La opinión sobre el escritor

Jesús Lara Lara, escritor, poeta e indigenista Boliviano (1898 - 1980 )

El señor Bernardo Edelman, Buenos Aires 1959 Dice:

JESUS LARA, ocupa un lugar privilegiado en las letras Latinoamericanas como ensayista y estudioso de la literatura Quechua, y como novelista de exepcional calidad.

Para conocer la realidad del indigena Boliviano, de esos campesinos sufridos y altivos, sometidos aún hoy a un régimen de servidumbre, es necesario conocer las novelas de Jesus Lara : SURUMI, YANAKUNA y ahora YAWARNINCHIJ

Nació Lara en Villa Rivero (Muela), pequeña población de los valles de Cochabamba, "Mi infancia" dijo alguna vez, que no tuvo zapatos ni juguetes, pero supo del hambre y de los piojos.....alli un tosco baúl era mi mesa de trabajo y no se conocía otro ornamento que el deconchado de las paredes, sus padres pese a esa pobreza lo hicieron estudiar hasta terminar el bachillerato. Fué soldado en la guerra del Chaco, después director de la Biblioteca Pública de Cochabamba y profesor de la Universidad Autónoma de la misma ciudad.

Su literatura refleja la realidad social de su patria. Es un documento vivo, que ajustandose a las normas más severas del género novelístico, expone el drama del indio, trabajando una tierra que le es negada, explotado, vejado en su condición humana, erguido pese a todo, a la injusticia, la falta de cultura, la miseria que va minando su raza.

SURUMI y YANAKUNA fueron expresión cabal de ese drama. YAWARNINCHIJ- sangre nuestra- esta íntimamente vinculada al proceso político social que se ha desarrollado en Bolivia en los últimos años. En esta novela, la lucha por la tierra pasa a ser una realidad concreta, y el indigena, que rompe el régimen de la servidumbre, se apropia de esa tierra que perteneció a sus antepasados y la defiende.

Esta novela, en la que reaparecen algunos de los personajes de Surumi, como el general Castillejo, señor feudal y falso heroe de la guerra del Chaco, será sin duda juzgada como una de las mejores expresiones de la Literaruta Latino-Americana, por su estremecedora fuerza vital, su gran calidad Literaria, el vigor de sus personajes, que luchan, sufren y aman con arrebatadora violencia, que defienden su tierra y su familia.

Buenos Aires (1959)

UN ENSAYO SOBRE LA MULTI-DIMENSIONALIDAD

DE JESUS LARA

Jorge Miguel Veizaga R.

A manera de introducción

Los seres humanos somos seres multidimensionales. Nuestra existencia se desenvuelve en diversas dimensiones y tal vez, las diferencias entre unos y otros, es decir, lo que hace la identidad del ser humano, es el énfasis o la concentración de las vivencias en una o algunas pocas dimensiones. Decir por ejemplo que fulano fue un “soldado” y mengano un “obrero”, es resumir con mucho riesgo la vida de alguien. Por una parte, puede resultar muy útil y/o práctico, pero por otra parte, puede ser un opción demasiado reduccionista.

La vida de Jesús Lara se ha desenvuelto en varias dimensiones: literaria, política, social, laboral, profesional, entre otras. No es justo ni tampoco muy preciso decir que fue “escritor” o “comunista”, simple y llanamente. Sin duda, sus facetas más conocidas pueden haber sido tales, pero no fueron las únicas.

Este es un pequeño ensayo biográfico en el que trataré de referirme a las múltiples dimensiones de la vida de Jesús Lara, haciendo – no obstante lo arriba mencionado – un mayor énfasis en su obra literaria, pues es allí donde creo que se encuentran las claves para comprender la vida y las ideas del autor.

El quechua y el indio

Jesús Lara es uno de los que más ha hecho por la cultura quechua, al investigarla, estudiarla y rescatarla de las brumas, al revalorizarla y difundirla. Sus estudios sobre la poesía y la literatura de los quechuas, así como las antologías, compilaciones y traducciones de poemas, cantos, coplas, mitos, leyendas y tragedias son obras de una importancia capital.

Su pasión por la cultura quechua y su amor por los indios - campesinos probablemente tenga su origen en su herencia cultural-familiar y en sus vivencias de infancia: el pueblo, el campo, el valle, el runasimi y por supuesto, los llajtamasis. Como quiera que sea, el estudio de la cultura quechua le ocupó una buena parte de su tiempo y esfuerzos, sus resultados han sido difundidos y apreciados ampliamente, de manera especial, fuera de las fronteras de Bolivia.

