La Granjilla (Fresneda) de Felipe II
 

La finca de la Granjilla, en sus 148 hectáreas de su perímetro actual, ha logrado conservar hasta nosotros el núcleo fundamental de las construcciones, jardines y estanques de la finca original de la Fresneda. Aunque sus lindes prácticamente bordean en algunos casos alguna de las antiguas estructuras,  los elementos principales se encuentran aún en el interior de este espacio único que es prioritario preservar en sus actuales límites. 

 

 

 

 

Felipe II adquirió la finca de la Fresneda junto con la de la Herrería en la época fundacional del Monasterio del Escorial, constituyendo desde sus inicios una parte fundamental del proyecto. Tal y como se recoge en las fuentes históricas, el diseño y ordenación de la finca comienza en la época en la que se colocaban las primeras piedras de la fábrica. 

 

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La explotación agropecuaria y cinegética de estas dos fincas era fundamental para el mantenimiento del Monasterio y su comunidad. Pero Felipe II valoró aún más su importancia en la configuración del paisaje que diseñó para su obra. Un entorno de "naturaleza urbanizada" que se introducía en el Monasterio a través de sus ventanas, galerías y jardines, marcando su propio diseño arquitectónico.  Y  con multitud de rincones para pasear y disfrutar de la naturaleza y las actividades al aire libre.

 

 

 

En la Fresneda el proyecto fue aún más ambicioso, ya que el monarca quiso crear allí una casa de campo rodeada de jardines en el más puro estilo renacentista. Para ello desarrolló un programa de actuaciones muy complejo, que integraba una serie de edificaciones en un entorno transformado de forma artificial para generar un paisaje natural al gusto de la época. Las edificaciones principales: Casa del Monarca, la Casa de los Frailes y la Iglesia de San Juan Bautista son de gran importancia desde el punto de vista arquitectónico.

 

Ver planta de las edificaciones principales.

 

 

Y los Estanques Reales constituyen el conjunto más notable de presas renacentistas que ha llegado hasta nosotros. Son el corazón de un complejo hidráulico mucho más amplio que a través de acequias y canalizaciones conseguían  crear un auténtico vergel en un jardín muy elaborado. 

 

 

Los cronistas de la época nos describen el jardín como un paraíso. La abundancia y variedad de especies vegetales es sorprendente, especialmente en  frutales y flores se.  Y no faltaban en él ninguno de los elementos tan característicos de los jardines renacentistas: fuentes mitológicas, juegos de agua, laberintos vegetales, cenadores de estilo clasicista, islas artificiales, celosías y pasillos de verdor. Un lugar para el paseo al modo cortés y el disfrute de los sentidos, con los colores y aromas florales, los abundantes frutos, y el frescor de estanques y surtidores.

 

Es por ello que la Fresneda es una pieza indispensable para entender el sentido del proyecto global que diseñó Felipe II para su Monasterio, y con ello, una parte de nuestra historia. Este espacio con un carácter más lúdico y hedonista, representa esa otra faceta del carácter del monarca, de hombre plenamente renacentista, mecenas de las artes y de las ciencias, con gustos cortesanos y refinada curiosidad. Y es el contrapunto necesario de la religiosidad y la austeridad que suelen marcar las representaciones habituales del monarca y su época.

 

Las peculiaridades de la evolución histórica de la finca, han conseguido, que el núcleo que se conserva hoy en la finca de La Granjilla hay mantenido su configuración original, sin importantes modificaciones posteriores. Eso hace aún más importante la conservación de este conjunto de edificaciones y jardines renacentistas.