La Cueva de Salamanca es originalmente un lugar en la ciudad de Salamanca (España) donde se afirma que en el siglo XIV el demonio Asmodeo enseñaba las artes diabólicas a un grupo de estudiantes. Esta historia es recogida por diversos autores de los Siglos de Oro, como Quevedo, Cervantes o Ruiz de Alarcón. El lugar, que todavía se conserva, es en realidad la cripta de la antigua y desaparecida Iglesia de San Cebrián. Cebrián resulta ser una variante de Ciprián o Cipriano, nombre que aparece vinculado a la brujería en diversos lugares de Europa, y a un antiguo y famoso grimorio (El Libro de San Cipriano). Se sabe que en el siglo XVI la reina Isabel la Católica ordenó personalmente tapiar la puerta de la cripta, para evitar que se siguieran celebrando aquellas reuniones siniestras. La popularidad de este sitio llegó a América, donde con el nombre de salamancas (o sus variantes) se han conocido en distintas partes del continente los lugares de aquelarres o reunión de brujos.