Descolonización y guerra fría

1 - Índice.


2 - Objetivo de estas páginas.

En esta tercera PAC de la asignatura de Historia Contemporánea II se nos propone estudiar las relaciones entre los procesos de descolonización y la “Guerra fría”. Dado que la Guerra fría comienza al final de la Segunda Guerra Mundial, ello nos marca el límite temporal inferior del trabajo. Y en cuanto al límite superior, aunque la Guerra fría acabe al principio de la década de 1990, veremos que bastante antes se pueden dar por acabados los procesos principales de la descolonización.

El trabajo constará de tres partes: una introducción -necesariamente breve- a ambos procesos históricos en el marco colonial general, una descripción de las relaciones que entre ambos puedan detectarse, y, para terminar, el estudio de un punto concreto de la descolonización, la del Sáhara español, comparándolo con los modelos de descolonización inglés y francés (que se habrán descrito en la primera parte del trabajo).

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3 – Introducción: el marco imperialista-colonial general.

Para analizar la situación de las posesiones coloniales europeas al final de la 2ª Guerra mundial hay que recordar, ni que sea brevemente, cómo y porqué se produjo el proceso de colonización.

Las grandes revoluciones americana y francesa de principios del Siglo XIX (entendido este de manera amplia) han abierto paso a los procesos revolucionarios europeos de la primera mitad de dicho siglo. El nacionalismo y el liberalismo, unas veces aliados y otras en claro conflicto (al menos, ideológico) han conformado la historia europea de ese período, y, paralelamente, la incorporación de la burguesía a los resortes reales de poder (económico y político) ha sido imparable.

El desarrollo de la economía europea del último tercio del Siglo XIX se basa en gran medida en un proceso de acumulación de capital, de concentración de los procesos industriales y de incremento del poder de los bancos, que da lugar a la aparición del “imperialismo” en el sentido “moderno” del término. Efectivamente, en épocas anteriores los europeos ya han colonizado otros territorios allende sus fronteras, ya han creado “imperios” políticos con repercusiones económicas evidentes, pero la situación actual es diferente, y el concepto de “imperio” también lo es. Para dar salida al capital acumulado es necesario ampliar el ámbito territorial del mercado, y es también necesario ampliar la base demográfica que lo sustenta. Las colonias tradicionales “se han quedado pequeñas” y su papel convencional de generadoras de materias primas y de pequeñas consumidoras de bienes metropolitanos manufacturados ya no es suficiente para absorber el capital que la boyante actividad económica europea está generando.

Así pues, a partir de 1875 (por marcar un inicio...) Europa acuña un nuevo concepto -en muchos sentidos, “global”- y lo pone en práctica de manera rápida y eficaz. Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Holanda... entran en una dinámica de expansión territorial colonial, no exenta de rivalidades entre ellas, y que será otro de los factores a tener en cuenta en el comienzo del conflicto de 1914. El imperialismo se hace en gran medida “imperialismo nacionalista”, aglutinador de todo tipo de ideologías, y con algunos tintes racistas o, al menos , xenófobos.

La expansión colonial se dirige desde Europa hacia los dos continentes que tiene a su alcance, Asia y África, unas veces basándose en situaciones coloniales previas y otras partiendo desde cero. Debe aquí hacerse una referencia a la cuestión tecnológica, muchas veces descuidada en los estudios históricos: los conocimientos técnicos europeos, su capacidad industrial y logística, su desarrollo militar... hacen posible la expansión territorial que se emprende sin encontrar, en general, una resistencia eficaz por parte de los habitantes de los territorios invadidos.

Puede decirse, en resumen, que el reparto colonial fue una consecuencia inevitable del imperialismo europeo, nacido a su vez de la revolución industrial. Este enfoque de tipo económico se ha visto complementado, más recientemente, por otras componentes causales de tipo más político y geoestratégico. Sobre todo en el caso inglés, África fue un trampolín para la defensa de sus intereses más amplios en Asia. La importancia estratégica del Canal de Suez también suele citarse como una de los focos claves de la política británica en África, de la misma manera que los primeros intereses comerciales de Holanda en el Congo, o la utilización de la expansión colonial alemana como parte de la política centroeuropea de Bismarck. Y tampoco hay que olvidar el aspecto tecnológico de la cuestión: la medicina europea, sus medios de transporte, su logística comercial, su clara superioridad militar,... hizo posible lo que se hizo.

Pero una vez empezado el reparto colonial aparecen otro tipo de causas que inciden en su desarrollo, mantenimiento y culminación, y aquí es más fácil fijar alguna de ellas. La primera, interior: no hubo -no pudo haberla- una auténtica oposición indígena al reparto. De entrada, porque no hubo durante bastantes años nada a lo que oponerse. El reparto eran unas líneas sobre un mapa, que no implicaban nada concreto en la vida del día a día de la colonia. Posteriormente, cuando el reparto pasa del papel al territorio, la oposición indígena jamás tuvo lugar a gran escala, ni espacial ni temporal. En segundo lugar, el reparto se desarrolló hasta sus últimas consecuencias ya que no hubo ninguna intervención exterior -ni militar ni diplomática- que modificase la dinámica colonial emprendida, y así los países imperialistas tuvieron las manos libres para hacer el reparto que quisieron hacer, y que efectivamente hicieron.

En el proceso de expansión imperialista, que no podemos comentar más aquí, encontramos algunas líneas generales que es conveniente precisar para situar el marco de los hechos posteriores: en primer lugar, es un proceso rápido, muy rápido en realidad. En segundo lugar, es un proceso sin grandes sucesos bélicos (que no sin violencia), como podía esperarse dada la escala continental a la que se produce. Y en tercer lugar podemos decir que es un proceso en dos fases, una sobre el papel, realizando una partición sobre una abstracción en el mapa, y otra sobre el territorio, que dio contenido a posteriori a las decisiones tomadas previamente.

