Al fin sola en casa, dijo Susana... y le brillaban los ojos de una manera particular de sólo pensar lo que venía.

Sus padres habían salido, los hermanos no llegarían hasta la noche.

¡Que deleite! Y nada más pensar en deleite se fue a la cocina a preparar un enorme sándwich con un pan de hamburguesa gigante, lomito de cerdo, mayonesa abundante hecha en casa, porotitos verdes, tomates...mhhhhh por supuesto todo esto acompañado de papas fritas, coca cola a discreción y para finalizar un delicioso café con leche y azúcar si mucha azúcar, al menos dos cucharadas.

Estaba llegando a las finales del café cuando pensó en verdad quiero más ¿por qué privarme si estoy sola? Y allí partió nuevamente con el mismo brillo en los ojos y esa salivación exquisita que casi le obligaba a repetir el rito de la preparación, el pan tostado por un lado y caliente por el otro, mantequilla en abundancia y luego las capas ya dichas, lomito, mayonesa...mhhhhh a éste le pondría también palta, tomate, bueno y un poquito de lechuga, otro delicioso tazón de café con leche y azúcar, mucha azúcar.

Ya se terminaba el tazón cuando recordó el cajón de los chocolates, allí estaba llamándole un maravilloso shanne nuss.

Bueno pensó Susana tal vez convendría que me comiera solo una oncita, pero ...fue otra y otra...total, no había nadie en casa y nadie, nadie, ninguna de las personas mayores que el último tiempo parecían haberse puesto de acuerdo en sermonearla y decirle “no comas dulces” “evita el azúcar”  “tu ya eres grande” (le cargaba que le recordaran la edad que tenía)  “eso te hace mal” “pero niña como no te cuidas”...en fin, esta vez no había nadie gracias a Dios, entonces podía poner la música fuerte, comer lo que quisiera y ¿por qué no? también fumarse un cigarrillo tranquilamente...pero no alcanzó a fumárselo, las oncitas de Shanne nuss se deshacían  una tras otra en su boca ávida del buen y prohibido chocolate, hasta que sólo quedó el papel plateado cuidadosamente doblado sobre la mesa de la cocina.

A Susana le vino primero mucha sed luego empezó a ver borroso, no tanto como para no darse cuenta que la puerta de la cocina se abría lentamente para dar paso a un hombre más bien guapo, esbelto, como decía su tía Marcela uno de esos tipos “tincudos” (palabra  por cierto que ya no está de moda y sólo delata los años de su tía), en realidad era un tipo bien parecido, con una voz de esas que arrullan, Susana se sintió seducida y subyugada no importándole que era un extraño que llegaba justamente cuando ella lo que quería era estar sola, con su música y por supuesto comiendo a discreción como le apetecía.

— ¿Me reconoces? Preguntó con su maravillosa voz el recién llegado

 No,  dice Susana, pero puedes quedarte, me simpatizas y ya puedes seguir hablando, también tus palabras me agradan.

El apuesto joven se sentó al frente de ella y mirándola  directamente a la cara, un poco menos sonriente de cuando atravesara la puerta le dice:

— “¿Te das cuenta que hace varios meses que me estás agrediendo?
 Susana no podía creer lo que estaba escuchando

— ¡Pero si acabas de entrar y yo no te conozco, no se quien eres.

 Ese es el problema, no sabes quien soy ni que hago por eso me agredes  continuamente y me maltratas.

 Creo que no nos estamos entendiendo,  dice Susana casi a punto de llorar porque el joven le parecía tan agradable y ya estaba poniéndose enojado como sus padres, sus hermanos y tantos otros que no sabían otra cosa que retarla.

 ¿Todavía no me reconoces?  Dijo entonces el extraño?
La cara de pregunta de Susana bastó como respuesta.

 Susana seguía con mucha sed por lo que la botella de coca cola de dos litros estaba a punto de desaparecer.

— Voy a ser directo contigo porque te aprecio y de veras te respeto mucho.

Mira Susana, yo soy tu páncreas y he venido a verte porque me doy cuenta que si yo no vengo tu no serás capaz de acercarte a mí.  Una sola pregunta para comenzar

¿sabes donde estoy?  Otra ¿sabes lo que hago?
-La cara de extrañeza de Susana crecía como el tamaño de sus ojos.

 Bueno, no te voy a hacer pasar vergüenzas pequeñita mía, permíteme que hoy sea yo quien te cuente algunas cosas: Yo soy tu páncreas, vivo muy cerca del centro de tu abdomen, soy una gran glándula que está para ser más claros detrás del estómago.  Cumplo una doble función, para graficarlo de algún modo te diré que trabajo tanto para adentro como para afuera ¿entiendes lo que digo? Produzco hacia fuera una cantidad de enzimas que constituyen el jugo pancreático que contiene varias enzimas que sirven para digerir algunos alimentos como las grasas  y hacia adentro sustancias de mucha importancia y de renombre mundial son el glucagón y la insulina.

— ¡Que nombres más raros! Dice Susana, no se a cuento de qué viene esta explicación.

 Mira preciosa y dueña mía.

Susana se sonrojó al escuchar estas palabras.

El joven siguió hablando como si no se hubiera percatado del color escarlata de las mejillas de Susana.

— Ocurre que tu maravilloso cuerpo funciona con energía, ¿y sabes de donde saca la energía?

