EL PAPEL DEL INFORMÁTICO EN

LA EMPRESA DE HOY

Los expertos en los sectores tecnológicos, en nuestro país y en el mundo en general, tienen grandes dificultades para hallar informáticos de alta calidad. Las cifras estimadas son suficientemente significativas como para prestarles atención. Las expectativas apuntan que más de la mitad de los puestos de trabajo dentro de diez años estarán relacionados con las tecnologías de información. Por lo tanto, la escasez de personal es un problema realmente grave que ha de conducir a un serio análisis por parte de los futuros universitarios sobre al elección de sus estudios.

Enfrentados al creciente y rápido desarrollo de las tecnologías de información, y concientes de la sociedad del conocimiento en el que vivimos, debemos cuestionarnos sobre el rol del informático en la empresa de hoy,  esto es, asumir el reto de entender el negocio de la empresa,  su necesidad de modernización continua y aprovechar la tecnología y su  conocimiento de ella para contribuir con la organización, aportar ideas y  asegurar la rentabilidad, mucho pedir?.

 

La emergente carrera en computación rápidamente desarrolló herramientas    sofisticadas de diseño y programación y un lenguaje muy particular, además de una visión de la actividad íntimamente ligada al componente  tecnológico,  teniendo en cuenta que en  realidad la profesión de informático inició meramente como una función  técnica, más propia de ingenieros electrónicos y especialistas técnicos y expertos en matemática. Sin embargo, cuando la computación llegó a la  empresa se llevó consigo a tales expertos, un grupo de extraños ocupó  algunas oficinas e inició su integración en el contexto empresarial. Las universidades incluyeron en sus ofertas académicas  carreras de diplomados en computación enfatizadas en matemáticas y lógica de programación, estas ofertas académicas incluyeron además nociones de contabilidad y análisis de procesos.

 

Inicialmente el  "computador" estaba en un cuarto frío con acceso   restringido y la sala de computación tenía el acceso prohibido a extraños.  El gerente general solicitaba acceso a esta sala, típicamente para enseñar  pilas de artilugios y dispositivos extraños sin mayor sentido para él a los visitantes ocasionales. Siempre dejó el tema en manos del encargado del "área de cómputo". El encargado de cómputo y su equipo eran una   especie de élite y ver un computador para el individuo común era tanto como haber tenido un encuentro cercano con seres extraterrestres.

 

A principios de la década de los ochenta IBM apuesta a la computadora personal, diseña la  herramienta que a la larga ocuparía un espacio en los escritorios del futuro e insospechadamente en un rinconcito de nuestros hogares.  El  "computador" se salió del cuarto frío y llegó al usuario. Se penso entonces, el usuario no sabe cómo usar esta máquina,  así que diseñó  los mecanismos para que, aún en el escritorio del enemigo, el recurso informático siguiera siendo parte de su mundo. Pero la liberación del       poder informático desde el cuarto frío hacia el usuario final había  iniciado...

 

Rápidamente compañías emergentes descubren el potencial de este nuevo dispositivo de la oficina. Desarrollan productos que aprovechen al máximo tal recurso e inician su propia carrera para satisfacer las nuevas   necesidades. Sin embargo, el departamento de cómputo mantiene su hegemonía sobre los sistemas principales que soportan el giro del negocio y aunque con recelo aceptan que el usuario pueda usar otros productos, igual seguirá requiriendo del soporte del departamento.

 

El mundo del software se divide en dos, uno bajo el control del centro de cómputo el soporte al giro principal del negocio y el mundo de  aplicaciones de usuario final en el Microsoft desarrolló su increíble capacidad de producción.

 

Esta evolución se da en cuestión de décadas y las universidades no tienen tiempo de adaptar su oferta académica a las nuevas exigencias de un sector  que genera grandes expectativas. El profesional en computación salido de la universidad no tiene tiempo de actualizar sus conocimientos técnicos  ante tanta innovación y menos aún de entender cómo estos cambios afectan la actividad de la empresa en que colabora. Así que se dedica a crear un  departamento-isla dentro de su organización y acaparar las decisiones relativas a adquisición de tecnología, posteriormente empieza a "informatizar" los procesos de la organización dibujando la realidad en un equivalente computacional, aparecen los megaproyectos informáticos que requieren desde 6 meses hasta 10 años para ser completados, el área  asegura su presupuesto y recupera su hegemonía en el negocio.

 

Los retrasos en los proyectos siempre serán justificados por un discurso retórico  plagado de palabras técnicas y la escasa participación del usuario que se juzga de "vital".

Las universidades amplían su oferta académica e incluyen formación en análisis de sistemas y aparecen las herramientas de desarrollo estructurado y metodologías de desarrollo que intentan involucrar equipos  interdisciplinarios en el proceso de producción. Un nuevo término para este profesional aparece: "informático". Este señor, ahora, integra el manejo de la herramienta computacional para procesar y dar valor a los       datos al convertirlos en información.