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4 – El proceso de descolonización: las independencias.

Dejando de lado las primeras descolonizaciones “históricas” (como por ejemplo la de las colonias inglesas en América del Norte a finales del siglo XVIII, o las de Latinoamérica en el XIX), podemos hablar de cuatro etapas1 claramente diferenciadas en el problema que nos ocupa. Una primera etapa, ya comentada en el punto anterior, de formación masiva de propiedades coloniales (especialmente por los europeos -pero no sólo por ellos- y especialmente en África y Asia -pero no sólo en ellas-). La segunda etapa abarcaría el período entre las dos guerras mundiales, las décadas entre 1920 y 1940, en las que se empieza a gestar una clara conciencia nacional en las colonias, sentimiento que se realimenta con el cambio de la visión que la colonia tiene de la metrópoli debido a las vicisitudes de la G.M. I. El tercer período a considerar se concentra en el corto -relativamente hablando- intervalo de la 2ª Guerra mundial. El esfuerzo bélico de las colonias, su participación humana y material en el conflicto, marcan un antes y un después en las actitudes frente a la dominación colonial, tanto por parte de los dominados como de los dominadores. Y por último, al acabar la 2ª Guerra mundial se inicia el proceso concreto de independencia descolonizadora, con una rapidez que nada tiene que envidiar a la rapidez con la que se crearon las colonias entre 1875 y 1914. Efectivamente, en 1950 se puede dar por acabada la descolonización en Asia (a excepción de Vietnam), en África se cierra el proceso en los primeros años 60 (independencia de Argelia en 1961, p. ej.), en 1975 EEUU abandona Vietnam... poco queda después de este momento sin que se haya formalizado una “independencia” al menos teórica2 respecto a la antigua metrópoli. Es conveniente fijarse en que todo el proceso de colonización-descolonización dura apenas un siglo, turbulento ciertamente, pero un período “corto” en el devenir de la Historia de la humanidad.

Dado que el objetivo de este trabajo debe centrarse en las relaciones entre la descolonización y la Guerra fría3, de las cuatro etapas descritas anteriormente destacaremos la última, la que empieza al final de la 2ª Guerra mundial. Los procesos de independencia que tendrán lugar en esta etapa se enmarcan en un mundo recién salido de un conflicto de una intensidad sin precedentes, con unas consecuencias económicas y demográficas de una escala nunca vista, y en el que se van a dar dos períodos muy diferenciados. Inicialmente, la descolonización cuenta con el apoyo de las dos grandes potencias que han emergido después -o mejor, durante- la guerra, EEUU y la URSS. Por motivos diferentes, ambos países apuestan inicialmente por un apoyo decidido a la descolonización. Sin embargo, no tarda mucho en cambiar esta actitud debido a la gran bipolarización que se produce pivotando sobre esas dos potencias4, de manera que la descolonización deja de verse como un fin en sí misma y se convierte en un arma más de la lucha política y económica entre los antiguos aliados.

Sin entrar en el detalle de todas las independencias conseguidas en el períodos que estamos estudiando, sí puede hacerse un resumen de ellas con el objetivo de que nos sea útil cuando confrontemos la descolonización con los avatares de la Guerra fría

Un grupo de independencias puede centrarse en las que fueron colonias de países perdedores de la 2ª Guerra mundial, como Japón e Italia, que perdieron sus propiedades sin muchos más trámites, revertiendo la situación de las colonias a la etapa previa a la dominación.

Los ganadores de la G.M., como Gran Bretaña, Francia o Rusia hicieron un intento, un tanto llevados por la inercia de la situación anterior, de mantener sus imperios coloniales. Pero nada era igual que antes de la guerra, y ese intento tropezó frontalmente con las nuevas situaciones y actitudes creadas en las colonias, en las que la visión que se tiene de la metrópoli es radicalmente diferente que antes del conflicto. Por otro lado, no se puede olvidar que en el marco del desarrollo económico de la época el sistema colonial empezaba a no encajar adecuadamente, y muchas veces el coste de mantenerlo era superior a los beneficios que de él se obtenía, lo cual también fue un motivo para que la descolonización se llevase a efecto sin demasiadas resistencias, aunque hubo matices en esta actitud; la descolonización llevada a cabo en las propiedades inglesas y francesas siguió un camino un tanto diferente en cada uno de esos entornos, y es por ello por lo que suele hablarse del “modelo de descolonización” inglés o francés.

Desde la óptica de Londres, se reconoció rápidamente que la descolonización iba a ser un proceso irremediable, al que era inútil oponerse, y frente al cual lo más pragmático era intentar conseguir el mantenimiento de una cierta influencia política, con el reforzamiento de los lazos e intereses económicos entre la colonia y la metrópoli. La flexibilidad mostrada por Gran Bretaña facilitó enormemente la transición hacia la independencia en sus antiguas posesiones -la India, un auténtico polvorín, es una buena muestra de ello- y posibilitó ese objetivo de mantener las relaciones desde este otro punto de vista. La creación y posterior consolidación de la Commonwealth es la plasmación concreta de este modelo inglés de descolonización, que sin duda estuvo estimulado por la gran tradición y experiencia diplomática del Foreing Office inglés, y por el hecho de que las colonias inglesas sufrieron especialmente el conflicto de la 2ª Guerra mundial, con el fuerte cambio de las mentalidades hacia el estatus colonial que ello supuso.

