CIELO E INFIERNO SEGÚN LA RELIGION CATOLICA

 
 
  EL CIELO...
 

El Cielo representa el poder gozar de Dios por toda la eternidad, el llegar al Cielo es el fin último que tienen los humanos. El concepto metafísico de Cielo es similar al concepto hindú de Nirvana, en el que el hombre está en armonía con Dios y puede observarle tal y como es.

El conocer a Dios implica alcanzar el máximo nivel de paz y felicidad individual,  esta paz interior no es igual que la satisfacción que se obtiene en la tierra ni por sentimientos  humanos ni, mucho menos, por placeres materiales. Va mucho más allá, es como todas esas sensaciones de felicidad que se puedan obtener en vida juntas, y además eliminando toda preocupación y malestar.

Esto es lo que nos cuenta el dogma cristiano, se cree que la simplificación del Cielo que ha llegado hasta nosotros, tratándolo como un lugar idílico y paradisíaco en el que sólo hay paz y felicidad sin ninguna carga física, es fruto de hacer comprender a todo el mundo el mensaje Católico sin entrar en complicaciones filosóficas que quizá sólo estaban al alcance de muy pocos.

De la misma manera, el tratar al Cielo como un lugar en el cielo físico es también una simplificación,  la Teología Católica descarta que el Cielo se encuentre físicamente en algún lugar accesible para los vivos, mucho menos en el firmamento. De hecho, según el dogma Católico, el Cielo no se encuentra físicamente en ningún sitio, el Cielo es el estado en el que los hombres, reencarnados en cuerpo y alma, conocen a Dios.

Según la Teología Católica, el Cielo no es sólo contemplación y conocimiento de Dios, que ya sería suficiente, sino que allí todos los agraciados con la vida eterna podrán participar en las tareas más gratificantes y placenteras para conseguir el plan divino de Dios.

 

 

 

 
 
  EL INFIERNO...
 

Del mismo modo que el Cielo no es un lugar físico, el infierno es su equivalente al que llegarán, según la tradición Católica, todos aquellos que no han cumplido con los mandatos de Dios en vida y, por lo tanto, estarán condenados a no conocer a Dios.
En la benevolencia divina cabe entender que sólo los que eran conscientes de estos mandatos son los que conocerán el Infierno como símbolo de rechazo de Dios.

El hombre es libre de actuar según el mandato de Dios o de hacerlo en contra, es decir, de tomar parte en el conocimiento final de Dios en el Cielo, o de darle la espalda y decidir no salvarse y acudir a un lugar privado de todo lo bueno que supone el Cielo.
Por lo tanto, todas las figuras retóricas del Infierno como un lugar en el interior de la Tierra lleno de fuego sólo suponen una simplificación para ser entendida por la gente, al igual que el Cielo. El verdadero infierno supone la condenación a no conocer a Dios y no poder hacer nada para remediarlo porque se perdió la oportunidad en vida.

El concepto teológico de Infierno es fundamental para la doctrina Cristiana, ya que la parte fundamental del dogma de fe cristiano recae en la creencia y convencimiento de que Jesús murió para mostrar el camino a los hombres para, primero, alcanzar a Dios en el Cielo y, segundo, librarse de la condenación eterna en los Infiernos. Por lo tanto, al igual que el Cielo, el concepto del Infierno supone la negación eterna de la salvación y, por lo tanto, no tiene marcha atrás. También, igual que en el caso del Cielo, está en manos de los hombres el alcanzar el Infierno o sortearlo.

En el Infierno el cuerpo del condenado también se reencarna, como ocurre en el Cielo, pero en este caso el cuerpo es igual que el que tuvo en vida y, por lo tanto, es susceptible de pasar dolor, enfermedades y fatigas.

 

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