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LA BIBLIA


La Biblia está por encima de todos los libros del mundo. Es única en su género. El decimosexto presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln, dijo una vez que la “Biblia es el mejor don que Dios jamás haya dado al hombre. Todo lo bueno que proviene del Salvador del mundo se nos transmite en este libro’’. Es el libro más leído en todo el mundo y ha sido traducido a más de mil idiomas, más que cualquier otro libro del mundo. Una cantidad innumerable de personas han acudido a la Biblia para hallar allí consuelo, esperanza y dirección durante tiempos de aflicción e inseguridad. La palabra Biblia viene de la palabra griega biblós, que significa “el libro”. Esto quiere decir que la Biblia figura como el libro de libros entre todos los que existen en el mundo. Ocupa la más alta posición entre todos los escritos clásicos de occidente y de oriente. El famoso escritor francés Victor Hugo, una vez dijo: “Inglaterra sólo tiene dos libros: la Biblia y Shakespeare; Inglaterra forjó a Shakespeare, pero la Biblia forjó a Inglaterra.

LA BIBLIA OCUPA LA MAS ALTA POSICION ENTRE TODOS LOS ESCRITOS CLASICOS
La razón por la cual la Biblia es incomparable. Daremos cuatro razones de su unicidad.

1) La Biblia ocupa la más alta posición en cuanto a su autenticidad.

El primer hecho es que la Biblia, en cuanto a su autenticidad, es sin par entre todos los libros que existen. Muchos cánones de otras religiones están llenos de mitos y leyendas. Pero en las páginas de la Biblia encontramos referencias innumerables a eventos, personas y lugares verdaderos. La arqueología, junto con los archivos históricos seculares, confirma la exactitud de las referencias en los varios libros bíblicos. La atención prestada a los detalles más pequeños por parte de los escritores bíblicos queda sin par en la demás literatura antigua.

La Biblia habla de un Creador todopoderoso y eterno que creó de la nada el universo, incluyendo los cielos, la tierra y todo ser viviente. El relato de la creación en Génesis, aunque no es una narración científica en sí, concuerda completamente con la evidencia científica. Según la mitología griega antigua, los cielos eran sostenidos por un gigante llamado Atlas, y los escritos indios antiguos dicen que la Tierra es un cuadrado sostenido por cuatro peces. Pero hace dos mil setecientos años, antes de que descubriera el hombre que la Tierra era redonda, la Biblia dijo que la tierra es un círculo (Is. 40:22) y que cuelga sobre nada (Job 26:7).

La Biblia también deja constancia del origen del hombre. Nos dice que el hombre fue creado por Dios a Su imagen (Gn. 1:26-27). La ciencia moderna de la estructura genética, así como el descubrimiento de las maravillas del cuerpo humano, han probado de modo concluyente que, puesto que el hombre es un ser tan complejo, debe de haber sido creado por un Ser inteligente. Una computadora no puede evolucionar partiendo de una malla de alambres, ni puede formarse una nave espacial por una serie de casualidades y coincidencias. Todo objeto inteligente tiene que provenir de un creador más inteligente. La Biblia presenta el origen del hombre de una manera sencilla y llena de significado: el hombre fue creado a la imagen de Dios.

Uno de los rasgos distintivos de la Biblia es la fidelidad con que deja constancia de la historia humana. El Antiguo Testamento es un relato de la historia de la humanidad del mundo antiguo, especialmente de la historia de los judíos. El Nuevo Testamento es un relato de la historia de la iglesia primitiva. Todos los detalles que constan en los dos testamentos pueden confirmarse con la arqueología de hoy.

