Estudio Sobre los Sones Populares

ESTUDIO SOBRE LOS SONES POPULARES


Joan Anthony Alves Hernández

El termino son se aplica a un repertorio bastante amplio, tanto en diversidad como en distribución geográfica, de la música tradicional mexicana. Si bien con el término se pretende hacer una agrupación genérica de esta música, al estudiarla más de cerca descubre que más bien se trata de un súper género. El común denominador que en su gran mayoría hace posible la reunión de estos géneros es la presencia simultánea de: a) música interpretada primordialmente con instrumentos de cuerda y percusión: b) canto de coplas: conjuntos de versos de métrica generalmente octosilábica y de agrupamientos diversos en la rima, que incluyen cuartetas, quintillas y décimas, y c) bailes de una o más parejas, que ejecutan zapateados que complementan y ponen de relieve la parte rítmica. Los géneros propiamente identificables corresponden a regiones geográficas y culturales diferentes.

El son pertenece principalmente a la cultura mestiza del país. Esto no significa que ciertos grupos de mínimo mestizaje y herederos de culturas nativas no interpreten el son o que éste a ajeno a su cultura. Sin embargo, como fenómeno global, se manifiesta más dentro de la cultura mestiza. Los sones que se presentan en esta antología provienen precisamente de esta cultura.

El vocablo "son" agrupa canciones y melodías que no son fácilmente identificables por sus estructuras rítmicas, melódicas o armónicas, y sin embargo el son es totalmente diferente otros géneros de música tradicional que se cultivan en México, como por ejemplo, el corrido, la canción ranchera, las polkas y redovas norteñas, los boleros y bambucos de Yucatán, . El son en su parte lírica, como ya hemos mencionado, consta de coplas, pequeños poemas con rima y métrica. Muchos de los cuales provienen de la España del siglo XVI y se conocen diversos cancioneros de Hispanoamérica. También encontramos coplas de marcada inspiración local y de origen más reciente. La temática incluye el amor, la descripción costumbrista mitos, leyendas, personajes y animales, los acontecimientos políticos y religiosos, etc. Además, en todo momento, se improvisan versos y coplas relativas a cualquier evento o persona, donde el trovador hace alarde de su espíritu poético e ingenioso con sorprendente vena imaginativa.

En su estructura armónica el son se rige principalmente por los patrones de la música occidental: tónica dominante y subdominante en sus escalas respectivas. Sin embargo, hay variantes armónicas sutiles para destacar ciertos pasajes musicales, así como la introducción de progresiones armónicas inusitadas, de acordes a veces invertidos, a veces en posiciones que fuerzan pequeñas disonancias.

Su temática melódica nunca es obvia o simple. Cada cantante de buena cepa tiene su propia variación melódica al igual que el intérprete instrumental solista, de tal forma que ambos dentro de la estructura armónica establecida para cada son, bordan innumerables variaciones melódicas, que encajan y armonizan dentro del patrón musical del son que se interpreta.

La estructura rítmica del son es muy variada y compleja. La inmensa mayoría utilizan ritmos ternarios, entre los que sobresalen 3/8, 3/4 ó 6/8. Pocos son los que emplean ritmos binarios.

En lo relativo a los orígenes del son, la mayoría de los autores que han profundizado en el tema confluyen en la opinión que éste, así como el resto de la música mestiza tradicional mexicana, se configura a partir de la música tradicional española, que los conquistadores trajeron consigo e introdujeron en la nueva tierra. Los géneros implicados pertenecen muy posiblemente a las provincias de Andalucía, Extremadura, Murcía y Castilla.

Los colonizados asimilaron en una u otra forma esta música pero desde una perspectiva cultural diferente, lo que devino en un híbrido con características esencialmente nuevas y diferentes de las de los progenitores. La creciente población de criollos y mestizos durante el transcurso de la Colonia acentuó esta hibridización, lo que dio como resultado, a través de su evolución secular, la música tradicional mexicana. Habría que añadir que los negros también intervinieron en esta producción, ya que desde el siglo XVI empezaron a llegar buen número de ellos a la Nueva España.

Hoy en día el son se interpreta en muchas regiones del país, lo que determina que sea el género musical de mayor extensión y representatividad popular de la tradición musical mexicana.

En la presente antología se han seleccionado sones de ocho regiones diferentes, a nuestro juicio, representativas de esta expresión cultural.

A continuación enumeramos las distintas formas de sones regionales tratando de poner de relieve sus características más generales.

1. Sones calentanos del Balsas. Se interpretan en la llamada depresión del río Balsas, que incluye parte de los estados de Guerrero y Michoacán. Esta calurosísima zona se conoce precisamente como la Tierra Caliente.

Las cabeceras de municipio de esta región donde se precian de ser los mejores intérpretes del género, son Ciudad Altamirano (antes Pungarabato) y Tlapehuala en el estado de Guerrero y Huetamo en Michoacán. El conjunto instrumental típico de la región esta compuesto de uno o dos violines, una o varias guitarras sextas y un tamborito (pequeño tambor de doble parche).

2. Sones calentanos del Tepalcatepec. Se cultivan en la cuenca del río Tepalcatepec (nombre que recibe en su cauce suroeste el río Balsas) en el estado de Michoacán. Esta región, igual que la anterior, se conoce como la Tierra Caliente y algunas de sus principales poblaciones son Apatzingán, Nueva Italia, Coalcomán, Arriaga y Zicuirán.

