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No. 1 Septiembre 2008

LA RATA LITERATA

Sin permiso para traducir

 

 

Directores:

Wilson Orozco worozco19@gmail.com

Alejandro Ramírez  alejandrora17@gmail.com


 

Ilustraciones: Wilson Orozco

 



Tabla de contenido

 

La Rata Literata............................................................................. 3

Editorial........................................................................................4

Carta de los lectores..................................................................... 5

TRADUCCIÓN

Cuentos cortos, muy cortos........................................................... 8

La gran tortura............................................................................. 26

estación de bomberos.................................................................. 33

cara de un político  en un afiche.................................................... 45

La otra vida.................................................................................. 46

En un diario de siete días...............................................................47

CRÍTICA, MUY CRÍTICA

     Finca, calor y errores....................................................................49

CREACIÓN

Alejandro Ramírez.......................................................................... 51

Wilson Orozco............................................................................... 56

 

 


La Rata Literata

 

La Rata Literata es una revista más. No pretende cambiar el mundo ni presentarse como la quintaesencia de lo literario. Solamente es una revista llena de ilusiones y de dos amantes de la literatura sin dinero pero con muchas ilusiones de traducir y publicarse. Pretendemos ofrecer otra perspectiva de la literatura, otra forma de ver el mundo a través de buenos escritores y otra manera de escribir.

En La Rata Literata van a encontrar gratuitamente (que es lo mejor de todo) textos graciosos, interesantes, extraños e inconseguibles. Hacerlo no es tarea fácil. Pero tal vez eso hable del esfuerzo personal y de la gran pasión que nos motiva.

También encontrarán una que otra crítica de traducción donde le daremos palo a quien se lo merezca. No hay derecho a que haya tantas y tan malas traducciones y que no exista ningún ojo crítico que se lo advierta al lector.

Por último, nosotros decidimos  convertirnos en nuestros propios editores porque gracias al internet no dependemos ni del mercado editorial ni de editores obtusos que rechacen todo lo que no esté firmado por un escritor famoso.

Esperamos poder roer su tiempo y sus conciencias…

¡A leer!

 

Editorial

 

Al fin llegamos al primer número de La Rata Literata. Para nosotros es muy grato poder llegar a este punto. Es ahora el turno del lector para que juzgue, comente o critique.

La traducción literaria ocupa gran parte de nuestras páginas. Tenemos una gran selección de cuento corto, género de gran auge actualmente en todo el mundo, proveniente de idiomas como el inglés, el francés, el portugués y el italiano. También hay poesía, pero no la de los sonetos románticos aburridores sino otro tipo de propuestas de grandes escritores contemporáneos como Carver, Bukowski y Dugan. Podrán encontrar la traducción de un ensayo del actor Vincent Gallo escrito de una forma muy particular.

Al final está la sección dedicada a la creación. En este primer número incluimos solamente nuestros propios cuentos y poemas, pero esperamos que en los siguientes números haya más diversidad. De modo que le hacemos una invitación al lector para que nos envíe sus cuentos o poemas para publicarlos en el próximo número, en el apartado especial dedicado a la creación literaria.     

 

Cartas de los lectores

 

Debido a que este es el primer número de La Rata Literata no hemos recibido aún las opiniones de los lectores sobre los artículos publicados. No obstante, reunimos a un grupo representativo de personas (como dicen todas las encuestas) y les explicamos en qué consistía este proyecto y les dejamos leer algunas cosas (no todo ni tampoco lo más candente). Así, después de recibir por escrito los comentarios, decidimos escoger tres (en aras del equilibrio de la información) que muy bien representaban la opinión positiva, la negativa y la intermedia. He aquí el resultado obtenido:

 


Opinión de Josefina del Socorro


Me alegra de verdad por los muchachos que han logrado sacar su propia revista. No entiendo mucho de eso, pero parece que es muy bueno. Ahora los jóvenes hacen de todo y nadie les dice nada. En mi tiempo no había tanta cosa. Cuando era niña la radio era lo máximo, ahora pueden leer revistas y hasta con mujeres empelota.  Intenté leer una de las traducciones, una de Bukowski que me recomendó Wilson, pero estas gafas ya no ven nada. Las limpié y las limpié y nada. Sólo logré entender que era en una estación de bomberos. Nada más, qué pena con los muchachos. Eso cuentos chiquitos también me gustaron, pero son tan chiquitos que uno no entiende nada. No alcanza uno a saber quién está traicionando a quién (como en las novelas mexicanas), cuando ya se está acabando. No se ve muy horrible y además va a ser gratis… se echa una la bendición y listo.

 

Opinión de Graciela Luna

Me parece que es una gran propuesta y que con un poco más de aplicación la pueden mejorar mucho. Aunque una sabe que eso lo lee muy poca gente, pero qué se va a hacer, ellos están obsesionados con esa idea y hay que dejarlos que se ilusionen. Pero para sacar una buena revista se necesita plata y más gente. Al menos yo les voy a colaborar y le voy a contar a todas las de la oficina. Ya les conté por el messeger a varias y me dijeron que iban a mirar. Mucha suerte.

 

Escrito de Juvenal Rito

Les advertí que iba a ser muy sincero y que no me iba a guardar nada. Ahora no se quejen. La verdad me parece que están desperdiciando su tiempo, revistas literarias hay muchísimas y muy buenas. Incluso en internet se encuentra de todo, desde lo mejor hasta lo peor. Para qué remar contra la corriente. Dediquen el tiempo a cosas más provechosas, a algo que produzca dinero. De qué sirven esas cosas gratis y hechas con mucho amor pero que no dan nada. Con tantos problemas que hay en el mundo actual y ustedes traduciendo cuenticos y poemas (habráse visto). Recapaciten y dedique su energía a otra cosa. Vagos.



 

 

TRADUCCIÓN

 

Cuentos cortos, muy cortos

Es bastante  conocida la fascinación actual por el cuento corto o microficción, como se le llama en numerosos idiomas. Las razones son tan diversas como antagónicas y no será en estas páginas donde nos atrevamos a formular alguna. Lo breve, en todas sus presentaciones, produce un gusto especial y el cuento corto no podría ser la excepción. Y no es facilismo (o pereza artística), pues casi todos los escritores de esta clase de cuentos reconocen unánimemente la gran complejidad que implica escribirlos.

El lector podrá percatarse que todos incluidos en este apartado son traducciones del inglés, portugués, francés e italiano. No incluimos cuentos en español por la simple razón de que la gran mayoría de lectores los puede encontrar en la biblioteca o librería local o en la blogosfera, que es el escenario ideal para la publicación del género. Así, utilizamos el idioma como ítem de clasificación, además porque se pueden apreciar ciertas diferencias en cuanto a la temática o al estilo de escritura.

La traducción del inglés presentó una complejidad especial puesto que el límite era de seis palabras. Los publicados en la revista Wired tenían esa restricción y a la hora de traducirlos muchos de ellos sobrepasaban esa cantidad de palabras. La estructura sintáctica del inglés se presta maravillosamente para condensar en pocas palabras una idea que necesitaría casi un párrafo en español. No obstante, siempre intenté que la traducción respetara las seis palabras y, cuando no fue posible, hice la traducción con más palabras en atención a la calidad.

En próximos números de La Rata Literata esperamos abrir una sección especial al cuento corto, tanto al que provenga de otros idiomas como a los que envíen los lectores para someterlos a publicación.

Esperamos que los disfruten, y si tienen alguno empolvado en su escritorio o arrinconado en algún archivo de su computador, envíelo al correo de La Rata Literata para que otros lectores lo puedan disfrutar.