Por el lado francés las cosas no discurrieron por el mismo camino, y si antes hablábamos de “flexibilidad” ahora habría que hacerlo de “intransigencia”. La resistencia francesa a la pérdida de sus colonias le llevó a enfrentarse a ellas en conflictos intensos y sin una auténtica perspectiva de éxito. La guerra de Indochina -continuada por los EEUU tras la retirada francesa- o la guerra en Argelia son dos buenas muestras de este otro modo de hacer. A diferencia del caso inglés, las colonias francesas no estuvieron tan implicadas territorialmente en el conflicto armado, constituyendo así una “reserva” en la retaguardia de la Francia Libre, que se intentaría, inútilmente, conservar, retrasando el inevitable final durante una década.

En resumen, la descolonización fue fruto de un cierto debilitamiento y desistimiento de las potencias coloniales, de la ascensión de los sentimientos -e intereses- nacionalistas, ideológicamente antiimperialistas, y también de la situación política general del momento, en plana “guerra fría”, situación a la que vamos a dedicar el siguiente punto.

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5 – La Guerra fría: la política de bloques.

Al principio del trabajo presentado en la PAC2 de esta asignatura se decía:

Simplificando, puede hablarse de un bloque occidental, bajo la guía y tutela de los Estados Unidos de América, y de un bloque oriental liderado por Rusia, en aquel momento, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Las “relaciones” entre ambos bloques son bien tirantes, y se instaura entre ellos una “guerra fría5” que va a orientar y condicionar la historia del mundo hasta (simbólicamente) la caída del muro de Berlín en 1989.”

Se trataría ahora de describir con algo más de detalle los hechos fundamentales de esta época de Guerra fría para poder relacionarlos posteriormente con el proceso de descolonización.

➊Los inicios de la situación política mundial que ha convenido en llamarse “la guerra fría” pueden situarse ya en los últimos meses de la 2ª Guerra mundial, y en la inmediata posguerra. Efectivamente, EEUU y la URSS acaban la lucha armada con un sentimiento “tangible” y ostensible de liderazgo a escala mundial. EEUU se sabe poseedora de la clave “material” de la victoria, mientras que la URSS sabe que ha aportado la clave demográfica y territorial esencial para vencer al ejército alemán. Esta situación de enaltecimiento de la propia importancia se proyecta sobre el mundo occidental por parte de EEUU y sobre el antiguo imperio zarista y países limítrofes por parte de la URSS. La partición de Alemania y la “micropartición” de Berlín marca la “frontera mental” entre ambas potencias, y el recelo mutuo sobre los supuestos afanes expansionistas llevan a cada una de ellas al enfrentamiento con la otra. Ha empezado una guerra, efectivamente, pero de otra clase. El enfrentamiento no va a ser armado -al menos directamente entre ellas- sino económico, social e ideológico. Cabe decir que si en el principio de la Guerra fría se observa claramente la “responsabilidad” (o irresponsabilidad) de ambos contendientes, rápidamente es EEUU quien eleva el tono de amenaza, de “apocalipsis” justificatorio de la situación, yendo la URSS un tanto a remolque.

➋Por parte de EEUU y sus “aliados” existía un cierto miedo a una recesión económica y política, en algún modo similar a la producida después del conflicto de 1914, pero de alcance mucho mayor dada la situación de Europa especialmente al acabar la 2ª Guerra mundial. Se veía desde esta óptica occidental a la URSS como una potencia fuerte, reafirmada en sus ideas revolucionarias de alcance mundial, vencedora del fascismo en su propio territorio. La respuesta a esta situación, que en principio no tenía porqué haber conducido a un enfrentamiento, pasa por el establecimiento de una línea ideológica que se demostrará irreductible, un “primer mundo” occidental, democrático, estable en lo económico y en lo político, frente a un “segundo mundo”, autocrático, de partido único, supuestamente revolucionario. En los dos bloques en que se divide la política mundial se observa también el clásico recurso al “enemigo exterior” para la justificación de muchos intereses económicos y políticos internos.

➌La situación de enfrentamiento entre ambos bloques se ve frenada de inmediato por la irrupción en la escena militar y política del armamento atómico, que impide el conflicto directo entre las potencias nucleares. Paradójicamente, el arma “definitiva” se convierte en un paralizador del conflicto militar a escala mundial, y las tensiones entre los dos bloques derivan hacia otros objetivos, tanto político-económicos como de conflictos armados locales, en los que los dos bloques dirimen diferencias sin un enfrentamiento directo de consecuencias inimaginables. La carrera de armamento, tanto nuclear como convencional, empieza a pesar fuertemente sobre las economías a escala global, y será la semilla del fin de la Guerra fría por agotamiento de la capacidad económica de los contendientes, tanto de la URSS como, de manera menos evidente, de los EEUU.

➍La intensidad de la Guerra fría, muy fuerte inicialmente, no fue la misma en todo el período estudiado, notándose una cierta “distensión” en la década de los años 60. Sin embargo, la década de los años 70 ve un recrudecimiento de las tensiones internacionales, provocada por la crisis energética del petróleo, por las implicaciones de la guerra de Vietnam y por la guerra del Yom Kippur en el polvorín del Oriente Próximo. Los escenarios de enfrentamientos locales se multiplican (Afganistán), las situaciones políticas de países clave en las estrategias internacionales sufren continuos cambios (caída del Sha en Irán y subida al poder del ayatola Jomeini), y la situación internacional puede considerarse fuertemente deteriorada. En particular, la URSS ha entrado en un proceso de desgaste económico superior a sus capacidades de gestión de los recursos disponibles, y es en este marco en el que aparece la figura de Mijail Gorvachov, que juntamente con Ronald Reagan escenifican el -provisional al menos- fin de la Guerra fría.

