Juana Álvarez-Prida Vega nació en Fresnedo, concejo de Teverga, Principado de Asturias, el 3 de febrero de 1900. Cuarta hija de siete hermanos, cinco mujeres y dos varones, sus padres fueron Emilio Álvarez-Prida Arias, abogado y diputado a Cortes, y Pura Vega Quiñones, oriunda de Ponferrada (León).  Los Álvarez-Prida eran una familia perteneciente a la burguesía liberal ilustrada asturiana.  Hombre liberal progresista, el  padre de Juana, Emilio Álvarez-Prida fue, junto con Melquíades Álvarez, uno de los fundadores del partido Reformista, en el que militaron, en su momento,  personajes como José Ortega y Gasset y Manuel Azaña.

Los hijos e hijas del matrimonio en edad escolar se trasladaron a vivir con una hermana del padre y su esposo a Pola de Lena, donde frecuentaron el colegio “Notre Dame”, de monjas francesas. Allí, las hermanas mayores estudiaron lo que solían hacer las niñas de la burguesía de aquella época, es decir,  “cultura general” y piano.  

El carácter de Juana se reveló desde bien temprano cuando en una de esas fiestas familiares, en las que era obligado que las niñas de la casa interpretaran algunas piezas al piano, Juana rompió en lloros al oír a sus hermanas mayores tocar y ella no saber hacerlo por ser aún muy pequeña.    Desde aquel día se propuso aprender y, en efecto,  empezó a tomar clases de piano como sus hermanas.  Podemos decir que dos de los  rasgos más salientes del carácter de Juana fueron el tesón y el amor propio.  


                                      Juana, a los tres años, vestida con el traje regional asturiano


En aquella época no eran muchas las mujeres que estudiaban ni siquiera el bachillerato,  pero Juana supo pronto que ella quería estudiar y así se lo dijo a su padre, quien, lejos de oponerse, se alegró mucho de la noticia.  Después de terminado el bachillerato, Juana tardó unos años en empezar la carrera. 



Esta foto de Juana es del año en el que se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo, en el curso académico 1929-1930.  Hay un error en la edad. No tenía 26 años, cuando se matriculó para el curso académico 1929-1930, sino 29. 


Aunque le hubiera gustado estudiar Letras- siempre lo decía-,  como no había en Oviedo en aquellos años una Facultad donde cursar esos estudios, terminó decantándose por Ciencias Químicas, una carrera considerada más bien “masculina” y en la que las mujeres escaseaban.  Juana se matriculó en el primer curso de Ciencias  en el curso académico  1929-1930. Con ella, eran  cuatro las mujeres matriculadas en ese año en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Oviedo.   En 1930, Juana ingresó en la Sociedad Española de Física y Química, presentada por Casas y del Fresno. 


Esta foto de Juana es de los años 30

Después de terminados sus estudios universitarios, se trasladó a vivir a Madrid, adonde también se había trasladado su hermana Elena, casada con el ingeniero de minas Ricardo de Madariaga, que acababa de sacar la cátedra de Paleontología de la Escuela Superior de Minas.  En  Madrid fue profesora de Ciencias en el Instituto Escuela de la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

Juana hizo los famosos “cursillos del 36”, que preparaban para ser profesor en la Escuela Secundaria, pero la guerra truncó esos cursillos, que a ninguno de los concursantes les fueron reconocidos por el régimen franquista.  En los años de la guerra civil, Juana, que se encontraba en la zona republicana, enseñó en Institutos de Valencia y, luego, de Barcelona. 

Terminada la guerra,  enseñó un año en el Instituto de Ponferrada y otro en el de Gijón.  Después, se dedicó durante años a dar lecciones particulares, primero, en Oviedo y, luego en Madrid, donde alternó éstas con clases de química, física, matemáticas y ciencias naturales en colegios privados.  

En los años cincuenta, empezó a dar clases en el Instituto Ramiro de Maeztu, en el que, tras pasar unas oposiciones, fue “profesora agregada”.  En el mencionado Instituto enseñó no solo a los alumnos del bachillerato diurno, sino también a los del nocturno, en su  mayoría trabajadores adultos, deseosos de ampliar sus conocimientos y obtener un título para optar a un mejor empleo. 

Después de enseñar durante años en este centro, a Juana le llegó la edad de la jubilación.  No se resignó a ello. Con verdadera vocación de pedagoga, siguió dando clases particulares y también clases en el Colegio Estilo, fundado y dirigido por Josefina Aldecoa.

Juana Álvarez-Prida recibió el premio “Mujer Progresista a la Ciencia 1990”, de la Federación de Mujeres Progresistas.  En 1992, le concedieron la Medalla de Plata de Mérito al Trabajo y fue nombrada “Hija Predilecta de Teverga”, el concejo asturiano en el que había nacido.   



Texto escrito por María Rosa de Madariaga, historiadora y sobrina de Juana, para esta página web.