 

Traducidos del inglés por Alejandro Ramírez.

Publicados en la revista Wired

Seremos breves: Hemingway una vez escribió un cuento de sólo seis palabras, “Vendo zapatos de bebé, no usados” (For sale: baby shoes, never worn.) y se dice que lo tenía entre lo mejor de su obra. De modo que les pedimos a escritores de ciencia ficción, fantasía y terror del mundo de los libros, la televisión, el cine y el entretenimiento que hicieran ellos mismos un intento.

Arthur C. Clarke rehusó recortar su historia (“Dios dijo, Cancelen el programa de GÉNESIS. El universo dejó de existir.”), pero el resto son concisas obras maestras.

 

La garantía del carro expiró. El motor también.

Stan Lee

Se le cayó el pene. ¡Está embarazado!

Rudy Rucker

De los rascacielos incendiados los hombres salen con alas.

Gregory Maguire

Con manos ensangrentadas, me despido.

Frank Miller

Día desperdiciado. Vida desperdiciada. Al desierto, por favor.

Steven Meretzky

“¿Sótano?” “Puerta hacia, ah… el infierno, realmente.”

Ronald D. Moore

Epitafio: estúpidos humanos, nunca escaparán de la tierra.

Vernor Vinge

Soy tu futuro, niño. No llores.

Stephen Baxter

1940: ¡Hitler joven! ¡Canta en la sinagoga!

Michael Moorcock

Gafas detectoras de mentiras perfeccionadas: colapsa la civilización.

Richard Powers

Estoy muerto. Te he extrañado. ¿Besa…?

Neil Gaiman

¿Tipo de sangre del bebé? Humana, fundamentalmente.

Orson Scott Card

Kirby nunca antes había comido dedos.

Kevin Smith

No te cases con ella. Compra una casa.

Stephen R. Donaldson

45 años, corazón roto, busca hombre discapacitado.

Mark Millar

¡LA MÁQUINA DEL TIEMPO LLEGA AL FUTURO! Nadie.

Harry Harrison

Nuevos genes exigen expresión: tercer ojo.

Greg Bear

En combate, Bagdad, 18 años, féretro cerrado.

Richard K. Morgan

Epitafio: no debieron haberlo alimentado.

Brian Herbert

El cielo se cae. Detalles a la una.

Robert Jordan

Bush dijo la verdad. El infierno se congela.

William Gibson

Tres a Irak. Vuelve uno.

Graeme Gibson

Vuelven los dinosaurios. Quieren todo su petróleo.

David Brin

Bang pospuesto. El Big no es suficiente. Reiniciar.

David Brin

Ciborg busca donante de óvulos, propósito…

David Brin

Muerte pospuesta. Células metásticas se organizan.

David Brin

Lo sé, querida, pero debes mentir.

Orson Scott Card

La máquina del tiempo de Osama: Presidente Gore preocupado.

Charles Stross

Cruzamos la frontera; nos mataron.

Howard Waldrop

Desaparecen fragmentos de un cadáver. Doctor compra yate.

Margaret Atwood

Escándalo sexual de joven actriz. Calamar gigante involucrado.

Margaret Atwood

Leyó, confundido, su obituario.

Steven Meretzky

Pensamiento del viajero en el tiempo: “¿cuál es la contraseña?

Steven Meretzky

Universo paralelo: Bush, indigente, se une al ejército.

Steven Meretzky

 

Traducidos del francés por Alejandro Ramírez

 

La estación

Espero frente a la cartelera. El murmullo del retraso resuena alrededor de mí. La multitud está tensa de impaciencia. El ballet de los hombres-maletas se ha aplazado lleno de amenazas. Una pequeña niña serpentea sonriente con su muñeca, cosquilleando los pantalones, los vestidos, los equipajes y los muros. Desarrolla una pequeña danza con su muñeca de trapo. El anunció por el altavoz crea una marejada que absorbe a la pequeña por escaleras. Estoy esperando que vuelva por su muñeca.

 

El tren  1

Sus ojos abiertos no observan el paisaje. Arrugas horizontales atraviesan su rostro. Sus sueños sólo son tormentos. La joven negra no quiere partir. Lleva poco equipaje. No va a durar mucho. Volverá pronto. Forzosamente. Lo preciso para cumplir con su deber. Los euros necesarios para vivir sin preocupación. Ella está, definitivamente, en otro lugar. Su corazón y su alma no se fueron. Escasamente su cuerpo deambula en ese tren. Para permanecer encerrada en sí misma. No correr el riesgo de no poder regresar. En su casa es infeliz, pero es su casa.

 

El tren  2

Fatigado por los olores de la construcción, el trabajador expía su condición con un sueño sin descanso. Se dejó caer sin obstáculo en el espacio entre los dos asientos. Cuando el tren se detiene en la estación, salta angustiado y pregunta si es Estrasburgo. Lo tranquilizan. Masculla un gracias con un acento difícil de determinar. Su saco es grande y está abultado de protuberancias. Arranca sin haberse movido un ápice. Su cuerpo se bambolea de agotamiento. Cae la noche y el tren continúa. Salta y pregunta por Estrasburgo. Todas las negativas lo tranquilizan. Tiembla cuando el sueño lo atrapa otra vez. El frío nocturno invade el vagón. Es el único que no se cubre. El tren baja la velocidad. Salta. ¿Estrasburgo? Con un signo le digo que no. ¿La próxima? ¡No! Faltan dos más. Respira. Mientras asciendo las escaleras con mis pesadas maletas, observo cómo desaparece el tren. Tengo miedo por él.

 

La película

Mal apoyado delante este maelström de imágenes, estoy fascinado. Laura Dern  y su expresión suspendida en un malestar. Este escenario del cine se convierte en un vínculo incierto entre la filmación y otra realidad. ¿Es la realidad o un fantasma en trampantojo? Laura Dern es un espectro divertido que se busca y se desmultiplica de identidad en identidad. El rostro sólo es una linterna inestable que desaparece a veces en la oscuridad de la película. Me sumerjo en una estructura abismada, sueño de cine que sueña de un cine que observa desaparecer sus fantasmas que muestra a Laura Dern intentando salir de su película o del fantasma de su película. Todas estas imágenes animadas y sonoras son un caleidoscopio de enigmas del cual sólo nuestro inconsciente puede sacarle provecho a nuestra espalda. Somos sólo un sueño de un cineasta.

Xavier Galaup

 

En la ciudad existía el único lugar que estaba fuera del tiempo. Una escena al aire libre, en mitad de los caminos donde podías leer tu texto, tu poesía, tu canto inferior.

Al ocaso, sube una mujer muy pequeña y delgada. Desde su entrada en escena, una trémula luz la rodea. Cuando empieza a hablar aparecen los gatos y se suben a las gradas.

Rosine levy

 

Traducidos del portugués por Alejandro Ramírez

 

Reflejo

Se miró al espejo con complacencia; el espejo lo miró con severidad.

 

Epigramático

Esperó toda su vida por la mujer perfecta. Ella apareció en su funeral.

 

Después de 15 años de casados, por primera vez sugirió que cambiaran de lado en la cama.

Él se levantó menstruando. La esposa pensaba qué hacer mientras se rascaba la barba.

 

Entró en una espiral sicológica que lo llevó a suicidarse. Todo comenzó con un café medio caliente.

 

Tenía la tendencia a apasionarse por las personas equivocadas. El truco, entonces, fue dejar que su mejor amigo escogiera las personas por las cuales debería apasionarse. Su amigo tenía la tendencia a divertirse con la desgracia ajena. No pudo haber hecho una peor selección, sabemos, entonces, que no pudo haber sido mejor. Fue miserablemente feliz. Igual a todo el mundo.

