Tema 2: España en Europa

TEMA 2.- ESPAÑA EN EUROPA Y EN EL MUNDO: ESPAÑA EN LA UNIÓN EUROPEA. ESPAÑA EN UN MUNDO GLOBALIZADO. ANDALUCÍA, REGIÓN EUROPEA

2.0. INTRODUCCIÓN

2.1. ESPAÑA EN LA UNIÓN EUROPEA

2.2. ESPAÑA EN UN MUNDO GLOBALIZADO.

2.3. ANDALUCÍA, REGIÓN EUROPEA

2.0 INTRODUCCIÓN.-
España es uno de los principales países del mundo tanto por su pertenencia a la Unión Europea como por su potencial económico.
En el primer caso debemos señalar que España se incorporó tarde al proceso de construcción de Europa. Una de las razones que tuvo más peso en esa tardanza se encontraba en el carácter antidemocrático del régimen franquista. A pesar del régimen, en 1970 España estableció un Acuerdo Preferencial de Comercio con la Comunidad Económica Europea (CEE), que otorgaba ventajas arancelarias a los productos industriales de ambas partes
Tras la muerte de Franco y con el triunfo de la  democracia se normalizarán las relaciones diplomáticas con todos los países del mundo. La diplomacia española se marcará entonces como principal objetivo de su política exterior el ingreso en la Comunidad Económica Europea. Rápidamente se realizó la nueva solicitud de integración en la CEE al desaparecer los inconvenientes políticos. Sin embargo, resultó bastante más difícil de lo que pudiera pensarse y no se consiguió hasta ocho años más tarde, tras duras negociaciones y no pocas concesiones, con el primer gobierno socialista de Felipe González ya en el poder.

2.1. ESPAÑA EN LA UNIÓN EUROPEA

I.- EL PROCESO DE ENTRADA: LOS PRECEDENTES

La Unión Europea (UE) es el resultado de la ampliación de contenidos de los antiguos tratados constitutivos de las Comunidades Europeas y de las sucesivas ampliaciones con la adhesión de nuevos Estados miembros.

La Unión Europea (UE) fue creada tras la Segunda Guerra Mundial. El proceso de cooperación e integración europea se puso en marcha el 9 de mayo de 1950, cuando Francia propuso oficialmente crear "el primer cimiento concreto para una federación europea". Seis países (Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos) se integraron desde el principio con la firma del  Tratado de Roma (25 de marzo de 1957). Esta Europa de los seis será origen nuclear de lo que actualmente se ha convertido en la actual Unión Europea que integra a los 27 miembros hoy en día. 

Los fines a conseguir por la llamada entonces Comunidad Económica Europea (CEE) eran y  son los siguientes: supresión de aduanas y creación de un área de librecambio, integración económica plena, unidad política supranacional y disminución de las diferencias económicas entre sus miembros y sus regiones. El origen de la CEE estuvo basado en el denominado funcionalismo de Jean Monnet; que consiste en la consecución a largo plazo de la unidad política, utilizando a corto plazo la unidad económica. Por ello Monnet está considerado como unos de los padres de Europa.

 

A esta “Europa de los seis” se les unirán con el tiempo otros países. Hubo hasta seis tandas de adhesiones: (1973: Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido); (1981: Grecia); (1986: España y Portugal), (1995: Austria, Finlandia y Suecia); (2004: República Checa, Chipre (sólo la parte greco-chipriota), Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia) y (2007, Rumanía y Bulgaria). Por eso, ha crecido hasta los 27 miembros actuales , y varios estados más han solicitado su adhesión o se espera que lo hagan en los próximos años.


 'Ampliación de la {UE}'

Para la incorporación de un Estado europeo a la Unión Europea, aquél debe cumplir unas condiciones económicas y políticas conocidas como los criterios de Copenhague, por haberse tomado el correspondiente acuerdo en el Consejo Europeo de 1993 celebrado en la capital danesa. Entre los principales criterios están los siguientes:

  • Ser un estado europeo.
  • Tener instituciones estables que garanticen la democracia el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto de las minorías.
  • La existencia de una economía de mercado viable y la capacidad para hacer frente a la competencia.
  • La capacidad para respaldar las obligaciones de adhesión, incluida la adhesión a la unión política, económica y monetaria.

II. España y su interés por la entrada en la CEE.

a.        La solicitud

Desde los años sesenta el gobierno de Franco solicitó la incorporación de España a la CEE. Pero la CEE no era un simple acuerdo comercial de supresión de aranceles aduaneros, sino que también incluía la homogeneidad política dentro del sistema democrático, de ahí que solo se consiguieran firmar acuerdos comerciales preferenciales, que hicieron de la CEE el primer cliente de nuestro comercio exterior.

La idea de Europa y de la democratización de España estuvo presente desde la misma creación de la CEE. Durante la transición el reto de la entrada en la CEE se asociaba también a una consolidación de la joven y frágil democracia española. Pero además de esta implicación política, la integración de España en la CEE estaba asociada a su modernización definitiva.

