POR DEBAJO DE LA ROPA

DESFILE-EXPOSICIÓN
Pasó por La Plata “Ellas al desnudo”, un desfile histórico de lencería.


Señora, si no sabe cómo convencer a su marido de que la acompañe a visitar algún museo, La Culturosa le propone una solución: un entretenido paseo por la historia de la lencería. Y eso no es todo, también puede llevarlo a un desfile muy particular. La directora de la Red Municipal de Museos de los Pueblos, Maribel García, se animó a poner los trapitos al sol y armar una muestra del Bicentenario pero de ropa interior.
“Ellas al desnudo”, es un evento “didáctico” y un show que parecen disfrutar más las mujeres mayores y las adolescentes. En el salón de arte de calle 50 entre 13 y 14 de la ciudad, modelos de mujeres (no de pasarelas y revistas) mostraron cómo sus abuelas o bisabuelas lucían por debajo de la ropa o antes de ir a dormir.

Se trata de una propuesta itinerante que llegó a La Plata incorporando en el camino a quienes se atrevieran a sumarse y participar. Mientras los locutores animaban y daban contexto a las pasadas de corpiños gigantes, cofias, enaguas, bobachones y camisones bordados, un dúo de mujeres musicalizaba con temas acordes al modelito de playa o de fiesta.
Todo empezó con el taparrabos. Por eso, el comienzo de la velada lo inauguró una exótica bailarina adornada con flores y pintada cual diosa hindú de color morado. Luces, música y baile de insinuantes movimientos de cadera. Luego se produjo un salto mortal: del erotismo a la purificación moralista e higienista de las túnicas blancas llamadas “lencería” de 1810.


De ahí en más, cada pieza tiene una historia y un significado. El sentido más sensual de la ropa interior se pudo percibir en una modelo que representaba a “la otra”, a “la chica de la vida”, con la respectiva aclaración de que los diseños más atrevidos provinieron de estas mujeres, que usaban portaligas y encajes (y tangas, pero de eso no se habló).
La riqueza del desfile se encuentra en estos hallazgos, en el esfuerzo de tantas personas, en la originalidad, el en guión que con mucha cautela va relatando rápidamente las implicancias de la ropa interior en la cultura de la época. Como los corcets y los daños físicos al cuerpo de las mujeres y la oposición de la iglesia; o las estrategias de los señores para mirarle las bombachas a las damas (tarea más que sencilla cuando se trata de una braga del tamaño de una bermuda).
Sin embargo no se puede pensar a “Ellas al desnudo” como un viaje en el tiempo del 1800 hasta la actualidad. Porque a partir de los años 50 los ejemplos escasean, no se sabe si por pudor o por negación (tal vez no sea necesario, ya que de bombachitas y corpiños actuales hay de sobra en la televisión).
Las mujeres más jovencitas caminaron por la pasarela mostrando antiguos trajes de baño, negros y enormes, y algún body color piel, y como representante de las liberales décadas del 60 y 70, sólo se pudo ver a una mujer con un vestido colorido y peinado batido (y las constantes aclaraciones de lo importante de los cambios sociales y políticos de aquellos tiempos).
Exclamaciones, risitas, sorpresa entre el público cuando aparecieron las primeras transparencias y los deshabillés de telas sintéticas. “Es que yo usaba esas cosas”, murmuró una señora a una niña.
El desnudo consiste en sacar a la luz lo que representaba lo más íntimo tiempo atrás, dejar al desnudo las historias, contarlas.
La bailarina volvió a salir a escena para dar cierre y recordar la faceta sensual de la ropa interior, de lo primitivo y la danza.

FOTOS: CECILIA ARIANA PERDOMO


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