Como en pocos casos se ha visto, su conocimiento y dominio del idioma ha sido muy profundo, hasta hoy, sus trabajos lingüísticos y en particular su diccionario quechua-castellano son obras difícilmente superables. Todo ello le valió el justo reconocimiento – aunque probablemente tardío – de la Universidad Mayor de San Simón, que le confirió el título de Doctor Honoris Causa.

Tal vez a Dn. Jesús Lara le hubiera bastado con esta faceta de su vida para ser no solamente recordado y ponderado profesional y socialmente, aquí y en el exterior. Pero su vida transcurrió también por otros senderos íntimamente relacionados con su pasión por la cultura quechua en una compleja y rica trama de vivencias.

El soldado

Las guerras son períodos críticos en la vida de los hombres que a ella asisten y de allí, surge una nueva historia de los pueblos y sociedades marcados entonces por la violencia y destrucción propias de la contienda.

Jesús Lara ya es un soldado “viejo” cuando parte a la guerra, tiene alrededor de 35 años, familia y un puesto de trabajo estable. Pertenece a una generación de refuerzos que tienen más experiencia y menores incentivos para participar en la guerra pero mayor criterio para actuar en ella, esto, a diferencia de los primeros cuerpos del ejército que estuvieron formados por jóvenes sin mucha experiencia y que fueron prácticamente “carne de cañón”.

Su experiencia en el frente no es muy diferente al la del resto de sus camaradas: la muerte el dolor, las carencias, los esfuerzos sobrehumanos, la sed... la conciencia de clase se hace más clara que nunca: observa cómo y quiénes se quedan en la líneas de retaguardia y lo que allí hacen, es testigo también de quiénes son los que están en el frente y de su heroísmo, la guerra es en sus palabras: “la inmolación del indio en la inmisericordia de las trincheras...”.

Tal vez, ni sus propias palabras puedan hacer comprender lo que fué la experiencia de la guerra, eso es algo que solo se comprende cuando se vive. Jesús Lara se define como “soldado sin nombre” y vuelve después “como un triste guiñapo”. Lara no fué un héroe fabricado por alguna mentira como aquel del que nos advierte en su novela Llalliypacha. En la guerra, hizo lo que tenía que hacer, como todos; sufrió de igual modo.

Como otros lo hicieron después y probablemente antes, Lara publica después del fin de la guerra su diario de campaña: testimonio y denuncia a la vez, de sucesos lamentables y absurdos, de los errores de los comandantes, en fin, de todo lo que vivió. Repete, el diario de un hombre que fué a la guerra del chaco, le vale ser retado a duelo. Lara enfrenta el reto.

El sólo hecho de haber servido a la Patria y defendido la heredad nacional en el frente, hace de Lara un respetable ciudadano y como todos los excombatientes, merecedor de honores. Él podía haberse quedado allí, conforme y con el deber cumplido. Pero no, su valentía y responsabilidad para sostener la verdad de su importante testimonio le convierte sin duda en figura heroica y es una clave para comprender su vida en otras dimensiones.

El dirigente, político y activista

Entre las varias ocupaciones de Jesús Lara se cuentan las de empleado público, periodista y editor, pero en todo caso, siempre esforzado y eficiente. Tal vez fuera ésta una más de las características que resaltaban en él y atraía la confianza de muchos que le encomendaron su representación.

En efecto, desde su regreso de la guerra, Lara es un activista incansable. Ha sido dirigente de la Legión de excombatientes y de los maestros; organiza los Comités por la Paz, preside la delegación boliviana en el Congreso de los Pueblos por la Paz, preside la delegación boliviana del Partido Comunista en la celebración del 10mo aniversario de la China Popular. Llega incluso a ser candidato a la vice-presidencia de la república por el PCB.

Pero su incesante actividad política le vale desde temprano hasta sus últimos días una persecución cada vez más extenuante y a veces encarnizada. Tiene que vivir constantemente alerta y vigilante. Esa vida, para cualquiera habría sido muy agobiante y Jesús Lara tuvo que vivir así, no solamente unos meses o algunos años, más bien fueron varias décadas.

Hay algunos personajes que por su dedicación y trayectoria política figuran como eminentes y son recordados en las páginas de nuestra historia. A Jesús Lara le hubiera bastado su empeño en el campo de la política y su vida habría tenido sentido y sería tomada como ejemplar, pero su dimensión política no era nada más que el reflejo consecuente de otra faceta de su vida, el idealista.

