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¿Nos vamos de cervezas?

Siempre es un buen momento para tomar una cervecita, sobretodo en verano, con el calor, es muy fácil escuchar ¡qué bien sentaría ahora una cervecita fresquita! En este punto he de decir que a mí no me gusta la cerveza y cada vez que escucho algo parecido me apena el no poder compartir ese sentimiento, cuando tus amigos te dicen “nos vamos de birras”, se crea una especie de barrera que es infranqueable, de alguna forma te sientes fuera de lugar, pero vas con tus amigos a pasar el rato y mientras ellos cada vez tienen las mejillas más coloradas, se les va soltando la lengua y, en ocasiones, se pasan, tú estás disfrutando de un refresco y te dicen eso de “a mí tampoco me gustaba la cerveza, pero eso es ir bebiendo hasta que te acostumbras”. Y cada vez que alguien me dice eso se me plantea una pregunta, ¿por qué he de acostumbrarme al amargo sabor de una cerveza? Hoy en día, la gente pasa ese mal trago hasta que se acostumbra al sabor, para después disfrutarla, pero ¿por qué ha de hacerse eso? Si no te gusta la col, por ejemplo, no sigues tomándola hasta que te acostumbras a su sabor ¿o sí? Pero si eso se lo digo a mis compañeros me miran con cara rara y siguen saboreando su amarga cerveza.

 Algo parecido ocurre con el resto de las bebidas alcohólicas, cuando empiezas a beber se suelen hacer combinados para que no se note tanto el sabor del alcohol en sí: hacer calimochos, mezclar con zumos, pedir las bebidas alcohólicas que son más dulces; son algunas de las técnicas que más se utilizan.

  Además se hacen “juegos” para beber, ya que sino no, no se bebe, puesto que no es una cosa agradable, nombramos algunos de éstos como el de la moneda, el de “La Oca”, el de las manos… y así podemos encontrar infinidad de juegos para beber. Esto nos acerca a otra problemática que es el beber sin control ya que el alcohol tarda en hacernos efecto y si bebemos sin descanso, no lo notaremos en el momento, pero, al rato, el cuerpo lo notará de golpe; en casos extremos, con este tipo de juegos, se puede llegar a sufrir un coma etílico.

 No hemos de olvidar que el alcohol es una droga, legal sí, pero no deja de ser una droga. Y, últimamente me he dado cuenta de que no se le da la importancia que tiene, con el tabaco (también una droga legal), se han dado muchos pasos positivos para minimizar su consumo, pero, al parecer, la industria del alcohol tiene más poder. Tales pasos deberían seguirse, también, en el caso del alcohol.

 Hoy en día en cualquier celebración  está presente, es una cosa que aprendemos desde pequeños, completamente normalizada. Desde un nacimiento (en nuestro bautizo ya se está bebiendo), una boda, comunión, celebración deportiva, ascenso en el trabajo, quedada con amigos, cualquier día al salir de fiesta, el domingo de paella… la lista es interminable; pero lo peor es que en todas esas ocasiones, hay niños que están APRENDIENDO que eso es normal e, incluso, que también lo es que una o dos personas estén “contentillas”.

 Por último, he de lanzar una última pregunta que cuando la realizo la gente se me echa encima y aquí no será menos, pero no entiendo por qué si el alcohol y el tabaco siguen siendo drogas, no son ilegales, ¿dónde está el límite entre unas y otras? ¿Acaso no son todas dañinas para el organismo? Está claro que, en la actualidad, el prohibir totalmente el tabaco o el alcohol no es una prioridad, y que seguramente sea una complicada acción a realizar (estraperlo, menos ingresos para el Estado, lobbys económicos, presión social, etc.), pero quizá, si poco a poco fuéramos mentalizando a las futuras generaciones, a largo plazo, espero, que sí se llegue conseguir.

                                                                                                                             Lur 

NOTA: El Plan Municipal de Drogodependencias (PMD) no se hace responsable de las opiniones publicadas en esta sección (a diferencia del resto del Blog en el que los contenidos son administrados por las y los técnicos del PMD). 

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