 

Luis Ene

 



La conciencia

Fue durante el momento previo al orden del día que el diputado se dio cuenta de que faltaba su conciencia. Buscó en los bolsillos, en el portafolio, pero no la encontró. Quedó preocupado.

A la primera oportunidad salió del hemiciclo y fue a la sección de perdidos y encontrados. Le preguntó al funcionario si alguien había encontrado una conciencia. Lo hicieron entrar por la puerta, al lado de la ventanilla, y lo llevaron a un cuarto donde había sombrillas, celulares, muchos expedientes, muchos sobres tamaño oficio de papel marrón y, en un estante al fondo, algunas conciencias.

-Ésas están ahí porque los dueños nunca vinieron a reclamarlas.

El diputado observó, pero ninguna era la suya. Vio en el suelo una caja cerrada. Ante su mirada interrogativa, el funcionario le dijo:

-Ahí adentro están las vergüenzas. Hay personas que pierden la vergüenza. Y nunca vienen por acá a buscarla. Vergüenzas y conciencias que no reclaman se incineran a fin de año.

El diputado se tocó los bolsillos y suspiró aliviado. Aún tenía su vergüenza. El problema era la conciencia. Agradeció al funcionario y salió a buscar, pensando en dónde diablos podría haber dejado la conciencia.

João Ventura

Espejos

Después de la muerte de su esposa retiró todos los espejos de la casa. Los vecinos murmuraban que estaba enloqueciendo. Decían que quería olvidar lo vanidosa que era ella, cómo pasaba el día admirando su propia imagen y echándose labial. Todos estaban equivocados, él sólo quería dejar de ver su infinita tristeza.

 

Imagen

En su quinto embarazo, Maria dio a luz una criatura con un grave defecto en el rostro. Para protegerla escondió todos los espejos de la casa e impidió el contacto con cualquier extraño. De nada sirvió, ella podía ver todo en los ojos de su madre.

Ana Mello

Espejo mío

En su espejo se veía siempre linda, alegre y juvenil. Le costó comprender que era un reflector de almas.

 

Reverso

El Papa, radical, abolió el limbo. Dante había puesto allí las almas de los grandes sabios del pasado que no se habían bautizado. ¿Para dónde se fueron las personas más interesantes de todas las épocas? Quién sabe, refugiados en la biblioteca del Vaticano…

Angela Schnoor

Abstención

Vio la mujer en la calle. Le habló. Comenzaron a enamorarse. Para continuar juntos, él dejó el cigarrillo, ella dejó al esposo.

Edgar Borges

Contratiempo

Siempre estaba inventariando el tiempo. Se le había pegado ese vicio desde que se acordaba. Lo tenía todo cronométricamente contado y meticulosamente guardado en el cajón de la memoria reservado a las cosas inútiles: los años de soledad, los meses de angustia, las semanas de cansancio, los días de rabia, las horas de insomnio, los minutos de amor, los segundos de placer, la décima de segundo que le demoró tomar una decisión, la centésima en que dudó y la milésima que tardó en apretar el gatillo.

Fernando Gomes

 

Kapo

Jakob escribía los nombres de los vecinos en un cuaderno viejo. Primero había comenzado con los vecinos de su edificio: los Weissmann, los alemanes de la planta baja, el joven Piotr y su mujer, el viejo viudo Lew, en fin… todos los nombres, edades y sospechas de estas personas ocupaban un lugar en el cuaderno de Jakob. A cambio, las autoridades le pagaban con cigarrillos. “A esto obliga la inflación. Por encima de todo, puedo fumar y contribuir con la seguridad de Polonia”, y encendía un cigarro más.

El tiempo pasó, la inflación subió y el pago decreció. Ahora era necesario más trabajo. Entonces, por un paquete de cigarrillos, Jakob fue denunciando los de su calle, la sinagoga, los amigos y, por último, a su propia familia. Tenía “protección” y “tabaco”, afirmaba, a lo que un vecino le respondió: “un día vas a necesitar del alma y ya no la tienes”. Pero Jacob no necesitaba de ella. Cuando miraba el horizonte, aprovechaba para fumar un poco mientras veía los humos de las chimeneas de Auschwitz. Jakob sabía que era culpable y sobretodo sabía que, sin alma, moriría con su cuerpo. Por haber sido el primero en dar el alma, Jakob se consideraba el mayor mártir de los judíos polacos.

João Carlos Silva

Círculo vicioso

El pastor evangelista reunió a la multitud en el campo de fútbol  y dibujó  con harina un círculo en el pasto. “Hermanos míos, purificaos en nombre del señor y lanzad en este círculo maldito los vicios que intoxican vuestras almas”. Los hermanos obedecieron y llovieron manojos de tabaco, jeringas, botellas de whiskey, muñecas desinfladas, poemas de Bocage y antologías de los cuentos de los hermanos Grimm. La piadosa y portentosa hermana Lurdes, que sólo tenía un vicio en la vida, y lujurioso, levantó en el aire al pastor evangelista y lo lanzó al centro del círculo.

José Eduardo Lopes




Historias viciadas

I

La fuerza del hábito

Fumaba. Bebía. Fornicaba. Siempre por la misma orden religiosa.

El milagro

Perdió la fe. Después nunca más pecó.

El monje

Dejó el hábito y se entregó al vicio.

El vicioso

Le cortaron las manos. Continuó con los pies.

El chaquetero

Murió y empezó a creer en Dios.

Tiempos modernos

Para ahorrar tiempo, siempre fornicaba de pie.

Feminista determinada

Lo amaba, pero no lo había escogido. Lo dejó.

II

Injusticia

Mató: lo condenaron a una multa. No pagó: lo capturaron.

El principio de lo contradictorio

Casi nunca hablaba, pero adoraba el sexo oral.

El maestro ajedrecista

Sólo conocía dos palabras: jaque y mate.

Oportunidad perdida

Comenzó y acabó aun antes de comenzar.

La misma historia de siempre

Qué, quién, cuándo, dónde y cómo.

Sísifo

Abrió el libro. Estaba nuevamente en blanco.

Luis Ene

 

Fatalidad

El rostro que mereces está siempre en otro espejo.

 

Crisis de identidad

Estaba tan confundido que creó un heterónimo llamado Fernando Pessoa

José Mário Silva

Traducidos del italiano por Alejandro Ramírez

 

Cuando el dinosaurio despertó… todavía estaba allí.

 Massimo Curatella

De regreso a casa un hombre vio un accidente. “Qué suerte, si hubiera vuelto antes estaría entre los escombros…” Mientras intentaba abrir se dio cuenta de que la llave no entraba, su mano atravesaba la…

Carlo Macchiavello

 

 

 

 

 

La Gran Tortura

Vincent Gallo

Traducido del inglés por Wilson Orozco

 

Mi familia no viajaba mucho. Los viajes más largos de mi infancia fueron antes de que empezara a estudiar. Mi mamá trabajaba todos los días en su salón de belleza que estaba al frente de nuestra casa. Mi papá, que no quería trabajar, se mantenía pegado a mí y me arrastraba en carro los siete días de la semana a varias carreras de caballos en Buffalo. Mucho viaje. Y hombre, eso sí que era diversión. Tenía que aguantar hambre todo el día y por fin, tal vez recibir un perro caliente y una taza de agua tibia, mientras veía a mi papá perder la plata arduamente ganada por mi mamá.

