La Cueva de Salamanca es originalmente un lugar en la ciudad de Salamanca (León, España) donde se afirma que en el siglo XIV el demonio Asmodeo enseñaba las artes diabólicas a un grupo de estudiantes. Esta historia es recogida por diversos autores de los Siglos de Oro, como Quevedo, Cervantes o Ruiz de Alarcón. El lugar, que todavía se conserva, es en realidad la cripta de la antigua y desaparecida Iglesia de San Cebrián. Cebrián resulta ser una variante de Ciprián o Cipriano, nombre que aparece vinculado a la brujería en diversos lugares de Europa, y a un antiguo y famoso grimorio (El Libro de San Cipriano). Se sabe que en el siglo XVI la reina Isabel la Católica ordenó personalmente tapiar la puerta de la cripta, para evitar que se siguieran celebrando aquellas reuniones siniestras. La popularidad de este sitio llegó a América, donde con el nombre de salamancas (o sus variantes) se han conocido en distintas partes del continente los lugares de reunión de brujos.






"Mi primer cuidado en Salamanca fue ver sus Nigromantescas Grutas. Diéronme noticia de la de San Cyprian,
no lexos de la Iglesia Mayor, al pie de una colina en la que está fundado el Seminario de Carvajal. Volví a casa i
preguntóme la ama de la posada dónde había estado. I contándoselo yo, puso ambas manos en la cabeza; i suspirando,
me dixo: Señor, por un solo Dios no se meta V. Merced en la tal Cueva. En ella es el Demonio Cathedrático.
La Cueva está tapiada, como V. Merced ha visto; pero no por esso dexan de entrar los Escolares por otras sendas.
De las demas gentes nadie se ha atrevido ni se atreve a acercarse a aquella boca del Infierno."

(Francisco Botello de Moraes y Vasconcelos: Historia de las Cuevas de Salamanca. Salamanca, 1737)