5.1. La Poesía lírica (Catulo. Horacio. Ovidio).

 
Catulo

 
Horacio
 
Ovidio

5.1.1. Características del género.
De los orígenes de la lírica romana, en época preliteraria, conocemos algunos himnos de índole religiosa, cantos triunfales a los generales vencedores, canciones de cuna, de trabajo y de guerra.
Pero de todo ello no tenemos más que referencias y pequeñísimos fragmentos. Del primer autor del que se tienen testimonios es Livio Andrónico, que en el 207 a.C. compuso una canción procesional por encargo público para un coro de doncellas. También poseemos algunos epigramas eróticos y fragmentos poéticos de Lutacio Catulo, Levio, Pompilio, Porcio Licino y algunos otros autores de fines del siglo II a.C. que presagian el grupo de los neotéricos cuyo máximo representante será Catulo. A éstos los llamó así Cicerón (poetae novi) por la renovación que supusieron para la lírica romana. La mayoría de ellos proceden de la Galia Transpadana y su juventud coincide con la época de la dictadura de Sila. Como poetas se caracterizan por el abandono del modelo de Ennio, al que sustituyen por los autores griegos alejandrinos, y por su técnica refinada y las formas líricas que ya encontramos en Lutacio Catulo y Levio. Algunos autores son Helvio Cinna, Furio Bibaculo o Licinio Calvo, pero de ellos conservamos sólo referencias indirectas y algunos fragmentos.

