LA ARAÑA PERSEVERANTE
 

Una simple arañita procuraba tejer su tela, sin saber que con su acción estaba hablando al corazón de un rey abatido. Se trataba del rey Roberto Bruce, de Escocia, quien estaba afrontando serias dificultades. El rey de Inglaterra, con sus poderosos ejércitos, lo había vencido ya seis veces, y su ejército estaba totalmente debilitado y desmembrado.

El propio rey Roberto estaba escondido en una modesta casa de campo. Había perdido toda esperanza de rehabilitación. Pero mientras descansaba en ese escondite en una mañana lluviosa, miró hacia arriba y alcanzó a ver sobre las vigas del techo a esa araña tejiendo su tela. Al observarla detenidamente, notó que seis veces la araña quiso tender su tela entre una viga y otra, pero que siempre el hilo principal se le caía. Sin embargo, en el séptimo intento la araña venció y pudo asegurar y tender todos los hilos de su tela.

Al ver la constancia triunfadora de la araña, el corazón de Roberto Bruce se reanimó. Entonces se levantó, y dijo: "Yo también lo intentaré por séptima vez". Y saliendo de su escondite, organizó a sus soldados, libraron batalla y lograron vencer a los ingleses y arrojarlos de Escocia.

¡Admirable persistencia la de aquella arañita, que no se dejó vencer por sus repetidos fracasos! Con su ejemplo llenó de valor al rey abatido, quien finalmente atacó al enemigo y lo venció.

La experiencia de la araña y del rey de Escocia, de alguna manera representa la experiencia de todos los seres humanos. ¿Quién en su lucha por abrirse paso no debe soportar pequeños y grandes fracasos? Pero feliz de aquel que no desmaya, que no desespera ante el primer obstáculo, y que persevera hasta triunfar. Y esto se aplica a todos los órdenes y actividades de la vida: al estudiante que reprueban en un examen, al empresario que necesita superar una crisis económica, o a los padres que deben ser constantes en su esfuerzo por enderezar a un hijo descarriado.

Darnos por vencidos es aceptar el fracaso y ser aplastados por él. Pero a menudo el probar una sola vez más puede significar la conquista del éxito. ¿Cómo se siente usted en esta hora del día? ¿Desalentado, frustrado, o impaciente por llegar en seguida a la meta? En tal caso, quizá un esfuerzo adicional, un intento más pueden asegurar la victoria. Si nuestros sueños e ideales guardan proporción con nuestras capacidades personales, no hay razón para temerle al fracaso.

Dijo Jesucristo: "El que persevere hasta el fin, éste será salvo". (San Mateo 24:13) Estas palabras aluden tanto a la conducta de la vida como al estado del corazón. Perseverar en el esfuerzo, en el correcto proceder, y especialmente en la fe puesta en Dios. Este es el camino que transitan los verdaderos triunfadores. Así lo confirma la constancia de la citada araña que no se dio por vencida.