Además de ser una crónica de la historia de la humanidad del pasado, la Biblia contiene profecías en cuanto a la humanidad del futuro. Daniel, uno de los escritores del Antiguo testamento, escribió durante los tiempos del Imperio Babilonio acerca de un sueño que tuvo el rey de Babilonia. En ese sueño el rey vio una imagen cuya cabeza era de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro, y los pies, en parte de hierro y en parte de barro. Mientras que miraba el rey, una piedra cortada, no con mano, hirió a la imagen en sus pies, y la imagen entera fue desmenuzada y fue llevada por el viento como el tamo de las eras del verano, de modo que ni un rastro fue hallado. La piedra que hirió a la imagen vino a ser un gran monte que llenó la tierra (Dn. 2:1-45). Esta imagen fue un cuadro de los sucesivos imperios humanos que surgieron por toda la historia. La cabeza de oro representa el Imperio Babilonio, que duró de 605 a. de C. a 539 a. de C. El pecho y los brazos de plata representan el Imperio Medo Persa, que duró de 539 a. de C. a 330 a. de C. y el cual, bajo el rey Ciro, destruyó el Imperio Babilonio. El vientre y los muslos de bronce representan el Imperio Griego que, bajo Alejandro Magno, derrotó el Imperio Medo-persa y llegó a ser el poder mundial desde el año 336 a. de C. Las piernas de hierro y los pies, en parte de hierro y en parte de barro, representan el Imperio Romano, que se apoderó del territorio del Imperio Griego. Su reinado empezó en el año 30 a. de C. y duró más de cuatro siglos. Después se dividió en la parte oriental y la parte occidental, lo cual está representado por las dos piernas. Todo esto concuerda exactamente con la crónica de la historia. El mundo hoy es una continuación del Imperio Romano y es parte de las piernas y los pies de la imagen. La Biblia predice que a fines de esta era “una piedra cortada no con mano” destruirá todos los gobiernos humanos y establecerá su propio gobierno sobre toda la tierra. Esta “piedra” es Jesucristo, quien establecerá Su reino en la tierra (Ap. 11:15). La imagen es un cuadro de dos mil seiscientos años de historia humana. La mayoría de esta profecía ya se ha cumplido, y parte de ella se cumplirá en el futuro. Esto es un ejemplo que nos muestra los hechos maravillosos que constan en la Biblia y pertenecen a la historia humana.

Las profecías más asombrosas del Antiguo Testamento tienen que ver con la venida del Mesías, quien es Jesucristo. El Antiguo Testamento hace por lo menos trescientas referencias directas a Cristo; habla del lugar donde El iba a nacer, la manera en que crecería, y la manera y el lugar en que El iba a morir. Todas estas profecías se cumplieron.

2) La Biblia ocupa la más alta posición en cuanto a su sabiduría y profundidad.

En segundo lugar, la Biblia conlleva la supersabiduría acerca de la relación que el hombre tiene con Dios y con su prójimo, acerca de los pensamientos del hombre, su intención, su comportamiento y su diario vivir. Durante los tiempos del Antiguo Testamento, la mayoría de las culturas existentes creía en el politeísmo, la creencia en más de un Dios. Los llamados dioses, en su mayoría, eran considerados crueles, feroces y a veces licenciosos. Pero la Biblia revela a un solo Dios, quien es infinito y personal, quien ama a los seres humanos como un Padre y un Esposo, y quien personifica el amor, el respeto, la justicia y la misericordia. Esto está en contraste con otros dioses del mundo antiguo a los que uno tenía que obedecer y servir motivado por el miedo y no por el respeto amoroso.

La Biblia también trata de todo tipo de conocimiento, como por ejemplo teología, letras, astronomía, geología, ciencia, filosofía, sociología, gobierno, educación, cultura y escatología. Todos los textos científicos tienen que ser corregidos y publicados de nuevo después de algunos años. Pero la Biblia nunca cambia; siempre permanece igual. Las leyes del Antiguo Testamento tratan la debida relación entre el hombre y su medio ambiente; por ejemplo, al sitiar una ciudad, los que atacaban no debían destruir los árboles, lo cual asolaría el ambiente (Dt. 20:19). Estas leyes también tratan el equilibrio que debe haber entre las varias clases sociales con la institución del año de jubileo cada cincuenta años, cuando todas las deudas eran perdonadas y todas las tierras devueltas a sus dueños originales (Lv. 25:8-17). Los Diez Mandamientos (Ex. 20:3-17) forman la base del sistema legal occidental en su tratamiento humano y justo de otros. El sermón que dio el Señor en el monte (Mt. 5—7) forma la base de una sociedad benévola y justa. Estos y muchos otros ejemplos revelan la profunda sabiduría de la Biblia en todos los aspectos de la vida humana.

3) La Biblia ocupa la más alta posición en cuanto a su ética y la moralidad

Ningún otro libro contiene una norma de ética y moralidad tan elevada como la de la Biblia. Describe el amor recto como una virtud humana, la cual es longánime, bondadosa, no celosa, no jactanciosa, y no hinchada de orgullo (1 Co. 13:4). Define el amor en la extensión de perdonar a los enemigos (Mt. 5:44). Da ejemplo del amor en el propio acto de Dios de entregar a Su Hijo unigénito por el hombre (Jn. 3:16). Los cristianos andan en amor (Ef. 5:2), y la iglesia es una comunidad edificada en amor (Ef. 4:16).