Los instrumentos tradicionales empleados en los sones que nos ocupan, son uno o dos violines, guitarra de golpe (guitarra con órdenes dobles de cuerdas para acentuar el ritmo), una vihuela y un arpa de 36 cuerdas llamada arpa grande en la región, y por extensión, al conjunto que la incluye, se le denomina de arpa grande. El arpa se usa también como instrumento de percusión, golpeando (cacheteando o tamboreando) con las palmas de la mano sobre la caja de resonancia.

3. Sones jaliscienses. Este género se origina en partes de la Sierra Madre Occidental, en la planicie de la costa centro del Pacifico y la Sierra Madre del Sur, en los estados de Jalisco y Colima. En la actualidad se cultiva prácticamente en todos los estados de la República, debido a la gran difusión que tuvo, de tal suerte que mucha gente lo ha considerado como el más representativo de la música mexicana: la música de mariachis.

La instrumentación tradicional del mariachi consta del arpa o el guitarrón, hasta tres violines, la vihuela y una o varias guitarras sextas. Las trompetas que se estilan tanto dentro como fuera de su región de origen se incorporaron posiblemente a principios de este siglo.

4. Sones de Río Verde y Cárdenas. Estos sones se interpretan en las dos localidades que los designan y zonas aledañas, todas en el estado de San Luis Potosí, alcanzando también algunas localidades norteñas del limítrofe estado de Guanajuato. Parece que se trata de una especial transición entre los sones huastecos y los jaliscienses aunque con características propias. La parte lírica, compuesta de décimas (poemas octosilábicos de diez versos) y valonas (poemas narrativos), muestra el ingenio y la creatividad literaria del cantante, hecho que explica su designación local de poeta. Se acompañan estos sones de guitarra quinta o huapanguera (guitarra grande con cinco órdenes de cuerdas generalmente dobles), dos violines y jarana o vihuela.

5. Sones de la Costa Chica y Tuxtla. Se interpretan en la costa sur del país, en la región que se extienda desde San Marcos, en Guerrero, hasta Tututepec, en Oaxaca. Tixtla, aunque se encuentra tierra adentro, al este de Chilpancingo en Guerrero, comparte la misma cultura musical de la costa, con variaciones regionales. Buena parte de la población de la Costa Chica es de origen negro, por lo que hoy en día el mulato es intérprete importante de estos sones. La dotación instrumental consta de una o varias guitarras, una o varias vihuelas (en raras ocasiones un bajo quinto), arpa y, para la percusión, una artesa, especie de batea gigante de tronco de Ceiba que se coloca invertida sobre la tierra y se zapatea o bien se percute cuando escasean los bailadores. Las arpas están en práctica extinción en la actualidad.

En Tixtla aún se encuentra el arpa, y en ocasiones la guitarra sexta se sustituye por una o dos vihuelas. El ritmo lo ejecuta el tapeador del grupo percutiendo con las manos o con una tablita en un cajón de madera. Los bailadores zapatean sobre una tarima que anteriormente era un tablado colocado sobre el piso de tierra ahuecado. Es importante mencionar que estos sones, sobre todo en la Costa Chica, están en un desafortunado proceso de desaparición. En esta región se suele encontrar bandas de instrumentos de viento que acompañan únicamente el baile

6. Sones istmeños. Se les conoce en toda la zona del istmo de Tehuantepec, en el suroeste del estado de Oaxaca, y principalmente en Juchitán, Tehuantepec, Salina Cruz. Ixtaltepec e Ixtepec.

Algunas poblaciones del limítrofe estado de Chiapas cultivan también esta música, aunque los istmeños defienden la paternidad del género. Una o más guitarras sextas y un requinto son los instrumentos tradicionales en la interpretación de los sones istmeños, aunque en algunas regiones también suelen acompañarse de marimbas.

7. Sones de Veracruz. El son jarocho, ampliamente conocido y difundido en todo el territorio mexicano florece en la planicie sur oriental, desde el puerto de Veracruz, los Tuxtlas, Catemaco, hasta Minatitlán y Coatzacoalcos, incluyendo los pueblos de la Cuenca del Papaloapan y la región llanera al sur de Tuxtepec.

La acentuación rítmica del son jarocho es la más compleja dentro del repertorio de sones, lo que probablemente muestra la influencia negra en esta región. El carácter jarocho tiene una alegría y una emotividad que se reflejan directamente en su música. La instrumentación habitual consta de arpa, requinto jarocho y jaranas. En Tlacotalpan se ha estilado el uso del pandero y en la región de los Tuxtlas, el arpa ha desaparecido y ahora se emplea una variedad grande de jaranas que van, en disminución de tamaño, desde la segunda hasta el llamado mosquito.

En las otras regiones acompañan los sones el arpa, el requinto, la jarana y eventualmente una guitarra sexta. La versatilidad del cantante en la improvisación de las coplas y la habilidad de las parejas en el zapateo se agregan para conformar la gracia y la vitalidad del son jarocho.

8. Sones huastecos. Están arraigados en la gran planicie costera del noroeste conocida como la Huasteca y en algunas regiones pertenecientes a la Sierra Madre Oriental, que incluyen a porciones de los estados de Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro y Puebla. Se cultiva entre los grupos mestizos e indígenas de la región. El huapango huasteco, como también se conoce al género, acompaña todas las ocasiones festivas de la Huasteca, algunas de cuyas localidades mayores son Ciudad Valles, Pánuco, Tampico y Huejutla; es la música viva de las cantinas y los prostíbulos.

La dotación instrumental del son huasteco es violín, jarana y guitarra quinta o huapanguera.

El gusto particular de los investigadores por este género. Hace que en esta antología se incluya un mayor número de selecciones huastecas.
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