Finalizado el régimen franquista los gobiernos de la Unión de Centro Democrático (UCD) encabezados por Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo solicitaron el ingreso, pero pronto aparecieron las dificultades. Las dificultades no ya sólo políticas, sino económicas. Las dificultades aparecieron en la estructura económica española (que chocaba con los intereses europeos, especialmente en agricultura y pesca), en los problemas internos de la Comunidad y en las consecuencias de la crisis del 73. Así que la petición española estuvo ocho años sin ser admitida.

b. LA ENTRADA DE ESPAÑA EN LA UE

El 12 de junio de 1985, con el primer gobierno de Felipe González y siendo ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán, se firmó el Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas. El 1 de Enero de 1986 nos convertíamos en un país miembro de pleno derecho de la CEE.
Firma del acta de adhesión de España a la UE (1986)
Las negociaciones fueron muy difíciles, sobre todo por las reticencias francesas, que estaba presionada por sus campesinos.  Estas se salvaron por el apoyo de Alemania, que vinculó el aumento de los fondos comunitarios a la entrada de España y Portugal,  y al cambio de postura francesa con la llegada al poder en 1982 del socialista francés François Mitterand.

Eso sí, España tuvo que aceptar unas condiciones excesivamente duras. La Comunidad exigió largos períodos transitorios para aquellos sectores españoles más competitivos o para aquellas cuestiones en las que los miembros de la CEE podían verse perjudicados. Así, la libre circulación de los trabajadores no fue admitida hasta 1993, fecha hasta la que se extendió también la desaparición progresiva de los aranceles para los productos agrícolas generales. El libre comercio de frutas, hortalizas y aceite de oliva se retrasó hasta 1996 y la posibilidad de pescar en caladeros comunitarios se fechó en el 2003. Posteriormente, en la práctica, estos periodos transitorios se acortaron en el tiempo. A cambio, España consiguió plazos largos para el desarme arancelario en el sector industrial, para el establecimiento de entidades bancarias y de seguros y para la liberalización de los monopolios fiscales, como el petróleo o el tabaco.

Desde esa fecha España forma parte de las principales instituciones comunitarias: Consejo Europeo, Consejo de Ministros de la Unión Europea, Comisión Europea y  Parlamento Europeo. En la misma medida participa en el Tribunal de Justicia, en el Tribunal de Cuentas, en el Banco Central Europeo, en el Comité Económico y Social, así como en el Comité de las Regiones. También participa en la política exterior y seguridad común (PESC), en la cooperación en los ámbitos de la justicia y los asuntos de interior, y por supuesto en lo más evidente: la moneda única (el euro).

Consejo Europeo de Lisboa de 2007 con los Jefes de Estado o de Gobierno de los 27 
Instituciones de la UE
La participación de España en la política económica de la UE implica que debe atenerse a las directrices comunitarias en los diversos sectores (primario, secundario y terciario) y en las directrices económicas generales (fiscalidad, recursos y política regional).
En cuanto a la política social de España en la Unión Europea se apuesta por la defensa del Estado del bienestar y por el empleo. A esto se le une la protección a los más desfavorecidos, la mejora de las condiciones laborales, la protección de los consumidores, la apuesta por la salud, el deporte y el turismo, la educación y la defensa y protección del medio ambiente. Para el desarrollo de la política social Europa cuenta con el Fondo Social Europeo  (FSE).
España igualmente sigue las directrices marcadas por la UE en cuanto a la política de justicia e interior. Entre sus objetivos se encuentra el impulso de la ciudadanía de la Unión y la consecución efectiva del principio de la libre circulación de personas, que implica la creación de un espacio de libertad, seguridad y justicia común. Para ello se firmó el Acuerdo Schengen y se estableció la Europol (Oficina Europea de Policía).

Desde su entrada, España ha apoyado todos los pasos dados en  el proceso de formación de la identidad común europea. Estos han sido: la aprobación del Acta Única, en 1986; el Tratado de la Unión Europea, en 1991; la ampliación de la Unión Europea a 15 miembros con la integración de Suecia, Finlandia y Austria en 1995, el Tratado de Schengen de 1995 y la ampliación a los países del Este en la cumbre de Niza en 2000. Veamos los más importantes.

