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Espiritu Santo

El tener la oportunidad de recibir al Espíritu Santo es el milagro más maravilloso que Dios nos ha dado.

En el antiguo testamento se menciona que el Espíritu Santo solo venía a los profetas para comunicar mensajes a el pueblo escogido de Dios: Israel... Pero cuando Jesús vino a la Tierra, cuando resucitó, antes de ascender al cielo, sopló sobre sus discípulos para que recibieran su Espíritu, y les dijo que vendría en su lugar el Espíritu Santo sobre ellos, y que no salieran a ninguna parte hasta ser llenos del Poder desde lo Alto (lo cual ocurrió después en Pentecostés).

El estudio del Espíritu Santo es algo delicado, que requiere meditación, leer y re-leer los pasajes de la Escritura en donde se le menciona, estudiar cada capítulo, versículo y su contexto.

Y sobre todo buscarle en oración, que el Espíritu Santo de Dios se nos revele personalmete a nosotros. Es necesario buscar ser llenos de estas experiencias con Dios, porque más que un estudio meramente lógico necesitamos enfocarnos a experimentar la vida de Dios en nosotros.
 
El Espíritu Santo actúa como Él quiere, sin embargo, él mismo nos da dota de herramientas para cumplir su objetivo (como lo son los dones, operaciones y ministerios) es decir su propósito: edificar el Cuerpo de Cristo en todo el mundo, escogiendonos a nosotros para ser parte de ese edificio, donde el fundamento es Cristo y la motiviación correcta: EL AMOR.

 
El Espíritu Santo:


EL ESPIRITU SANTO.
La Biblia enseña que el Espíritu Santo es Dios, la tercera persona de la Santísima Trinidad que inspiró toda la Biblia, que guía y vivifica a la Iglesia, que es el Señor y dador de vida... y que tiene la importantísima misión de santificarnos a usted y a mí.

Dios Padre ya nos creó, Dios Hijo ya nos redimió, y Dios Espíritu Santo es quien tiene la misión de hacernos santos, de limpiarnos, de purificarnos, de sanarnos, de que gocemos en nuestras vidas los méritos de la redención de Cristo. Así lo explican 1 Pedro 1:2 y 2 Corintios 6:11.

Así es que el Espíritu Santo es la persona más importante en su vida, porque le dio y mantiene la vida misma, y porque está constantemente a su lado santificándolo, tratando de guiarlo, de llenarlo del amor y el gozo y la paz del Señor. Sin embargo muchos no lo conocen bien, ni lo aman, ni viven su maravillosa presencia. A muchos les pasa lo que a los cristianos de Éfeso: No hemos oído ni si existe el Espíritu Santo (Hechos 19:2). ¡Es el Gran Desconocido!

Cada página de la Biblia lleva la impronta del Espíritu Santo, no sólo como inspirador de cada palabra de la Biblia, sino como protagonista de todos los hechos maravillosos. ¡Más de 1000 veces cita la Biblia al Espíritu Santo!

Podemos conocer que el Espíritu Santo es en verdad una Persona, porque El posee una mente, emociones y una voluntad. El Espíritu Santo piensa y sabe (1ª Corintios 2:10). El Espíritu Santo puede ser afligido (Efesios 4:30) El Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26-27). El Espíritu Santo hace decisiones de acuerdo con Su voluntad (1ª Corintios 12:7-11). El Espíritu Santo es Dios, la tercera “Persona” de la Trinidad. Como Dios, el Espíritu Santo puede funcionar verdaderamente como el Consejero y Consolador, como Jesús prometió sería (Juan 14:16, 26; 15:26).

Sin embargo, Dios se pone más al alcance de nosotros, para que podamos así conocerle mejor. En este acercamiento a nuestra finitud y limitación, Dios ha querido representarse a sí mismo de manera clara y concreta. Y para ello, ha usado elementos cotidianos, cercanos a nosotros. Así como el Señor Jesús se nos representa en el pan y la copa, el Espíritu también se nos revela, en su precioso ministerio hoy en los creyentes, con algunos símiles que veremos a continuación. Veamos cuán lleno de significado es cada uno de ellos.



