Génesis 12:10-20

30 de abril de 2006 - Iñaki Colera                      

                                                                                                                                                             

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La fe a prueba

Introducción

Hace unas semanas empezamos a estudiar la vida de Abraham, le vimos salir de su tierra, en Ur de los caldeos y dirigirse por fe hacia la tierra de Canaán. Ya vimos que Abraham no fue precisamente perfecto, tuvo sus problemillas para cumplir literalmente el mandato de separarse de su parentela, ¿verdad?, y también parece que se detuvo demasiado tiempo en Harán, al norte de la tierra prometida, esperando a que su padre muriese antes de ser obediente del todo. Pero, lo que importa es que ya ha llegado a la tierra que el Señor ha prometido darle, sin duda venciendo muchas dificultades, y al llegar se nos dijo que, por dos veces, edificó altares a Jehová para invocar y adorar a Dios en medio de una tierra habitada por paganos. Se puede decir que ha cumplido, ha sido obediente. Misión cumplida.

 

Si todo acabase aquí, podríamos cerrar nuestras Biblias y decir: vaya, así es la vida de fe, uno recibe una orden de Dios, la cumple venciendo la resistencia ajena y propia, con más o menos dificultad, y finalmente victoria, fin de la historia. El problema es que la vida real, como sabemos por experiencia propia, no es tan lineal, no es tan sencilla, es bastante más compleja. Está entremezclada de éxitos y fracasos, de momentos de fe y de momentos de oscuridad y duda. Cuando Abraham llegó a la tierra prometida en realidad aún le quedaba mucho camino por andar, no sólo físicamente, sino también como persona. Abraham, al igual que nosotros, necesitaba crecer, necesitaba convertirse en el hombre que Dios quería que él fuera, y lamentablemente, a menudo resulta que la única forma en que seres pecaminosos como nosotros podemos crecer, es por medio de la pruebas. Pues bien, Abraham fue probado. Y del ejemplo de su prueba podemos ver como solemos responder nosotros mismos ante las pruebas, de qué forma solemos fallar y cómo Dios muchas veces tiene que acudir a nuestro rescate, aunque a menudo tenemos que vivir para siempre con las consecuencias de nuestras pruebas no superadas. Veamos lo que le pasó a Abraham.

Análisis del pasaje

¡Ya he llegado a Canaán! Exclamaría Abraham al levantar por dos veces, como se nos dice en 12:7-8, altares para invocar y adorar a Jehová. ¡Gracias Señor! ¡Aquí estoy para que me des la tierra y hagas de mí una nación grande! Pero, como decíamos, el carácter de los hijos de Dios se construye poco a poco, en medio de las dificultades, resulta que la tierra está habitada, y sus habitantes no parecen tener la menor intención de irse a vivir a otra parte. Además, la descendencia prometida no viene. Bueno, podemos imaginar a Abraham pensando, tengamos paciencia, todo se irá solucionando poco a poco. Sin embargo, de repente ocurre algo de la categoría de las cosas que parecen no tener sentido, que prueban de verdad la fe de un hombre o mujer de Dios:

 

Génesis 12:10

10 Hubo entonces hambre en la tierra,...

 

Tenemos que hacer el esfuerzo de mirar el drama que hay detrás de estas breves palabras. Marchas a la tierra prometida, dejando todo atrás, guiado por un Dios desconocido que te ha hecho promesas extraordinarias, y al poco de llegar resulta que esa tierra de bendición es una tierra de hambre, un hambre definida al final del versículo 10 como grande. ¡Qué decepción! ¿Me habré equivocado? ¿Realmente me ha llamado Dios? ¿Me lo habré imaginado todo? Ya dijimos hace unas semanas que los que estamos casados, sabemos que la mayoría de las esposas no suelen ser muy comprensivas cuando sus maridos les dicen que se les ha aparecido Dios y deben dejar la casa y la familia y dirigirse a una tierra desconocida. Da miedo imaginar el trago que tuvo que pasar Abraham para decirle eso a Sara. Pero, como dijimos también, las promesas eran tan maravillosas que compensan incluso tener que pasar ese mal rato. Pero, ¿y ahora? No es por hablar mal de las mujeres, no me entendáis mal, pero las esposas se suelen caracterizar por su sentido práctico, ¿qué diría Sara? Insensato, ¿para esto nos has traído aquí?, ¿para matarnos de hambre?