La Biblia también habla de la justicia en su forma más elevada. Quienquiera que derrame la sangre de un hombre, por el hombre será derramada su sangre (Gn. 9:6), y todos los que tomen espada, a espada perecerán (Mt. 26:52). Dios mismo les da vida eterna a los que, mediante la perseverancia en las buenas obras, buscan gloria y honra e incorruptibilidad, y asigna a los desobedientes ira y enojo (Ro. 2:6-8).

En todas las hojas de la Biblia se nos describe un Dios que es santo y que está separado de toda forma de impiedad. El Antiguo Testamento El mandó que Su pueblo estuviera separado de las prácticas pecaminosas e idólatras de las naciones paganas (Dt. 18:9). El Nuevo Testamento El exhorta a los creyentes a que se separen de la fornicación, la inmundicia, la lascivia, la idolatría, las hechicerías, las enemistades, las contiendas, los celos, las iras, las disensiones, las divisiones, las sectas, las envidias, las borracheras, las orgías y cosas semejantes a éstas (Gá. 5:19-21).

La Biblia también habla mucho de la fidelidad. Exhorta a los hombres a que sean fieles a sus esposas (1 Co. 7:2), que los padres sean fieles a los hijos y viceversa (Ef. 6:1-4), y que cada persona sea fiel a sus propias palabras (Mt. 5:37) y a su obra (Lc.16:12); sobre todo, uno debe ser fiel a Dios, porque Dios es fiel a nosotros (1 Co. 10:13; Ap. 2:10). La Biblia habla de la sinceridad y la humildad, diciendo que uno no debe comportarse con doblez (1 Ti. 3:8) ni ser engañoso (Ro. 3:13), y que uno debe estimar a los demás como superiores a sí mismo (Fil. 2:3) y no debe presumir de sabio (Ro. 12:16).

La Biblia tiene mucho que decir de la familia, y la norma cristiana difiere en gran manera de las filosofías modernas y las ideologías humanas. La Biblia fomenta la piedad filial en la honra que uno muestra a sus padres (Ef. 6:2), en el respeto que uno muestra a los ancianos (Lv. 19:32), y al estar sujeto a ellos (1 P. 5:5). La historia ha demostrado que donde se reverencia la Biblia, la familia es preservada y la sociedad es calibrada y elevada.

La relación matrimonial es definida claramente en la Biblia. La fornicación y el adulterio son estrictamente prohibidos, y el divorcio basado en incompatibilidad no se permite. El marido ha de amar a la esposa, y la esposa ha de someterse al marido basado en el tremendo amor que le entrega el marido (Ef. 5:22-33). Aun más, los cónyuges deben honrarse mutuamente (1 P. 3:6-7) y deben cuidar de los familiares del uno y del otro (1 Ti. 5:8). Deben honrar el matrimonio (He. 13:4) y no deben aprovecharse de las debilidades del cónyuge (1 P. 3:1, 7). Los padres deben educar a sus hijos para que éstos estén en sujeción con toda dignidad (1 Ti. 3:4) y deben criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor (Ef. 6:4). La debida disciplina es necesaria para la edificación de los hijos (Pr. 19:18), pero dicha disciplina debe llevarse a cabo con ternura y sensibilidad (Co. 3:21).

4) La Biblia ocupa la más alta posición en cuanto a su influencia

El último factor y el más importante al clasificar la Biblia como el libro más distintivo en la influencia que tiene sobre los hombres. Aunque la Biblia es un gran tesoro con respecto a su contribución a la humanidad en literatura, filosofía e historia, su valor más grande radica en el gran impacto que tiene sobre los individuos. A través de sus páginas el hombre queda expuesto en cuanto a su verdadera condición ante Dios. La palabra de Dios es como una espada de doble filo que penetra hasta los razonamientos y pretextos naturales del hombre y le convence de sus pecados ante Dios (He. 4:12). San Agustín era un hombre indisciplinado y licencioso en su juventud, pero su madre oraba por él mientras éste maduraba. Después de llevar una vida disoluta por muchos años, un día a la edad de treinta y un años leyó la Biblia bajo una higuera y llegó al pasaje que dice: “Andemos de día, honestamente; no en juergas y borracheras, no en fornicaciones, lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para la carne a fin de satisfacer sus concupiscencias” (Ro. 13:13-14). Estas palabras le convencieron de sus pecados, y él se arrepintió ante el Señor y llegó a ser un gran siervo de Cristo.