➎La Guerra fría polarizó totalmente la política internacional (y tuvo una gran influencia en las políticas internas), hizo tabla rasa de las antiguas formas de enfrentamientos bélicos, y produjo una perniciosa paralización de la evolución política mundial que podría haberse producido sin ella. La carrera de armamento, la enorme producción de armas de todo tipo para vender a no importa quién, es uno de los más pesados lastres que la Guerra fría ha dejado detrás suyo, juntamente con un debilitamiento de las estructuras políticas internacionales, un vacío de liderazgo en ambos bloques, y una confusión generalizada acerca de los objetivos y enfoques de una política internacional compatible con las ideas de progreso que parecían firmemente establecidas en la segunda mitad del Siglo XX. Con la Guerra fría acaba, indudablemente, toda una época.

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6 – La descolonización en el marco de la Guerra fría.

Hemos visto en los dos puntos anteriores cómo, al finalizar la 2ª Guerra mundial, empiezan de manera quasi-simultánea los dos fenómenos que nos ocupan, la Guerra fría y la fase de formalización de independencias en el proceso de descolonización que se produce a escala mundial. Dada esa simultaneidad tan llamativa, cabe preguntarse en primer lugar si cualquiera de los dos fenómenos fue la causa del otro. Huyendo, como siempre, de la “causa única” de los acontecimientos históricos, la respuesta a la pregunta debe ser “no” en las dos direcciones. Por un lado, el conjunto de causas que llevaron a la Guerra fría y que hemos analizado en el punto 3 de este trabajo, son en gran manera independientes y previas al inicio de la fase de la descolonización que le es coetánea. Y al contrario, la descolonización, si bien se acelera al acabar la 2ª Guerra mundial, ya había plantado sus raíces anteriormente, y por motivos (vistos en el punto 2 de este trabajo) en los que no aparecía la rivalidad entre las dos potencias principales.

➊Dicho lo anterior, no hay que concluir sin embargo que fueran fenómenos absolutamente disjuntos. Si bien es cierto que la descolonización en este período “arrancó” de manera independiente de la existencia o no de enfrentamientos entre las superpotencias, no es menos cierto que ese enfrentamiento entre ellas se “apropió” en gran manera del proceso de descolonización, convirtiéndolo en un arma más de la confrontación.

Hay que señalar que al inicio del período estudiado, ambas superpotencias apoyan decididamente -y de momento, “desinteresadamente”- los procesos de descolonización. Por un lado, EEUU no ha perdido de vista todavía sus orígenes de ex-colonia, y no puede por menos que apoyar procesos similares. Por el otro lado, la proyección externa de la URSS, su internacionalismo declarado, le obliga en gran manera a adoptar una actitud favorable a la descolonización, siempre en el marco de la “liberación” de los pueblos.

Esta situación de apoyo teórico a la descolonización no tarda en ser sustituida por la actitud -más pragmática- que imperará durante toda la duración de ambos procesos: por un lado, EEUU usará la descolonización como un arma para la contención de la “amenaza” comunista (real o imaginada); por otro lado, la URSS utilizará también la descolonización como un elemento de extensión de su ámbito de influencia, pero sin buscar realmente una expansión territorial formalizada. La diferencia de enfoque ante la descolonización era clara, los EEUU actúan siempre que ven la posibilidad de que algún país -especialmente de los que se van creando nuevos- entre en la órbita de influencia comunista, siempre pensando en la amenaza expansionista de la URSS. Esta, sin embargo, es mucho menos “agresiva” en este orden de cosas, ya que en realidad piensa que el capitalismo, agudizando sus contradicciones internas, caerá por sí solo de manera inevitable.

La política de ambas potencias de atraer hacia sus respectivos ámbitos de influencia a los nuevos países descolonizados puede decirse que tuvo un éxito relativo solamente. Los países que iban surgiendo al acceder, de una manera u otra, a la independencia formal, se encontraban con una serie de problemas muy similares, organizativos en lo político y de falta de recursos en lo económico. Esa similitud en las dificultades empieza a conformar en esos países una conciencia de grupo, y nace así lo que se convino en llamar “el tercer mundo”, en contraposición con los otros dos “mundos”. Estos países, que hubiese sido razonable que se hubieran integrado lo más formalmente posible en alguno de los dos bloques preexistentes, adoptan sin embargo una postura de “no alineación”, intentando apartarse lo más posible de los conflictos entre bloques, de manera que éstos no experimentan una expansión territorial tangible. Por descontado, esa “no alineación” era muchas veces un intento de obtener las mayores ventajas posibles de cualquiera de los dos bloques, y otras veces era puramente teórica, como los ejemplos Egipto/URSS y Iran/EEUU ponen claramente de manifiesto.

La Guerra fría utilizó también la descolonización como una “válvula de escape” de las tensiones entre bloques, generando conflictos armados locales (Vietnam es un ejemplo extremo de ellos), introduciendo fortísimas tensiones económicas debidas en gran parte al gasto militar, observándose un desplazamiento de escenarios de conflicto hacia ese tercer mundo emergente (Afganistán, caída del Sha en Iran) dado que la situación en Europa está completamente “congelada” por la total bipolarización de la política de bloques.

