FUERTE COMO LEÓN
 
Nuestro "zoológico" sería incompleto si no presentáramos aquí al "León de la Tribu de Judá". Así como el león común es el rey de la selva, este León supremo es el Rey del universo, Creador de los cielos y de la tierra, cuyo poder excede todos los poderes del mundo.

El manso Cordero y amante Pastor, como estudiamos anteriormente, es llamado también "León", en virtud de su fuerza y su poder. Este es uno de los tantos nombres que recibe Jesús, quien fue tierno para morir, pero poderoso para resucitar. Y su poder imitado se advierte desde la misma creación del mundo. Su sola palabra trajo a la existencia todo lo que vemos. "El dijo, y fue hecho; él mandó, y existió" (Salmos 33:9)

Cierto día Miguel Angel visitó el estudio de Rafael. Pero el gran pintor estaba ausente. Como el criado le preguntara su nombre, respondió trazando sobre la pared un rostro humano. Al regresar Rafael, el criado le dijo que había llegado un visitante que no había querido dejar su nombre, pero que en cambio había hecho esos trazos sobre la pared. Cuando Rafael observó tales trazos, exclamó admirado: "¡solo puede ser la mano de Miguel Ángel!"

Y así como esas líneas revelaban la mano inconfundible del gran artista, de igual manera el mundo natural revela el arte inconfundible del divino Creador. La perfección y la belleza, unidas a las leyes que las rigen, proclaman la sabiduría y el poder de un Dios infinito. ¿Quién sino él pudo haber creado tanta maravilla? Las explicaciones del incrédulo, que descartan la acción creadora del Todopoderoso, no alcanzan a convencer la razón. Dios estaba primero. El lo hizo todo. La fuerza de este "León Dios en persona_ no tiene rival. Nadie puede arrebatarle su oder creador y sustentador. "El es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Colosenses 1:17)

Pero este Dios, Jesucristo, no sólo es el Creador y el Sustentador de todo lo existente. Es también el Redentor, quien provee vida eterna al que no lo acepta como tal. El tomó la naturaleza humana, para luego ofrendarnos su vida. " No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres , en el cual podamos ser salvos" (Hechos 4:12)


Con su poder, Cristo renueva nuestros pensamientos, transforma nuestro carácter y ennoblece nuestras acciones. Solo él mediante su Espíritu puede darnos vida nueva y vida eterna. Este divino "León" nos libra del mal; nos protege ante cualquier agresión o peligro. Y nos dice: " No temas, confía en mi. Yo te salvaré". ¡Vale la pena recordar cada día esta preciosa promesa de salvación!