  • Por el Acta Única la CEE se convertía en el Mercado Común eliminándose las fronteras para mercancías, capitales y personas.
  • El Tratado de la Unión, más conocido como el Tratado de Maastrich, firmado en 1991, superaba los aspectos comerciales, para convertir a los países miembros en un ente supranacional europeo. Sus dos acuerdos más importantes fueron el reconocimiento del concepto de solidaridad entre las regiones europeas para sustituir las grandes diferencias entre ellas (los fondos de compensación y cohesión), mayores atribuciones al Parlamento europeo y a la ciudadanía de Europa, con lo que se avanzaba no sólo en el aspecto económico, sino también en el político  y el establecimiento de un calendario para una unión económica y monetaria, que ha acabado con las monedas nacionales, sustituidas a partir del año 2000 por el euro. Su introducción se ha hecho de modo progresivo y para participar en la Europa del euro había que cumplir una serie de criterios económicos (tipos de interés, inflación, gasto público...) España los consiguió y la ocasión es considerada como la segunda gran fecha de la política exterior después de la entrada en la CEE.
  • Por el tratado de Schengen que entró en vigor en 1995 se preveía una política exterior común. Pero sus logros han sido muy relativos,.

Países con el acuerdo Schengen


Desde que España se convirtió en miembro de pleno derecho de la Unión Europea en 1986, la legislación de la Unión es aplicable a España en su totalidad (más de 1.400 Directivas han sido adoptadas por el ordenamiento jurídico español).

La Unión Europea se basa en el Estado de Derecho y en la democracia. No es ni un nuevo Estado que reemplace a los existentes ni es comparable a otras organizaciones internacionales. Sus Estados miembros delegan su soberanía a las instituciones comunes que representan los intereses de la Unión en su conjunto en cuestiones de interés común. Todas las decisiones y procedimientos se derivan de los tratados fundamentales ratificados por los Estados miembros.

Más afortunada ha sido la política monetaria de la UE. En enero del año 2002 el EURO (€) reemplazó a las monedas nacionales de los países integrantes de la Unión Monetaria. Actualmente sólo 16 de los veintisiete países de la Unión Europea adoptaron el Euro como moneda oficial (conversión irrevocable). Anteriormente al 1 de enero del 2002 el Euro podía ser utilizado como medio de pago en las transacciones que no hubieran de realizarse en efectivo, ya que los billetes y monedas en euros empezaron a circular a partir de la fecha anteriormente comentada. Desde el 1 de enero de 1999, el euro es la moneda que cotizada oficialmente en el mercado de divisas.


 


c. CONSECUENCIAS de la entrada de España en la UE

A pesar de los sacrificios requeridos a España para la integración de pleno derecho en la CEE (después Mercado Común y ahora Unión Europea) el balance entre ventajas e inconvenientes ha sido positivo para España. Su incorporación ha supuesto tener que adaptarse a un mercado más competitivo que el español. En ese esfuerzo de adaptación ha conseguido España su definitiva modernidad; y no sólo desde el punto de vista económico.

Desde la entrada de España en la UE la posición de España en el sistema económico mundial ha ido mejorando. Desde ese momento se ha potenciado el sector exterior de su economía. Ello se aprecia en la presencia de empresas multinacionales en España, y viceversa; en el incremento del comercio exterior (en el que han crecido tanto las importaciones como las exportaciones) y en el crecimiento de las relaciones financieras con el extranjero.

c1.- CONSECUENCIAS POLÍTICAS

España es hoy un país democrático y un país europeo. Esta afirmación que sacada de contexto puede carecer de importancia, resulta fundamental si la contextualizamos dentro la historia contemporánea de España. En palabras de Ortega y Gasset "España era el problema y Europa la solución".

Desde 1991, año que se firmo el Tratado de Maastricht, el gran reto y obsesión de las clases dirigentes españolas era lograr la convergencia con Europa, es decir, cumplir los criterios de inflación, tasas de interés, deuda pública y gasto del Estado acordado en Maastricht. España cumplió los criterios y entró en mayo de 1998 en la Unión Monetaria Europea y adoptó el euro como moneda común. Esto no fue sólo una operación económica necesaria y positiva. Las autoridades españolas lo entendieron como una victoria histórica: España había cogido por fin el tren de la integración europea.

c.2. CONSECUENCIAS ECONÓMICAS

En primer lugar hay que constatar un dato. En 1995 España aportó al presupuesto más o menos la mitad de lo que recibió de la Unión Europea. Este saldo positivo provino  de los fondos estructurales y de los fondos de cohesión. Este beneficio neto del que ha disfrutado nuestro país se ha reducido a principios del nuevo siglo y parece que la tendencia va a continuar, debido a varios factores: el aumento de la riqueza española, las ampliaciones de 2004 y 2007 que supusieron la entrada de los países del este más pobres, con lo  que han disminuido  las aportaciones de los fondos de cohesión al tener que repartir entre un mayor número de países y las previsiones de la "Agenda 2.000" que suprimirá los fondos de cohesión para todas aquellas regiones que se sitúen por encima del 75% de la media europea.

Con todo se ha de reconocer que en las cuatro últimas décadas, la economía española ha experimentado un espectacular proceso de apertura, multiplicándose por más de seis el peso de las exportaciones y las importaciones de bienes y servicios sobre el PIB. La integración de España en la Unión Europea, en sus diferentes fases y modalidades, ha sido el motor de este proceso. Desde  1986, a raíz de la adhesión de España, los flujos comerciales registraron un aumento espectacular, alcanzándose el punto máximo de apertura económica en el año 2000. En 2005, más del 70% del comercio exterior  español tenía lugar con países de la UE y se concentraba en un reducido número de países (Alemania, Francia, Italia, Portugal y Reino Unido).