Una vez me fui solo en bicicleta (lejos, lo más lejos que pude), atravesando cinco barrios, hasta una parte de Buffalo que se llama Fruit Belt. Los nombres de las calles tenían nombres de frutas, ¿sabían? Como, por ejemplo, Calle Banano. Solo digamos que en este barrio había más que un puñado de negros. En realidad, creo que el único blancuzco era yo ese día. De pronto, tres negros de diecisiete años me asaltaron, me golpearon y me robaron la única moneda que tenía en el bolsillo. Yo tenía seis años. Cuando llegué a la casa, mi papá me pegó y me dijo que era un mariconcito. Me dijo que por qué no los había llevado a la casa para que se robaran el resto. Ése fue mi primer viaje. Creo que se puede decir que llevo el viaje en la sangre.

De niño, solo había visto aviones por televisión. Yo venía de gente que solo había viajado en barcos. No conocí a nadie que hubiera viajado en avión hasta que tuve dieciséis años y vivía en Nueva York. Para ir allá tuve que pedir aventones. Un marica que me recogió me lo quería mamar, pero lo obligué a que parara. Nadie me recogió en las siguientes siete horas. Hacía frío ese día.

Mi primer viaje en avión fue a Europa. Me fui a través de uno de esos servicios de mensajería en los que uno viaja gratis si uno lleva un paquete. Tenía diecisiete años en ese momento. Fue realmente fácil. Lo único que tuve que hacer fue dormir en el aeropuerto durante cuatro o cinco días y esperar a que algún paquete necesitara ser transportado a alguna parte de Europa. Una vez allá, lo único que tenía que hacer era conseguir comida gratis, dónde dormir y rebuscarme la forma de regresar. ¿Por qué quiere viajar la gente pobre en avión? ¿Por qué la gente quiere viajar? Es toda una tortura. Una gran y horrible tortura. ¿Por qué alguien quiere viajar sino es porque le están dando millones por hacerlo? Realmente no lo entiendo. La gente huele mal y los aviones también huelen mal y están llenos de enfermedades. En el aeropuerto son mezquinos, todo es caro y sucio; qué fastidio. Todo un fastidio y toda una tortura. ¿Quién putas quiere volar en clase económica? Es horrible. Las vacaciones deberían ser en la cama comiendo papitas con salsa, viendo televisión, mientras un robot te masajea y te lo mama: ésas sí son vacaciones. Eso sí es viajar. Viajar al extranjero no tiene sentido, es estúpido, sobre todo a Francia que fue mi primer destino. ¿Cuánto queso, tabaco, cafeína, vino y azúcar le mete un asqueroso francés al cuerpo en un día? Ni siquiera el asqueroso aire contaminado de París podría reducir la fetidez de esos pendejos franceses fermentados.

Fumé hierba dos veces en mi vida. La hierba es mala. No me gusta. No me gustan los marihuaneros. Es diabólica así como toda la gente que la fuma. Cuando me tome el poder en el mundo, lo primero que voy a hacer es encerrar y amarrar a todos los marihuaneros. De todas maneras, como le tenía algo de miedo a volar, algún pendejo me sugirió que me fumara un bareto en el avión y me lo dio. Debió haber sido un jíbaro. ¿Recuerdan cuando la gente podía fumar cigarrillos en los aviones? Fumaban durante todo el vuelo como cerdos. Cerdos asquerosos. Gracias a Dios que prohibieron eso. De todas maneras, fui al baño del avión y prendí el bareto. De pronto se me pegó una cancioncita de los Beatles y en instantes estaba alucinando. Creo que me demoré un mes para volver en mí. Fue el peor vuelo de mi miserable vida. Imagínense: bareta, gente y aviones; todos juntos hacia Francia. Peor no puede ser, ¿no?

Igual, viajé en tren de Francia a Italia para volar desde Roma a Nueva York. No crean que porque mi apellido es Gallo y mis papás son de Sicilia yo tengo algo que ver con esos micos. Los italianos de verdad son de Buffalo. En algún lugar entre Francia e Italia los soldados italianos llenaron el tren así que solo había posibilidad de viajar de pie. Estaba apretujado contra una pared junto a una ventana y algo estalló en mi ojo y me encegueció. Cuando llegué a Roma, mi ojo estaba totalmente hinchado y cerrado. Estuve en el aeropuerto medio ciego y con hambre, con mi cara triste hasta que alguien me ofreció comida. Era pan rancio pero hombre sí que estaba bueno aunque no tanto las partes verdes.

El vuelo de regreso a casa fue en ‘Alitalia’. Todo bien. Todavía estaba jodido con la bareta que me fumé mientras iba para Francia y seguía muy nervioso por viajar, simplemente vivo con los nervios de punta, ¿bien? Me venían recuerdos, todo eso…estoy asustado, ¿listo? No soy una gallina por miedo a que se estrelle el avión, mátenme por favor, adelante, háganme ese favor: no, solo tengo miedo de mi propia mente enferma y encerrada en un avión. De todas maneras el avión ya pasó el sobrecupo por cientos. Como que cien personas tenían el mismo tiquete que otras cien personas, entonces intentaron bajar a gente del avión. Yo ni me mosquié. Después de tres putas horas de esa mierda, les ofrecieron suficiente plata a unos estúpidos viajeros para que el avión pudiera despegar.      

A mi derecha va sentada una gorda italiana toda vestida de negro, con su cara metida en un pañuelo negro, inclinada, moviéndose hacia atrás y hacia adelante, llorando por alguien que murió. Quién sabe por quién. Si hubiera sido yo, duraría seis meses en mi casa antes de que alguien se diera cuenta de mi muerte. Alguien vendría a pedirme plata prestada y se darían cuenta. Estarían sin saber qué hacer. Si vaciar mis bolsillos y volarse o dar aviso sobre mi muerte. De todas maneras, esta vieja culona, señora asquerosa me está poniendo de verdad nervioso con su movimiento hacia atrás y hacia adelante y con su lloradera. Odio cuando las viejas lloran. Siempre son las que lloran. Yo no hacía nada. Sentado a mi izquierda va otro maldito viejo, un viejo asqueroso italiano. Hay muchos viejos en Italia, me imagino, porque nunca trabajan. Lo único que hacen es comer. Que Dios no permita que trabajen.     

De todas maneras, en la mitad de este miserable vuelo, el asqueroso italiano a mi izquierda empieza a ahogarse y a jadear. Está convulsionando. Una perra azafata viene y por fin uno de los macacos de los pilotos viene con los primeros auxilios. Nos hacen parar a seis de nosotros mientras están con el viejo. Veo agujas entrar en su pecho, todo está claro, tengo un mal presentimiento. Ya no hay un solo puto asiento disponible en este avión así que acomodan a este maldito viejo en su asiento contra la ventana, tapado con algunas sábanas y me obligan a sentarme de nuevo junto a él. Sé que el tipo está muerto. Está frío y tieso. Está muerto, ¿entienden? Muerto. Muerto, muerto, muerto. Me dicen que está durmiendo y que se va a mejorar. Vuelo cuatro horas más al lado de un tipo muerto y una mujer llorando. Ambos oliendo mal. El asqueroso italiano todavía con la baba colgándole de la boca. Colgando sin haber sido llamada, como un pedazo de hielo lento y pegotudo.       

Es decir, cuando negocio un contrato para actuar y tengo que volar, todo el salario se basa en el dolor que siento al volar. Si tengo que ir a Europa, el precio es el doble. Si tengo que ir a Suramérica o a otros lugares primitivos es el triple. No tendrían con qué pagarme para ir a un lugar como Israel, Marruecos, Corea, Albania o España. Por un millón de dólares ni siquiera iría a Harlem. Sin embargo, lo pensaría si fuera a ciertas zonas de Austria y Alemania.

