Ermita de la Magdalena: "el Templaero"

En lo alto de un cerro a orillas de Guadiana se encuentra "El Templaero", una ermita que en la actualidad está en ruinas y que también se conoce con el nombre de la Magdalena.
Construida durante la Edad Media aprovechando materiales de anteriores edificaciones, se distingue en sus muros sillares graníticos y otros elementos de época romana, ya que a su alrededor se hallaba un vicus, o pequeña aldea, en el ámbito de la cercana ciudad de Lacimurga, según se desprende de la inscripción de un ara votiva encontrada en el lugar.




En esta enorme lápida, partida a la mitad para ser aprovechada en la construcción de la ermita, puede leerse lo siguiente: "CERERI / L(ucius) • IVLIVS / L(uci) • F(ilius) • AFER / VICANIS / D(onum) D(edit) " , cuya traducción aproximada sería: "A Ceres. Lucio Julio, hijo de Lucio el Africano la donó y dedicó a la aldea". Deducimos por tanto la gran importancia agrícola de la zona y la idea de que todo este territorio estuvo salpicado de grandes y pequeñas explotaciones agropecuarias que se reunían en torno a estas aldeas como pequeños centros de almacén, comercio y congregación social.
También se encontró en el lugar una enorme piedra cilíndrica, contrapeso de un molino de aceite que, junto al altar descrito, se encuentra en el museo local de Puebla de Alcocer. 
Cabe por tanto la posibilidad de que anteriormente, tal vez  bajo la ermita, existieran edificaciones con función de molino, almacenes y otras dependencias, con un espacio dedicado también  al culto de divinidades, que confirieran al lugar un cierto carácter religioso o de templo.

Es también sabido que después de la reconquista de estas tierras por el rey  Fernando III en el año 1226, fueron encomendadas las tierras de esta comarca a la orden del Temple para su protección (encomiendas de Lares y Capilla), pudiendo muy bien haber sido ocupada  esta cota para la defensa del vado del río. Eso dice la leyenda, que aquí hubo templarios, aunque nada se ve por aquí de las fortificaciones en las que estos monges caballeros solían asentarse.
Lo que sí es bien cierto, es que los restos que podemos observar de la ermita se engloban en una arquitectura medieval de estilo románico y gótico. Así lo atestiguan sus recios muros, contrafuertes, arcos de medio punto y ojivales, bóvedas de cañón, capiteles de columnas (hoy desaparecidos)...  y unas enigmáticas inscripciones que se pueden observar en el techo de la bóveda principal.

Semi ocultas por el moho y la oscuridad de la ermita pueden verse unas extrañas inscripciones en el techo de la nave principal.
Estas inscripciones están realizadas con pigmentos de
tierra almagra donde, aparte de 
un texto borroso, aparecen dos extraños símbolos que representan a una especie de cruz de caravaca sobre un círculo.
Estos misteriosos símbolos  inicialmente evocan a los mencionados templarios, pero observándolos un poco, y casi por casualidad, pude hallar su significado: son los anagramas del célebre vizconde de la Puebla,  Don Gutierre de Sotomayor (1400-1453).
Entre otros sitios, podemos ver estos anagramas en la portada de la iglesia de Santiago Apóstol de Puebla de Alcocer, donde flanqueando la puerta se pueden ver dos medallones, en los cuales se distingue una cruz sobre un globo con una cinta cruzada, donde se lee su lema: " TODO ES POCO".
Entre los signos escritos se adivinan algunas palabras, como "la Puebla" "Mazdalena" "Mayordomo"  y lo que podría ser la fecha de 1531, por lo que probablemente se trate de una inscripción rememorando una reconstrucción de la ermita.
Esta ermita estuvo activa al menos hasta finales del siglo XIX. Así lo atestigua Madoz en su diccionario geográfico estadístico de España y da fe de ello el relato que abajo dejo íntegro sobre  "La enamorada de los dos amantes", escrito a mediados del siglo XIX por Don Justo Ruiz Murillo, hijo de la Puebla de Alcocer.
De su abandono sabemos que tuvo que ser antes del año 1850, fecha en la que Madoz escribe: "... en el término de la Puebla de Alcocer; pero perteneciente a esta villa (Talarrubias), hay una ermita abandonada, con el título de la Magdalena, en la que se descubren otras lápidas y restos de anterior poblado.", por lo que es posible que fuera saqueada y casi destruída durante la guerra de la independencia o las posteriores guerras carlistas.
Sirvió también de bastión en la defensa del frente del guadiana durante la pasada guerra civil, excavándose en sus alrededores trincheras y otras fortificaciones militares que aún pueden verse.
Antes de la construcción de la presa de Orellana hubo aquí, durante muchos años, una barca para vadear el río en el camino hacia  Casas de don Pedro, y aguas arriba un molino harinero cuya presa puede verse en la siguiente fotografía.