Hay una serie de datos objetivos que refuerzan esta idea y se basan en el crecimiento y la riqueza de España, la convergencia en renta y las inversiones directas

·         Crecimiento y riqueza

El producto interior bruto (PIB) por habitante (medido en Paridad del Poder de Compra en euros de 2005) se ha incrementado de forma muy considerable durante el periodo 1985- 2005. Desde un nivel inferior a los 8.000 euros por habitante antes de la entrada en la UE, se ha pasado a más de 23.000 euros por habitante en 2005, un 99% de la renta media de la UE ampliada. Durante sus 25 años de pertenencia a la UE, la economía española ha acumulado un crecimiento total del PIB de 17 puntos porcentuales por encima del crecimiento medio europeo (España ha crecido un 64,6% acumulado y la UE–15 un 47,9%). En definitiva, la economía española, con un PIB de más de 930.000 millones de euros en 2005, se ha consolidado como la octava economía del mundo y una de las más dinámicas de Europa.

·         Convergencia en renta

España ha logrado una importantísima convergencia real en su renta por habitante respecto a la media de la UE. Ha pasado del 71% de la renta media de la UE -15 en 1985 a más del 90% en 2005. Por tanto, en 20 años la distancia con Europa en términos de renta se ha acortado prácticamente en 20 puntos. Los periodos de mayor convergencia corresponden a 1985-1990 (los primeros años de pertenencia a la UE) y a  1997-2005 (coincidiendo con la incorporación de España a la Unión Económica y Monetaria).

La incorporación en 2004 de 10 nuevos miembros a la UE (todos ellos con rentas inferiores a la española) ha significado un nuevo impulso para la convergencia de España con la UE al situar el PIB por habitante de España en el 99,2% de la media de la UE – 25 (lo que se conoce como “efecto estadístico” de la ampliación).

En el plano regional también se aprecia un fuerte proceso de convergencia en virtud del cual varias Comunidades Autónomas se han situado por encima de la media de la UE – 15 en términos de renta.

·         Inversiones directas

Otra de las características de la apertura económica española ha sido la internacionalización de sus empresas, así como la capacidad de su economía para atraer inversiones exteriores.

Las repercusiones económicas en la UE no repercutirán en todos los sectores por igual.

·         SECTOR PRIMARIO

Con la entrada en la UE el proceso de modernización del sector primario se ha acelerado. Además las aportaciones de los fondos del FEOGA ( Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola) han financiado y mantenido a la agricultura y ganadería española. De hecho, la cuarta parte de los ingresos de los agricultores españoles proviene de las ayudas de la Unión. De tal forma, que existe una corriente crítica de países del tercer mundo contra esta financiación pues tachan al sector primario europeo de ser un sector subsidiado y de desleal competencia con el suyo.

También existen efectos negativos, habiendo salido perjudicados ciertos productos y sectores agrícolas y ganaderos. Por ejemplo, la remolacha , el algodón y el azúcar no pueden competir en el mercado europeos por sus precios poco competitivos; el plátano canario ha perdido el monopolio del mercado español; el aceite de oliva ha visto reducida sus ayudas ; y el sector lácteo, uno de los más perjudicados, ha tenido que reducir su producción por los cupos lácteos. Además, la Unión Europea fomenta el abandono de las explotaciones menos competitivas, a fin de hacer más competitivo el sector agrario europeo.

 

·         SECTOR SECUNDARIO Y TERCIARIO

El sector industrial se ha visto afectado fuertemente en la siderurgia y la industria naval. En siderurgia hubo que hacer una profunda reconversión industrial, financiada en parte por la UE. El resto de industrias han resistido con mejor o peor fortuna la competencia de las tecnologías europeas, aunque se han beneficiado de la necesaria modernización, de las inversiones extranjeras con la liberalización del movimiento de capitales y de la ampliación del mercado.

En cuanto al sector terciario, el comercio ha sufrido un gran aumento, pero el tradicional déficit de la balanza comercial persiste.

Por el contrario, uno de los ejes de la modernización de la economía española ha sido la mejora de las infraestructuras de transporte, que ha permitido mejorar las comunicaciones, reducir los costes de transporte y abaratar los precios de los bienes y servicios. Gracias a la inversión pública y a los fondos provenientes de la UE, el número de kilómetros de autopistas y autovías se ha multiplicado por 5 en los últimos veinte años. Ha pasado de 2.000 kilómetros en 1985 hasta casi 10.000 en 2002. Este incremento ha supuesto que el porcentaje de autopistas y autovías sobre el total de carreteras haya pasado del 1% en 1985 al 6% en 2002.

