Lucas 10:38-42

25 de febrero de 2007- Iñaki Colera                      

                                                                                                                                                             

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La única prioridad

Introducción

Nos acercamos hoy a un pasaje de la palabra muy breve, muy curioso y que contiene una verdad sencilla que a menudo pasamos por alto. Pero atención, no por ser sencillo el mensaje que contiene el pasaje, es menos importante para nuestra vida. Muy al contrario, si simplemente prestáramos atención a aquello que nos remarca Jesús en él, si no los tomáramos en serio y lo pusiéramos en práctica, la vida de muchos de nosotros se revolucionaría. Empezaríamos a crecer y madurar en nuestra vida cristiana como quizá no lo hemos hecho desde los primeros meses tras nuestra conversión.

 

Es un pasaje sencillo, se entiende perfectamente, y parafraseando lo que dijo una vez un escritor famoso podríamos comentar: lo que me preocupa de la Biblia no son aquellos pasajes difíciles que me cuesta entender, sino al contrario, lo que me preocupa de la Biblia es que la inmensa mayoría de su mensaje es muy claro, y lo entiendo perfectamente.

 

Prestemos atención porque vamos a entender perfectamente lo que nos dice el Señor, y como el escriba del pasaje que vimos hace dos semanas, nos quedaremos sin excusas, ¿qué haremos después de escucharlo? Veamos.

Análisis del pasaje

Nuestro texto empieza, efectivamente, tras la historia del buen samaritano. Jesús sigue en su camino hacia Jerusalén y se acerca ya a una corta distancia de la ciudad, a la aldea de Betania, que es donde sabemos por el evangelio de Juan que vivían Marta, María y Lázaro:

 

Lucas 10:38

38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.

 

En aquellos tiempos era muy común alojarse en casa de un particular al viajar de un lugar a otro, ya que no existían tantas facilidades para el viajero como actualmente, y vemos que Marta se dispone a recibir en su casa a Jesús. Aunque el versículo habla en singular, de recibirle en su casa, la construcción griega del principio del versículo indica una que quienes iban de camino eran una pluralidad de personas. Es decir, cuando se habla de recibir a Jesús seguramente se hace así por tratarse obviamente de la persona más importante, pero Marta habría recibido en su casa seguramente a Jesús más al menos sus doce discípulos más cercanos y quién sabe si además otras personas. Esto nos ayudará a comprender lo atareada que estaba. Pero antes de hablar de Marta veamos lo que hizo su hermana:

 

Lucas 10:39

39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.

 

La actitud de María es muy poco común, cuando un maestro enseñaba a un grupo de personas generalmente los que le escuchaban se sentaban en sillas o en bancos a su alrededor, con una excepción, sus discípulos, aquellos que realmente seguían y estaban en un proceso de aprender de su maestro para convertirse en maestros ellos mismos, estos se sentaban a sus pies. Esto es exactamente lo que hace María, y lo hace en el contexto de una sociedad que con frecuencia excluía a la mujer del aprendizaje. Los que asistieron la escena y los lectores judíos de Lucas, seguramente se mostrarían sorprendidos al ver que Jesús había consentido tal cosa. Pero así sucedió, María, y más en aquellos tiempos sin medios de comunicación rápidos, sin tantas facilidades como tenemos hoy, no quiso desaprovechar la oportunidad de aprender del famoso maestro durante unas preciosas horas que quién sabe cuando se iban a repetir o incluso si se iban a volver a dar, y allí se sentó a los pies de Jesús, a escuchar su palabra.

 

Lucas 10:40

40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.

La palabra quehaceres tiene una connotación en griego que nos induce a pensar que se estaba preocupando, entre otras cosas, en tareas relacionadas con la necesidad de hacer de comer para Jesús y sus discípulos. ¿Hay algo malo en ocuparse con esto? En absoluto, podemos pensar que es un deber elemental de hospitalidad. Llega, quizá de improviso, un grupo grande de gente a tu casa y tienes que prepararlo todo, disponer los utensilios que se van a utilizar, con la dificultad añadida en aquellos tiempos de preparar el fuego, cocer panes, hacer gran cantidad de alimento. Cualquier ama de casa incluso hoy entiende perfectamente lo que sintió Marta ante esta situación.

 

Sin embargo, había algo mientras preparaba las cosas que la estaba corroyendo por dentro, era la actitud de su hermana María. Mientras ella trabajaba para atender a los invitados, ella estaba allí tan pancha, sentada como un chico, como un discípulo, a los pies de Jesús escuchándole. ¡Qué actitud tan egoísta, qué cara más dura! Pero eso no era todo, como si fuera poco encima a Jesús parecía no importarle. Y entonces, eso de trabajar mientras los demás se dedicaban a escuchar a Jesús fue acumulando rabia en su interior.

