TICs, ¿para qué os quiero?

Yo no necesito más que una tiza y una pizarra para dar clase”, ”eso de los ordenadores en clase es una tontería y un despilfarro”, “pues en mi clase no entra un ordenador”, etc.,etc.,etc..

Sugiere Gianni Vattimo, en El sentido de la existencia. Posmodernidad y nihilismo, que la futura lucha de clases se planteará entre los incluidos y excluidos del mundo informático, es decir, del acceso al conocimiento, que hoy día pasa inevitablemente a través de las nuevas tecnologías de la información y comunicación.

Las autoridades educativas, no sé si tras entregarse a la lectura de tan enjundioso texto, reflejan —acertadamente, a mi modesto parecer— tal idea en las leyes y decretos más recientes.

Así, el decreto 327 de julio del 2010 por el que se aprueba el Reglamento Orgánico de los Institutos de Educación Secundaria en Andalucía, recoge en su artículo 9, entre las funciones y deberes del profesorado, "el conocimiento y la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación como herramienta habitual de trabajo en el aula".

El mismo decreto recoge en el capítulo 2, el derecho del alumnado "al acceso a las tecnologías de la información y la comunicación en la práctica educativa y al uso seguro de internet en el instituto".

Por si todo esto fuera poco, el decreto 1631, en el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria, se establecen las competencias básicas como eje del currículo. Estas competencias, entre las que se encuentra la competencia digital, deben ser trabajadas en todas las asignaturas.

Queda, pues, bastante claro que el uso de las tic y de internet en las aulas no es un capricho, una opción, ni cosa de frikis, sino una necesidad, si de verdad pretendemos que la escuela pública cumpla su función.