El turismo ha sido desde los años sesenta uno de los sectores clave de la economía española. Ya en 1978, representaba el 9% del PIB y en 2005 generaba aproximadamente el 12% del PIB y el 10% del empleo. Además, históricamente ha permitido equilibrar parcialmente la balanza de pagos por cuenta corriente, que en España es estructuralmente deficitaria. El número total de turistas se ha doblado desde que España entró en la UE, pasando de 33 a 66 millones anuales. Esto ha permitido que España se consolide como el segundo destino turístico del mundo por detrás de Francia.

El balance sectorial es en su conjunto positivo. Sólo el sector pesquero y el naval parecen afectados de una crisis de muy difícil solución.

  • LOS PROBLEMAS DE LA INTEGRACIÓN

La entrada de España en la Europa Comunitaria no fue la panacea a los muchos problemas de España. Muy pronto se tuvo que llevar a cabo una intensa reconversión industrial para que nuestros productos fueran competitivos en Europa. Ello provocó paro y la protesta de los sindicatos. El problema del sector pesquero también se agravó con una obligada reconversión de la flota y las negociaciones fallidas con Marruecos. El sector lácteo ha salido muy perjudicado por la cuota lechera y los campesinos atacaron a nuestros camiones sistemáticamente. A pesar de todo, el balance parece positivo a la mayoría de los grupos políticos y no se cuestiona, con la excepción de IU.

El estancamiento de la productividad es otra de las asignaturas pendientes de la economía española. El aumento del empleo en España ha venido acompañado por una reducción de la tasa de crecimiento de la productividad por persona empleada, que tan sólo ha crecido por encima de la media de la UE en 1985 y 1993 y que desde 1996 se sitúa por debajo del 1% anual. La baja productividad puede explicarse por la extendida utilización de los contratos temporales, que en 2005 representaban el 31% del total de contratos de trabajadores asalariados, más del doble de la tasa de la UE (13%). Los contratos temporales producen un elevado nivel de rotación de los trabajadores que no les permiten pasar por procesos de aprendizaje necesarios para ser más productivos. Asimismo, la baja productividad refleja el insuficiente uso de nuevas tecnologías. La nueva reforma laboral en vigor desde septiembre de 2010 no ha eliminado este tipo de contrato.

De cualquier manera el balance de los 26 años de integración de España en la Unión Europea en lo económico, en lo político y, sobre todo, en lo social, es extraordinario. España ha protagonizado, gracias a la solidaridad comunitaria y al esfuerzo colectivo de todos los españoles, la mayor transformación y modernización de su historia.

Hace 26 años, la inflación española se acercaba al 10% anual, la tasa de paro superaba el 17% y el PIB estaba en el 71% de la media comunitaria. Hoy la inflación está en el 3%, y el PIB español ha estado en algunos momentos (1996- 2004) por encima del 90% de la media comunitaria de la Europa de los 27. El gran pero de la economía española sigue siendo el paro , ya que si bien es cierto que en 2004 el paro ha estado por debajo del 10 % hoy supera el 20 %, siendo el país de la UE que presenta mayor tasa de paro.

De ser un país con una renta situada en el 71% de la media europea, España casi ha alcanzado la renta media comunitaria en la Unión ampliada a veintisiete miembros; de ser un país receptor de fondos europeos, España está ya cerca de ser un contribuyente neto; y de ser un país receptor de inversión extranjera directa, ha pasado a ser un país con una posición global muy prominente y grandes empresas multinacionales. España era en 2006 la octava economía del mundo, además de una de las más abiertas y dinámicas de Europa y un miembro ejemplar de la zona euro. La crisis que arrastra desde 2008 se acusa en varios campos como son el paro, la deuda exterior y las cuentas públicas.

Desde su entrada en la UE, la sociedad española ha roto todos los estereotipos cambiando la imagen que de ella se tenía en el resto de Europa. España ha aportado, desde el principio, un gran entusiasmo en todo el proceso de construcción europea: para realizar el mercado único, para lograr el Euro y la Unión Económica y Monetaria, para la creación de un espacio europeo de seguridad y justicia y para avanzar en la cooperación en materia de política exterior que permita que Europa hable con una sola voz en el mundo.

España también ha aportado a la UE su dimensión mediterránea y latinoamericana y las relaciones culturales, económicas y políticas privilegiadas que mantiene con otros pueblos de todo el mundo.

