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Vallcanera - Can Busquets

     Rebuscando en la historia, la primera referencia que se hace al Can Busquets es en 1497 cuando la adquiere un monje de una orden religiosa llamado Miquel Sabater. Después de estar casi 400 años en blanco de los cuales no sabe nada hasta que, ya en el siglo XVIII, se vuelven a encontrar referencias sobre ella. A mediados del siglo XVIII se le ofrece la gestión de varios inmuebles a un respetable contable catalán afincado en la ciudad francesa de Marsella, Rafael Baster y Llagostera, así que junto a su mujer Victoria María de Robert y Suris, hermana del marqués de Torroella de Mon deciden asentarse en Barcelona. Can Busquets pasó por diversos propietarios, algunos cuentan que antaño perteneció a la familia de Victoria María de Robert y Suris, otros que era una finca que gestionaba el señor Rafael, pero lo único cierto es que, debido a que su poder adquisitivo había crecido considerablemente, fue adquirida por el matrimonio Baster y Robert.

La gente de los alrededores quedó sorprendida al saber que una familia de la aristocracia adquirió el Can Busquets y sus 500 hectáreas de terreno, enormes campos de cu y frondosos bosques para fijar su residencia principal. Nada más adquirir la finca, el matrimonio construyó la gran casa de color rojizo de tres plantas y sótano de estilo ecléctico, con una glorieta semicircular de tres niveles en la parte central de la fachada..La masía situada justo al lado de esta, llamada Can Busquets, se le otorgó a lo guardeses de la finca para que vivieran en ella e hicieran su vida mientras cuidaban del lugar mismo año de la construcción de la gran casa se construyó en lado izquierdo, junto a esta, la capilla neogótica y le pusieron el nombre de capilla de San Rafael en honor a su propietario.

 Tenían muchas personas de servicio, como chóferes, jornaleros, personal de servicio, etc., y construyeron una escuela no oficial a pocos metros de la gran casa para que los hijos de los trabajadores y de los vecinos de la zona no tuvieran que hacer grandes trayectos para ir a la escuela más cercana. Así que tenían escuela para sus hijos, capilla para sus oraciones y teniendo todo en el mismo recinto. Por eso la gente de la zona dice que era un casi pueblo pequeño, y todo viajero que necesitara de cobijo o alimento era bien recibido. Por todo eso y más, esta familia se ganó el cariño de quien los conocía.

Pero el matrimonio no solo puso todos sus esfuerzos en aumentar la gran casa si no que doto toda la finca con canalizaciones de hierro para el agua llegara a todas partes, algo muy costoso para la época. Construyeron caminos, preciosos jardines, dos lagos con muros de contención de los cuales solo queda uno a día de hoy, y según cuentan hasta un cementerio. arreglos en la finca y las donaciones a las parroquias y escuelas cercanas nunca cesaron, y gracias a los negocios de don Rafael y la fortuna iba en aumento, tenían varias residencias aparte de Can Busquets: en Barcelona, Marsella, Sant Feliu de Guixols y en las Baleares. Todo parecía sonreírles hasta que en 1918 doña Victoria falleció y le siguió su mari cuatro años más tarde en 1922. Ambos fueron enterrados en lugares diferentes: ella en el panteón familiar del cementerio de Sant Feliu de Guixols y él en el cementerio de les Corts d Barcelona. Pero lo que más sorprende no es que un matrimonio que tanto amor se profesaba que dejaron plasmado en su gran casa, fueran separados al fallecer, sino que el señor Rafael con los años fuera arrojado a una fosa común, y hoy en día no tenga un lugar de culto donde poder visitarlo.

Toda la herencia, incluida la gran finca, pasó a manos de sus herederas que durante unos años siguieron con la labor que desempeñaron sus padres, cuidando de la casa como lo hacían ello Las hermanas continuaron con las obra de beneficencia de sus padres hasta que un día abandonaron la finca por miedo a ser acusadas de ser personas ricas y burguesas en con del régimen de Franco, y ajusticiadas como otros adinerados de la época. Lo siguiente que se sabe es que se marcharon a las Islas Baleares, se casaron, no tuvieron hijos, y murieron en década de los años 60, pero años antes se dedicaron a vender todos los terrenos, sus posesiones, incluso la gran casa que con tanto cariño sus padres levantaron y cuidaron antes que fuera expropiada. Esta es la historia romántica de la casa pero hay otra historia…











 











 



La leyenda negra

Las leyendas de quienes frecuentan el lugar con curiosidad dicen que Can Busquets fue un orfanato, pero gente de la zona lo desmiente y asegura que fue una gran masía donde se mataron dos familias de guardeses por una disputa, y que un chico perdió la vida debido a u ritual satánico delante de la chimenea del salón principal, y que, según cuenta otra de las leyendas, si en las noches de luna llena te quedas mirando fijamente al interior de la chimenea hacia su interior, esta te atrapa y te lleva al cementerio oculto que hay de debajo de la gran casa.

Otra leyenda, quizás la más popular, habla de que una chica se ahorcó en el roble que a día de hoy aun preside la entrada. Parece haber mucha muerte entre estas dependencias que la dos familias supuestamente fueron asesinadas: desde los adultos, niños hasta los caballos y animales domésticos, no quedó nadie.  También se habla de un túnel que tiene la casa, que se dividía en tres partes, uno llevaba a la escuela, otro al establo y el último a la población cercana de Vall Canera, pero es más lógico pensar en que llevaba a una bodega.

De todas estas historias no hay nada documentado pero lo que sí está demostrado es que es lugar tiene una pátina misteriosa, que los fenómenos paranormales ocurren. Son muy pocas personas que se atreven adentrarse de día. Aun así, los que sí se han aventurado a entrar afirman oír cadenas, sentirse permanentemente observados, escuchar caballos en los establos ahora vacíos, ecos de disparos, voces de niños, objetos que te golpean, aparatos electrónicos que se quedan sin batería en lugares determinados y, pasados unos segundos, vuelven a funcionar; también cambios de temperatura bruscos, mientras otros cuentan que las motocicletas, al pasar por la entrada, se detienen misteriosamente y vuelven a funcionar cuando dejan atrás la casa, incluso alguna persona dice haber sido atacada por algo demoníaco. Varios médiums que han visitado la zona afirman que alguna entidad habita entre sus muros pero ¿qué o quién?. Ese es el misterio que aguarda en Can Busquets, porque su historia nos cuenta que nunca ocurrió nada escabroso, que era una familia feliz, religiosa, que amaba su casa y la gente de los alrededor al igual que sus empleados solo tenían buenas palabras para describirlos.