Mi hermoso hogar está en Nueva York. Antes, me encantaba llegar a Nueva York de algún horrible viaje. Aunque da tristeza: ya no es lo mismo cuando regreso a Nueva York. ¿Cómo puede ser emocionante volver a una ciudad donde vive ese niñito rico, cuasi enano, mariquita y violador de Harmony Korine? ¿Qué le pasó a Nueva York? ¿Recuerdan los viejos tiempos cuando la niña de Connecticut, Chloe Sevigny, tenía la suerte de mamárselo a alguien para poder vivir? ¿Recuerdan cuando David LaChapelle era un desconocido, un ratero, un mesero marica, un prostituto y hacía el aseo de la discoteca Studio 54? Soy tan feliz de tener una mansión en Los Ángeles. Solamente si ese judío de Guy Osery no viviera allí, sería realmente una gran ciudad.         

Me gusta manejar. Voy en mi carro y estoy completamente solo; o voy en mi carro y me lo están mamando: manejando solo o viendo cómo me lo maman. Echo algo de gasolina, me levanto un culo y nadie a mi lado fuma bareta, pero si quisiera fumar me podría negar. Manejando, manejando; completamente solo sin nadie detrás de mí. Solo, solo, solo, en mi gran negro Cadillac.

 

 

 

estación de bomberos 

Charles Bukowski

Traducido del inglés por Wilson Orozco

 Para Jane, con amor

 

 

nos fuimos del bar

porque ya no teníamos plata

pero sí unas cuantas botellas de vino

en la habitación.

 

eran más o menos las 4 de la tarde

cuando pasamos por una estación de bomberos

y ella se

enloqueció:

 

“¡UNA ESTACIÓN DE BOMBEROS! Ah, me encantan

LOS CARROS DE BOMBEROS, ¡es que son

tan rojos! ¡entremos!”

 

yo la seguí

“¡CARROS DE BOMBEROS!” gritó

meneando su gran

culo.

 

ya se estaba encaramando

a uno, subiéndose la falda hasta

la cintura, metiéndose de cabeza en el

asiento.

 

“por acá, por acá, venga li’ayudo” un bombero

se encaramó.  

 

otro bombero se me

acercó: “nuestros ciudadanos siempre tienen las puertas abiertas”

me

dijo.

 

el otro tipo estaba arriba

con ella en el asiento: “¿tienes una de esas COSOTAS?

ella le preguntó. “¡ah,jajaja!, o sea,

¡uno de esos CASCOS GRANDOTES!”

 

“también tengo un casco grande”, le

contestó.

 

“¡ah, jajaja!”

 

“¿juegas a las cartas?” le pregunté a  mi

bombero. solo tenía  43 centavos y

lo único que me sobraba era

tiempo.

 

“venga,” dijo. 

“claro que no apostamos plata. está

prohibido.”

 

“listo,“ le

dije.

 

los 43 centavos ya iban casi

en dos dólares

cuando la vi escalas arriba con

su bombero.

 

“me va a mostrar dónde es que

duermen,” me

dijo.

 

“bien,” le

respondí.

 

cuando su bombero se deslizó por el tubo

a los diez minutos

lo

llamé.

 

“son 5

dólares”

 

“¿5 dólares por

eso?”

 

“lo menos que queremos es un escándalo, ¿sí o no?

los dos nos podemos quedar

sin trabajo. claro que yo no estoy trabajando.”

 

me dio los

5.

 

“siéntese, a lo mejor los

recupera.”

 

“¿qué están jugando?”

“naipes.”

 

“está prohibido

apostar”

 

“todo lo interesante es prohibido. además,

¿usted ve plata en la

mesa?”

se sentó.

 

ya éramos

5.

 

“¿cómo te fue Harry?” le

preguntaron.

 

“nada mal, nada

mal.”

 

siguió el otro

tipo.

 

realmente jugaban mal. 

no se preocupaban por memorizar la

baraja. no contaban

las cartas. y sencillamente se quedaban con cartas muy altas

y no las botaban.

 

cuando el otro tipo bajó

me dio

uno de cinco.

 

“¿cómo te fue, Marty?”

“nada mal. se mueve…digamos que

bien.”

 

“¡carta para mí!” dije. “una hermosura. yo soy

el que la cabalgo.”

 

nadie dijo

nada.

 

“¿y muchos incendios últimamente?”

pregunté.

 

“na’a. más o

menos.”

 

“jóvenes, ustedes lo que necesitan es acción. “¡otra carta

para mí!”

 

un joven pelirrojo que había estado brillando

uno de los carros

tiró el trapo y se

fue para arriba.

cuando volvió me tiró uno

de cinco.

 

cuando el cuarto bajó le di

3 de cinco por uno

de veinte.

 

no sé cuántos bomberos había

en la estación o dónde

estaban. me imagino que algunos se me habían volado

pero yo era un buen

perdedor.

 

estaba anocheciendo

cuando sonó la

alarma.

 

empezaron a correr por todas partes. 

otros se deslizaban por el

tubo.

 

luego ella también se deslizó

por el tubo. era buena con el

tubo. qué mujer. solo agallas

y

culo.

 

“vámonos,” le

dije.

 

se paró a decirle adiós a los

bomberos que ya no parecían

muy interesados.

 

“devolvámonos para el

bar,” le

dije.

 

“aah, ¿y tienes

plata?”

 

“me acordé que tenía

algo…”

 

nos sentamos al final de la barra

con unos whiskys acompañados de

cerveza.

“tengo mucho

sueño.”

 

“claro, nena, tienes que

descansar.”

 

“¡mira a ese marinero como me mira!

a lo mejor piensa que soy….una…”

 

“no, no, cómo va a pensar eso. cálmate. tú tienes

clase. mucha clase. a veces me pareces una

cantante de ópera. me entiendes, una de esas prima donnas.

la clase se te ve por

encima.

salud.”

 

pedí 2

más.

 

“sabes, mi amor, ¡tú eres el único hombre

al que AMO! o sea, que AMO….¡de verdad!

¿me entiendes?”

 

“sí, claro. a veces me parece que soy un rey

a pesar de mí mismo.”

 

sí, sí; eso es. algo así.

 

tenía que ir al orinal. cuando regresé

el marinero estaba sentado en mi

silla. ella le había montado la pierna encima y 

él hablaba.

 

pasé por un lado y me puse a jugar a los dardos con

Harry el Caballo y el muchacho

de los periódicos.

 

 

cara de un político en un afiche 

Charles Bukowski

Traducido del inglés por Wilson Orozco

 

mírenlo:

sin muchos guayabos

sin muchas peleas con mujeres

sin muchas llantas chuzadas

nunca un pensamiento suicida

 

máximo tres dolores de muela

nunca se ha saltado una comida

nunca en la cárcel

nunca enamorado

 

7 pares de zapatos

 

un hijo en la universidad

 

un carro último modelo

 

seguros de vida

 

un prado muy verde

 

las canecas de la basura muy bien tapadas

 

lo van a elegir.

 

 

La otra vida

Raymond Carver

Traducido del inglés por Wilson Orozco

Y ahora la otra vida. La que

no tiene errores.

Lou Lipsitz

 

Mi esposa está en la otra parte de esta casa rodante

preparando una demanda contra mí.

Puedo oír cómo su lapicero escribe, escribe.

A veces para y se pone a llorar,

y sigue-escribiendo, escribiendo.

 

La escarcha desaparece del suelo.

El dueño de esta casa me dice que

no puedo parquear aquí.