El intelectual e idealista

Muchos se dicen “quechuistas” o “indigenistas”, y otros tantos suelen criticar los gobiernos y las diferentes orientaciones políticas movidos por meras opiniones oídas al azar y asumidas como una moda. Jesús Lara en cambio trabajó arduamente por comprender siempre y con mayor profundidad el sentido subyacente de cada posición literaria o política, de allí que ambas dimensiones en Lara formen un todo coherente movido ya no por algunos argumentos teóricos sino por verdaderos ideales.

Tanto en sus obras literarias como en su conducta política, Lara siempre fué consecuente con sus ideales. Así, movido por un elevado sentido de responsabilidad social propugnaba vehementemente la igualdad entre los hombres, el fin de la humillación y explotación a que estuvieron sometidos los indígenas, el exilio de la ignorancia. El ser consecuente con sus ideas y consigo mismo, le lleva a renunciar al Partido al observar serias rupturas entre éste y sus propios ideales. Rechaza una medalla o la fama que trae la lisonja de un tipo de sociedad que él aborrece, por ser consecuente con sus ideales.

En la vida de Jesús Lara parecen no haber existido estrechas ideologías ni credos políticos, antes bien, la lucha incesante por lograr justicia, promover valores y así construir una mejor sociedad.

El Poeta y Escritor

Es en el campo de la literatura que la obra de Jesús Lara parece concentrarse o en todo caso, difundirse más. Muchos de quienes han leído sus obras estarán tentados a llamarlo “costumbrista”, “indigenista” y en la poesía “modernista”, no faltarán quienes lo cataloguen como un escritor del Boom Latinoamericano. Pero sencillamente, las características de su obra hacen de él un escritor difícilmente “clasificable” y más bien, trascendente. Pero veamos parte por parte:

Novelística y Realismo

Jesús Lara se decía realista y pensaba que uno debería escribir sobre la realidad y no fantasear. Su realismo sin embargo, es funcional a su idea de que la literatura y el escritor deben estar al servicio del pueblo. De ese modo, novelas como Surumi y Yanakuna tratan temas esenciales al pueblo, a sus necesidades y a la realidad en que vive: el desdén de los Qhapajkuna, los vejámenes que sufren, los anhelos que les mueven.

Relata con una fidelidad única el paisaje del valle y de los andes, para él, las piedras, el viento, los maizales, el barbecho, etc... tenían una presencia objetiva que lejos de ser accesoria al relato, era más bien esencial. Si para algunos, las descripciones de la cuchara de palo y la olla de barro pueden ser aburridas, se trata básicamente de la cotidianeidad de la vida en el campo y entonces el relato se hace presente real y el escritor es UNO con el pueblo.

Muchos de sus personajes son reales, o más bien, se basan en la vida de seres de carne y hueso que (por casualidad) llegó al autor a contactarlos. En acercamiento audaz, Jesús Lara logra exponer las vivencias de sus personajes, mostrándolos tal cual son: seres humanos, con limitaciones y potencialidades, gente que sufre las vicisitudes de la vida y que todavía tiene la fortaleza de sobreponerse. Desbarata los prejuicios que sobre el indio y el campesino se han formado y descubre las facetas heroicas no solamente de uno o dos personajes sino también de todo el pueblo, tal el caso de la mítica comunidad de Saipurenda.

También describe con maestría a los villanos, como clase (los patrones y luego los dirigentes sindicales “vendidos”) y personajes tal como el mentado Rodas Plata, dirigente de Saukapampa quien tuvo un referente específico en la vida real.

Tanto los levantamientos indígenas pre-revolucionarios como la organización de campesinos en sindicatos y los pasajes de la toma de haciendas y el consecuente estado de violencia política que se vivió en los valles cochabambinos son el contexto histórico de sus novelas. En particular la Trilogía: Yawarninchej, Sinchikay y Llalliypacha que ofrece un lectura alternativa al discurso hegemónico que se ha hecho de un período tan crítico como el de la revolución, en particular, respecto de la Ch’ampa Guerra (sus causas y desarrollo).

Por lo anterior, no debería sorprendernos que sus obras se hayan traducido a muchos idiomas de los países del bloque socialista, aunque ello no debería desmerecer la calidad de sus trabajos (Surumi antes que otras, por ejemplo, ha sido traducida al portugués). Es importante destacar el caso de Yanakuna cuya traducción al ruso fue de 150.000 ejemplares, número que probablemente muy pocos autores bolivianos hayan alcanzado.

