Preparación del toro
 

La Vergüenza Nacional

Toro de Vega

Toro de Coria

Toro Enmaromado

Toro Júbilo

El Afeitado


Hay diferentes momentos no sólo dentro de la corrida de toros, en los que se maltrata al toro públicamente y otros que, aunque no son públicos, existen y en ellos también se maltrata al animal.

La tortura de los animales empieza desde el momento mismo en que son preparados para ser transportados a la plaza de toros. El transporte generalmente se realiza en cajones de 90 centímetros de ancho, en los que los toros no se pueden girar ni mover e incluso a los toros de mayor tamaño les queda imposible agachar la cabeza.

Una vez en la plaza son sometidos a todo tipo de torturas. En comienzo, los toros se mantienen en corrales al aire libre, pero justo antes de la corrida son encerrados en corrales individuales y completamente oscuros donde, entre otras cosas, se les arrojan sacos de arena sobre los riñones, algunas veces se les recortan las astas; en otras ocasiones les hacen cortes en las patas traseras que luego cubren con aguarrás o amoniaco de manera que el animal sienta escozor y no deje de moverse. Se dice incluso que a veces se les unta vaselina en los ojos para distorsionar su visión, se les administran laxantes, se les pone algodón dentro de la nariz y se les clavan alfileres en los testículos.

Finalmente, antes de salir al ruedo, se les clava un arpón con una cinta de colores en el lomo, llamado "divisa" y que representa a la ganadería.

Una vez en el ruedo, el animal recibe todo el impacto de la luz y queda momentáneamente ciego.

Después de empezada la faena, el toro es sometido a la pica. Este es un acto cruel en el que el animal recibe entre uno y tres puyazos, con un arpón que en la actualidad tiene 10 centímetros de largo. Por lo general, es necesario que un picador sea robusto para que emplee toda su fuerza y peso contra las carnes del animal, de manera que alcanza a abrir un hueco en la piel de hasta 40 centímetros de largo.

La pica produce una hemorragia tanto externa como interna, de manera que el animal empieza a desangrarse. Hay datos que comprueban que el toro puede perder hasta dos litros de sangre de un total de 19, es decir un 10% del total.

El propósito de la pica es "ahormar" la embestida del toro, pero en realidad lo que hace es cortar los músculos que sostienen la cabeza, de manera que el animal no puede levantarla, facilitando la labor del torero y disminuyendo el riesgo para el torero.

Existe incluso un estudio realizado entre el 25 de mayo y el 8 de junio de 1998 por un grupo de veterinarios, sobre un total de 83 toros lidiados que comprueba que: el 95% de los puyazos fueron hechos fuera de la zona ideal y el 54% causó una hemorragia mayor de lo deseado. El 100% de los puyazos logró una profundidad de más de 10 centímetros, con un promedio de 21.6 centímetros y varios de ellos con más de 30 centímetros.

El 62% se realizó practicando la suerte del "mete y saca" con un promedio de 7.4 mete y sacas por pica, que según lo reglamentado son tres, es decir, recibe 22,2 mete y sacas. Además, cada puyazo alcanza hasta 3,57 trayectorias en la carne de un toro, lo que significa que al final del tercio de varas el animal queda con más de 10 heridas internas.

Es decir ninguna de las veces se realizó siguiendo las normas del reglamento taurino.

Posterior al tercio de picas, el animal recibe mínimo dos pares de banderillas, pero no hay límite para ellas. Cada banderilla tiene un arpón de 6 centímetros.

Las banderillas se clavan en las carnes del toro y causan desgarros musculares pues giran dentro de ellas. Ocasionalmente, cuando éstas estorban la labor del diestro, son arrancadas a la fuerza, lo que causa un dolor mayor y una herida aún más grande.

Finalmente, el toro, preparado para morir, recibe la estocada. La espada de matar tiene un largo de 40 centímetros. El objetivo es cortar la aorta y la vena cava posterior.

Sin embargo hay estocadas defectuosas, en su colocación, que pueden perforar los pulmones, provocar hemorragia bucal, cortar los tendones de los remos delanteros, lesionar la médula espinal, entre otras.

Después de la estocada viene el descabello o la puntilla. Es decir, un peón de brega trata de seccionar la médula espinal a la altura del cuello con un puñal corto o una espada con cruceta.

Pero en muchas ocasiones el toro no muere, sino que queda paralizado o pierde el sentido, de manera que se da cuenta de que está siendo arrastrado por las mulillas y siente cómo es desollado vivo en las instalaciones de la plaza.

Cuando la puntilla está bien dada, el toro puede sentir durante más o menos 15 minutos, de manera que siente cómo le cortan las orejas.