Por toda la historia muchas personas famosas han sido motivados a creer en Cristo al leer la Biblia. El emperador francés Napoleón, después de haber sido derrotado y exiliado a la isla de Santa Helena, confesó que aunque él y otros líderes grandes fundaron sus imperios por la fuerza, Jesucristo edificó Su reino con amor. También confesó que aunque él podía reunir a los hombres en torno a sí mismo por su causa, tenía que hacerlo hablándoles cara a cara, mientras que por dieciocho siglos innumerables hombres y mujeres habían estado dispuestos a sacrificar con gozo sus propias vidas por amor de Jesucristo, sin verlo ni siquiera una vez. La razón por la cual muchos han estado dispuestos a dejar todo para seguir a Cristo y ser mártires por El es que han visto a Cristo revelado en la Biblia. La Biblia ha llegado a ser la fuente de inspiración para que muchos crean en Cristo. Aunque muchos reyes, emperadores, y gobiernos durante los últimos dos mil años han intentado erradicar la Biblia, ningún poder de esta tierra, empezando con los emperadores romanos del primer siglo hasta los comunistas de este siglo, ha logrado anular la atracción que el hombre siente por este libro y por la maravillosa persona que contiene. El Cristo revelado en la Biblia es tan fresco hoy como hace dos mil años. Ninguna biografía de hombre alguno ha cambiado tantas vidas como la vida de Jesucristo.

Para los cristianos la Biblia es una fuente constante de enseñanza y revelación. Convence, corrige e instruye al cristiano en justicia y lo equipa para toda buena obra (2 Ti. 3:16-17); le proporciona el poder que transforma vidas, el cual cambia su disposición y transforma su alma; le da poder para vencer el pecado y a Satanás, y alimenta su espíritu con el alimento celestial. Es leche espiritual para el creyente (1 P. 2:2) y su pan de vida (Mt. 4:4). Hay muchos cristianos que a veces experimentan tribulación o enfermedad, pero cuando leen una porción o una frase de la Biblia, tienen la fuerza perdurable en sus corazones, y reciben indecible consuelo y así obtienen esperanza que va más allá de lo que esperaban.

LA BIBLIA ES LA SANTA PALABRA DE DIOS

La razón por la cual la Biblia es diferente de todos los otros libros es que su naturaleza es divina. La Escritura es dada por el aliento de Dios (2 Ti. 3:16). Esto nos dice que la Escritura no procedió del pensamiento del hombre ni de su mente, sino que fue el mismo aliento de Dios, Su pensamiento y Su palabra exhalada mediante Su Espíritu, en los escritores y a través de ellos. Así que, la Biblia contiene el elemento de Dios y conlleva Su sabor. El gozo más grande del cristiano y su verdadera bendición es que puede tocar a Dios y disfrutar Su rico sabor diariamente por medio de la palabra de Su aliento.

Ya que la Escritura es la palabra de Dios exhalada mediante Su Espíritu en los hombres y a través de ellos, es imposible que una palabra de la Escritura provenga de la voluntad del hombre; más bien, los hombres fueron movidos por el Espíritu y hablaron de parte de Dios. La frase “los hombres hablaron de parte de Dios siendo movidos por el Espíritu Santo” (2 P. 1:21) tiene un significado doble: primero, los hombres fueron movidos por el Espíritu; segundo, los hombres hablaron de parte de Dios. En griego, el idioma original en que se escribió la Biblia, ser movido por el Espíritu Santo es semejante a ser llevado como es llevada una nave por el viento. Los escritores de la Biblia recibieron la inspiración de parte de Dios, y estaban bajo el poder del Espíritu Santo, siendo movidos y llevados por El a proclamar la palabra de Dios. Además, cuando hablaban desde el interior de Dios, el Espíritu de Dios movía a los hombres a que hablaran, y también los hombres hablaban desde el interior de Dios. En otras palabras, era Dios quien profería Su propia palabra desde el interior de los hombres y por sus bocas.

Yo amo la Biblia.. y tú ?..y.... la entiendes?

espero tú comentario..