Inspiración poética

Jesús Lara incursionó en el mundo de las letras a través de la poesía y desde una temprana edad. El autor reconoce en sus primeros trabajos la influencia del modernismo, pero no se sentía conforme con ellos. Recién a la publicación de Arawiy, Arawiku se ve a sí mismo como poeta-escritor. Su viaje a Inkallajta en 1927 significó un gran viraje en el sentido de su obra ya que probablemente las ruinas y el mismo espacio – testigos de la grandeza de los incas – le infundieron la fuerza e inspiración poética que se hace patente en el poemario que más tarde (1964) y añadiendo el Inkallajta Arawi, toma el nombre de “Khatira y Ariwaki”.

Varios años más tarde, en 1947, retoma la poesía y publica Pauqarwara (tiempo florido), siguiendo la línea de la anterior obra. Jesús Lara muestra su capacidad tanto técnica como artística: el uso de figuras y otros efectos literarios, así como la fuerza de la simbología en sus versos confirman su trayectoria literaria hasta entonces y prometen más de él. En efecto, en Flor de Loto (1960) hace gala de una extrema sensibilidad, mostrando también su versatilidad de estilo.

Pauqarwara y Khatira y Ariwaki, por su ritmo, por el estilo, parecen ser poemas que pensados y sentidos en quechua deben ser traducidos al castellano, seguramente perdiendo algo de su claridad y belleza, mucho de su naturalidad. No obstante lo anterior, Lara sabe elegir las palabras en castellano, sabe darles el orden y organizarlas en secuencias de agradable ritmo. Jesús Lara es el poeta que deja de lado las rosas y claveles castellanos, para anunciar al mundo que la maywa y la achira son tan hermosas como aquellas. Lleva al mundo poético a la jarka, la ariruma, la ulala... y leyendo sus versos uno tiene la sensación de estar presente en el mundo del artista.

El poeta escribe desde su lugar – ni más aquí, ni mas allá – es el quechua, indio, campesino perdido “bajo una cruz ha cuatro siglos”. Él sabe de su choza, de su hambre y de su miseria, pero nada de ello es obstáculo para mostrar que en tal situación también existe poesía: la tristeza, la alegría, el amor.

Rasgos significativos de su literatura

Cuando Jesús Lara escribe Ñancahuazú y la añade el epígrafe sueños, cambia drásticamente su estilo – por razones obvias que tiene que ver con el contexto socio-político del momento – haciéndolo algo surrealista y sutil, utilizando un lenguaje propio de la época: secreto y codificado, palabras como noche, luna, mandriles y papagayos probablemente no sean más que el reflejo de un conjunto de vivencias propias y de aquel tiempo: asaltos, persecuciones, torturas, guerrilla y muerte.

Ñancahuazú un conjunto de cuentos – género al que Lara no se acomoda sin dificultades - exige del autor un múltiple esfuerzo: físico, de militancia política y literario. Pero la simbología en la literatura de Lara no se limita a sus libros sobre la guerrilla.

El heroísmo, por ejemplo, como valor-ideal vuelve a surgir con fuerza. Ya la Tragedia de Atahuallpa y Ollantay le habían impactado fuertemente, Wáskar Puma y Wayra son héroes de un tipo singular así como el propio Inti.

Otro rasgo significativo de su literatura son los títulos que, en general, pueden ser clasificados en dos tipos, por una parte, aquellos que llevan algún subtítulo (Repete, Flor de Loto) o los que están en quechua, con apenas una palabra que es capaz de resumir la esencia de cada obra. Asimismo, puede parecer paradójico que estudiara y valorizara el quechua como idioma pero escribiera sus obras en castellano. No es difícil suponer que bien podía haber escrito todas sus obras en el más puro y preciso quechua, pero usaba el castellano para difundirlas más, para que la cultura “occidental” pudiera conocer el misterio del mundo quechua.

Como esos, hay rasgos que distinguen la obra de Jesús Lara, pero tal vez el más distintivo sea que cada novela, cada título y en general, escribir era para él una tarea dificultosa y extenuante. Quien lea su profusa producción literaria se dará cuenta de ello. Jesús Lara no pretendía transmitir un mensaje como un slogan o algo así, él sentía que sus obras eran actos de lucha en sí mismos.