Mi esposa sigue escribiendo y llorando,

llorando y escribiendo en nuestra nueva cocina.

 

 

En un diario de siete días

Alan Dugan

Traducido del inglés por Alejandro Ramírez

 

Oh, me levanté y me fui al trabajo

trabajé y volví a casa

comí y conversé y me fui a dormir.

Después me levanté y me fui al trabajo

trabajé y volví a casa

del trabajo y comí y dormí.

Después me levanté y me fui al trabajo

trabajé y volví a casa

comí, vi televisión y dormí.

Después me levanté y me fui al trabajo

trabajé y volví a casa

comí un bistec y me fui a dormir.

Después me levanté y me fui al trabajo

trabajé y volví a casa

comí y culié y me fui a dormir.

Después fue ¡sábado, sábado, sábado!

¡El amor debe ser la motivación para la semana!

¡Salimos de compras! ¡Vi nubes!

¡Los niños lo explicaron todo!

¡Pude hablar de lo más importante!

¿Qué bebí el sábado en la noche

que me hizo perder la mejor parte del domingo?

La otra parte ya merece ser domingo.

Después me levanté y me fui al trabajo

trabajé y volví a casa

del trabajo y comí y me fui a dormir

renovado aunque cansado por el fin de semana.

 

 

 

 

 

CRÍTICA, MUY CRÍTICA

 

Finca, calor y errores

Wilson Orozco

 

Hace poco estuve en la Costa, en una finca de mi papi. Leía sobre ciencia y no sé por qué. No entendía nada. Me explicaban y me explicaban el comportamiento de la luz pero era inútil; solo padecía sus rigores sobre mi espalda. El sopor y su consecuente distorsión de la realidad sí me hacían comprender por qué nunca va a haber un premio nobel de física allá. No hay manera de que la ciencia progrese en esa tierra malsana. El ventilador que hacía bulla a mi lado no servía de mucho para apaciguar mi rabia y mi ignorancia.

Entre todos los libros que presté en la biblioteca de Comfenalco estaba Quarks, chiflados y el cosmos de Jeremy Bernstein.[1] Afortunadamente lo presté y no lo compré. Porquería de libro. Lleno de errores. O al menos tenía unos cuantos. Los que logré pillar. Pero no son errores de ciencia, por supuesto. Son gazapos. Mi conocimiento no da para tanto. 

En la página 195 se lee: “De lo que se puede hablar, se debe guardar silencio”, refiriéndose al famoso mantra de Wittgenstein. Eso tal vez fue lo primero y lo único que aprendí en mis inútiles y largos años por una carrera de filosofía. Hay que aclarar que la actuación de ceño fruncido de profesores y alumnos hace mucho más largos esos años.

El pequeño problema es que no es “De lo que se puede hablar” sino “De lo que NO se puede hablar” y eso cambia totalmente la cosa. Consultando incluso otra versión, la de Enrique Tierno Galván[2], dice: “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”.

 

El libro que leía tenía el mantra original en alemán y decía: “Wovon man nicht sprechen kann, deruber muss mann schweigen” Consultando también la edición bilingüe de Tierno Galván dice que realmente en alemán es darüber (202-203). Confío más en él.

El otro gazapo me recuerda a una estudiante mía que en una práctica cuando tenía que traducir antes escribía después y viceversa. Para ajustar, cuando decía siglo XIX, ella entendía siglo XX. Creo que la asistencia a tantas marchas estudiantiles la tenía un poco trastornada. En la página 171 nos dicen que Einstein murió en 1955 y tres páginas después que recibió una carta en 1987,…¿o serán cosas de la velocidad de la luz de las que Einstein tanto habló solo para iluminados? 

En la página 172 lee uno Yew Yorker y es New Yorker pero ya ahí la ira es semejante a la de la corrección de una práctica. 

En últimas, ¿descuidos del traductor, del corrector, del autor?… ¿de quién por dios?

Pero con resignación hay que pensar que finalmente todo en el mundo (y todo el mundo) debe ser un gran malentendido.

Bueno, eso es todo. No compren el libro.

 

CREACIÓN

 

Por Alejandro Ramírez
A ninguna parte

Aún no amanece. Todos duermen en casa. Llevo en una discreta maleta toda la ropa que puedo. Atrás dejó tres hijos, una dulce esposa y 14 años de matrimonio. Dejo la llave adentro, no la necesitaré más. En el aeropuerto me espera la otra mujer, con la que espero reconstruir mi vida. Tomo un taxi, adónde va, pregunta, a ninguna parte, le digo.

 

Otra copa

Arrodillada en el suelo, Susana está llorando. La acabo de golpear. Estoy borracho. Intentó hacerme algún reproche y la detuve. Luis, de cuatro años, llora silenciosamente en el umbral.

 

Un día de trabajo

Me levanto poco después de las cinco de la mañana, me baño, tomo algo de café y salgo para el trabajo. Entro a las siete. A las doce saco media hora de almuerzo. Termino la jornada a las seis. A las seis y treinta, después de bañarme y ponerme una ropa decente, me reúno con tres compañeros más y nos vamos a la taberna del frente a tomarnos unas cervezas. Llego a las diez. Todos duermen.

 

Última oración

El abuelo está en el hospital, agonizante. Estoy sentada a su lado. Soy la heredera universal de todos sus bienes, y son muchos. Una camándula discurre impaciente entre mis dedos.

 

Chitón

El niño llora inconsolable y lo estoy arrullando. El pañal está sucio. La leche ya hirvió y se está derramando en el fogón. El teléfono está sonando. Ella duerme.

 

Osados

Cuando escuché el segundo disparo me asomé instantáneamente a la ventana y presencié, enardecido, cómo un hombre se ensañaba contra un perro callejero. Salí corriendo, pero cuando llegué a la escena del crimen ya el perro yacía exánime y el hombre se había ido. En ese preciso instante se acercó un perro ladrando, adolorido,  sugiriéndome que lo siguiera. Salí tras él, corriendo, sintiendo un odio irracional. Al doblar una esquina lo vimos sentado en un banco, acariciando su revólver, en una actitud de malvado regodeo. Cuando volvió la mirada, ya el perro y yo caminábamos, indiferentes, y pasamos a su lado sin determinarlo.

 

La venganza

Brindábamos un espectáculo deplorable. Dos ancianos de 88 y 84 años discutiendo acaloradamente en plena calle. Empezamos dialogando pausada y calmadamente. Él me recordó su esposa, yo le recordé su madre. Con mis energías casi al límite le hice un breve recuento de sus innumerables traiciones. No soporté más y me lancé sobre su cuello hasta estrangularlo. No quería huir ni tenía fuerzas para hacerlo. Esperé pacientemente a la policía.

 

Último acto

Sé que muero. Me quedan un par de meses como mucho. El cáncer, especialmente la leucemia, es un mal genético que ha afectado a mi familia. Siento, aunque imperceptibles, las primeras señales de la enfermedad. No quiero tratamientos ni condolencias. Nadie sabrá que muero.

Estoy sentado en cancerología. Salen los pacientes, más muertos que vivos, de la última quimioterapia. Sin fuerzas, enjutos, sin pelo, sin vida… Estoy feliz por la decisión que he tomado. Salgo del hospital, compro la prensa, entro a una cafetería. Mientras espero a que se enfríe un poco el café leo la noticia sobre el último atentado en Irak.

 

En la sangre

Descubrí que soy adoptado. Mi padre odiaba a muerte a mi padre biológico y me raptó. Su venganza fue inculcarme su odio hacia mi verdadero padre.

