Entrevista a Giovanna Rivero

 
 
 
Por Juan Terranova

 

Giovanna Rivero nació en 1972. Es escritora, comunicadora social y periodista graduada de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra. Sus cuentos han sido incluidos en Antología del cuento femenino boliviano, Existencias Insurrectas, The Fat Man From La Paz, Una revelación desde la escritura, Voces de las dos orillas El futuro no es nuestro. Ha publicado los libros Nombrando el eco, Las bestias (Premio Municipal de Literatura de Santa Cruz, 1996), La dueña de nuestros sueños, Sentir lo oscuro, y la novela Las Camaleonas. En 1994 recibió la medalla de oro con la insignia del Escudo de la Provincia Obispo Santistevan por su aporte a las letras bolivianas. Actualmente dicta cátedra en Semiología Aplicada y Periodismo en la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra. Su último libro es Niñas y Detectives y salió en España por Bartleby Editores. http://dark-paranoid-park.blogspot.com/

 

Naciste en Santa Cruz de la Sierra pero viajaste para estudiar por Bolivia y también a los Estados Unidos. ¿Cómo fueron esos viajes?

 

Nací en Montero, que es una Santa Cruz más "profunda", menos cosmopolita. Fueron viajes de intenso aprendizaje. Aunque nunca viajé de mochilera, creo que el sentido de aventura estuvo siempre ahí, porque salí de mi casa a los diecisiete y cada regreso ha sido un nuevo y doloroso extrañamiento. Yo viajo con mi "ajayu". El problema es que a veces lo dejo olvidado en esas nuevas ciudades y me cuesta un montón regresar, volver a adaptarme. Mi carta astral dice que tengo problemas de adaptación a cualquier medio ambiente. Y cuando consigo ensamblarme, ya me tengo que ir.

 

¿Existe algún tema literario boliviano por excelencia?

 

Existió, pero creo que ha ido mutando en los últimos años. La mina fue el gran tema de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, y todavía ha tenido sus remanentes en narrativas como la de Edmundo Paz Soldán y la mía propia. Pienso en el cuento "Azurduy", de Paz Soldán, que retrata al minero desde la mirada urbana, pero que de todas maneras retoma uno de los arquetipos bolivianos centrales, fuertemente descriptivos de la colonia. Sin embargo, el minero ha mutado hacia otros personajes que también viven "bajo tierra", respirando oxígeno viciado, personajes saenzianos, casi góticos... Detectives andinos, aparapitas, vampiros híbridos, solitarios jóvenes cruceños que nacen marcados, mujeres profundamente solas... Actualmente, ¿cuál es el tema? Por suerte no existe "el tema", en singular, y no quiero caer en una respuesta fácil que apele a lo universal como la omni explicación de todo, pero creo que en Bolivia el deseo por narrar individualidades desmarcadas de las macroestructuras (locales) es relativamente nuevo. Habrá que ver si esa dirección de la flecha se interrumpe con un proceso político altamente homogeneizador.

 

En tus historias siempre hay heroinas, son frágiles, crueles, histéricas, complejas. ¿Cómo te llevás con las protagonistas femeninas de tus libros?

 

Yo me llevo bien. Aunque no siempre hacen lo que pienso y en ocasiones terminan mal, casi nunca me avergüenzan. Las conozco desde el vientre.

 

 ¿Se podría decir que  los problemas de "género" te interesan?

 

Sí, hay que decirlo. Me interesan, estoy en el centro del huracán y tendría que ser muy tonta para que no me interesen. Prefiero el dolor a la estupidez. Prefiero, en ese sentido, que mi narrativa sea etiquetable a que sea neutra.

 

¿Cómo se te ocurrió escribir Tukson, Historias colaterales? ¿Cómo fue la escritura?

 

La escritura de Tukzon fue apasionante, entregada y casi desahuciada, pues no esperaba nada de esa escritura. Nada. Ni en términos de trama ni en términos de reconocimiento literario. Y no hablo de una escritura automática o sólo emocional, pues creo que he conseguido una arquitectura muy lógica allí, sino que fui creando universos que de pronto se tocaban, colisionaban y generaban explosiones de las que surgían otras historias. No es, entonces, una caja china, sino mi íntimo Big Bang.

Imaginé Tukzon como un lugar extraño, donde todo es posible, pero no quería trabajar con un fantástico clásico, tampoco un fantástico especialmente futurista, más bien intenté dibujar un mundo en el que el ser humano es la verdadera novedad tecnológica: sus órganos, su insondable psiquis. Todos nos somos extraños.

 

¿Cuál es el cuento que más te gusta de tu libro de cuentos Sangre Dulce?

 

"Sangre dulce", precisamente. Es un cuento escrito al amparo de la infancia y la amistad entre niñas, y el modo en que nos sentíamos poderosas. De adulta, nunca he podido sentirme tan poderosa como entonces.

 

¿Quién es a tu criterio el escritor boliviano que hay que leer hoy?

 

Lo que pasa es que antes nos hemos leído y nos han leído poco, de modo que habría que cubrir primero esos vacíos. Pero ayer y ahora, hay que leer a Oscar Cerruto, nuestro Cortázar boliviano, el Cerruto argentino. Al fin y al cabo, ni estamos tan solos ni somos tan huérfanos.

 

¿Cómo debería ser la ciencia ficción boliviana?

 

Híbrida. Y, por supuesto, con un gesto de buen humor. Me cuesta deglutir una ciencia ficción que se tome demasiado en serio, incluso si es hard. Me gustaría que esa ciencia ficción propusiera un nuevo relato del cuerpo, de sus batallas y traiciones. Ya lo ha hecho Houellebecq y Kureishi, de entre los más contemporáneos, pero me encantaría leer un relato criollo de ese fascinante apego al cuerpo. Tengo la impresión de que la súper atención al cuerpo nos ha alejado del amor. Elay (que en jerga argentina podría traducirse como "che"), me han entrado ganas de escribir algo así. Aunque tengo la triste sospecha de que estamos viviendo más bien tiempos policiales.

 

¿Es verdad que escribís con la televisión prendida?

 

Pero en volumen bajo o muda. No sé por qué. Quizás se trate de una angustia mediática. ¿Vos, Terra, podés escribir sin tener conexión a Internet?

 

¿La narrativa boliviana contemporánea se hace desde afuera de Bolivia?

 

También. No se puede negar que los escritores más jóvenes han aceptado que la mediterraneidad es nomás un problema. Emigrar se plantea, entonces, como una opción muy tentadora para acortar caminos. Internet hace su parte, pero sucede que los circuitos de consagración se sofistican exquisitamente y si no estás ahí... A no ser que realmente no te importe entrar en esos flujos de publicación, pero honestamente dudo que haya un escritor joven tan románticamente evolucionado. Además, no sólo te vas buscando esas cercanías con los centros de visibilización, sino también ahora por motivos académicos, por necesidad de shockear nuestro largo provincianismo, por falta de oportunidades, esas cosas de siempre. Lo interesante es que estas energías centrífugas, los que se van, y centrípetas, los que se quedan, tienen que producir en conjunto el verdadero quiebre estético que hemos venido anunciando desde hace una década. Ahí, me parece, tenemos la narrativa boliviana de frontera.

 

 

 http://www.bartlebyeditores.es/ficha_obra.php?genero=narrativa&id_genero=2&id_obra=130

 

 

 

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