EL ESPÍRITU SANTO ES UNA PERSONA
Esto es lo primero que debemos conocer: Que es una persona, no una simple fuerza, o poder, o cosa. El Espíritu Santo es una persona con inteligencia, deseos y emociones:


- Él habla: El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (Apocalipsis 2:7).

- Él ordena: Dijo el Espíritu a Felipe: Acércate y llégate a ese coche (Hechos 8:29).

- Él mueve: Porque todos los que son movidos por el Espíritu Santo de Dios, éstos son hijos de Dios (Romanos 8:14).

- Él guía: Cuando viniere el Espíritu de verdad, él os guiará a la verdad completa (Juan 16:13).

- Él intercede: Y así mismo el espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; mas el Espíritu aboga por nosotros con gemidos inenarrables (Romanos 8:26)

- Él pone los cargos de autoridad: Mirad por vosotros y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha constituído obispos para apacentar la Iglesia de Dios (Hechos 20:28).

Él siente. Al Espíritu Santo, como persona que es, se le puede entristecer, se le puede mentir, y blasfemar contra Él:

    Se puede blasfemar contra el Espíritu Santo. Y esto es tremendo, porque el pecado contra Jesús se puede perdonar, pero el pecado contra el Espíritu Santo no será perdonado "ni en este siglo ni en el venidero".

    Esto nos muestra claramente que el Espíritu Santo es una persona distinta de Jesús.
Así dice la Biblia: "Cualquier pecado o blasfemia les será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada. Quien hablare contra el Hijo del Hombre, será perdonado; pero quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdondo ni en este siglo ni en el venidero" (Mateo 12:31).

    Se le puede entristecer: "Guardaos de entristecer al Espíritu Santo de Dios, en el cual habéis sido sellados para el día de la redención" (Efesios 4:30).

    Se le puede mentir: 
"Le dijo Pedro: Ananías, ¿por qué se ha apoderado Satanás de tu corazón, moviéndote a engañar al Espíritu Santo? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oir Ananías estas palabras, cayó y expiró". (Hechos 5:3-5)

 

 

EL ESPÍRITU SANTO ES DIOS

Esto nos lo dice la Biblia en muchos sitios, entre ellos, la cita de los Hechos que pusimos en el párrafo anterior. Es distinto del Padre y del Hijo, aunque forman un solo Dios en el misterio maravilloso de la Santísima Trinidad. Por eso Jesús les dijo que bautizaran "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" en Mateo 28:19.
Como Dios que es, es eterno (Heb. 9:14), es todopoderoso (Lucas 1:35), es omnipresente, está en todas partes (Salmo 139: 7-8), es omnisciente, todo lo sabe (1 Cor. 2:10-11). La Biblia lo describe como el dador de vida a todo viviente en Salmo 104:30, y nos cuenta cómo el soplo divino transformó la tierra en el primer hombre (Gen. 2:7).


 
 
 
 
 

Símbolos del Espíritu Santo
Al Espíritu Santo no lo podemos ver, porque es Espíritu, como tampoco podemos ver los átomos ni la electricidad, ni el amor... pero podemos sentir sus efectos.
Estos son algunos símbolos que nos da la Biblia sobre el Espíritu Santo:

El Agua.
 

Símbolo de la vida, nada puede vivir sin agua, y el agua está vitalizando cada célula del cuerpo, hasta la más pequeña. Lo mismo el Espíritu Santo está "en nosotros y con nosotros" (Juan 14:17). Al que cree en mí, ríos de aguas vivas manarán en sus entrañas, nos dice Jesús en Juan 7:17, y luego añade: esto decía del Espíritu que habían de recibir.

El Espíritu es el "agua viva" de que hablaba Jesús a la Samaritana en Juan 4, un agua especial, misteriosa, que quita la sed para siempre, un agua poderosa que hará una fuente que salte hasta la vida eterna (Juan 4:14). Este tesoro de vida está en nuestra alma desde nuestro bautismo, y lo tenemos que redescubrir, que usar, que movilizar, para que se formen en nuestras entrañas ríos de gozo y amor, que salten y cubran nuestra vida, nuestro hogar, nuestros trabajos, que brinquen hasta la vida eterna.