2.2 ESPAÑA EN EL MUNDO GLOBALIZADO.

Desde hace cinco años, España está considerada como una de las diez potencias del mundo. La economía española ha crecido a las más altas cotas en los últimos años. Así mismo, España cuenta con grandes multinacionales, que están presentes en gran número de países y tienen un cierto peso económico en su sector. Empresas como Zara, el Banco Santander o Repsol se han expandido enormemente en los últimos años y han conseguido crear un sello propio allí donde están. Nuestro país ha conseguido un muy buen nivel de vida en tan sólo un par de décadas, lo que nos hace entrar en la lista de países más ricos del mundo

Hasta 1996, las entradas de inversión extranjera directa en España superaron a las salidas de inversión española en el exterior, especialmente durante el periodo 1986-1992, en que la entrada de España en la UE llevó a que las inversiones directas extrajeras en España alcanzaran el 1,5% del PIB español y más del 6% de la inversión nacional. Asimismo, entre 1998 y 2002 se produjo una segunda oleada en cuanto a la inversión extranjera en España (fruto de la reducción del riesgo derivado del acceso de España a la  Unión Económica y Monetaria). Pero fue a partir de 1997 cuando la inversión directa española en el exterior superó a la inversión directa exterior en España, es decir, cuando se aceleró el proceso de internacionalización de las empresas españolas.
Tras las privatizaciones de las grandes empresas públicas españolas, se produjo un enorme esfuerzo inversor de empresas españolas en el exterior, que alcanzó su máximo en el año 2000, cuando la inversión directa extranjera fue de 59.344 millones de euros (casi el 10% del PIB). La mayoría de estas inversiones ha tenido como destino América Latina (y en menor medida la UE). A lo largo de este periodo España pasó de tener 5 empresas entre las 500 más grandes del mundo (por ingresos) en 1998 a tener 8 en 2005, según el Ranking Global 500 elaborado por la revista Fortune
En la década de los 90 y al inicio del siglo XXI España se presentaba como una potencia intermedia hasta colocarse entre los países de desarrollo alto. En relación al Índice de Desarrollo Humano (IDH) , España avanzó hasta la posición nº 13 en el IDH elaborado por la ONU para el año 2007 por delante de alguno de los países punteros de la UE como Alemania, Reino Unido, Italia o Dinamarca. No obstante, la crisis económica de estos tres últimos años se ha dejado notar y, por ejemplo, en 2009 el Foro Económico Mundial situó a España  en el puesto número 33 de los países más competitivos del mundo, cuatro puestos menos que en el año anterior en lo que supone la caída más acusada de los países de la Unión Europea.
 
La participación de España en las grandes organizaciones internacionales globales se ha incrementado notablemente desde la incorporación de España a la UE gracias a su capacidad de influencia y arbitraje. Ello ha implicado compromisos en la realización de determinados objetivos, sobre todo en relación con los derechos humanos y con la defensa de la democracia y del pluralismo ideológico.
España forma parte de las más importantes organizaciones internacionales destacando entre todas las Naciones Unidas (ONU) desde 1955. En cuanto a los fines de este organismo son el de mantener la paz y la seguridad mundial, la defensa de los derechos humanos y la libre determinación de los pueblos y promover la cooperación internacional en los sectores económico, social y cultural. España participa de en esta organización y en otras organizaciones, con funcionamiento propio, que se ocupan de determinados asuntos económicos, sociales, culturales y de pacificación. Entre las de carácter económico destacan la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura), el Banco Mundial, el FMI (Fondo Monetario Internacional) y la OMC (Organización Mundial del Comercio). Entre los organismos dependientes de la ONU con un carácter social destacan la OIT (Organización Internacional del Trabajo) o la OMS (Organización Mundial de la Salud). Dentro de las organizaciones de carácter cultural tiene un enorme peso la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura); mientras que entre las organizaciones con fines pacifistas destacan los “Cascos Azules”.  España está participando activamente con sus Cascos Azules en Líbano, Afganistán,...

Las otras organizaciones internacionales en la que participa España son la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), formada por países que cuentan con un amplio nivel de desarrollo, con el fin de favorecer la expansión económica y potenciar el comerció mundial), y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que tiene una finalidad de defensa político-militar y de la que España es miembro de pleno derecho desde 1982.

Sin embargo, la política exterior española no está demasiado definida en sus objetivos concretos. Esto se debe en parte a que se adapta a los intereses económicos y políticos de cada momento. Por ejemplo, se hace visible en las relaciones que mantiene en la actualidad con los EE.UU en donde se ha pasado desde una colaboración estrecha hasta el 2004 (Bush – Aznar), a una frialdad absoluta (coincidente con los mandatos de Zapatero – Bush), y de nuevo a una colaboración desde la llegada al poder de Barack Obama. El cambio en sus relaciones se aprecia en la invitación a España en la participación en las reuniones del G –20.
 
Buena prueba de la relación errática y en zig zag de la política exterior con los EE.UU ha aparecido en los documentos del Departamento de Estado norteamericano desclasificados por la web Wikileaks.
 