 

Silencios

Regresé a casa después de más de dos meses por fuera. Venía a visitar a mi mamá y a mi hija. Traía dinero, mucho, y pude darle un obsequio a todos y dejarlos contentos. A mi niña la llené de juguetes y de ropa hermosa, la última moda infantil. Mamá me preguntaba con insistencia cómo era el trabajo en la fábrica. Eso les dije, eso les hice creer. Les inventé jornadas épicas de casi 14 horas, dolores de espalda por estar tanto tiempo sentada frente a la máquina, etc. Todos estaban felices, en especial mamá que, debido a mi juventud, se había preocupado mucho con mi partida. Sin embargo lloraba en las noches. En silencio. Sin lágrimas. En el día me fingía feliz, en la noche el insomnio me torturaba el alma. Cuando llegó la hora de partir, le entregué todo el dinero que me quedaba. En el bus imaginé que le contaba esa primera noche: cómo lloré desvistiéndome; cómo lo esperé en la cama con las piernas abiertas y lo tuve que soportar encima de mí (sudoroso, maloliente) mientras gemía y me restregaba su piel velluda y áspera; cómo lloré bajo la ducha durante casi tres horas y no pude trabajar más esa noche. Imaginé, también, que mamá me comprendía e incluso me perdonaba.

 

Condolencias

Hoy ha muerto mamá. Y también papá. Estoy triste. Sollozo cada que miro el par de féretros que ocupan todo el centro de la sala. Sólo me consuela un poco cuando pienso en la herencia. Una fortuna. Después de que terminen las exequias debo pensar cómo deshacerme de la mujer que está sentada a mi lado.

 

Por Wilson Orozco 

Acta

La reunión se inicia con una discusión desaforada, como siempre. Tal vez el calor haya causado cierta irracionalidad en el ambiente. El descoordinador encarama un ventilador sobre uno de los escritorios para rebajar los niveles de ira. Es inútil.

La profesora visitante alemana llega tarde, como siempre. La profesora visitante suiza insiste en que tenemos que empezar antes de la hora acordada. Un profesor visitante de Pasto, solo por llevarle la contraria, dice que si la reunión es a las dos, entonces deberíamos empezar a las dos y cuarto. Que eso es lo lógico.

Durante una hora, se discute la siguiente oración: ¿el objetivo de la traducción es el proceso traductivo o el fenómeno traductivo del proceso? La profesora visitante suiza dice que se debe agregar proceso transgresivo semiológico. Una profesora de hermenéutica replica que fenómeno transgresional hermenéutico de las figuras disfuncionales de la teoría de la acción comunicativa queda mejor. La profesora visitante suiza, que es lingüista, dice que por lo menos debe quedar la palabra Semiología (con mayúscula); la profesora de hermenéutica, por su parte, dice que debe quedar hermeneutikon (con minúscula ya que es un concepto postmoderno). Como siempre, no se llega a ningún acuerdo.

Todos empiezan a decir qué es lo que debemos discutir primero. Alguien dice "lo primero es...", otro dice "no, qué pena, lo primero es...", otro dice "no, no y no. Lo primero es..."

El descoordinador quiere pasar al segundo punto, para acabar rápido. Todos protestan. El punto tiene que ver con los cursos de perfeccionamiento de la lengua. La profesora visitante suiza dice que todos somos unos ignorantes porque deberíamos decir perfeccionamiento del idioma. La profesora visitante alemana ensancha sus narices y le dice que no venga con sus sutilezas suizas, que ya estamos hartos de ellas. Pero todos protestan a su vez diciendo que todos estamos hartos de sus sutilezas alemanas. El descoordinador dice que faltan solo cinco minutos y que no se ha hecho nada. Se hace un incómodo silencio. Faltando un minuto, lee los desacuerdos del comité. Todos protestan. Se levantan furiosos y nadie se despide de nadie.

 

Londres

   Termino una carrera de literatura en Colombia. Como todo buen tercer-mundano, quiero completar mi peregrinaje académico en Europa. Ganarme el respeto de mis compatriotas cuando vuelva del continente luz. La única opción que tengo es ir a Londres. Mi amigo Jake por fin decide aceptarme. Solo estaré tres meses. La plata solo me alcanzará para estudiar unos cuantos cursos en un instituto nocturno para adultos. Pero cuando vuelva, diré que estuve haciendo un postgrado en una prestigiosa universidad. Es una mentira difícil de demostrar así que estaré en problemas 

**********

   Llego a Londres estragado por dos días de viaje. Un pálido Jake me recibe. Mi primera impresión de la ciudad es la de un silencio insoportable. La gente habla en voz baja. Se nota la desconfianza en sus rostros.  

   Las calles están desiertas. Veo que me esperan días de tedio en Heston. ¿Qué más puedo esperar de una zona cercana a un aeropuerto? Aunque es el más congestionado del mundo, según he leído. Jake me dice que la zona está dominada por indios. Son morenos, como quemados por el sol. Son los primeros indios que veo en mi vida. Me impactan sus mujeres: algunas llevan una piedra pegada a la nariz, otras visten túnicas. Después sabré que todos son buenos para acumular capital y para inculcarles a sus hijos que tienen que ser los mejores en todo. Mi llegada a Londres es una paradoja: los primeros habitantes que me reciben en el imperio son sus antiguos colonizados. 

 

**********

 

    Al día siguiente tengo que buscar los famosos cursos que luego me abrirán las puertas de todas las academias en Colombia. Jake me da un mapa que no entiendo y nombres de instituciones que no significan nada para mí. Al azar, llamo a una pero no entiendo lo que me dicen. Cuelgo asustado. Se ve que he perdido mi tiempo estudiando inglés en institutos de Colombia. Después de algunos intentos, y gracias a la paciencia de los que me contestan, por fin decido matricularme en Morley College. Por lo menos cuando regrese a Colombia, lo de College deslumbrará a todos.

   Debo matricularme. Siento miedo de enfrentarme a esa ciudad, que según muchos, es devoradora, tacaña y costosa. Donde no seré nadie, ni siquiera un número, me han dicho. Sobre todo mis enemigos que no quieren que yo me ilustre en el civilizado mundo.

 

**********

 

   Cojo un bus rojo. Sus ocupantes hacen parte de cuatro generaciones distintas: ancianos, madres, adolescentes y bebés. Jake me ha dicho que ésa es la carga humana de la mañana. Los ancianos y los bebés duermen. Las madres luchan con cochecitos y los adolescentes hacen ruido. Están en el ambiente de manada y lo tienen que aprovechar: dándose seguridad y fortaleza.

   Cojo el metro. La gente lee.

   En las estaciones, todo el mundo se empuja. Es una carrera intensa, loca. Una carrera por sobrevivir y hacer dinero. Recuerdo un grafiti que vi en Heston:

 

Rat race, the human race

One nation, alienation!

 

**********

 

 

   En Morley College quedo confundido porque me quiero matricular en unos cursos que, según creo, son gratis. El negro que me atiende me dice con sorna:

-       ¿Gratis? En Londres no hay nada gratis.

   Por fin me matriculo en unos cursos con títulos rimbombantes: “literatura inglesa”, “cine y poder” e “historia de las ideas políticas”. Tengo la esperanza que en el futuro hablaré de lo divino y lo humano.

 

**********

 

   Las clases son iguales a los buses: hay ancianos, madres y adolescentes. Bebés, no. Mi estadía en Morley College es como estar en un vientre materno pero iluminado: protegido del frío, la sed, el hambre y la oscuridad. A las cuatro de la tarde ya anochece y no estoy acostumbrado a eso. Siento que me deprimo y que me quiero devolver para Colombia. Pero no puedo llegar como un fracasado: mis enemigos bailarían sobre mi tumba.