 

En fin, tras esta breve declaración de la Biblia debió esconderse una gran prueba para Abraham: la tierra está ocupada, no se me ha mostrado dónde establecerme, no tengo heredero y además no hay comida para mí ni para los que están conmigo. Estupendo.

 

Génesis 12:10

10 ...y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

 

¿Hizo mal, debió resistir y esperar la liberación de Dios y el cumplimiento de sus promesas? En castellano se pierde un matiz importante, no es que Abraham renunciase a la tierra de Canaán y se fuese definitivamente allí, el hebreo nos da a entender que pretendía descender temporalmente a Egipto. Así que no podemos estar seguros de que hiciera mal. El texto no nos presenta a Abraham consultando a Dios la decisión, ni orando. Pero tampoco podemos afirmar que estuviera desobedeciendo, lo que sabemos es que ante la situación dramática en que se encontraba tomó una decisión, salir del lugar adonde Dios le había llamado e ir a buscar alimento a otra parte.

 

Génesis 12:11-13

11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

 

Aquí empiezan verdaderamente los problemas de Abraham. Ante una situación de prueba, urde un plan para escapar del problema que significa ponerse al margen de la voluntad de Dios, éste es el verdadero peligro. Esta es nuestra tentación cuando nos enfrentamos con las pruebas. Abraham es un hombre sobrepasado por las circunstancias que intenta solucionar sus problemas por si mismo, sin contar con Dios. ¿Dónde está la fe? ¿Iba a permitir Dios que le matasen y no se pudiese cumplir la promesa que le había hecho? La acumulación de circunstancias que parecen ocultar la presencia de Dios en su vida ha empezado a hacer mella en su ánimo. Es difícil descansar en Dios cuando todo lo que te rodea parece gritar que Dios te ha abandonado, o peor, que nunca ha estado contigo.

 

Así que Abraham decide inventar su propio plan para solucionar sus problemas, un plan que pasa por mentir. Seguramente pensaba que era una mentira razonable, al fin y al cabo Sara era su medio hermana, eran hijos del mismo padre, pero no de la misma madre. Que fácil es racionalizar, buscar excusas y convencernos de que obramos correctamente. Pero lo cierto es que estaba transmitiendo una impresión equivocada, que Sara no era su esposa, estaba engañando, y cuando para escapar de los problemas hacemos cosas contra la voluntad de Dios, nos creamos nuevos problemas, y más serios. Ya que no son la prueba querida por Dios, sino las consecuencias derivadas de nuestro pecado.

 

Una pregunta que algunos os estéis haciendo: ¿Cómo es posible que Sara aún fuera tan hermosa como para meter en problemas a su esposo? Bueno, sin desmerecer a nadie, pero Sara debía tener ya unos 65 años. Sin embargo no debemos olvidarnos de la longevidad y vitalidad extraordinarias que Dios concede aún en estos tiempos a los patriarcas de la Biblia. Tengamos en cuenta que Sara estaba en la mitad de su vida, es como si ahora hablásemos de una mujer de 40.