En aquel último y gran día de la fiesta en Jerusalén, el Señor Jesús alzó la voz y dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí ... de su interior correrán ríos de agua viva." Y Juan agrega: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado." (Juan 7:37-39).

El agua es también símbolo del poder, cuando se hace aluvión, que arrastra con todo, sin miedo a nada ni a nadie.

-Agua que limpia, nos dice en Efesios 5:26, Ezeq. 16:9, y 38:25, y en Hebreos 10:22.
-Agua que refresca: Isaías 41:17-18, Salmo 46:5.
-Agua que es gratuita: Apocalipsis 22:17, Isaías 55:1.
-Agua que fertiliza: Isaías 27:3-6, 44:3-4, 58:11, Salmo 1:3.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El Viento.


 La palabra "espíritu" significa "viento". Es símbolo de la universalidad, está en todas partes, cubriendo y vivificando todo... y es símbolo de libertad.
 
El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de donde viene ni a donde va; así es todo nacido del Espíritu (Juan 3:7).

A veces a viento impetuoso, como en Pentecostés, que arrastra con todo, que da fortaleza y valor, sin miedo a nada ni a nadie, que da ganas de gozar y cantar y saltar, como los apóstoles en Pentecostés, que parecía que estaban borrachos de tanto gozo (Hechos 2:13). Es éste el gozo y fortaleza que tú y yo necesitamos en nuestras vidas para vivir a lo grande, con gozo que nada ni nadie nos puede quitar.

A veces es brisa suave, com a Elías en el monte Horeb (1 Reyes 19:12) que da fuerza para sufrir con paciencia y amor... y que hace revivir, como en Ezequiel 37:9-14, donde los huesos muertos revivieron con el soplo del espíritu. Ese es el soplo que necesitamos los cristianos, que en ocasiones parecemos muertos. Lo tenemos todo y parecemos mendigos, porque necesitamos entregarnos sin ningún "seguro" al poder vivificador del Espíritu, sin ningunas ataduras, sin apegarnos a nada... como la enamorada... entregarse y confiarse del todo, y ser dóciles al amor.

Sombra que proteja y cobije... y que engendre en nosotros a Jesús, como hizo con la Virgen en Nazaret: Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios (Lucas 1:34:35). Esta es la esencia de todo Pentecostés y de toda "renovación de vida": Que el Esíritu Santo nos cubra con su sombra y engendre en nosotros a Jesús, como hizo con la Virgen María. Para ello nos tiene que encontrar limpios y puros, como a la Virgen de Nazaret, "la humilde esclava del Señor". Toda limpieza y santificación es obra del Espíritu, de esa Persona de la que poco nos acordamos, a la que pocas veces adoramos y glorificamos.




 Paloma. 
 
La paloma es el símbolo del amor, de la paz, de la unidad... 

Una paloma es espantadiza. Fácilmente se asusta y huye. ¿Cómo es que el Espíritu de Dios, siendo tan fuerte -omnipotente-  quiso representarse así? Es un misterio, es parte de su soberanía y dignidad. Con todo, hemos de ser celosos para no ofender esta Paloma, ni espantarla. Seamos reverentes a su presencia, a su voz, seamos delicados, tiernos y cuidadosos de no ofenderlo ni dudar de Él.

El espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas en el principio del mundo (Génesis 1:2). En otra ocasión, en la época de Noé cuando ocurrió el diluvio y la humanidad estuvo a pundo de desaparecer, la paloma señaló a Noé el final de la tormenta. La primera vez que Noé soltó a la paloma para saber si el agua ya había bajado, ella regreso de nuevo al arca pues solo había agua alrededor, la segunda vez, regresó con un ramito de olivo, simbolizando la vida había brotado de nuevo, sin embargo aún no encontró un lugar para habitar, la tercera vez que Noé la soltó, ella no regresó pues ya encontró un lugar en donde morar.
 