Pensamientos finales

Después de discurrir por algunas de las múltiples facetas de la vida de Jesús Lara, podríamos estar tentados a convertir su figura en una especia de mito. Pero – en el fondo – es lo menos que Lara hubiera querido: su actitud respecto de la fama y los honores nos lo confirman. Solía decir que su único afán era el que su obra se difunda, y así fue: varias traducciones por todo el mundo, re-ediciones y miles de ejemplares. Si escribió sus relatos íntimos (auto-biográficos) en todo caso fue a instancias de sus amigos y con el único deseo de estar más cerca del lector, del pueblo.

En efecto, Jesús Lara quería estar cerca del pueblo, cerca del lector. Su influencia en el devenir de nuestra sociedad es inmensa; no obstante, cada nueva lectura de sus obras podría todavía enseñar mucho a quienes busquen ideales. Y sus obras están cerca, al lector esperan.

La multi-dimensionalidad Jesús Lara tiene como núcleo creador una esencia que, por su vida y obra, es la de ser humano, simple y llanamente, más bien, plenamente, pues se entregó por entero a sus ideales y en ese camino supo ser todo lo que una persona puede y debe ser: humano. Supo ser padre e hijo, y para muchos, los que lo conocieron y los que no, amigo y hermano.

Cochabamba, Mayo de 2006

Escrito para el homenaje realizado el 2 de Agosto del 2006 

JESÚS LARA                                    Raúl Lara Rico

Fué un hombre firme y recto, creía que para bien o para mal uno debía decir siempre la verdad, en todo caso respetar las convicciones y sacrificar por ellas inclusive la vida, para él estas certezas se hallaban muy encima del amor, de la felicidad y de cualquier bien terrenal.

Con esa conducta asumida en todos los frentes de su existencia, no contradijo, ni traicionó sus principios fundamentales, su ética personal de escritor y luchador político por la liberación de su pueblo se mantuvo invariable.

No obstante tenía un fuerte componente sentimental hacia su familia, pero reconocía como una debilidad el querer a sus tres hijos por sobre todas las cosas, con ellos pasaba gratos momentos al llevarlos y recogerlos de la escuela, en lo posible les supervisaba las tareas, les contaba pasajes de su infancia, jugaba con ellos en el canchón de la casa, los llevaba a la plazuela Busch.

Allí departían en los juegos infantiles, los domingos salían a la campiña en paseos o caminatas que se convertían en el libro abierto de la naturaleza ya que se esforzaba por explicarles todo cuanto les llamaba la atención, en fin disfrutaban juntos.

Aprovechaba junto a sus hijos los feriados del Carnaval, la Semana Santa, las vacaciones de invierno y las del fin de año para llevarlos al campo, unas veces viajaban hasta Arani en el Tren y de allí continuaban a pie a Muela su pueblo natal hoy Villa Rivero, allí unas veces trepaban al Quilliquilli colina en cuya cima se sitúa la capilla de la virgen de Surumi, otras iban a Nasacara que era la propiedad de sus padres, y con más frecuencia estos viajes eran a Chacacollo que así se llamaba la propiedad de su esposa y cuñadas, distante más o menos siete kilómetros desde la Ciudad, estos viajes los hacían a veces en carretón jalado por caballos, a pie o alguna vez montados en burro.

Era hombre de delicada sensibilidad y de naturaleza discreto y sentimental. Decía poco pero decía la verdad y la decía con dulzura y humanidad, “pienso en mí y en los míos. Pienso en mi florecilla blanca, pura, que se quedo dormida en su cuna la mañana que partí arrastrado por la guerra. Pienso en aquel ser recién nacido, en aquel hijo mío que asoma como un renuevo en el viejo tronco de mi vida. Pienso en mi esposa, en aquella mujer sobre cuya ternura mi juventud deshojó todas sus rosas de emoción y de pasión, en aquella mujer a quien me amarra una larga cadena de recuerdos y de añoranzas”.

Su fidelidad a los principios, a las personas, fue a prueba de fuego.

Cuando enfermó su compañera y se ausentó de este mundo, no la pudo olvidar en muchísimo tiempo, tenia un recuerdo sentimental imborrable, extinta su esposa lo más amado para él fueron sus hijos.

Sentía un profundo deseo de volver ha estar con su hija menor y ver a sus nietos, deseo que ya no pudo cumplirlo.

Jesús Lara yace desde hace 26 años en el cementerio General de Cochabamba.


Jesus Lara recibe un homenaje en Punata, su tierra natal 

Reportaje del periodico "Los Tiempos" de la ciudad de Cochabamba del 14 de Mayo del 2010 donde se muestra el levantamiento de una estatua en honor al escritor.

http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/tragaluz/20100514/jesus-lara-recibe-homenaje-en-punata-su-tierra_70546_130204.html




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