 

Otra cosa: ¿Qué propósito tenía la mentira de Abraham? Obviamente que no le matasen para robarle la mujer. Pero para entender bien qué es lo que intenta Abraham tengamos en cuenta que lo propio en la época, si eran hermanos, habría sido que el hombre que desease a Sará viniera a pedírsela a su hermano, con todo el protocolo oriental, en unas conversaciones que podían alargarse bastante, así que el objetivo de Abraham, no podía ser entregar a la que en realidad era su mujer, tampoco poner las negociaciones extravagantemente difíciles como para que alguien se sintiese insultado y le matasen igualmente, sino tener tiempo para huir con ella si había alguien que la pretendía. Es importante tener esto en cuenta para entender el lío en el que se metió a causa de su mentira:

 

Génesis 12:14-15

14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

 

¿Qué ha pasado aquí? Evidentemente esto no puede ser lo previsto. Cuando se corre la voz de la belleza de su esposa, el faraón se la lleva a su harén. ¿Y qué queda ahora de la promesa? Sin tierra, sin descendiente y sin esposa. ¿Os dais cuenta del desastre tan absoluto que es en este momento la vida de aquel que el paradigma de la fe en las Escrituras? Todo el plan de salvación de Dios para la humanidad está en estos momentos concentrado en este pobre hombre. Pero mirad a lo que se ha visto reducido. Sin embargo, fijaos ahora en el giro irónico que toma la historia:

 

Génesis 12:16

16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.

 

Aquí hay algo que no encaja y me temo que si logramos que encaje sólo va a dejar aún en peor lugar a Abraham. Veamos. ¿Por qué le hace bien faraón? ¿Por qué le proporciona riquezas? ¿Qué ocurrió en el versículo 15 cuando se nos dice escuetamente que Sara fue llevada a la casa de Faraón? ¿Se la arrebataron por la fuerza? Si fue así, ¿por qué le darían riquezas y presentes? ¿Cargo de conciencia de los egipcios? Vamos, hombre. No es creíble. Sólo hay una explicación, una explicación terrible que nos habla de un hombre que ha perdido totalmente el rumbo, un hombre hundido y desconcertado: Abraham, de alguna forma, antes o después, ha negociado para entregar a su mujer como si fuera verdaderamente sólo su hermana. Abraham ha descendido al límite de la bajeza moral para salvar su vida, ¿qué va a ser ahora de la promesa que le hizo Dios? ¿Dónde está el hombre de fe que dejó todo para salir de Ur e ir por fe a una tierra desconocida?

 

Es Dios, hermanos, es Dios y no nosotros el que tiene todo el mérito y toda la gloria, él que da la fe, y nosotros los que nos hundimos en el barro tan pronto nos alejamos de su voluntad, y empezamos a querer hacer las cosas a nuestra manera.

Pero un momento, sí, moralmente Abraham puede haberse hundido, ¡pero le han cubierto de riquezas! Nuestro enemigo espiritual es muy astuto. Imagínate ahora a Abraham pensando: con todo lo que me costó llegar a Canaán, me tuve que ir de esa dichosa tierra, llena de gente hostil, porque me moría de hambre, y ahora que pierdo la esperanza de tener un heredero con Sara, es cuando me empiezan a ir bien las cosas: ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. Definitivamente esto de hacer la voluntad de ese Dios que se me ha aparecido sólo me trae problemas, sin embargo, cuando hago mi voluntad las cosas mejoran. Cuantas personas se alejan de Dios al llegar a un punto como este en la vida. Sin darse cuenta de que el bien que están recibiendo es sólo la compensación temporal y engañosa del pecado.

 

Hermanos, no sabemos lo que pensaría Abraham, pero está claro que se estaba alejando de la obediencia al Señor, progresiva y fatalmente. Pero Dios es fiel a su Palabra, a sus promesas, aún a pesar de nosotros, por amor de su nombre y para gloria suya. Él no va a dejar que su plan de salvación a través de Abraham se frustre, igual que no deja que ni uno de sus hijos espirituales por quienes Cristo murió en la cruz, escape de su mano:

 

Génesis 12:17

17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

 