 
 
Como Paloma se presenta en el Bautismo del Señor, en Mateo 3:16.
Cuando Jesús fue bautizado por Juan, al salir del agua, vino sobre él un el Espíritu Santo en forma de Paloma y se posó sobre él, el Espíritu Santo encontró el lugar para habitar es decir Jesús quien estaba listo para recibirlo.
 
El bautismo significa morir al hombre según la naturaleza de Adán, morir al viejo hombre, al entrar en el agua es como si fueramos sepultados y al salir del agua es como si resuciraramos según el nuevo hombre, es decir según la naturaleza de Jesucristo, el "nuevo Adán", entonces, bajo el agua queda el hombre anterior con inclinación a el mal, es renunciar a la vieja naturaleza para vivir una nueva vida, es en ese momento que estamos listos para recibir al Espíritu Santo. Como sucedió con Jesús, la paloma busca posar tu vida habitar, ese lugar debe estar listo, limpio y sin aguas que le impidar posar, sin estorbos y preparado para recibirlo.

8 Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra.

    9 Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca.

    10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca.

    11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.

    12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él. Génesis 8

 
 
 
 
 
 
 
 


Fuego.
 
Así apareció en Pentecostés, en Hechos 2, como "lenguas de fuego", ese fuego que purifica y quema todo lo malo, que destruye y arrasa la porquería del pecado. Así nos lo presenta en Isaías 4:4 y en Malaquías 3:2-3, y Exodo 24:17, como "fuego devorador".
 
 

Fuego que penetra y abrasa con las llamas del amor, y que enciende y transforma nuestros espíritus, como nos lo presenta en Hechos 2. Es ese fuego que decía Santa Teresa, que, como dardo encendido, traspasaba su corazón, ese fuego que San Felipe Neri le hacía sentir que se le abrasaba el corazón, el fuego que San Juan de la Cruz describe como "Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro". Esa es la llama que tú y yo necesitamos, que nos transforme en amor, que llamee, que bañe el alma en gloria y la inunde de vida divina.

 

  

Cuando Juan el Bautista anunció el ministerio del Señor Jesús dijo, entre otras cosas, que Él bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11). Esto se cumplió parcialmente en Pentecostés, cuando vino el Espíritu sobre los apóstoles y lenguas de fuego se aparecieron sobre cada uno de ellos (Hechos 2:3), y se ha seguido cumpliendo hasta nuestros días.

  

Qué significa que el Espíritu Santo sea fuego? El fuego purifica. Los metales nobles (y el creyente es precisamente eso) son purificados cuando son puestos en el crisol al fuego, y quedan así limpios de la escoria. El Espíritu Santo nos hace pasar por pruebas, tribulaciones y situaciones altamente difíciles para ser purificados de motivaciones impuras y de mezclas extrañas.

 

¿Qué más significa? El fuego también es el denuedo del creyente lleno del Espíritu. El fervor y arrojo de los apóstoles luego de Pentecostés es el ejemplo. Pese a las tribulaciones y amenazas, ellos predican la Palabra, la cual era confirmada con señales y prodigios de parte de Dios.

 

En este sentido es como debe entenderse la exhortación de Pablo a Timoteo: "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos." (2ª Tim. 1:6). Timoteo había recibido el Espíritu por la imposición de las manos de Pablo, pero él debía avivarlo. El fuego de Dios puede ser avivado como también puede ser apagado. En la 1ª epístola de Pablo a los Tesalonicenses dice: "No apaguéis al Espíritu". (5:19). Esta expresión nos sugiere claramente la idea de fuego.

 

Tanto la exhortación en positivo a Timoteo como ésta en negativo a los tesalonicenses indica claramente que este asunto de apagar o avivar el fuego del Espíritu depende exclusivamente del creyente y no de Dios.