 

**********

 

   Cuando llego a la casa, Jake no está. Trabaja hasta tarde y en dos o tres trabajos a la vez. Así son las cosas aquí. Como solitariamente y me voy a la cama. Pienso que estoy en la misma situación que millones de ingleses.

   No puedo dormir. Escucho ruidos en la puerta. Siempre vienen a mi mente imágenes de indios que suben por las escaleras con hachas para matarme. Morir en esta ciudad debe ser horrible. Solo se darían cuenta por el olor. Esta semana leí que encontraron a un hombre que llevaba muerto seis meses, con el televisor todavía prendido. Se enteraron de su muerte porque ya no tenía dinero en su cuenta de ahorros. Ya no le podían descontar para la energía y los impuestos.

   En el día también escucho los mismos ruidos en la puerta. Es el junk mail que tiran todo el día. Vomita periódicos gratuitos con basura escrita. 

   Recuerdo también a “Jack the ripper". Leí algo sobre él en Time Out. Invitan a visitar, en una caminata, todos los lugares donde descuartizó sin piedad a mujeres. Me doy cuenta de que no me conviene leer noticias, ni periódicos gratuitos ni información sobre asesinos en serie. Es mejor dormir y tener la esperanza de que Jake llegue rápido y me haga compañía. 

  

**********

 

   Todos los días cumplo con mi historia épica de estudiante suramericano pobre en la metrópoli. Recorro calles, aguanto hambre, me meto las manos en los bolsillos, entro a las librerías, toco los libros y no los compro, me tomo una cerveza en un pub, pongo cara de tristeza y pienso que podría escribir un poema sobre mi tristeza. Pero recuerdo que estoy en Londres y no en Paris.

   Al lado de cualquier pub, compro la única comida que me puedo conceder: “fish and chips”. Camino hasta Trafalgar Square donde veo las caras sonrientes de cientos de japoneses. Se ven felices con sus cámaras. Leen en sus guías que en ese momento están "enjoying the true dimension of this magnificient city". Un bus los recoge y se van para el hotel. Pienso que a lo mejor en el bus siguen comentando sobre lo maravilloso que es Londres. Que para eso trabajan duro y se matan y corren como ratas de aquí para allá, que para eso son los mejores, que para eso se inventaron todas las teorías de calidad total y cero error. Para eso: para sonreír luego en Trafalgar Square. 

 

**********

 

   Jake me dice que quiere compartir los gastos del apartamento con una peruana. Ella hace masajes. Es decir, trabaja como prostituta. Al medio día llegan hasta tres clientes. Un día la peruana toca la puerta de mi cuarto:

-  Oye colombiano, ¿quieres ganarte unas libritas?

- ¿A quién a que matar?

-  Tengo un cliente que te quiere tocar mientras me hace el amor.

- No, no, gracias, le digo nerviosamente.

 

   Todos los días la escucho diciendo por teléfono:

- Yes, I do escort.

  

Y después dice:

- Yeah, and I do Greek, too…but it costs a little bit more.

 

**********

 

   Debo volver a Colombia. Algunos amigos de Jake me quieren despedir. Estoy sentado al lado de una inglesa en embarazo. Jake me dice en español para que ella no entienda:

-       Quedó en embarazo del tailandés. Se casaron para que le pudieran dar la residencia a él, pero parece que se les fue la mano en la simulación de la vida conyugal.

   Dice eso reprimiendo su risa.

   En la casa viven otros tailandeses que trabajan 16 horas al día. La inglesa no para de hablar de sus nauseas matutinas y del asco que le produce el olor a cigarrillo del tailandés. Mientras lo dice, se fuma lentamente un Marlboro. Y remata:

-       Tampoco me aguanto su olor a ajo cuando regresa del restaurante.

   Cierto día estuve allá. Se ve lindo por fuera pero la cocina está llena de tailandeses que se cocinan como en el infierno. Cocinan para ingleses que hablan de la pobreza del tercer mundo mientras comen y toman vino. 

 

**********

 

   Me tengo que ir. En el aeropuerto, camino rápidamente detrás de Jake. Él da un paso y yo tengo que dar dos. Camina rápidamente como todos los ingleses y por eso nunca le puedo seguir el ritmo. Llevo puesto un abrigo de extraterrestre femenino, con dos sacos por debajo y una bufanda: la imagen completa del bohemio pobre en Londres. Le pido a Jake que me tome una foto para mostrársela a mis enemigos. Tres meses en Londres se volverán, por medio de mi exageración, en tres años. Lo que no sé es cómo armar semejante mentira. Pero ya tendré 10 horas muertas que me esperan en el avión. Ése es también el tiempo que me separa de mis enemigos.

 

 

Medellín

Una flor más una flor no son dos flores

son una primavera

en la jodida ciudad de la eterna primavera.

Con un alcalde simpático y retórico.

Todas las ancianas se mueren por él.

Se mueren por él

porque él habla al modo de ellas.

 

Tal vez cuando una gran editorial me publique,

cuando empiece a escribir cosas lindas,

entonces el tierno alcalde querrá que yo le componga,

en honor a la jodida ciudad de la eterna primavera,

un lindo poema que contenga flores, montañas e industrias.

Un poema donde no pase nada terrible, ni vergonzoso.

Una ciudad que se pueda mostrar

y vender

una ciudad que atraiga inversión y ejecutivos y por ende plata

para que las mujeres de Medellín se casen con ellos y no pierdan la inversión que hicieron al ponerse unas

tetas falsas,  

tan falsas como sus sonrisas.

 

Pero esto último no podrá ir en un poema en honor

a la jodida ciudad de la eterna primavera

porque la esposa del alcalde quiere mucho a las mujeres

y las defiende y quiere por igual a las gordas y a las feas. 

 

Y por supuesto este poema no va a ser el elegido.  

 

 

Poema en agenda   

Escribir un poema lo más

sencillo posible

es lo más fácil pero a la vez lo más difícil.

No sé por qué lo uno o por qué lo otro.

Soy poeta, no filósofo.

O tal vez ni lo uno ni lo otro.  

 

Escribir un poema lo más sencillo posible

en esta agenda universitaria

que espera ser llenada con citas,

reuniones, actas, apuntes,

metas, propósitos y compromisos...

 

Intento escribir un poema lo más sencillo posible,

pero no me sale el lenguaje poético de los grandes y consagrados poetas

que hablan de pajaritos, rosas, mujeres sonrientes

y cosas incomprensibles para mí. 

 

Mi lapicero pasa por encima de las hojas de esta agenda,

una agenda violada y pervertida por la mala poesía,

por la poesía sencilla de un mediocre profesor

que asiste a reuniones con su agenda bajo la axila,  

que piensa en la poesía mientras sus jefes hablan

de las metas a 10 años que hay que cumplir.

 

Pienso en los pajaritos de los poetas

y en sus bellos y complejos poemas

que aparecen en las antologías

junto a otros grandes poetas.

Y el antologista es amigo de todos los que se consideran entre sí grandes poetas

y hasta grandes antologistas, quién quita.

Esos bellos poemas de esos grandes poetas

terminan en las cuidadas antologías de poesía

mientras que este mal poema

quedará enclaustrado al lado de las metas

que por supuesto no cumpliré.

 

Visítenos en                                            

http://sites.google.com/site/larataliterata/



[1] Madrid: Alianza Editorial. “Versión española de Tomás González Llarena”. 

[2] Wittgenstein, Ludwig. Tractatus lógico-philosophicus. Madrid: Alianza Editorial, 1984.

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