Boca de Mujer

 Grave error el del poeta que decía:”Me gusta cuando callas…” 

BOCA DE MUJER

                     Por Sofía D’Andrea

A mis valientes compañeras de camino

MARIU

  Mariú se pinto los labios de rosado fuerte para subrayar cada palabra con ese color y dejar en evidencia que ese día solo importaba la boca, la que sólo puede decir en rojo porque eran retintas mentiras las que escuchó cada vez que buscaba a sus más queridos y, ahora, las esparce entre todos para que se sepa. ES mucho lo que tapó el silencio y la simulación.

  Alrededor de esa boca fucsia hay pequeños surcos de tantas veces que tuvo que apretar los labios para que no escape , contra esas  basuras en ropa de civil, un conjuro maléfico que consiga sacarlos de la faz de la tierra porque quería que llegaran ahí, donde ahora están.

  Prolijamente recapitula, ante el Tribunal,  el secuestro de su esposo  al que siguió su hermano y luego su cuñada con el niño en el vientre. Tres desapariciones y una apropiación es exagerado para un solo cuerpo.

  Se agita la caja sonora para subrayar las veces que jueces, curas y milicos se burlaron de los familiares haciéndolos jugar al gallito ciego: treinta  y cuatro años a tientas; rememora y emana de entre la lengua cada etapa desde los primeros pasos cuando  “de un gancho de carnicería colgaban las respuestas a los Habeas Corpus” hasta la búsqueda en el cuadro 33 del cementerio, desde su esposo hasta el sobrino apropiado. “Nos robaron la muerte” –dice- porque sus ausentes no fueron despedidos por quienes los amaron ni tienen un lugar entre los suyos;  ahora los está buscando en el “fondo de la tierra” –dice-,  para que la incertidumbre de sus destinos deje de cumplir años.

  Va a reconocer a uno de los secuestradores de su esposo. Tras el índice que señala, retumba un “es éste” y después: Eduardo Smaha Borzuk, el imputado a su derecha,  caracterizado de viejito inocente entrecierra los ojos, finge adormilado  que esa boca no lo está nombrando y se da por sorprendido cuando escucha su nombre.

  Ella es única para convocar a los compañeros y compañeras que están desaparecidos,  los lleva con ella adonde va y ellos la acompañan. A veces parece anidada por aquellas historias que renacen mágicamente en el escenario.

SILVIA

  Todo trago amargo que enjugó su lengua viene tronando en cada palabra pero va a simular neutralidad. La boca responde con  elasticidad a la razón, simplemente acompasa; el gesto cae en el entrecejo. Allí está todo el peso de la adversidad.

  “Delante del niño NO” reclamó pero la secuestraron junto con él, con la campera del chiquito la encapucharon.”Siento que la voz del niño se pierde… Nos separaron” Fue un alejamiento que duró años, cuando lo recuperó no le alcanzó el tiempo para abrigarlo.

  Es un ronquido lo que anida adentro y se deshilacha en palabras. Arrastra una pena inmensa que quiere echar afuera de una vez por todas para que no duela más.

  De pronto, desde más adentro de la boca arriba  la penumbra y el vaho del Departamento de Informaciones de la Policía –D2- llegó su mugre y la oscuridad, el ruido seco de los golpes,  los gemidos y el hambre, el metal, los sudores mezclado con el perfume hediondo de alguno de sus violadores.   Celebra haber reaccionado con la “amenorrea de guerra” que, por lo menos, la protegió del embarazo pero no la exceptuó de ser sometida una y otra vez a voluntad de cualquier basura. Le da asco tenerlos cerca, respirar a metros de ellos, sentir que comparte el mismo espacio; de entre las fauces saldrá un “todo era sucio…sucio...”.

   No está sentada frente al Tribunal sino sumergida en aquel pozo  y lo dicho es el eco del  dolor nunca reparado de treinta años compartiendo las calles con esa inmundicia que la humilló hasta el escarnio

Brama por dentro y un halo mezcla de dolor e ira sale rozando la lengua para relatar con rigurosidad y aparente distancia lo perdido y lo encontrado en seis años de cautiverio. Mira y habla de frente con la cabeza erguida  y los ojos bien abiertos  son como espejos redondos en los que se refleja lo vivido. Se sostiene valiente como desde el primer día para que se sepa la verdad de todo lo que ese cuerpo conoció.