Pero la actitud de crear departamentos-islas dentro de la organización  persiste y la tendencia a megaproyectos incluso sobrevive a mediados de la década de los noventa.       La tecnología da un paso más allá al aparecer la red, Internet inicia su  evolución y  rápidamente pasa a ser un fenómeno que amenaza con transformar  la forma en que se hacen las cosas. El conocimiento se distribuye en la  red y la generación de conocimiento encuentra el ambiente ideal para  prosperar.

 

La empresa, que ha estado en evolución desde su nacimiento se ve presionada por cambiar y sobrevivir en un mundo completamente nuevo de competencia y disminución de las utilidades, un cliente más exigente y  nuevos mercados. A este contexto se agrega la orquestación del cambio a través del componente tecnológico, la tecnología conduce al cambio en direcciones insospechadas y crea espacios para nuevos negocios, nuevas formas de hacer los actuales y nuevas formas de participación tanto de la  empresa como del cliente, el proveedor y la sociedad como un todo. Los  teóricos y los consultores todavía discuten sobre cómo conducir este cambio.

 

Las universidades amplían su curriculum académico a licenciaturas y maestrías; le agregan disciplinas tales como economía, administración,  gestión del recurso humano, gerencia de proyectos y modernización  empresarial. Un nuevo profesional esta a punto de aportar su formación en  la empresa de hoy, sin embargo, ésta ya está liderada por un profesional  "obsoleto" que ve a su departamento-isla como su territorio,    aún cuando el nuevo ambiente empresarial dinámico y cambiante exige  utilizar el recurso informático para redefinir el negocio y orquestar la  transformación.

Las empresas que entiendan que la tecnología no es un fin en sí misma,  sino un recurso para conducir los procesos productivos de la organización  y elevar su productividad al transformarlos, e impactar la productividad  ya no en niveles de porcentajes sino en factores ,  serán las verdaderas ganadoras en este proceso.

 

La visión de un mundo de tarros, teclados y cables no colabora en nada con  la organización, hay que volver sobre el negocio de la organización,  encontrar los   procesos e identificar y aprovechar las oportunidades de  negocios que aparecen y desaparecen vertiginosamente. Esto es reinventar a  cada paso a la organización completa, innovar en la forma de competir y participar en el mercado; redefinir las estrategias de aprovisionamiento e  interacción con los proveedores, anticipar los giros del mercado para  aprovechar cada oportunidad.

 

La red y la tecnología crean nuevas formas de hacer negocios e impactar la  cadena de valor, nuevos participantes aparecen y los tradicionales cambian  su estilo de  participación. Ya no hay tiempo para defender el  departamento-isla, ni tal defensa tiene sentido, cuando está en juego la  organización completa y su competitividad y participación de mercado.

 

Esto obliga al profesional en informática a convertirse en un visionario,  un estratega, un líder experto en la conducción de la modernización  empresarial. Le obliga a estar pendiente de las tendencias y la evolución  tecnológica y evaluar su aporte potencial el suyo y el del componente  tecnológico- en la organización e identificar y aprovechar los nuevos negocios y segmentos de mercado potenciales en los que participar.

Luego de pasar de la sociedad de la información a la del conocimiento, la lógica nos llevará a una gestión del talento eficiente, hoy, más que nunca, se busca que los datos que son entidades abstractas y cuantitativas  se conviertan en información, y la información en conocimiento que conduzca a la sabiduría y a potenciar el talento”. 

El trabajo de la tecnología en esta cadena es ayudar a gestionar mejor el conocimiento, mediante herramientas cada vez más fáciles de utilizar, lo que se ha denominado la “democratización del conocimiento”. Esto también permitirá reducir la brecha entre los países ‘inforricos’ y los ‘infopobres’. 

El capital humano se revela como un recurso fundamental y básico para el desarrollo de las empresas e instituciones de esta Nueva Economía. Asimismo aparecen empresas que adquieren un gran valor, no por sus activos físicos y materiales, como en el pasado, sino por su conocimiento, por su saber estar, es decir, los intangibles.

CONCLUSIONES

Como consecuencia inmediata, se recurre a la cualificación de los recursos humanos de estas empresas: su personal deberá disponer de un importante compendio de conocimientos tecnológicos, además de tener una actitud receptiva al cambio constante, dadas las características de la tecnología.

En este momento, el ritmo de entrada de la Nueva Economía está ocasionando un importante déficit de profesionales relacionados con este nuevo entorno. El volumen de trabajo relativo a las tecnologías es cada vez mayor, tanto en lo que refiere al número de empresas productoras como por los sectores en los cuales la penetración de las tecnologías es un factor importante para aumentar su competitividad.


BIBLIOGRAFIA

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Manrique, Nelson (2000): La sociedad virtual, Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Becker, Jörg (1988): Tecnología de la Información Reto para el Tercer Mundo, Lima: Instituto Para América Latina

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