Más precisas son los espacios con los que se mantienen las relaciones más intensas (Europa, Iberoamérica y el Mediterráneo), aunque la creciente proyección internacional de la economía española hace que se establezcan vínculos con países más alejados como Japón, y últimamente China visible en la visita española de agosto de 2010 a estos dos países.
Las relaciones exteriores de España con Iberoamérica han sido uno de los principales ejes de actuación por razones históricas y culturales. Para su mejora se han fomentado las relaciones institucionales entre las más altas instancias de los estados (viajes de la Casa Real al continente americano, las distintas cumbres iberoamericanas desde 1992, visitas de presidentes iberoamericanos a España, etc…), el apoyo a la democratización de los gobiernos iberoamericanos, el fomento de las relaciones entre la UE e Iberoamérica y sobre todo el impulso económico y social a través de la concesión de créditos FAD (Fondos de Ayuda al Desarrollo), condonaciones de deuda y el incremento de las inversiones empresariales españolas en estos territorios por parte de empresas tales como Telefónica, Repsol, Banco de Santander, BBVA, Inditex, Sacyr o Isolux por poner unos ejemplos.
 
Las relaciones de España con el ámbito Mediterráneo se encaminan a la cooperación con los países ribereños especialmente con los países árabes. Con este fin, España ha participado en las Cumbres del Mediterráneo que reúnen a jefes de estado de los países europeos y africanos. En este sentido va la línea argumental del proyecto conocido como “Alianza de Civilizaciones” propuesta conjuntamente por España y por Turquía, y que tuvo su primer acto público en el 2009. Sin embargo, en las reuniones previstas para el año 2010 España no participó activamente.
 
Por otro lado, una de las preocupaciones principales del Estado español es su relación con uno de sus vecinos: Marruecos. Las relaciones con este país son complejas debido principalmente a dos asuntos: la españolidad de los enclaves norteafricanos (Ceuta y Melilla), así como el tema del antiguo Sahara Español del que Marruecos se ha apoderado sin respetar la voluntad de sus habitantes y sin cumplir las resoluciones de la ONU.

2.3. ANDALUCÍA, REGIÓN DE EUROPA: LA INTEGRACIÓN EUROPEA

Andalucía, con una extensión de 87.268 Km2 y 7,2 millones de habitantes, ocupa en torno al 2% del territorio de la Unión Europea. Su valoración geoestratégica viene determinada por su condición de frontera meridional de Europa, a escasos kilómetros del norte de África, lo que la convierte en puente entre Europa y el Magreb; y su situación entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, lo que la convierte en una encrucijada de caminos y civilizaciones.

Desde el 1 de enero de 1986, momento en el que España entró a formar parte de la Comunidad Europea, la economía andaluza ha experimentado un proceso de convergencia sostenido. La economía andaluza ha incrementado su participación en el conjunto de la economía española, en el sector primario y, especialmente, en el sector terciario debido al importante desarrollo alcanzado por su industria turística.

En cuanto a las relaciones comerciales, el comercio exterior en Andalucía ha crecido especialmente en lo relacionado a los intercambios con el resto de Europa. Sin embargo, las cifras reflejan que las importaciones siguen incrementándose más que las exportaciones, mientras que éstas siguen concentrándose en un número reducido de secciones, principalmente materias primas y productos energéticos.

.A pesar de los avances, Andalucía continúa teniendo atrasos estructurales con respecto a la media europea, de ahí que sea una región receptora de los fondos que la UE dedica a favorecer la cohesión económica, social y territorial.

Participación de Andalucía en la Unión Europea

España se caracteriza por un sistema autonómico en el que el Estado ha ido transfiriendo competencias a las Comunidades Autónomas desde la aprobación de la Constitución española en 1978. Para evitar conflictos, se hace necesaria una cooperación y diálogo constante entre el Estado y las Comunidades Autónomas en ciertas materias.

La participación de Andalucía en la integración europea se realiza de varias formas:

  • Colaborando con el gobierno central en la formación de la posición nacional que España deba defender en asuntos comunitarios.
  • Aplicando el derecho comunitario que supone desarrollar las normas comunitarias no directamente aplicables que afectan a competencias autonómicas asumidas en los Estatutos de cada Comunidad Autónoma.
  • Teniendo presencia directa en la UE a través de la Delegación de la Junta de Andalucía en Bruselas y la participación en el Comité de las Regiones, órgano que permite incorporar la opinión regional sobre las acciones que realizan las distintas instituciones de la Unión.
  • Fomentando y desarrollando la cooperación transfronteriza, transnacional e interregional junto con otras entidades locales y regionales en materias prioritarias como el desarrollo sostenible, las infraestructuras, la conservación y gestión de los recursos naturales y culturales o el desarrollo territorial europeo.
Desde la adhesión de España a la Comunidad Europea, Andalucía ha sido considerada como región Objetivo 1 (regiones cuyo PIB per cápita se sitúa por debajo del 75% de la media comunitaria), lo que supuso desde el inicio su inclusión entre las regiones beneficiarias de las acciones de la Política Regional europea. Su producto interior bruto (PIB) representó, en términos per cápita, el 61% (Eurostat, 2000) de la media comunitaria, lo que ha justificado que Andalucía sea receptora de Fondos Comunitarios de la Unión.
Antes de continuar lee el siguiente artículo (Diario "El Mundo", 10 de noviembre de 2010.

