Texto Nº 1: "La cáustica picardía", de Marcos Aguinis

La cáustica picardía

     Se la conoce como “viveza criolla”, pero es la viveza argentina frecuentada por todas las capas psicosociales y extendida a la totalidad del territorio nacional.

     La viveza criolla da gracia, incluso risa. Pero su humor es negro. Tiene un efecto antisocial, segrega resentimiento y envenena el respeto mutuo. Sus consecuencias, a largo plazo, son trágicas. No sólo en el campo moral, sino en los demás, incluso el económico. Pone en evidencia una egolatría con pies de barro, un afán de superioridad a costa del prójimo y una energía que se diluye en acciones estériles. Tiene la fuerza de la peste. Y nos ha vulnerado hondo.

     Quien la ejercita se llama “vivo” y sus acciones, “avivadas”. Los que sufren las “estocadas” del vivo son llamados “zonzos” o “giles”. Por eso abundan los: "¡A ver si te avivás!", “¡No seas gil!”, "Por fin te estás avivando". Como ninguno, adhiere a la consigna de que no hay mejor defensa que un oportuno ataque. Repite que "al que madruga / Dios lo ayuda". Madrugar, para él, no significa empezar al alba su faena ni ensanchar la jornada porque -dice- "no por mucho madrugar amanece más temprano" Madrugar es sorprender. Es golpear primero. Es asegurarse la parálisis del otro para que ni siquiera haya réplica. "Si uno no joroba, lo joroban."

     El vivo asesta sus dardos antes de que adviertan el ataque. Para lograrlo vale todo: mentir, aprovecharse de las debilidades ajenas o empujarlo hacia el ridículo.

     Tanto ha enamorado el vivo a nuestra mentalidad, que se convirtió en minusvalía carecer de su talento. “El que no es vivo es un gil”. Sin embargo, en el fondo, el vivo es un gran escéptico. No cree en la justicia. Desprecia la ley. Más aún: la ley es un obstáculo que se debe saltear… o burlar. ¡Siempre! Para el vivo, la honestidad es una palabra hueca, ingenua, arcaica. Los demás seres humanos no existen para ayudar. Son enemigos potenciales. Por eso la viveza criolla consiste en atacar sin importar la ley y sin que la víctima pueda devolver el golpe.

     En síntesis: el vivo aparenta inteligencia, conocimiento, brillo y ejerce seducción. Pero su comportamiento se basa en la mala fe, el engaño y la inmoralidad.

                                                            Marcos Aguinis, El atroz encanto de ser argentinos,  

                                                Planeta, Buenos Aires, 2001 (texto adaptado).
 
Comments