Sobre la construcción de un caso

Silvina M. Gómez


Psicoanalista. Coordinadora del Equipo de Terapias Grupales de Hospital de Día Vespertino, Servicio de Salud Mental del Htal. Dr. T. Alvarez. 
Coordinadora del Equipo de Salud Mental y Derechos Humanos, Servicio de Salud Mental del Htal. Dr. T. Alvarez.


 Como analistas solemos encontrarnos en Congresos, Jornadas, Ateneos clínicos, etc. dando cuenta de nuestra práctica cotidiana a través de la presentación de casos clínicos. Con este fin, elegimos un caso particular para dar cuenta de algo.

Ahora bien, cuáles son las marcas que nos guían en esa elección?, Simplemente elegimos el caso de las 16:15hs.? Qué se juega del analista en la elección del caso?.

Por otro lado, qué es un caso particular?, Aquel que nos conmueve? Aquel que nos aburre? Aquel que nos confirma nuestra pericia como analistas? O aquel que no encaja en nuestra experiencia o en nuestro bagaje teórico?

Y por último, de qué queremos dar cuenta cuando presentamos un caso? Qué es lo que queremos transmitir?

 

El modo en que los analistas solemos transmitir la clínica o los efectos de un análisis, dentro de la comunidad que cada uno elija, es a través de la presentación de casos. Pero al momento de compartir nuestra experiencia con otros nos enfrentamos a un problema y es que el psicoanálisis no es una ciencia, nunca estará a la altura de las exigencias científicas de la época. Por el contrario, la experiencia del psicoanálisis es sobre el caso único.

Es cierto que podemos ubicar tipos clínicos que respondan a una misma estructura, pero hay algo que no puede generalizarse a dos sujetos distintos, aún cuando compartan la misma estructura. Por ejemplo, dos sujetos obsesivos pueden compartir un mismo tipo de síntoma, pero el sentido que ese síntoma tiene para cada uno es particular y no puede extrapolarse. Como dice Lacan, “no hay sentido común del histérico, y aquello por lo que en ellos o en ellas juega la identificación es la estructura y no el sentido, tal como se lee bien por el hecho de que recae sobre el deseo, es decir sobre la falta tomada como objeto, y no sobre la causa de la falta”[1] Es decir que los sujetos de un mismo tipo no pueden dar el mas mínimo sentido al discurso de otro sujeto del mismo tipo.

Es por esto que más allá del tipo clínico del que se trate, se intentará ubicar en la transmisión de un caso aquello que es lo singular del sujeto, anudado no al registro del sentido, de lo imaginario, sino a su modo de gozar, del lado de lo real. El goce nos conduce al corazón de lo singular, hay un modo singular de gozar del cual el síntoma es su escritura.

 

Si bien el estudio de un caso único, ya sea un individuo, una organización, un acontecimiento, puede llegar a ser considerado como un método de investigación científico, en el caso del psicoanálisis, como nos advierte Lacan, en la cura hay que contar al analista.[2] El caso va a depender también del agente del discurso psicoanalítico, es decir del analista. El pretendido observador científico forma parte del caso.

Y por otro lado, el analista esta habitado por un deseo, un deseo que en última instancia es un deseo impuro, ya que esta encarnado en un cuerpo. Esta impureza hace al estilo de cada analista. No somos todos iguales y cada analista aún sabiendo hacer allí con, esta habitado por un goce que sabrá desembrollar o manipular y del que deberá lograr una especie de distancia.[3]

Esta singularidad de cada analista sabrá manifestarse en su estilo, en el tipo de intervenciones, así como también en sus gustos en la clínica. De este modo nos encontramos con analistas que pueden decir “yo no trabajo con pacientes toxicómanos, o con pacientes psicóticos o con niños”, etc. En este punto, los que elegimos trabajar en instituciones como un Hospital Público, y más particularmente en nuestro caso en  Hospital de Día,  sostenemos una práctica cotidiana en la que se trabaja con pacientes de riesgo, donde la posibilidad de un pasaje al acto o un intento de suicidio en tanto insondable decisión del ser, es un acontecimiento que puede suceder. La tolerancia al riesgo y la elección que hacemos cada día algo dirá sobre nosotros. Cada uno averiguará qué, en el mejor de los casos.

En este punto me parece de gran riqueza introducir una carta escrita por Freud en 1928,  donde confiesa, no sin vergüenza,  un no querer saber nada de eso. Escrita tardíamente como respuesta a un psicoanalista, director de un asilo para enfermos psiquiátricos, que le envía su reciente libro donde da cuenta del trabajo que realiza con sus internos. Escribe Freud: “Estimado doctor, habiendo advertido que olvidé agradecerle su último libro, espero que no sea demasiado tarde para reparar este descuido…. (Toma este hecho como un lapsus sobre el que intenta hacer un autoanálisis)…Me encontré sin embargo en una especie de oposición que no era fácil de comprender. Finalmente tuve que confesarme que la razón era que no me gustan esos enfermos, en efecto me enojan, me irrita sentirlos tan lejos de mí y de todo lo que es humano. Una intolerancia sorprendente que hace de mí mas bien un mal psiquiatra. Con el tiempo dejé de considerarme un sujeto interesante para analizar, mientras que me doy cuenta de que no es un argumento analíticamente válido. Por eso sin embargo no pude ir más lejos en la explicación de este movimiento de detención…. No estoy conduciéndome como los médicos de antaño con respecto a las histéricas? Mi actitud sería la consecuencia de una toma de posición cada vez más clara en el sentido de la primacía del intelecto, o la expresión de mi hostilidad hacia el ello?  O sino qué?”[4] Creo que esta carta confesional de Freud ilustra ejemplarmente ese punto sobre el cual el analista debe estar advertido.