La referencia al gasto militar de los países descolonizados durante la Guerra fría no es sólo significativa en cuanto a la economía se refiere, ya que desde el punto de vista político también tuvo una gran trascendencia la enorme inversión en armamento que se produjo en los países surgidos de la descolonización. Ejemplos como Argelia, Libia, Siria,... ponen de manifiesto hasta qué punto la política de un país era influenciada por la compra -que no siempre el uso- de material bélico. Las excolonias se veían sometidas a unas fuertes tensiones entre sus fines deseados y sus recursos posibles, y la situación de inestabilidad que ello conllevaba se paliaba con el recurso a la militarización más o menos encubierta. Los dos países hegemónicos tuvieron en ello una responsabilidad parecida, y una de las principales maneras de atraer a su órbita a los nuevos estados adoptaba la forma de “ayuda” militar. Esa hipotética ayuda no era en realidad más que una manera de “atar” al país en cuestión, ya que los repuestos, la sustitución del material obsoleto, la munición, la formación,... debían buscarse posteriormente en el país de donde había salido la ayuda, lo que hacía difícil el cambio de un bloque a otro.

➋ El fin de la descolonización -aunque no de las dependencias- se produce unos años antes del fin de la Guerra fría. En los últimos años de esta, una cierta “coexistencia pacífica” ha tomado el relevo en las relaciones internacionales y, habiendo acabado prácticamente todos los procesos de independencia, la situación internacional entra, de la mano de Mijail Gorvachov y Ronald Reagan, en una época diferente. Atrás queda la bipolarización del mundo en dos grandes bloques, atrás queda la amenaza nuclear, la división de mundo tal como se había conocido hasta entonces. Una “globalización” de intereses, actitudes y procedimientos en casi todos los ámbitos -especialmente el económico- hace difuminarse hasta el propio concepto de “frontera”, de manera que muchos países surgidos en la segunda mitad del Siglo XX se ven abocados a una situación de supervivencia bastante compleja en el entramado de intereses económicos mundiales.

Y en esos países nacidos de las antiguas colonias, el fin de la Guerra fría supone un drástico recorte de ayudas, proyectos de cooperación y desarrollo, un cierto “abandono” en suma, que junto con la enorme cantidad de armas existentes en todos ellos, supone una triste herencia de toda la historia de la colonización y la descolonización.

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7 – Una descolonización pendiente: el Sáhara español.

En la última parte de este trabajo se nos propone el estudio de un caso de descolonización “pendiente”, el de la antigua colonia y provincia española del Sáhara. En efecto, la situación del territorio del Sáhara Occidental, que constituye el núcleo principal (de una extensión del 50% de la Península Ibérica) de las (ex)colonias españolas en África, no deja lugar a dudas: la ONU reconoce que España sigue siendo la potencia administradora del territorio, y el Tribunal Internacional de la Haya no reconoce ninguna soberanía marroquí sobre la zona. España, de manera un tanto increíble, cedió unilateralmente su provincia del Sáhara a Marruecos y Mauritania mediante el Acuerdo de Madrid6 (14 de noviembre de 1975, seis días antes de la muerte del dictador Franco), acuerdo que no tiene ningún valor jurídico a nivel internacional, y que ha puesto a la excolonia en una situación de impasse cada vez menos sostenible.

➊La historia del Sáhara español nace a finales del Siglo XIX, cuando se empieza a gestar el reparto colonial del continente africano. España realiza algunas expediciones en la zona (después de la Conferencia de Berlín, 1885) movida en parte por su interés en rehacer sus posesiones africanas, en parte por las posibilidades de defensa de las Islas Canarias desde la costa africana, y en parte por los crecientes intereses pesqueros en el banco sahariano. Junto con Francia, España se reparte Marruecos, y antes de la 1ª Guerra mundial en el Norte de Marruecos (junto con Ifni) se adopta la forma jurídica clásica del protectorado. Más al sur, en el Sáhara, la presencia española se va haciendo cada vez mayor; en 1934 se funda El Aaiun, que será la capital del territorio colonial, y la población saharaui comienza un proceso de sedentarización, implicándose en trabajos mineros y pesqueros, así como entrando a formar parte de las tropas auxiliares españolas, las denominadas “Tropas Nómadas”.

➋En el proceso general de descolonización posterior a la 2ª Guerra mundial, ya estudiado en los puntos anteriores de este trabajo, le llega el turno a Marruecos. Francia y España devuelven la soberanía plena del territorio marroquí a la monarquía alahuita en 1956, acabando así el protectorado español en la zona. España se queda con Ceuta, Melilla, Ifni, el Sáhara Occidental y algunos islotes rocosos en la costa marroquí (el llamado Isla Perejil se haría famoso muchos años después...)

Marruecos, dirigido por el monarca alahuita Mohammed V (al que sucedió Hassan II en 1961), comienza la larga serie de presiones para recuperar los territorios que España aún controlaba. A las aspiraciones territoriales de Marruecos se suma Mauritania, que también reclama todo o parte del Sáhara por el sur (en 1963 la ONU desestima esa petición mauritana). El enfrentamiento bélico en Ifni de 1957/1958 (que militarmente lo gana España, con ayuda francesa, pero que acaba con una cesión territorial a Marruecos, la de la Franja de Tarfaya) es el inicio de la devolución de ese pequeño enclave a Marruecos en 1969. En esa fecha, mediante el Tratado de Fez, se da cumplimiento parcial a la resolución 1965/2072 de la ONU, en la que se instaba a España a traspasar a Marruecos tanto Ifni como el Sáhara.