 

¿Cómo se puede apagar y cómo se aviva? El creyente debe saber que todo lo que está asociado al mundo, como también todo pecado, apaga el Espíritu. La incredulidad es un gran pecado, responsable de otros muchos, por tanto, es causal de apagar al Espíritu. Por otro lado, todo aquello que pone al creyente en contacto íntimo con Dios, sea la oración, la lectura o el oír la Palabra de Dios, la comunión con otros creyentes, enciende el fuego del Espíritu. ¡Que nos libre el Señor de proceder en contra del Espíritu y tenerlo apagado dentro de nosotros!

 

El profeta Jeremías reconocía tener "como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude." (Jer. 20:9). Él trató de zafarse de la encomienda que Dios le había dado, pero teniendo a el Espíritu de Dios metido en sus huesos no pudo negarse a hablar. ¡Oh, que muchos Jeremías se levanten hoy en medio de la apostasía que vivimos para que nadie renuncie a su llamamiento, ni reniegue de su fe, sino, antes bien, sean valerosos portavoces del testimonio de Dios!

 






Aceite.
 
El óleo, el aceite, es el símbolo de la sanación. Es lo que amtiguamente usaban para sanar las heridas.
  • Aceite que sana: Isaías, 1:6; Lucas 10:34; Apocalipsis 3:18, Santiago 5.
  • Aceite que conforta: Isaías 61:3; Heb. 1:19.
  • Aceite que ilumina, porque el aceite también se usaba en las lámparas para dar luz: Mateo 25:34; Zacarías 4:2-14.

 

Este óleo del Espíritu es el que necesitamos en nuestros hogares y en nuestras vidas, para sanarnos del alma y del cuerpo, para confortar nuestras penas y sanar nuestros temores y dudas... Este tesoro escondido en nuestra alma desde nuestro bautismo, es el que tenemos que usar y aporvechar y resdescubrir, para nuestra sanación interna y externa.
 

El aceite es usado en las Escrituras para ungir, para dar luz y para sanar, fundamentalmente. El aceite de la santa unción era confeccionado de especias escogidas. Su fórmula era secreta, y nadie podía usarlo para fines profanos. Con ese aceite se ungían los utensilios del tabernáculo y a los sacerdotes que ministraban allí. Si se ungía a alguien extraño, éste moría inmediatamente.

El aceite aquí descrito alude al Espíritu Santo. La unción de Dios recaía sólo sobre los sacerdotes, los que ministraban delante de Dios. Así ocurre también hoy. Sólo los hijos de Dios - sacerdotes en el Nuevo Pacto - tienen esta unción, y su presencia sobre ellos los distingue y los honra.

Pero también el aceite era usado para el candelabro y las lámparas. ¿Su función? Iluminar la casa de Dios. Sin el aceite no hay luz. Sin el Espíritu tampoco hay luz. La iglesia puede transformarse en un lugar oscuro, donde no se descubren las impurezas, si es que  el Espíritu Santo no está iluminando el corazón.

Las vírgenes insensatas tuvieron un problema con el aceite. Ellas tenían aceite apenas para sus lámparas. No tenían más aceite que el que estaba alimentando su pequeña luz. Pero en el momento decisivo, les faltó, y quedaron a oscuras, por lo cual, ellas no pudieron salir al encuentro del esposo. Sabemos que esta parábola es para el tiempo del fin. ¿?Cuál es nuestra condición hoy?


 

 

 


Sello.
Dios tiene un sello para marcar a cuantos adopta como hijos y hace partícipes de su naturaleza divina. Lo mismo que los ganaderos tienen un sello con el que marcan los ganados al fuego: Fuisteis sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:13-14). Guardaos de entristecer al Espíritu de Dios con el que fuisteis sellados para el día de la redención (Efesios 4:30).

El Espíritu Santo es el sello puesto en nuestro corazón, que asegura que somos posesión de Dios.  A la manera de una marca indeleble, el Espíritu Santo señala que le pertenecemos a Dios.  Este sello indica, por tanto, la idea de propiedad (de Dios), y de seguridad de nuestra posición delante de Dios.


Sello que se imprime: Job 38:14; 2 Cor. 3:18.

Sello que asegura: Efesios 1:13 y 4:30.

Sello que autentiza: Juan 6:27, 2 Cor. 1:22.
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