ARTEMISIA GENTILLESCHI

 

Fui hija del pintor Orazio Gentileschi (1639), nací en Roma el 08 de julio de 1593. Desde pequeña ayudaba a mi padre en el taller de pintura, mezclando los colores, limpiando los pinceles e incluso sirviéndole de modelo para sus obras. A los 12 años perdí a mi madre, Prudenza Montone, y me tuve que hacer cargo de mis hermanos y de las labores domésticas.

Las escuelas o talleres de pinturas estaban vedados para las mujeres, por lo que lo que mis enseñanzas estuvieron a cargo de mi padre, quien reconoció mis habilidades artísticas, además de ser la única de sus cuatro hijos que mostró interés y talento para la pintura.

A los 16 años pinté mi primer cuadro "La Virgen", donde capturé la intimidad de una madre con su hijo. Otros trabajos como "Susana y Los Viejos" y "Tañedora de Laúd", los realicé antes de cumplir los dieciocho años.

Debido a la profesión de mi padre, estuve rodeada de pintores y, por ende, de sus influencias artísticas. Uno de estos pintores fue Agostino Tassi, a quien mi padre le encargó la misión de enseñarme todo lo relacionado a la Perspectiva.

A los 17 años fui abusada sexualmente por Agostino Tassi, después de un período de acoso sexual por parte de éste y de otros amigos pintores de mi padre. Por la humillación y el temor a ser condenada, continué la relación con Tassi, quien me prometió casarse conmigo. En la Roma del Siglo XVII una mujer soltera que no fuera virgen era considerada "mercancía dañada" y la única forma de reparar el daño era que el agresor se casara con la víctima. La promesa de matrimonio nunca se cumplió.
Un año después de conocer estos horribles hechos , mi padre inició un proceso legal contra Tassi, en el que alegaba el detrimento sufrido, lo cual le perjudicaba a título personal grave y considerablemente, solicitando al juez que se ocupara de esa afrenta tan cruel, para evitar la ruina ulterior de sus otros hijos. La frustración y el dolor
que sentí por el trauma de la violación,  pasaron a segundo plano y la relación con mi padre logicamente cambió.

Varios fueron los careos que se produjeron entre Tassi y yo, quien con otros amigos pintores, atacaron mi reputación declarándome promiscua. El proceso legal, que fue una pública humillación para mí, se prolongó por 7 meses; en ese período numerosos y contradictorios testigos rindieron sus testimonios, por lo que pasé a ser juzgada e incluso torturada. En el interrogatorio se me sometieron al sibilli, método de tortura que consistía en amarrar los dedos con una cuerda, la cual se apretaba a medida que se formulaban las preguntas, además se me sometió a vergonzosos exámenes ginecológicos, para constatar si tenía una vida sexual activa. Tassi fue condenado a prisión, pero no cumplió la totalidad de su condena. Las transcripciones de este juicio se encuentran intactas a la fecha.

Durante el período del juicio, inicié una serie de pinturas cuyo tema central era el personaje bíblico de Judit, la heroína que libera a su pueblo del enemigo persa. Judit degollando a Holofernes (1612, Museo di Capodimonte, Napoles), es una de las más dramáticas y brutales versiones de este pasaje bíblico. Este escenario esta basado en la famosa pintura del pintor Caravaggio, pero mi versión va más allá del realismo y le imprimo a la protagonista un poder extremo, quizás la fuerza y crudeza de esta pintura tuvo su génesis en la terrible experiencia sufrida, con lo cual reflejo mi frustración y desprecio hacia los hombres que me humillaron y denigraron. Las otras versiones de Judit son: Judit y su Sirvienta, 1613 Palazzo Pitti; Judit degollando a Holofernes, 1620, Galería de Los Uffizi, Florencia; Judit y su sirvienta con la cabeza de Holofernes, 1625, Institute of Art, Detroit.

Una vez terminado el juicio, mi padre dispuso que me casara con un pintor y mercader florentino de nombre Pietro Antonio di Vicenzo Stiatessi. La boda se realizó el 29 de noviembre de 1612 y nos trasladamos a Florencia, donde me puede dedicar completamente a la pintura, aprovechando la posición acomodada de mi esposo, quien en los primeros años me brindó su apoyo. Es Pietro di Vicenzo, quien me enseñó a leer y escribir, privilegio que me había sido negado por mi condición de mujer.

Mi primera hija, Prudenza, nace en 1614, años después me separé de Di Vicenzo, iniciándose un período de independencia, en el cual me gano la vida gracias a mis pinturas, como cualquier pintor debía exigir el precio justo por mis obras y, en muchas ocasiones, me veía obligada a realizar rebajas injustas debido a la necesidad de mantener a mi hija.

Seguí rompiendo las reglas, en muchas de mis obras aparecen figuras de heroínas históricas y legendarias, todas profundamente marcadas con la violencia de la vida y de la historia, heroínas siempre centro de una violencia individual que se relacionan o/e integran con mi vida, así tenemos Santa Catalina (1614-15), Minerva (1615), María Magdalena (1617-20), Ester y Asuero (1622-23), Bethsabé (1640) entre otras.

Génova, Venecia, Nápoles, Francia y Roma son algunos de los lugares donde me establecí para atender encargos de mis clientes, entre los que podemos mencionar al Duque Cosme II de Médicis, Duque de Alacalá, el Rey Felipe IV de España, Virreyes de España, entre otros. Debido a la enfermedad de mi padre, me trasladé a Inglaterra para ayudarlo en la realización de unos frescos que adornarían el techo del Queen´s House at Greenwich (actual Marlborouhg House de Londres).
Mi padre muere en Inglaterra en 1639 y soy yo quien culmina la obra.

De regreso en Nápoles culminé David y Bethsabe (1640, Museo de Arte de Ohio). Uno de mis últimos trabajos conocidos fue Lucrecia (1642-43, Museo di Capodimonte, Nápoles).

Se van acercando mis últimos momentos, una terrible epidemia de peste recorre Nápoles en 1653, y como consecuencia de ella fallecí, fui enterrada en la  Iglesia de San juan de los Florentinos  de Nápoles, que fue destruida trás la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de mi reputación, destreza e importancia, poco se ha escrito sobre mí. Con 34 pinturas de mi autoría y otras que se cree fueron pintadas por  mí, fui la primera mujer en pintar motivos o escenas religiosas, la primera mujer en ser admitida en la Academia de Arte de Florencia (1616), la primera mujer en ganarme la vida a través de la pintura, la primera y única mujer en adoptar el caravagismo y, lo más importante, una de las grandes artistas del Barroco Italiano.

"Mis obras hablarán por mí"
Artemisia Gentileschi

 

 

Artemisia Gentilleschi

 

Artemisia Gentilleschi



Artemisia Gentileschi

 
 
 

La memoria fue, al mismo tiempo, el estímulo, el mecanismo, la apuesta, el objetivo.

Cuando miraba algo, me decía: ¨no olvidar¨.

Cuantas veces no me preguntaron: "Artemisia, ¿ estás soñando? ; " Artemisia, ¿ me escuchas?" ;" eh, a che cosa pensi? "

Todo lo que percibía el ojo era mi regocijo, una fuente de infinita voluptuosidad en la jerarquía de los placeres que yo pongo muy por delante de los del cuerpo propiamente dicho.

Texto atribuido a Artemisia, 1620-30

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Autorretrato como mártir, 1615.
 
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Magdalena penitente, 1631.
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