tarde yo fui al ambulatorio para que me dieran una inyección y luego, a las siete, vinieron a casa. Recuerdo que Miriam dijo que nos quedáramos a jugar a algo.

- Si nos hubiéramos quedado...

Esther está hecha polvo. La acompañan sus amigas Ana, Melina y Amaia, que eran del mismo grupo que las víctimas. Salían juntas todos los fines de semana, se reunían en los recreativos Zass y este verano se hartaron de hacer autostop.

- Íbamos a Silla, donde tenemos unos amigos, o a la discoteca. Siempre nos desplazábamos en autostop.

Discuten entre ellas sobre si hubieran subido en un coche ocupado por tres o cuatro personas, y, aunque Amalia dice que no, Esther recuerda que ella sí lo hizo en alguna ocasión. De hecho, la última persona que vio con vida a las tres jóvenes fue una mujer de Picassent, que las vio subir en un coche blanco en la carretera que va a la discoteca...

... - Yo, desde luego, -dice Ana- nunca he subido con más de dos personas.

Pero Esther introduce la duda:

-Bueno, yo sí lo he hecho alguna vez...

... - Que les cojan y les hagan lo mismo o peor, dice Esther...

... - ¿Os da miedo que los asesinos puedan ser conocidos?

Mucho -dice Esther...

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