➌La resistencia española a la devolución del Sáhara a Marruecos se debía esencialmente a cuestiones económicas, centradas en el fosfato de Bu-Craa y en la pesca en el fértil banco sahariano. Las acciones emprendidas para ello fueron tres, en un crescendo administrativo que intentaba poner coto tanto a las aspiraciones de Marruecos como a los incipientes movimientos independentistas saharauis (Movimiento de Liberación Saharaui, creado por Mohamed Sidi Brahim Basiri en 1967). En primer lugar, en 1958-1958, se convirtió el territorio saharaui en una provincia más del estado español. En segundo lugar, en 1967 se crea la Yema'a, una asamblea de notables saharauis con funciones de representación ante España, que en plena dictadura franquista era más una cuestión de imagen que de auténtica representación. Por último, en 1974, y muy posiblemente bajo la influencia de los acontecimientos revolucionarios portugueses del momento y en el marco del final de la dictadura franquista, se aprobó un Estatuto de Autonomía para el Sáhara como un primer paso para una futura independencia, que no llegó a concretarse, como veremos a continuación.

➍Al anunciar España en 1975 (siguiendo las indicaciones de la ONU) la intención de realizar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara para establecer las condiciones de la independencia, este llevó la cuestión al Tribunal Internacional de La Haya (juntamente con Mauritania), que no les reconoció sus aspiraciones de anexionarse directamente el territorio saharaui, como pretendían. En esta escena se había añadido en 1973 la fundación del Frente Polisario, movimiento sucesor en gran medida del anterior MLS. El Polisario se enfrenta a España ya que es la potencia colonizadora, pero también se enfrenta a Marruecos, que no esconde en absoluto sus intenciones de anexión pura y dura.

➎Cuando en mayo de 1975 se inician los trabajos de la ONU para llevar a cabo el referéndum de autodeterminación (ya que España ha renunciado a ello por la confusa situación de su política internacional en los meses finales de la dictadura), se ve claramente que el resultado no puede ser otro que el de la independencia del territorio, por lo que las presiones marroquíes (tanto directas como a través del lobby que tiene en Madrid) crecen día a día. EEUU no es en absoluto ajeno a esta cuestión, ya que estaba interesado en una cierta “neutralización” de la zona, y no podía aceptar la creación de un nuevo estado “socialista” en la región, en la esfera de influencia de Argelia que en aquel momento es muy poco pro-occidental. A medida que la situación política en Madrid empeora, y con todas las presiones imaginables, la diplomacia española -que aún pretendía mantener una cierta “dignidad” en el proceso- se ve desbordada por la realidad de los intereses de todo tipo que están en juego, y no tiene más remedio que, sencillamente, abandonar el Sáhara. El detonante es lo que convino en llamarse la “Marcha Verde”, un amago de ocupación civil del territorio, que no llegó a completarse ante la rendición de España a todas las pretensiones marroquíes. Los llamados “Acuerdos de Madrid” firmados en noviembre de 1975 por las tres partes en litigio, España, Marruecos y Mauritania, formalizan el abandono de la excolonia, que debe recordarse que en ese momento tenía el status de provincia española como cualquiera de las otras. Pocos días después de esos acuerdos fallece el dictador Franco -que había mantenido, en la medida de sus posibilidades, una actitud antiabandonista, y el Príncipe Juan Carlos -Jefe de Estado en funciones en el momento de abandono definitivo del Sáhara- se convierte en el Rey Juan Carlos I, inmediatamente después de haber perdido un tercio del territorio español y unos centenares de miles de españoles del Sáhara.

➏Tras el abandono del territorio por parte de España, Marruecos lo ocupa rápidamente (Mauritania le cede en 1980 su parte ante la situación interna suya, que le hace imposible el mantenimiento de la ocupación), enfrentándose a la población saharaui, con un importante número de bajas. Se genera en este momento una dinámica de huida del territorio ante la presión marroquí, y Argelia acoge a un buen número de saharauis en campamentos de refugiados que han perdurado hasta la actualidad. El Frente Polisario, tras gestionar ese éxodo en la medida de lo posible, mantiene una lucha armada desigual y sin futuro contra las fuerzas armadas reales de Marruecos (FAR), que en ese momento han vuelto de sus aventuras en el Oriente lejano y son enviadas al Sáhara por Hassan II para su “neutralización”. En 1976 el Polisario proclama la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) que se convertirá en estado miembro de la OUA en 1984.

➐El Frente Polisario, con ayuda argelina y libia, mantiene una lucha de guerrilla en el desierto contra Marruecos, que mientras tanto va poblando el territorio saharaui con población marroquí para obtener así el control definitivo en caso de celebrarse el referéndum de autodeterminación que la ONU -en teoría- sigue preparando. La situación militar se deteriora pronto, dada la enorme capacidad que Marruecos va desarrollando a base de las ayudas internacionales que va consiguiendo, y en 1991 se pacta un “alto el fuego” entre el Polisario y Marruecos (hoy ya con el sucesor de Hassan II, Mohammed VI) que perdura hasta el momento actual.