Para cualquier pagano, sufrir enfermedades o plagas, estaba relacionado con el disgusto de algún dios o dioses a los que había que aplacar. No se nos dice qué plagas fueron estas, ni de qué forma Faraón y los suyos llegaron a darse cuenta de que el motivo de las mismas era tener en el harén a la mujer de otro hombre. ¿Un sueño, una revelación directa de Dios? Sea como fuere, y aunque el nivel moral de los paganos no era muy alto, si el dios de las plagas estaba disgustado por ello, había que hacerle caso:

 

Génesis 12:18-19

18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

 

Dios está siempre muy por encima de nuestros problemas. Las situaciones que a nosotros nos parecen imposibles de solucionar, el puede resolverlas en un instante. Dios tenía un plan y nada ni nadie podía frustrarlo. Ese plan incluía a Sara y Abraham, y estaba relacionado con la tierra de Canaán, así que Dios hace que le devuelvan a su mujer y le expulsen a la frontera. De hecho dan órdenes para acompañarle hasta la frontera:

 

Génesis 12:20

20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

 

Al final es Dios el que arregla la situación, pero tengamos cuidado: Aunque Dios, si somos sus hijos, no renunciará a nosotros, ni a sus planes para nosotros, esto no quiere decir que nos rescate necesariamente de todas las consecuencias de nuestros errores, a menudo tenemos que vivir con ellas para siempre. Ni siquiera Abraham se libró de esto. Fijaos en las últimas palabras del v.20: con todo lo que tenía. O sea que al final, parece que el engaño le ha salido bien. Se ha librado de la hambruna de Canaán, no ha perdido a su mujer y encima ha ganado un montón de riquezas.

 

Y causa de esas riquezas veremos a continuación que tuvo un conflicto con Lot, tuvieron que separarse y luego Lot se metió en un montón de líos que se transformaron en otros tantos problemas para Abraham. ¿Seguro que fueron una bendición en ese momento? Dios podía darle esas riquezas y muchas más por medios limpios y sin complicarle la vida. Fijaos en otra cosa. ¿Qué fue lo que consiguió en Egipto a parte de animales? Siervos y siervas egipcios. ¿Y qué hará en el futuro Sara cuando vea que no consigue tener hijos? Entregarle a Abraham una sierva egipcia llamada Agar, que no debía haber estado allí. ¿Y quien nació de Agar? Ismael, con todos los dolores de cabeza y el sufrimiento que le ocasionaría. Por cierto, Ismael ¿El padre de quién? De los árabes. Hasta hoy disfrutan los israelitas del fruto de los regalos que le hizo Faraón a Abraham en Egipto. Vamos, que ahora te puede parecer que te ha ido de maravilla desobedeciendo a Dios, pero nunca es así, nunca de desobedecer a Dios sale uno bendecido.

Conclusión

En resumen, hermanos. A todos nos vienen pruebas más tarde o más temprano, y no tiene que ser necesariamente porque Dios esté enfadado con nosotros, sino porque quiere que profundicemos nuestra relación con él, que aprendamos a confiar solamente en él y no en nuestras emociones o en nuestros propios recursos. La fe humana es como un músculo, solamente se fortalece ejercitándola, poniéndola a prueba.

 

A veces esa prueba consiste en verte en medio de una situación que, sencillamente, no encaja con las expectativas que habías depositado en Dios para tu vida. Abraham seguramente pensó que llegaría a Canaán, le darían la tierra, tendría hijos y empezaría a ser bendición para las naciones. Pero no fue así. ¿Qué sentido tenía llevarle hasta allí para luego meterle en medio de una hambruna? Quizá tu vida ha llegado o llegará alguna vez a un punto en que te digas, ¿cómo es posible? ¿Cómo puede Dios permitir esto en mi vida? ¿Qué sentido tiene esta situación? Pues Dios nunca ha prometido darnos cuentas de todo lo que hace, sólo espera que reaccionemos con fe, con confianza en su carácter, en su bondad, y que permanezcamos caminando en su voluntad.