5.1.2. Principales autores y obras.
- Catulo (84? – 54? a.c).
Nació en Verona, estudió en Roma y allí pasó casi toda su vida, con excepción de algunas temporadas en su tierra natal. Mostró poco interés por los cargos oficiales y por el comercio, tenía lo suficiente para vivir del otium, de la vida de sociedad y, sobre todo, del arte de la poesía. Sus composiciones fechables datan de los años 60–55/54. En el año 57/56 sabemos que se halla en Bitinia para visitar la tumba de su hermano en la Tróade, y en el 54 fallecía a los treinta años de edad.
Su obra se compone de 116 poemas que podemos clasificar en tres bloques atendiendo a su contenido y precisando que están ordenados conforme a su naturaleza formal y estética y no según un orden cronológico: las composiciones breves de métrica variada, que él las llama nugae (bagatelas); las composiciones más largas y eruditas; y los epigramas en dísticos elegíacos. Toda la colección está dedicada a Cornelio Nepote. Aparte, se ha transmitido un poema a Príapo.
En Catulo se concentra todo cuanto caracteriza a los neotéricos: poesía erótica, poemas de amistad, descripciones de la naturaleza, ideas políticas, sátiras privadas, epitalamios, epilios.
Es extraordinaria la libertad de los poemas cortos, tanto de los líricos como de los epigramas; igual que ocurre con el conjunto de sus canciones a Lesbia. ésta era, en realidad, Clodia, esposa de Q. Cecilio Metelo, quien mantuvo con Catulo una larga y apasionada historia de amor–desamor conservada en parte importante de estos poemas.
Las composiciones más largas lo señalan como poeta doctus. Su modelo principal fue el alejandrino Calímaco. Son ejemplos de esto la pequeña epopeya sobre la boda de Peleo y Tetis que contiene descripciones magistrales como la del tapiz con la historia de Teseo y Ariadna y la del canto de las parcas; o su versión de La cabellera de Berenice; o el poema de Attis. También el último de sus poemas largos, la elegía a Alio, de composición circular, es importante porque se considera el precursor de la elegía erótica subjetiva, una de las más típicas creaciones nuevas de la literatura romana.
Igualmente, desde el punto de vista de la forma poética, Catulo introduce en Roma la estrofa sáfica, trasladando a la poesía romana la lírica eólica. También introdujo una estrofa eólica en el himno a Diana y en el canto nupcial; pero será ya Horacio el que lleve a cabo la adaptación de la canción eólica a la métrica romana.
- Horacio (65 – 8 a.c.).
Después de Virgilio es el testigo más significativo del espíritu de la época de Augusto y, junto con aquél, el creador de su estructura poética. 
Nació en Venusia pero se trasladó a Roma donde estudió en la escuela del famoso gramático Orbilio. De allí partió a Atenas para cursar filosofía. Se alistó como tribuno militar en el ejército de Bruto y participó en la batalla de Filipos. Después compró un puesto de secretario de la caja y archivo del Estado y, en esa época, comenzó a componer poesía. Virgilio y Vario lo recomendaron a Mecenas a cuyo círculo se incorporó. Augusto quiso nombrarlo secretario personal suyo, pero el poeta supo rechazar este compromiso sin herirle. Sin embargo, fue importante el encargo que le hizo con motivo de la fiesta secular del año 17 a.C. Murió el mismo año que Mecenas y fue enterrado junto a él en el Esquilino.
Su obra es muy amplia: el primer libro de Sátiras está fechado en el año 35; el segundo y los iambi o Epodos el 30; en el 23 publica tres libros de Odas; entre el 23 y el 20 compone el primer libro de las Epistulae y en torno al 15 el segundo; en el 17 el citado Carmen saeculare, por encargo de Augusto; entre el 17 y el 13 el cuarto libro de Odas; y, por último, a esta última época corresponde también la carta literaria a Augusto.
Los iambi tienen su origen en la primitiva época griega. Su maestro fue Arquíloco de Paros; y Horacio los compondrá de acuerdo con su estilo y su espíritu. Recoge de los griegos el trímetro yámbico, pero no el ataque desenfrenado contra personajes de la vida pública; las pocas personas a las que ataca apenas tienen importancia (Mevio, un poetastro; la bruja Canidia,. . . ). Así el género yámbico se convierte en manos de Horacio en algo muy personal. Los gramáticos dieron a la colección el nombre de Epodos porque en la mayoría de las composiciones un verso más breve sigue a otro más largo.
En sus Sermones entra en competencia con Lucilio, a quien pretende renovar. Pero estas obras pertenecen al género de la sátira y no vamos a profundizar en su análisis. Sus cuatro libros de Carmina (llamadas también Odas) conquistan la primitiva lírica griega para la literatura romana. Recrea así la forma poética más excelsa e inaccesible de la poesía helénica: Píndaro, Baquílides, Anacreonte, Alceo y Safo. La métrica de su versificación es la eólica; para más de la mitad de sus poesías emplea las estrofas alcaica o sáfica y, también es una novedad, su atención severa a las cesuras. Igualmente, tomó temas de Alceo o Píndaro (la mitología ocupa un lugar importante). Por supuesto, el orden de los poemas no es cronológico, predomina el principio de la variación temática y métrica; casi todos están dedicados a personalidades (Mecenas, sobre todo; Augusto, Virgilio. . . ) y los unifica su carácter pragmático: la esperanza de verse asociado a los nueve poetas líricos que siguen el canon griego. El libro IV de Odas, bastante posterior a los otros, nos muestra ya a un Horacio maduro y resignado. Celebra en él grandes acontecimientos políticos, muestra los desengaños del amor y ve próxima la llegada de la muerte.
Aunque sus Epistolae no pertenecen a este género literario, conviene aludir a la Carta a los Pisones, agregada al libro II de epístolas y llamada también Ars poetica. Es un tratado de teoría literaria donde Horacio expone sus reflexiones sobre la composición poética. El Carmen saeculare es un himno compuesto para ser cantado por un doble coro de niños y doncellas de las familias más nobles. Constituye una acción de gracias a los dioses por la pax Augusta y una súplica por su duración. Escrito en estrofas sáficas, muestra la total identificación del poeta con las ideas del emperador y es una muestra más de la perfección artística del poeta. Por último, en su carta literaria a Augusto habla del papel de la poesía en el pasado y presente de Roma y con ello justifica sus propios esfuerzos.