➑La situación del Sáhara español presenta un panorama sombrío bajo cualquier punto de vista que se considere. En lo militar, el Polisario ha perdido la posibilidad -si es que la llegó a tener realmente en algún momento- de conseguir la independencia por la fuerza de las armas. En lo social, la población vive dividida entre los campamentos de refugiados en la hamada argelina cerca de Tinduf, los “Territorios ocupados”, el propio Marruecos, la excolonia española,... en una situación de dispersión poblacional que hace inviable cualquier tipo de presión por su parte. En los últimos años se ha producido, además, una clara ruptura generacional en el pueblo saharaui, diferenciándose el comportamiento, la actitud y los intereses de los saharauis que sufrieron los primeros años del exilio respecto a los más jóvenes, que ya han desarrollado toda su vida en un entorno de desarraigo y sin referentes históricos que puedan servirles de elemento de cohesión. En lo económico, el panorama es desolador, y los saharauis refugiados en Argelia viven simplemente de la caridad mundial, sin ninguna posibilidad de desarrollo de una economía propia por mínima que fuese. En lo político, el “equilibrio” alcanzado beneficia a todas las partes (haciendo abstracción, evidentemente, de la población civil propiamente dicha). Marruecos tiene en sus manos el control económico de la producción de fosfatos y de la riqueza pesquera, y de una hipotética presencia de petróleo. Además, utiliza -de una manera bien clásica- el conflicto del Sáhara como un elemento de contención de su auténtico problema interior, el del pueblo bereber en el noreste de Marruecos. Por si fuera poco, los campamentos de refugiados presionan a Argelia, competidor local de Marruecos, quien tiene así una cierta presencia en los asuntos argelinos. Pero en Argelia la situación está viviéndose también como un elemento distorsionador de la política marroquí, y le interesa mantenerla así, apoyando al Frente Polisario. Y no hay que olvidar la nada desdeñable cifra de negocio que le supone el paso por su territorio de toda la ayuda internacional dirigida hacia los campamentos saharauis. Lejos de la zona, EEUU mantiene a través de un punto de presión y control, habiendo apostado fuertemente por la monarquía alahuita como aliado en la zona. La ONU en teoría sigue “preparando” el referéndum de autodeterminación, paralizado aparentemente por una cuestión censal, pero que en la práctica es impensable que pueda llegar a producirse dada la situación creada internacionalmente en la zona, al menos hasta que su resultado sea el que Marruecos y sus aliados desean que sea.

Punto y aparte se merece la actuación de la potencia colonizadora. La abdicación unilateral de España de sus responsabilidades administrativas, jurídicas y éticas en su antigua provincia es difícil de calificar, y desde luego no se encuentran demasiados ejemplos de una actuación similar (el comportamiento de Portugal en Timor, al menos en una primera fase de la descolonización, podría parecerse un tanto). Dos son los puntos que siempre se tratan cuando se intenta explicar el porqué de la actitud española -de “todos” sus gobiernos democráticos desde la muerte de Franco y abandono del Sáhara en 1975. En primer lugar, la gestación del conflicto en un momento caótico de la política española, con un dictador en el lecho de muerte y un sucesor de ese dictador con el enorme problema de “credibilidad” ante un país que le ve como una imposición póstuma de la dictadura. Salvada esa fase, España tiene en realidad las manos atadas ante el conflicto del Sáhara. Desde un punto de vista geopolítico, EEUU ha tomado partido por Marruecos en la zona, y difícilmente la política española puede superar ese hecho. A una escala más local, Marruecos tiene frente a España una batería de “argumentos” incontestables: Ceuta, Melilla, Las Islas Canarias, el control de la emigración marroquí hacia España, la inversión española en Marruecos, los acuerdos pesqueros en en banco atlántico saharaui/marroquí... frente a estas “razones”, la capacidad de maniobra de los gobiernos españoles ha sido -y muy posiblemente, lo siga siendo- nula. Dejando de lado “la razón de estado”, al menos la población española ha dado muestras sobradas de un comportamiento ético y solidario irreprochable a través de decenas de asociaciones de ayuda al pueblo saharaui. Esas asociaciones se mueven entre la indiferencia de los gobiernos españoles, la hostilidad de Marruecos y el aprovechamiento de Argelia, y su actuación adolece siempre de una seria falta de coordinación y de objetivos a medio/largo plazo, con lo que es cuestionable que se esté ayudando a una auténtica recuperación más allá de la indudable labor humanitaria a escala personal que realizan.

➒Este proceso de “no-descolonización” que España ha seguido en su territorio del Sáhara es difícilmente comparable con los modelos de descolonización francés e inglés que ya hemos visto en el punto 2 de este trabajo. Desde luego, no es comparable con el modelo inglés, en el que las acciones diplomáticas lograron suavizar los aspectos más conflictivos de la descolonización. España retrasó lo más posible la descolonización del Sáhara (a diferencia de lo sucedido en las posesiones inglesas), y sólo la llevó a cabo -o no la llevó, tal como hemos visto- cuando ya no hubo más remedio, y sin que la diplomacia lograra dar al menos una apariencia de corrección jurídica al proceso. También es muy diferente lo que consiguió España al irse del Sáhara si lo comparamos con los lazos económicos y la influencia política que Inglaterra conservó en muchas de sus ex-colonias, con la Commonwealth como referente. Inglaterra cerró su proceso de descolonización con todos los problemas que se originaron, pero lo hizo de una manera esencialmente coherente y procurando, al menos a medio plazo, volver a relacionarse con sus colonias. Nada de ello hizo España con el Sáhara, simplemente “sacrificado” por la mezcla que ya hemos comentado de confusión política en la transición a la democracia y posterior interés obligado en otras zonas más prioritarias.

Tampoco se encuentran demasiados puntos de contacto con la manera de hacer francesa, más intransigente y tardía que la inglesa. Es cierto que en la guerra de Ifni Francia y España pelearon codo con codo contra Marruecos, pero no es la política de enfrentamiento militar la que predomina en el Sáhara, como podía predominar en la Indochina francesa. En efecto, la poca oposición armada que el Frente Polisario pudo hacer frente a España entre 1973 y 1975 no es en absoluto comparable a lo sucedido en Dien Ben Fu, por ejemplo. De hecho, España peleó poco contra su colonia. A diferencia de lo sucedido en las colonias francesas e inglesas, la presión para que se iniciase la descolonización venía más de un país exterior (de Marruecos más que de Mauritania) que del propio Sáhara, canalizada esa presión a través del Polisario. En los meses que precedieron a la salida española, la guarnición española alternaba a Marruecos y a al Frente Polisario como enemigos a controlar, situación que se había dado pocas veces en otros procesos descolonizadores en los que el conflicto con la metrópoli se debía estrictamente al interés de la propia colonia.