    'Ampliación de la {UE}'

    Mapa de las regiones objetivo 1 antes de la ampliación de 2004. En la actualidad en España son tres únicamente las regiones calificadas como objetivo 1: Andalucía, Castilla - La Mancha, Extremadura y Galicia.

    Política Regional

La política regional de la Unión Europea tiene como finalidad el desarrollo de las regiones y categorías sociales menos favorecidas a través del principio de solidaridad financiera, es decir, la trasferencia de una parte de las contribuciones de los Estados miembros al presupuesto comunitario. Los objetivos de la política regional son tres:
      1. Objetivo nº1: Fomentar la recuperación de las regiones menos desarrolladas, cuyo PIB per cápita es inferior a un 75% de la media, que representan actualmente el 22% de la población de la Unión. Andalucía pertenece a las regiones Objetivo nº 1, también conocidas como "regiones de convergencia".
      2. Objetivo nº 2: Reconvertir económica y socialmente las zonas con dificultades estructurales, ya sean industriales, rurales, urbanas o dependientes de la pesca donde vive el 18% de la población europea.
      3. Objetivo nº 3: Modernizar los sistemas de formación y fomentar el empleo. Las financiaciones del Objetivo nº 3 cubren toda la Unión, a excepción de las regiones del Objetivo nº 1.
    Fondos comunitarios:
  • Compuestos por los Fondos Estructurales y los Fondos de Cohesión.
Los Fondos Estructurales se centran en el desarrollo de infraestructuras, telecomunicaciones, ayudas a empresas y formación de los trabajadores, y difusión de la sociedad de la información. Los Fondos Estructurales se articulan a través de cuatro instrumentos.
 
  • Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER): financia infraestructuras, inversiones productivas para crear empleo, proyectos de desarrollo local y ayudas a las PYME.
  • Sección "Orientación" del Fondo Europeo de Orientación y de Garantía Agrícola (FEOGA/Orientación): financia acciones de desarrollo rural y de ayuda a los agricultores, principalmente en las regiones menos desarrolladas. También apoya el desarrollo rural en el marco de la Política Agrícola Común en las demás regiones de la Unión.
  • Fondo Social Europeo (FSE): favorece la inserción profesional de los desempleados y los grupos desfavorecidos, financiando las acciones de formación y los sistemas de ayuda al empleo.
  • Instrumento Financiero de Orientación de la Pesca (IFOP): tiene como finalidad adaptar y modernizar el equipamiento de este sector.
Los Fondos de Cohesión se crearon en 1993 como ayuda especial de solidaridad para impulsar el desarrollo de Grecia, Portugal, Irlanda y España, los cuatro Estados menos prósperos de la Unión, a través de la financiación de proyectos en materia de medio ambiente y transporte.
 
Sin embargo, la política sectorial en determinados campos ha generado problemas. Por ejemplo, la política agraria comunitaria ha sido fuente de problemas para la región, puesto que se ha tendido a subvencionar la reducción de la producción y de los puestos de trabajo, problemas tradicionales del campo andaluz. Algo similar ha ocurrido con la actividad pesquera. A ello hay que unirle, el desmantelamiento progresivo de la industria naval, con lo que las principales fuerzas de riqueza y trabajo, se han quedado limitadas al sector de la construcción y el sector servicios, muy especialmente el turismo.
Por el contrario esto ha incentivado el valor del campo andaluz como espacio protegido. En este sentido Andalucía en la región europea con mayor número de espacios protegidos reconocidos con la acreditación de Turismo sostenible, con un total de 18 espacios.
 
  • Consecuencias de la ampliación de la Unión Europea para Andalucía.
 
Son innegables los numerosos beneficios que la entrada de España en la Comunidad Europea ha supuesto para Andalucía. Hemos conseguido disminuir las diferencias con otras regiones europeas, aunque aún sigue siendo una región periférica. La ampliación de la Unión Europea a los países del este de Europa entre 2004 y 2007 tuvo consecuencias positivas y negativas para nuestra Comunidad Autónoma.
 
En principio, la adhesión de los nuevos Estados, además de ampliar el espacio de viaje sin necesidad de visados, favoreció al comercio y las empresas andaluzas por la apertura de nuevos mercados y el incremento de los consumidores potenciales. El beneficio también recayó en los estudiantes y trabajadores gracias a la libertad de circulación de personas y los distintos programas de la Unión que facilitan la movilidad para estudiar o trabajar en los nuevos países.
Pero el mayor temor es que el centro de gravedad de la política comunitaria hacia el Este de Europa y que esto repercuta en un alejamiento de Andalucía respecto a los objetivos de la cohesión y la integración europea.

 
 
 
FERNANDO JAVIER ROMERO BALSERA
IPEP CÓRDOBA
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