 

¿Has sentido alguna vez ese proceso? En los dibujos animados es un pequeño demonio vestido de rojo que se te sube aquí, en el hombro, y te empieza a susurrar en el oído: “no hay derecho, que poca vergüenza, es como para darle un grito María delante de todos, y a nadie parece importarle, ni siquiera a Jesús, abusan de mí, me toman por el pito del sereno, pero claro, cuando llegue la hora de comer todos se llenará la panza tan felices y nadie se acordará de que yo he estado aquí trabajando como una burra mientras ellos charlaban, ¡menudo morro!”.

 

¿Has sentido esto alguna vez? Seguro que sí, y sientes como el resentimiento va creciendo en tu interior, hasta que pierdes el temor de montar una escena, no aguantas más y vas a cantarle las cuarenta al culpable, ¡y resulta que el culpable es principalmente Jesús! María también, desde luego, pero el colmo es que Jesús no diga nada:

 

... Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.

Es tremendo, nosotros regañando a Jesús, ¿te imaginas? “Eh, tú, ven aquí, se puede saber qué haces, ¿estás tonto o qué?” Al santo, santo, santo, que hizo todas las cosas y las sostiene en su existencia ¡tremendo! La respuesta de Jesús, con la doble repetición de su nombre, transmite mucha paciencia y ternura:

 

Lucas 10:41

41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.

 

¿Acaso no es esta una buena definición de nuestras vidas? Afanados y turbados con muchas cosas. Insisto, ¿cosas malas? No, al menos no necesariamente, como no lo eran las cosas que afanaban y turbaban a Marta. Al contrario, el afán de Marta era sencillamente el servicio, su deseo de servir y agradar a los demás, lo que la turbaba era ver que su hermana no se afanaba en ayudar como ella y le turbaba también la visión de la injusticia, que unos sirven, trabajan se esfuerzan, y otros aparentemente se aprovechan de los esfuerzos de los demás. ¿No es fácil sentirse identificado con el pensamiento de Marta? Por eso es más sorprendente y demoledora la respuesta de Jesús:

 

Lucas 10:42

42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

 

Querida Marta, todas esas cosas por las que te afanas, que persigues en tu día a día puede que sean buenas, importantes, pero déjame decirte que tan solo una cosa es realmente necesaria, tan sólo una cosa realmente no se puede dejar para más tarde, en tu lista de prioridades tan sólo hay una cosa que debería ocupar el primer puesto sin cedérselo a nada más: sentarse a los pies de Dios para aprender la Palabra. María ha escogido lo bueno y no le será quitado por más que te parezca a ti que se está cometiendo una gran injusticia.

 

Reflexionemos, démonos cuenta de lo que está diciendo Jesús porque nosotros no actuamos así. Al contrario, con frecuencia nuestro tiempo de lectura de la Palabra de Dios, de meditación, de oración, las reuniones de la iglesia en las que se escucha la Palabra de Dios y se tiene comunión con él, están en un lugar secundario en nuestras prioridades. Antes viene hacer la comida, arreglar el coche, salir de vacaciones, ver la película, hacer horas extras, cuidar a los niños,... ¡un momento! Decimos, a veces hay que hacer esas cosas, son cosas importantes. Desde luego que lo son, pero lo que nos quiere decir Jesús está tan claro, como decía al principio el problema con ciertos pasajes de la Biblia no es que no los entendamos, es que los entendemos demasiado bien: Todas esas cosas son importantes, pero no son la prioridad de nuestras vidas, sólo hay una cosa verdaderamente NECESARIA con mayúsculas, algo ante lo cual todo lo demás puede ceder, se puede hacer en otro momento: sentarse a los pies de Dios a escuchar su palabra y preguntarle, que es meditar en la Palabra de Dios y orar.

 

Tan sencillo como esto. Resulta que para Jesús era preferible aprovechar la oportunidad de sentarse a sus pies, que haber comido cualquier cosa fría más tarde o haberse marchado sin comer. Sencillamente, hay una sola cosa importante en la vida, todo lo demás viene después, incluso diríamos que viene como consecuencia de ello. Sólo cuando uno da la prioridad en su vida a Dios, puede luego servir a los demás y ocuparse de las demás cosas como debe.

