La selva húmeda

La selva húmeda es una región natural de México fascinante, tiene hermosos paisajes y una diversidad enorme de vegetación y fauna. Primero te invitamos a que escuches  el siguente audio.
 
 UBICACIÓN GEOGRÁFICA
Existen pocas regiones en el mundo donde las condiciones del clima permiten el desarrollo de la selva. Dichas regiones se ubican entre los trópicos y el ecuador, que son líneas imaginarias que dividen el mapa de la tierra en zonas. Podemos ubicarlas fácilmente, pues el trópico de Cáncer se encuentra al norte del planeta, el ecuador en el centro y el trópico de Capricornio al sur.

Las zonas que se encuentran entre los trópicos reciben mayor energía solar que cualquier otra parte del mundo, pues los rayos del sol caen casi de forma directa sobre ellas.

Lo anterior ocasiona que la temperatura en la región intertropical sea más alta que en el resto del mundo. Debido a ello, el agua se calienta para convertirse en vapor y subir al cielo, donde se enfría formando una ancha franja de nubes que generan abundantes lluvias.

 

Es así que se dan dos características indispensables para que crezca la selva: altas temperaturas y lluvias constantes.

México cuenta con extensiones de esta vegetación en algunas zonas del sur del país, como Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

 

 

Una de nuestras regiones selváticas de mayor importancia es la selva lacandona, ubicada en Chiapas. Su nombre se debe a un grupo de mayas llamados lacandones, quienes la habitan desde hace mucho tiempo.

 

 CLIMA

 

La selva tropical húmeda es un lugar donde hace calor lo mismo durante el día que en la noche, sin importar la época del año.

 

Tal vez en el sitio donde vives llueve sólo unos meses y después empieza la temporada de secas. Pues aquí ocurre algo distinto: la lluvia cae durante la mayor parte del año, con intensidad variable, que va desde lloviznas cortas, hasta fuertes tormentas acompañadas de vientos y relámpagos.

 

La abundancia de las lluvias ocasiona que la selva tropical siempre esté llena de agua. Alguna puede verse a simple vista, como la que corre por los ríos y arroyos.

En cambio, no podemos ver el agua que el suelo absorbe para formar un río subterráneo. Tampoco es fácil distinguir el líquido que almacenan las raíces de las plantas o el agua que se convierte en vapor y flota en el aire, dando humedad al ambiente.

El agua es importante, pues contribuye a que el suelo selvático sea fértil. Esto es posible porque continuamente caen hojas, frutos y hasta ramas de los árboles para formar una capa que cubre el suelo. Entonces entran en acción bacterias pequeñísimas, que ayudadas por lo húmedo del ambiente, pudren en poco tiempo esa capa vegetal, lo cual permite que las sustancias nutritivas regresen al suelo y sirvan de abono natural a nuevas plantas. A esta capa de materia orgánica muerta se le llama humus.

Gracias a la combinación de calor, agua y suelo fértil, la selva permite que muchas especies vegetales encuentren lo necesario para crecer con abundancia. Así es posible identificar miles de plantas y árboles distintos; desde pequeños musgos hasta árboles de altura gigantesca.

VEGETACIÓN Y FAUNA

 La vegetación exuberante es indispensable para la selva tropical, ya que las raíces evitan que la lluvia o el viento arrastren la capa fértil del suelo, además de que ofrece alimento y refugio a los animales; de ahí que en la selva también exista la mayor variedad de éstos sobre la tierra.

Otro nombre que se da a este ecosistema es selva siempre verde, debido a que algunas especies de árboles conservan sus hojas más de un año y otras no las pierden al mismo tiempo, sino en temporadas diferentes. Así, mientras a unos árboles se les caen las hojas, a otros les retoñan. Como los nuevos brotes crecen en poco tiempo, la selva conserva su verdor.

Esto la distingue de otros ecosistemas, donde los árboles se quedan sin hojas en la sequía y retoñan hasta que llueve otra vez

 

Los estratos de la selva

 

Si te pararas en medio de la selva, verías que está dividida en tres capas o estratos de vegetación, cada una con diferencias respecto a la temperatura, la cantidad de luz y la de agua que reciben.

Aunque es posible distinguir una capa de otra, las tres se relacionan entre sí como partes del mismo ecosistema. Para explicarte esta división, hablaremos de los estratos, uno a uno: el emergente, la bóveda y el monte bajo.

 

 

Antes de continuar, te invito a que veas la siguiente presentación de power point, al dar clic en el enlace deberás abrir el archivo, cuando termine de descargarse no pulses nada, sola empezará a reproducirse. Enciente tus bocinas, pulsa aquí.