 

Cuando perdemos la confianza de que Dios está en el control y empezamos a actuar sin contar con él, perdemos la oportunidad de crecer que la prueba nos ofrecía y nos introducimos en un nuevo mundo de problemas de los que Dios podrá sacarnos, si quiere, pero nada nos garantiza que no tendremos que sufrir las consecuencias para siempre.

 

A veces dejar de lado la voluntad del Señor puede traernos un alivio inmediato a nuestros problemas, o una rápida sensación de seguridad, pero ningún sitio, ninguno en toda la tierra, hay tan seguro como estar caminando al lado del Señor. Abraham estaba infinitamente más seguro diciendo la verdad junto con su bella esposa en medio del peligro, que mintiendo haciéndola pasar por su hermana y aparentemente salvando su vida. Nosotros siempre estamos más seguros en medio de la prueba confiando en Dios, que aparentemente librados de ella y salvo de dificultades pero sostenidos por nuestros propios recursos y artimañas.

 

Pensemos en la persona a la que asistir a la iglesia le traía continuos conflictos con su familia. Su mujer le reprochaba el tiempo que dedicaba al Señor y la fidelidad a Dios lo único que le acarreaba era problemas. Un día dejó de ir a la iglesia, lo racionalizó pensando que, al fin y al cabo, lo importante era seguir leyendo la Biblia y orando en privado, y la situación en su casa mejoró, todo se calmó, y empezó a irle bien. Mentira, en realidad sus problemas empezaron cuando decidió desobedecer la Palabra de Dios y dejar de reunirse con los hermanos.

 

Imaginemos ahora a otra persona que quiere honrar a Dios en sus negocios cumpliendo todos sus deberes con Hacienda, con sus proveedores, con sus empleados, al principio todo parecía ir bien. Pero de repente un día las cosas se tuercen. Los clientes se retrasan en los pagos, los acreedores le acosan. Pero con un poco de contabilidad creativa, un poco caja B para ahorrar en impuestos, una pequeña trampa aquí, otra allá, los problemas se resuelven. Ahora incluso las cosas van mucho mejor que al principio. No hay que tener tantos escrúpulos ni puede ser tan malo lo que estoy haciendo, al fin y al cabo el Señor me está bendiciendo con prosperidad material. Mentira, tus problemas acaban de comenzar, como poco has cambiado prosperidad espiritual por prosperidad material. Tu situación aparentemente es mejor, pero en realidad es peor que cuando Dios permitió que te encontrases en medio de una crisis para fortalecer tu fe en él.

 

Hermanos, podríamos seguir multiplicando ejemplos, pero el quid de la cuestión es este. Si creías que estabas en la tierra prometida y todo te iba a ir de maravilla, cuando de repente te viste sometido a una terrible hambruna que te obligó a descender a Egipto donde la gente iba a querer quitarte a tu mujer, o dicho de otro modo, si estabas andando por las alturas espirituales de tu relación con Dios, y de repente un día te viste metido en una situación que parece no tener sentido y que escapa a tu control, en la que temes que vayas a sufrir bastante daño, pues bienvenido al club de los hijos de Dios.

 

Las pruebas vendrán. Quizá estás ahora en medio de una de ellas. Puedes seguir confiando en Dios, en que él será fiel a sus promesas, o intentar solucionar los problemas por ti mismo recurriendo a formas de hacer las cosas que Dios no aprobaría.

 

Optar por lo segundo nunca sale bien, ni aunque lo aparente. A veces las consecuencias del pecado no se manifiestan inmediatamente. Pero siempre, siempre es mejor caminar de la mano de Dios, aun por el valle de sombra de muerte, que soltado de su mano aunque sea por un lugar aparentemente maravilloso.

 

Oremos.

 

Versículo de despedida:

 

Salmo 23

1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.

2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

3 Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores, unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

 6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.