Susana pensó en las clases de física en la energía eléctrica, mecánica, eólica...prefirió guardar silencio para que el recién llegado no notara su ignorancia.

— Bueno, la energía la elabora cada una de tus células a partir del aprovechamiento del azúcar, pero eso ocurre solo si y solo si está la insulina en cantidad suficiente.

— ¿Y...? dice Susana con un tono más bien desafiante.

 Y bueno dice el joven ¿qué enfermedad te dijeron que tienes?
— Ah! Dice Susana con desprecio ¡esa! Esa maldita cosa que dicen que se llama con un número Dia...be..tes...me..lli...tus....ti..po..U..no...

— ¿Y que crees que significa eso? Alguien te lo explicó?
Susana intentó recordar cuantas veces se lo habían dicho...quizás varias pero sin duda TODAS las veces era de corrido, como si estuvieran en apuro, con tantos términos raros, siglas, números, que lo más sensato de su parte era siempre hacer como que escuchaba y mientras tanto pensar en su música, tararear de memoria su canción favorita....pero la verdad, la verdad es que no se acordaba para nada de todo lo que le habían dicho.

 ¿Viste? Dice el joven, el problema es que no me conoces, no sabes bien para que estoy contigo y no tienes idea ni siquiera de lo imprescindible que soy.

Y encima creído pensó Susana mientras lo miraba de soslayo.

— Ya veo que no sabías que soy imprescindible, no se ha inventado aún la persona humana que pueda vivir sin páncreas.

— Mmhhhhhhhhh dice Susana por toda respuesta.

 Si, ya te digo y lo repito imprescindible, con la claridad de trabajar por así decirlo para mi propia casa y para otros, no todos tienen la misma habilidad.  Tu por ejemplo Susana ¿no será que te inclinas más por uno u otro?  ¿No será por casualidad que estás demasiado encerrada en ti misma? Mucha música, mucho pérsonal y poca escucha para otros ¿O me equivoco? O tal vez es precisamente al revés y tu eres la que le soluciona el problema a todo el mundo, tu te ocupas de los problemas de las amigas de los compañeros y también de los hermanos? ¿Y lo propiamente tuyo?  ¿adónde queda?
Susana estaba cada vez más sorprendida sin saber que decir, solo atinó a preguntar.

— ¿Qué dijiste que hacía la insulina?

— La verdad es que no te lo  he dicho claramente aún.  La insulina permite que el azúcar que tu ingieres se pueda aprovechar como energía.  Yo digo azúcar pero ya sabes que me refiero a varios alimentos que contienen hidratos de carbono, o sea papas dulces, kuchen, tortas, galletas,  masas, harinas, y por supuesto azúcar propiamente tal.   Cuando hay  insulina la célula es capaz de ingresar el azúcar como combustible y permitir que sea transformada en energía,  en tu cuerpo energía es sinónimo de ATP, pero créeme no es necesario que te aprendas los nombres, solo que recuerdes, con insulina suficiente el azúcar sirve, sin insulina es un estorbo, es como llenar tu patio con cientos de miles de ramas, astillas, palos, leños, metros cuadrados de maderos sin que tu tengas estufa a leña o combustión lenta ¿de que te puede servir tanto supuesto combustible? Te echará a perder el césped, ocupará espacio, empezará a podrirse y entonces llegarán a tu patio ratones, perros, pájaros, etc...,pero esa leña nunca será combustible aprovechable porque falta el cómo traducirla en energía.  A ti te ocurre algo semejante cuando el azúcar se acumula afuera de las células por falta de insulina te viene mucha hambre y sed, y lo que es peor tus células se empiezan a dañar y a envejecer antes de tiempo.

Susana estaba perpleja al momento de preguntar.

— ¿Y que es entonces lo que te pasa a ti?

— A mi se me agotó la capacidad de producir insulina, tengo una reserva mínima, entonces tú te la tienes que inyectar cada mañana y cada tarde y cuidar que me llegue una dosis de  azúcar pequeña de tal manera que yo pueda procesarla.

— Entonces, ya no me sirves para nada

— Bueno, dice el joven, veo que además de desconsiderada eres extremista, por supuesto que todavía te sirvo, viste que te dije que tengo reservas, y además sigo produciendo hacia fuera el jugo pancreático...¿sabías que con lo poderosas que son mis enzimas podría incluso autodestruirme? , pero no te asustes, no lo haré, solo te lo digo para que sepas de mi poder y de mi capacidad de autocuidarme... y tu bella Susana ¿sabes algo de autocuidado?

— ¿Autocuidadooooooooooooo?  Dijo Susana y se le empezó a dar vueltas el mundo, giraba todo, todo...seguramente así se sentían los borrachos pensó y cerró los ojos. 

 Al abrirlos nuevamente se encontró frente a frente con un joven buen mozo y agradable calcado al recién llegado...pero este joven llevaba un delantal blanco y le sonreía amistosamente.

— ¿Qué te pasó esta vez Susanita?

Susana se dio cuenta recién que estaba en una cama de hospital.

— Parece.... que comí mucho...

 Veamos, veamos a ver si sabes un par de cosas ¿tienes idea de que órgano tienes enfermo?

Susana se sentó automáticamente en la cama mientras responde sin duda alguna.

— Por supuesto el páncreas...

 

 

Agosto 06.