 

 

 

Empezaremos por la capa superior o emergente, donde destacan las copas de los árboles más altos, que llegan a medir 45 metros y crecen alejados unos de otros. Con frecuencia es difícil identificar la especie a que pertenecen, pues sus hojas, flores y frutos se encuentran a gran altura.

 

La mayoría de los troncos de estos gigantes, no son muy anchos y una vez que sobresalen de la copa de los árboles de menor tamaño, extienden sus ramas. Entre ellos se encuentran la ceiba, el cedro, la caoba y el chicozapote.

 

 

Aquí la temperatura es muy alta. Por ello, aunque los árboles gigantes son los primeros en recibir la lluvia, ésta se evapora con rapidez. Sin embargo, sus hojas son pequeñas y duras, así logran absorber y acumular el agua.

 

El viento sopla con enorme velocidad, moviendo las copas de los árboles de un lado a otro; durante algunas tormentas, puede ser tan fuerte como para derribarlos. Sin embargo, la mayoría de árboles gigantes tiene unas salientes en la base de su tronco, llamadas contrafuertes, que como si fueran raíces endurecidas y gruesas detienen al árbol, pues le ayudan a distribuir su peso. Así, a pesar de que sus raíces no son profundas, el árbol tiene mayor estabilidad y resiste a la fuerza del viento.

 

Las ramas de los árboles más altos son débiles, aún así son el lugar preferido de algunos animales. Los más comunes son las aves de rapiña como el halcón gris, el águila arpía, la lechuza y el búho.

Todas ellas son carnívoras y bajan continuamente para cazar su alimento.

 

 

Bajo la capa emergente se encuentra el siguiente estrato, la bóveda. En éste, la temperatura disminuye un poco, lo mismo que la intensidad del viento. En cambio, aumenta la humedad del ambiente.

 

Allí abundan árboles que miden entre diez y treinta metros de altura y crecen muy cerca unos de otros, de manera que sus ramas no pueden extenderse mucho. Algunos de ellos son el mamey, el ramón, el palo de Campeche, el jabín y el zapote.

 

Estos árboles son el lugar ideal para los animales que pueden colgarse de las ramas; tal es el caso del mono araña, el perezoso y el oso hormiguero, quienes se columpian con facilidad de un árbol a otro utilizando su cola como si fuera un brazo más, incluso se sostienen con ella mientras buscan alimento.

 

 

En la bóveda también encuentran su alimento la ardilla, el murciélago y el mono saraguato. Ellos están muy bien adaptados a vivir en lo alto, así que no necesitan bajar al suelo.

 

En los árboles selváticos no pueden faltar aves como el tucán, la guacamaya y el perico cabeza amarilla, que son muy apreciadas por los colores de sus plumajes. Algunas más son la codorniz, el pájaro carpintero, el colibrí y el trogón.

 

 

Los insectos son un caso especial, ya que pueden volar por lo alto, estar pegados a los troncos o cerca del suelo. En la selva tropical hay una enorme variedad, como luciérnagas, mariposas, hormigas, avispas, grillos y muchísimos más.

 

Lo mismo que otros animales selváticos, los insectos son muy importantes para la existencia del ecosistema. Un ejemplo de su función, es que al llevar el polen de unas flores a otras, colaboran en su fecundación.

 

Otro ejemplo de la importancia de los animales en este ecosistema, lo dan los murciélagos, aves y monos que se alimentan de frutos, pero no pueden digerir las semillas que éstos contienen y las arrojan entre sus excrementos. Así, las transportan de un lugar a otro, aumentando sus posibilidades de germinación.

 

El viento cumple una función similar cuando arrastra frutos llenos de semillas, que pueden caer hasta el suelo o quedarse en huecos formados entre las ramas de un árbol. Si allí encuentran un poco de tierra y humedad, germinarán plantas que crecen sólo en la selva. Tal es el caso de las plantas epífitas, trepadoras y estranguladoras.

 

Las plantas epífitas viven en ramas horizontales, bajo la copa de los árboles. Esto les permite protegerse del viento, tener sombra cuando los rayos del sol son intensos y recibir con abundancia el agua de la lluvia. Entre ellas se encuentran musgos, helechos y una gran variedad de orquídeas, muy apreciadas por sus formas y colores.

 

Las trepadoras, también llamadas lianas o bejucos, son plantas con tallos delgados y flexibles, que se enredan al tronco de un árbol para subir hasta encontrar la luz del sol. Una vez arriba, desarrollan copas espesas que se unen a las de los árboles cercanos.

 

En su camino hacia lo alto, los troncos de las trepadoras se detienen de las ramas de su alrededor y quedan colgando de ellas. De esta forma, se enlazan varios árboles, a veces con tanta fuerza, que aún cuando se corte el tronco de uno de ellos, éste no cae.