- Ovidio (43 a.c. – 17 d.c.).
Nace en Sulmona , pero marcha a Roma donde acudió a la escuela de retórica y, desde joven, se sintió atraído por la poesía (a los 18 años daba ya recitaciones públicas de sus poemas). Según la costumbre de la época, amplió su formación con algunos viajes y sobre todo con una larga estancia en Atenas. Abandonó pronto la carrera de funcionario entregándose por completo a la poesía y al placer de la vida culta. Se casó tres veces y, siendo ya un poeta celebrado, le llegó de Augusto en el año 8 d.C. la orden de destierro a Tomi (en la actual Rumania). Nos es fácil saber las razones de este castigo, las hipótesis barajadas son la publicación de su Ars amatoria y su complicidad en un escándalo que afectaba personalmente al emperador. Desde entonces se dedicó a suplicar un perdón que nunca llegó. 
Su obra refleja el fin de la edad dorada de la literatura latina. Junto a la fluidez de su lenguaje y su versificación, su habilidad para superar las dificultades técnicas y su capacidad para tratar los temas tradicionales de forma asombrosa; encontramos cierto abandono y monotonía en el tratamiento de ideas y motivos agotando sus temas de manera absoluta y poca seriedad y buen gusto en ocasiones.
Comenzó escribiendo elegías eróticas, Amores, a la manera de Tibulo y Propercio. En sus tres libros agrupados en torno a su amada Corina, retórica y poesía fluyen y se fecundan recíprocamente. No es una amada real sino un prototipo convencional de mujer. Son en gran parte variaciones sobre motivos sencillos en los que el humor, la ironía, la burla y la parodia juegan un papel muy importante.
Las Heroides, de las que se conservan 15, elevan a la categoría de arte el ejercicio retórico. Se trata de cartas imaginarias de mujeres (y algunos hombres) a sus respectivos/as maridos o amantes ausentes. En ellas se afirma como conocedor de la psique femenina.
El Ars amatoria, en tres libros, es un poema didáctico paródico, a pesar de su forma elegíaca. Los dos primeros van dirigidos a los hombres, les enseñan cómo encontrar a la mujer, conquistarla y retener su amor; y el tercero a la mujer, a la que expone los mismos puntos. 
Obra pareja a ésta son su Remedia amoris, pues trata los procedimientos que tiene el hombre, y por extensión la mujer, para liberarse y superar el amor. Para el público femenino compuso Medicamina faciei, un poema sobre cosmética del que sólo nos han llegado 100 versos. Su relación con el libro III del Ars amatoria es evidente.
En el 3 d.C. publicó sus Metamorphosis, obra de difícil clasificación (problemática generalizada cuando se habla de Ovidio) en la que, en 15 libros, narra las principales leyendas mitológicas de transformaciones, desde el origen del mundo hasta la transformación de César en astro. La mayor parte de la crítica coincide en considerarla una obra épica, aunque naturalmente en antítesis con la épica comprometida de Virgilio; pero tampoco faltan quienes la reclaman para la poesía didáctica o incluso para la elegía. Los versos finales ponen de manifiesto que para Ovidio ésta era su obra maestra.
Los Fasti son un ciclo de elegías de tipo calimáquico. Trataba en ellos de exponer la secuencia de fiestas romanas que el calendario de todo el año brindaba, con las costumbres y leyendas relacionadas con ellas; pero en realidad no llegó a terminar más que la mitad de su proyecto. Parece tomar esta materia más como puro objeto de narración, pues trata el tema con aire más festivo que religioso.
Ya desde el destierro escribió Ovidio los Tristia y las Epistulae ex Ponto. La elegía subjetiva se convierte aquí en instrumento de comunicación meramente personal. En general, se deja notar el decaimiento de su fuerza poética y artística, la mayoría de sus poemas fatigan por su tono quejumbroso y deprimen por la autohumillación en su desdicha.
Escribió también la elegía Ibis, que pertenece al género de las dirae (poema de imprecaciones al estilo alejandrino). Y, aunque se duda de su autenticidad, nos han quedado 130 versos de un poema didáctico sobre peces y pesca, Halieutica, que no llegó a concluir.
5.1.3. Influencia posterior.
Catulo fue muy conocido y estimado en su época, en la época de Augusto adquiere la categoría de clásico. Durante la Edad Media desaparece su rastro hasta que el humanismo y el Renacimiento lo reencuentran. Lo leyeron Ronsard, Garcilaso y Montaigne, entre otros y lo definen como poeta tierno y erótico, de tono elegíaco. Ya en el siglo XVIII José Cadalso glosa el poema de la muerte del gorrión de Lesbia y Goethe se basa en él para sus Elegías romanas. En el siglo XIX Juan Valera o Menéndez y Pelayo se inspiran en los epitalamios para algunas de sus poesías. Y el siglo XX será, finalmente, el de las traducciones de la obra catuliana.
La influencia de Horacio en la lírica ha sido notable. Ya en su época se estudiaba en las escuelas. Su imitación en el Medievo por parte de los cristianos se limita a lo formal. Fue citado con frecuencia desde el humanismo y convertido en padre de la crítica literaria (junto con Aristóteles) gracias a su Ars poetica. Petrarca, Poliziano o Garcilaso incorporan en sus poemas pensamientos e ideas de este autor, y Fray Luis de León lo imitó con auténtica devoción. Hay esporádicos ecos de este autor en Antonio Machado y en autores de este siglo como Fernando Pessoa, Gerardo Diego, Jorge Guillén o Luis Antonio de Villena.
Sus contemporáneos y la posteridad han tratado a Ovidio muy benignamente. Su poesía llegó a la calle, como testimonian las paredes de Pompeya. En la Edad Media fue tal su influjo ling´’uístico, temático y literario, que se ha llegado a hablar de aetas ovidiana para los siglos XII-XIII. El Libro del Buen Amor es un ejemplo de ello. También fue un poeta favorito del humanismo y Renacimiento. Y, desde entonces conoce la literatura una dirección ”ovídica” paralela a la ”virgiliana”: Boccaccio, Ariosto, Tasso, Camoens, Shakespeare. Sobre la influencia de los quince libros de las Metamorfosis de Ovidio, escribe L. Bieler: “son los que han ejercido una influencia mayor y más perenne. Muchas generaciones han conocido a través de ellos los mitos y fábulas de la Antigüedad; más aún, ha estimulado como ningún otro libro de la poesía antigua la literatura y las artes plásticas hasta la Edad Moderna”.
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