Vista aérea del río Guadiana en 1956, a su paso por la ermita y aspecto actual.         

Finalmente, con el paso de los años, tras la construcción del embalse, ha pasado a ser un solitario paraje, paraíso de aves acuáticas, aislado tras ser cercenado  el istmo que aún le conectaba a tierra firme, por lo que hoy sólo es posible visitarlo yendo en barco o durante los periodos que el nivel del embalse baja lo suficiente para poder pasar a pie. Una verdadera pena, pues el paraje bien merece una visita y, como otros tantos sitios, un poco de atención por parte de las autoridades en materia de conservación.

El Nombre de los sitios
El nombre de este sitio, "el Templaero", resulta también enigmático, aunque el topónimo podría ser relativamente reciente, ya que no aparece en ninguno de los documentos antiguos, en los que siempre se  menciona " La Magdalena". 


Aunque el nombre en sí se presta a relacionarlo con los templarios, o el posible templo romano (siempre bajo el punto de vista de la imaginación, que es mas propensa a vagar por esos mundos románticos y de leyenda que a observar la simplicidad de las cosas) lo más normal sería que este nombre signifique justo lo que dice:

Templadero = lugar donde se templa algo.

Y la pregunta es: ¿qué se templaba aquí?. Pues muy sencillo, se templaban cuerpos. Los cuerpos acalorados por la fatiga del trabajo en el campo y el rigor del verano, que bien conocemos como se las gasta en estas latitudes. Y es que "el templaero" fue durante mucho tiempo lugar de baños y descanso para las gentes de esta comarca.

Así lo he podido constatar oyendo testimonios de algunos ancianos del lugar, y también leyendo el relato titulado "La enamorada de los dos amantes", escrito a mediados del siglo XIX por D. Justo Ruiz Murillo y recuperado por Don Octavio Gonzálvez Ruiz , donde en un episodio se cuenta: 

"... pero ahora he dicho a mi madre - que quiero lavarme el cuerpo - yendo a baños a Guadiana,- que bien cerca está por cierto.- Esto si tu lo consientes- y permiso das para ello - porque si tu no lo quieres,- al punto lo dejaremos.- Modesto dice: Alma mía - ¿cómo oponerme a tus ruegos? - cuando mis deseos son - que te restregues el cuerpo - para cuando seas míaque me sirvas de refresco.Dispusieron el viaje - y la madre y la hija fueron - a la Santa Magdalena, - yendo con ellas Modesto..."

Desde el Aire

No dejes de ver este vídeo.


"...A la veinte y tres dicen que en esta villa hay quatro hermitas. Una de San Antonio Abad, otra de San Benito, y otra de San Sebastian con otra de la Magdalena. La primera se regula de renta anual en doscientos reales en cesos y dos quinterías que se siembran de quatro a quatro años. La segunda tiene una quintería, se valua en cinquenta reales. La tercera una cerquilla que renta treinta reales. Y la quarta aunque se halla en esta jurisdicción tienen sus llaves y cuidado en la villa de Talarrubias. Y en cada una se hace una función de yglesia cada año, y aunque concurre la gente no hay quimeras, y también conoce como juez y recibe las cuentas el visitador eclesiastico."




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Juan Francisco Zúñiga Mayoral,
16 abr. 2013 7:01
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Juan Francisco Zúñiga Mayoral,
16 abr. 2013 7:01
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