  Después de declarar saldrá a la calle, habrá luz y abrazos sanadores, muchos compañeros y compañeras que la devuelvan al amor

SARA

  Relumbran los dientes en la boca de Sara, quieren masticar el tiempo y escupirlo ante el Tribunal. Sale la voz clara, potente y sin arrugas aunque es rugido por dentro. Lo dicho  va dirigido, especialmente, a los jueces pero quiere repartirse generosamente entre los escuchas.

  Más allá de la garganta, bien adentro, está caliente, con la rabia de décadas hirviendo y en sus palabras  salen lenguas de fuego.  Boca de dragón se vuelve cuando revive la adolescente ingenua viviendo en la mentira, ocultando el  paradero incierto de su  hermano precioso, instalándolo lejos de su casa ante sus compañeras de colegio, fingiéndolo estudiante de vaya a saber qué, porque había que alejar la sombra de la subversión de todo hogar honorable que se precie de tal.  La boca severa apunta al frente porque le urge revelar lo minuciosamente reconstruido sobre el destino de Juan para después arrojar al ruedo y quemar a todos y cada uno de los involucrados.

   Bailotean los labios de lado a lado y se detienen en una mueca, se abren para que bien se escuche a quien ella va a denunciar: al purpurado Maresma porque era cómplice;  a los civiles partícipes; a los entorchados militares anqué  ladrones de uniforme que le robaron el camión a su papá por no dejarse extorsionar. Con desapacible suspiro exhala un:… había que dejar de quejarse y agachar la cabeza. Remata lanzándose contra los malos funcionarios de la Justicia por inquisidores.

  Esa boca vomitó la rabia y repartió verdad.

   Extrañamente la abertura no tiene forma de pico, solo la nariz afila su perfil pero ella toda es una garza morena, enhiesta y bella: pies grandotes, piernas largas y talle esbelto;  arriba el  cuello erguido y en la cabeza un copete en mechones que la coronan. 

ALICIA

  En la boca una sonrisa sin pausa, tal vez le regocija estar frente al Tribunal aunque vaya a revivir uno de sus peores momentos

  Desde su asiento gira la cabeza a su derecha y observa directamente el sector de los  imputados, se detiene allí pero no se sabe bien a quién o qué busca. Tal vez intenta reconocer a sus secuestradores o carceleros. Los dedos muestran uñas largas, estiradas y encendidas de color

  Entonces con su relato trae los niños a la Sala, los propios y las de su compañera. Trae la maternidad en toda su plenitud, que aunque mandato cultural para las mujeres, cala hondo y duele mucho cuando se es arrancada de los hijos pequeños.

Se la siente deshabitada de su niño  de dos meses; a la hora del secuestro con los ojos tapados “iba colgada de la pañoleta del bebé” dice y hasta reprocha que cuando entregaron el pequeñito a su familia le robaron la pañoleta. Con  ese  entramado de lana le quitaron al bebé otro abrigo indispensable. 

   Lento… lento…cuenta que a la hija de María Luisa “la llevaron a la terminal para marcar tíos” y desliza un “perversión”; se le desdibuja la sonrisa y estruja el alma cuando evoca a esa criatura mientras se muerde el labio.

Las nenas y el bebé quedaron secuestrados con ellas por un día, para peor el varoncito respiraba con dificultad; pero cuando los retiraron se desplomó.”Menos mal que yo no sabía que se apropiaban de los niños” piensa en voz alta. Entonces descorre la mueca y vuelve la sonrisa para meterse en la oscuridad del D2 en el que veía estrellitas cuando le sacaban la venda elástica, tenía hambre y sed y “hasta mis pechos dejaron de llorar” rememora.

   A ritmo cansino, a lo largo de muchas horas, va a traer todo lo que pasa de la memoria a la lengua, con serenidad evoca una por una gestiones, represores, juzgados, consejos de guerra, cárcel; sin embargo  derrama angustia cuando revive hijos a distancia, madres largamente ausentes y el tiempo que desbarranca los vínculos entre los dos. En ese sentir tampoco estuvo sola, en Devoto conoció las mil y una forma de solidaridad entre compañeras. “La mejor manera de resistir era resistir juntas” sostiene.




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