 

Esto me recuerda a lo que cuentan de algunos grandes hombres de Dios del pasado y de la importancia que daban al tiempo pasado en oración y lectura de la Palabra. Uno de ellos, especialmente ocupado y agobiado con mil asuntos, solía decir en los momentos en que se encontraba especialmente requerido por mil asuntos: hoy tengo muchísimas cosas que hacer, así que he decidido pasar las primeras cuatro horas del día en oración. Esa es la perspectiva de Jesús, esa fue la decisión de María y esa es la revolución en nuestras prioridades a la que nos exhorta este breve y precioso pasaje de la Palabra de Dios que entendemos demasiado bien. ¿Qué haremos con él?

 

Dicho esto, ha llegado el momento de saquemos a mencionar nuestro almacén de excusas, además en unos cuantos minutos seguro que podemos encontrar unas cuantas situaciones en las que dar prioridad a venir a la iglesia, a sentarnos en casa con nuestra Biblia a leer, a dedicar un tiempo a orar, tendría resultados catastróficos. Pero no necesitáis que venga Jesús en persona para recordaros que son cuentos, que podéis organizar vuestra vida de otra forma de manera que lo prioritario, que lo único realmente necesario, pueda ser atendido, que por supuesto que hay momentos en que hay que hacer otras cosas, pero que el tiempo dedicado al Señor nunca puede faltar sin que suponga daño para nosotros mismos y los que nos rodean.

 

Antes de que el resto de nuestras actividades pueda tener sentido, necesitamos escuchar a Dios, necesitamos bañar nuestros planes en oración, necesitamos dar prioridad a las oportunidades de comunión con Dios, para luego poder servir adecuadamente.

 

Madres, enseñáis a vuestros hijos a ser educados, a lavarse las manos antes de las comidas, los alimentáis, cuidáis su salud física, procuráis que hagan los deberes, ¿y no les enseñaréis, empezando por vuestro propio ejemplo, que lo verdaderamente primordial es alimentarse espiritualmente? De esto depende la vida eterna, de esto depende la salvación, de esto depende la recompensa que durará por toda la eternidad, ¿dejaréis eso para algún hueco secundario de vuestras y de sus vidas, o les mostraréis que es lo más importante para vosotros?

 

Padres, qué de nosotros. ¿Qué mensaje les transmitimos a nuestros hijos con nuestras decisiones acerca del uso de nuestro tiempo y recursos, les transmitimos que escuchar a Dios, estar cerca de él, orar, es lo más importante en nuestra vida, el cimiento sobre el que se construyen el resto de actividades? ¿O por el contrario les transmitís que Dios y las cosas que Dios ama, es decir, su iglesia, su esposa, el motivo por el cual el vino a morir al mundo, la verdadera protagonista de la historia de la humanidad, aunque no lo parezca al leer el periódico, son asuntos secundarios que deben ceder ante las cosas verdaderamente importantes, como la familia, el trabajo, el necesario descanso, la vida social. ¿Tan pronto habéis olvidado al Señor diciendo:

 

 

Lucas 9:23

23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

 

Lucas 9:59-62

59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Conclusión

En conclusión, nuestra vida es breve, no podemos hacerlo todo, no hay tiempo suficiente. Tenemos que escoger y escoger cuidadosamente. Las cosas no se ordenan automáticamente según su prioridad, somos nosotros los que tendremos que establecerla. Si no le damos prioridad a las cosas del Señor, a estar con él, a comunicarnos con él por medio de la oración, a aprender de él por medio del estudio de la Palabra, si nosotros no somos reservamos conscientemente el primer lugar para esas cosas, mil y una distracciones tomarán el lugar de ellas, mil y un deberes muy importantes, sagrados, familia, negocios, viajes, vacaciones, el descanso necesario, irán ocupando el lugar del Señor, ejercerán su tiranía sobre nuestro tiempo y nuestras energías y nos privarán de la buena parte, de lo único verdaderamente necesario. Y desperdiciaremos nuestra vida.

 

No se trata de que deseéis demasiado ser felices, y os entonces os cueste dejar determinadas cosas del mundo, sino de que lo deseáis demasiado poco. Buscáis demasiado poco vuestra felicidad. Os conformáis con las baratijas que os ofrece el mundo y os agarráis a ellas, no las soltáis y así no podéis asir a Cristo y coger las cosas que verdaderamente garantizan nuestro gozo y nuestra felicidad. Estáis afanados y turbados con muchas cosas, pero solamente una es necesaria, seguir el ejemplo de María, sentarse a los pies de Jesús, tener comunión con él, esa es la buena parte y tenemos todos que desearla con intensidad y darle prioridad en nuestras vidas.

 

Oremos.

 

Lectura de despedida:

 

Hebreos 4:12-13

12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.