➓Lo dificultoso de la comprensión del proceso descolonizador de España en el Sáhara estriba precisamente en esa situación de indefinición en la que se ha situado la política española frente a un proceso que está por acabar. Es difícil pensar que España pueda involucrarse de manera decidida en la resolución del proceso, y la ONU está dando también muestras claras de no saber/poder resolverlo. Hace más de treinta años que los habitantes ex-españoles del Sáhara viven fuera del tiempo y del espacio, y si no cambia significativamente la situación -algo imprevisible con los datos disponibles- es muy probable que en no demasiado tiempo el problema simplemente se disuelva en el olvido.

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8 - Biblio y webgrafia.

A)Los libros utilizados para realizar el trabajo se exponen a continuación, especificando los capítulos utilizados realmente. Se distinguen dos grupos diferentes, en función de para qué parte del trabajo se han usado:

A1)Documentación general:

1.-HOBSBAWM, E., “Historia del Siglo XX”, Crítica, Barcelona, 2007.

Cap. VII: “El fin de los imperios

Cap. VIII: “La guerra fría”

Cap. XII: “El tercer mundo

Cap. XV: “El tercer mundo y la revolución

2.-NOUSCHI, M., “Historia del Siglo XX. Todos los mundos, el mundo”, Cátedra, Madrid, 1999.

Cap. VII: “Tiempos gloriosos

3.-SANTACANA I TORRES, C., “La descolonització”, UOC, 2008.

Documento completo

4.-TORTELLA, G., “La revolución del Siglo XX”, Taurus, Madrid, 2000.

Cap. XI: “El tercer mundo”

     5.-VEIGA, F., “El món d'entreguerres”, Mòduls didàctics de l'assignatura “Història contemporània II”, Ed. UOC, Barcelona, 2002.

Mòdul 3: “Aparició, apogeu i atenuació de la primera guerra freda. La descolonització: 1945-1973”

Mòdul 4: “La segona guerra freda. Orígens, desenvolupament i final: 1974-1991”

      6.-VILLARES, R. y BAHAMONDE, A., “El mundo contemporáneo, Siglos XIX y XX”, Taurus, Madrid, 2001.

Capítulo XV: “Vientos de libertad. Los procesos de descolonización”

     7.-SÁNCHEZ CERVELLÓ, J., “Descolonización y surgimiento del Tercer Mundo”, Hipòtesi, Barcelona, 1997.

Libro completo


A2)Documentación sobre el Sáhara español:

       8.-BÁRBULO, T., “La historia prohibida del Sáhara español”, Destino, Barcelona, 2002.

Libro completo

Se ha evitado, a lo largo del trabajo, poner citas concretas a estos textos a pie de página, para facilitar la lectura. En realidad, se han trabajado a fondo para la primera parte del trabajo el libro de Hobsbawm, así como el documento de Santacana. El libro de Villares ha proporcionado algunas precisiones sobre el enfoque general del estudio de la descolonización, y el de Tortella ha hecho lo mismo para la guerra fría. La obra de Sánchez, pese a su brevedad, ha sido extremadamente útil para la comprensión del fenómeno descolonizador en su conjunto. El libro de Nouschi se ha leído -el capítulo referenciado arriba- pero no se ha incorporado en exceso al trabajo. En cuanto a la segunda parte del trabajo, concretada sobre el Sáhara español, se ha leído a fondo el libro de Bárbulo, se han hecho algunas consultas en la web, y se ha utilizado el conocimiento directo que el autor de esta PAC tiene sobre la cuestión del Sáhara.


B)La información utilizada basada en la WEB ha sido muy escasa en esta PAC3, dada la abundante y excelente bibliografía en papel de la que se ha dispuesto. Las referencias usadas ya se han puesto en su lugar correspondiente, y por su escaso número entendemos que no es relevante referenciarlas aquí de nuevo. Todos los enlaces se han comprobado a las 18h del 29 de mayo de 2008.


C)Por motivos personales, se dispone de un cierto volumen de información sobre la situación en el Sáhara en la actualidad, que ha intentado usarse con toda la prudencia debida, y con el solo objetivo de enmarcar correctamente el posible futuro de la descolonización aún pendiente.

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Los acuerdos de Madrid [de 1975] no han transferido la soberanía del Sáhara Occidental ni han otorgado a ninguno de los firmantes el status de potencia administradora, status que España no puede transferir unilateralmente.” (Resolución 2002/161 del Departamento Jurídico de Naciones Unidas7)

José Carlos Vilches Peña

En Vielha, a 29 de mayo de 2008

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9 – Notas en el texto.

1SÁNCHEZ, 1997, p.15

2“independencias dependientes” las titula Sánchez Cervelló.

4Ver el punto siguiente sobre la Guerra fría

5Un buen resumen cronológico puede verse en http://www.historiasiglo20.org/GF/index.htm

6Lo esencial de los mismos, junto con otros interesantes documentos, puede verse en http://es.geocities.com/rocioparasahara/DOCUMENTOS.HTM

7Puede verse el documento original, y su traducción, en http://www.arso.org/s-2002-161s.htm

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