 

También es posible lo contrario: que al cortar un árbol, caigan con él varios más, pues estaban amarrados por las trepadoras.

 

Las estranguladoras o matapalos, son árboles que crecen sobre otros árboles. Nacen como pequeñas plantas que se desarrollan sobre una rama; con el tiempo ganan fuerza y sus raíces bajan hasta el suelo, del cual toman más sustancias nutritivas.

 

Gracias a esto, los tallos de la estranguladora se engrosan y se enredan en el árbol que les sirve de apoyo. Después, le crecen ramas y hojas.

 

En consecuencia, el árbol de apoyo deja de recibir la luz del sol. Además, la estranguladora absorbe toda el agua disponible y presiona al tronco, hasta que el árbol muere. Debido a la humedad, éste se pudre en poco tiempo y solo queda un hueco en su lugar. Estas plantas producen unos frutos parecidos a los higos, que sirven de alimento a muchos pájaros, monos y murciélagos.

 

Las copas de los árboles que conforman la bóveda están casi unidas unas con otras y forman una especie de techo que cubre a las plantas más pequeñas.

 

Sin embargo, este techo de ramas y hojas no está completamente cerrado, sino que tiene agujeros, por donde deja pasar luz solar y agua de las lluvias hasta el suelo, aunque ambas llegan en menor cantidad que en las alturas.

 

Por esta razón, existe un tercer estrato: el monte bajo, muy cerca del suelo, donde el clima es diferente. Aquí llega poca luz, pero hay mayor humedad, pues el agua tarda más tiempo en evaporarse y los árboles evitan que el vapor suba al cielo con rapidez.

 

Aquí el aire apenas se mueve, la temperatura es elevada y casi no varía. El suelo está cubierto por hojas en descomposición y sobresalen algunas flores de intensos colores.

 

Debido a lo escaso de la luz, la plantas tienen cierta dificultad para crecer, aunque hay algunas que se desarrollan muy bien a la sombra, como es el caso de los hongos, helechos, arbustos pequeños y plantas de hojas grandes y anchas.

 

Los árboles y palmeras del monte bajo llegan a medir tres metros como máximo. En este lugar también, inician su vida los árboles que alcanzan grandes alturas, pero posteriormente se adaptan a los cambios climáticos de los demás estratos.

 

La cantidad y el tipo de vegetación del monte bajo cambian al formarse un claro. Esto ocurre cuando caen varios árboles altos, dejando un espacio por donde los rayos del sol y la lluvia llegan hasta el suelo con intensidad. Así, crecen con abundancia arbustos, plantas pequeñas y árboles de madera suave.

 

Después de un tiempo, los árboles cercanos cierran la entrada de luz, pero pasan muchos años antes de que la vegetación del lugar sea igual a la del resto de la selva tropical.

 

La mayoría de animales que viven en el suelo se mueven sin hacer ruido para evitar ser vistos, así pueden cazar con mayor facilidad y esconderse de sus depredadores o enemigos naturales.

 

Algunos de menor tamaño son el agutí, el paca, el coatí, el tejón y el guaqueque. Otros más grandes son el tapir, el venado temazate, el jabalí y el armadillo. También están los carnívoros como el ocelote y el jaguar.

 

Entre los reptiles, es posible encontrar al camaleón, la iguana y la lagartija, además de la boa, la culebra verde, la víbora de cascabel y la nauyaca.

 

 

Existen animales que prefieren dormir durante el día y salir a buscar alimento en las noches. Algunos de ellos son el tlacuache, la tuza, el zorrillo, el tepezcuintle y el mapache, lo mismo que el búho.

Todos ellos son capaces de ver bien en la oscuridad, así que llenan de actividad la selva por las noches.

 

Para completar el paisaje de la selva tropical sólo faltan los ríos, que se deslizan por largos terrenos y reciben mucha luz. Gracias a ella, en sus orillas crecen numerosas plantas. A veces, los ríos se desbordan e inundan el suelo a su alrededor, brindándole sustancias nutritivas.

 

En ellos habitan distintas variedades de peces y moluscos, el enorme cocodrilo, la nutria, así como ranas, sapos y tortugas. 

 

Ahora que ya has aprendido sobre la vida en la selva húmeda, te sugerimos dar clic al siguiente enlace donde responderás un crucigrama. Al pulsar deberás abrir el archivo, una vez visualizado coloca el cursor sobre el número  de la palabra que desees descifrar a través de las pistas o significados que ahí se te ofrecen.  Adelante:

https://sites.google.com/site/lasselvasenmexico/home/la-selva-hmeda/crucigrama.htm

 

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Karina Aparicio,
4 de ago. de 2011 13:19
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