 

Entonces, sabiendo que la construcción de un caso no se trata de una demostración científica, cuál es su función y su lugar en la práctica psicoanalítica?

El relato de los casos clínicos ha ido sufriendo transformaciones a lo largo de los años, vinculadas no solo a distintos modos de pensar la clínica sino también a distintos momentos históricos donde su función fue variando.

Pensemos por ejemplo en los inicios del psicoanálisis y en los relatos freudianos de los casos clínicos. Ubicamos allí la necesidad de Freud de demostrar a través de sus historiales la rigurosidad de su nuevo método terapéutico  basado en la cura por la palabra. De este modo, los historiales de Freud han tenido siempre el sesgo de querer demostrar algún punto de la teoría. Luego, Lacan en su retorno a Freud, formaliza dichos casos ubicando que nos enseña cada uno acerca de la estructura.  Pensemos en Dora como paradigma de la posición histérica, y la relación de la histérica con el padre y con la Otra mujer. La bella carnicera y la estructura del deseo como insatisfecho. El hombre de las ratas como paradigma de la neurosis obsesiva. Schreber como un ejemplo de la irrupción del goce del Otro. Casos que nos brindan aquello que puede ubicarse en la estructura, aquello que podemos elevar a la categoría de lo universal.

Por otro lado, a partir de la elaboración lacaniana de los cuatro discursos, la construcción de un caso comenzó a pensarse a partir de la estructura del discurso, es decir de una estructura formalizada que implica la puesta en forma de lugares, relaciones, posiciones que determinan tipos de lazos entre el sujeto y el Otro, apuntando también a lo típico en el sentido de lo universal. Es la idea de una estructura donde los actores de la vida de cada sujeto no valen por sí mismos sino por el lugar y la función que tienen dentro de la misma.

Ahora bien, pensando un caso a partir de la estructura clínica a la que pertenece, donde los síntomas constituyen la manifestación visible, o a partir de la estructura del discurso, donde se iluminan lugares, relaciones, lazos, logramos vislumbrar lo más singular del individuo? Logramos acceder a algo de lo real puesto en juego en el goce y el padecimiento de ese sujeto en particular?

Este punto nos lleva a otro interrogante, a dónde intentamos llegar tanto en la dirección de la cura como en la consecuente construcción de un caso? Al sujeto, efecto del significante, sujetado por el S1 y el S2, ambos en última instancia pertenecientes al discurso del Otro? O al parletre, término introducido a partir del Seminario 20 Aún, donde se da el encuentro de la palabra con el cuerpo, del significante con el goce, del sujeto del inconciente con el cuerpo pulsional?

Siguiendo a Lacan en este tramo de su enseñanza, será en lo irreductible del goce de cada parletre donde encontraremos la singularidad que hace de ese caso un caso único.

 

Nos ubicamos entonces frente a la pregunta de qué es lo que se espera o se intenta transmitir a través de la construcción de un caso. Para dar cuenta de la singularidad de un caso habrá que ir más allá de las construcciones simbólico-imaginarias, de los efectos de sentido, de los significantes del Otro que marcaron por azar, desde la contingencia, el destino de un sujeto. No se trata de dejar de lado el desciframiento del inconciente y el sentido de los síntomas, sino poder ubicar que este tiene un tope, un límite, allí donde se ubica el fuera del sentido del goce, lo singular del sinthome donde eso no le habla a nadie y donde reside la singularidad de cada individuo, es decir su nombre de goce.

Para concluir, podemos pensar entonces que en la construcción de un caso puede estar por parte del analista la motivación de demostrar un punto particular de la teoría, de dar cuenta de un punto que refuta la teoría, o intentar transmitir algo de lo singular de un individuo. Pero para transmitir algo de un caso único será necesario que este no se reduzca a dar cuenta de la envoltura formal del síntoma, sino que debe dar testimonio también del tratamiento de un problema de goce. De la fijeza y el estancamiento o de los sucesivos movimientos que le permitirán a un sujeto saber hacer allí con.

 

Silvina Gómez

 

Bibliografía

 

Jacques Lacan. Seminario 20 – Aún. Editorial Paidos. Buenos Aires. 2006

Jacques Lacan. Seminario 24. . L´insu que sait de l´une-bevue sáile a mourre. Clase 1. Traducción de Susana Sherar y Ricardo Rodriguez Ponte.

 

Jacques Lacan. Otros Escritos. Introducción a la edición alemana de un primer volumen de los escritos. Editorial Paidos. Buenos Aires. 2012

 

Jacques Lacan. Otros Escritos. Prefacio a la edición inglesa del seminario 11. Editorial Paidos. Buenos Aires. 2012

 

Eric Laurent. Revista Lacaniana de Psicoanálisis Nro. 4 “El caso, del malestar a la mentira”. Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana. 2006

 

Jacques Alain Miller. Sutilezas analíticas. Editorial Paidós. Buenos Aires 2011.

 



[1] Jacques Lacan. Otros Escritos. Introducción a la edición alemana de un primer volumen de los escritos. Editorial Paidos. 2012

[2] Jacques Lacan. Otros Escritos. Prefacio a la edición inglesa del seminario 11. Editorial Paidos. 2012

[3] Jacques Lacan. Seminario 24. L´insu que sait de l´une-bevue sáile a mourre. Clase 1. Traducción de Susana Sherar y Ricardo Rodriguez Ponte.

[4] Jacques Alain Miller: Sutilezas analíticas, pág. 46. Editorial Paidós Buenos Aires 2011 


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