Moises T. de la Peña Meléndez


Granada
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castellano

Antepasados de Moisés T. de la Peña y Familia

Belia

En recuerdo de
Belia de la Peña Meléndez,
La mayor de los sobrinos
(Octava generación u 8a. G).






Los “Don”en el Nuevo Reyno de León


Según registros parroquiales de San Pablo de Labradores (Galeana, Nuevo Léon, desde la Independencia), entre los primeros avecindados en esa localidad estuvo Don Cristóbal (Primera generación o 1ra. G), quizá nacido a fines del siglo XVII o principios del XVIII. El apellido Peña, de Peña o de la Peña se usa indistintamente en alguna de sus formas, aun entre miembros de una misma familia. Galeana actual se fundó en 1,678.


De entre los hijos de Don Cristóbal se tiene noticias ciertas de Don Leonardo (2a. G), Narciso y Gertrudis. Don Narciso fue padre de Manuel, casado con Josefa Cantú, padres de Rita, casada a su vez con Don Manuel Escobedo en 1,814. Estos últimos fueron los padres del  Restaurador de la República bajo Juárez: el General Mariano Escobedo de la Peña (1826-1902).


Don Leonardo se casó con Petra de la Fuente, y fueron padres de Don José Joaquín (1779-1825, 3a. G), rico ganadero, cuyo testamento obra en mi poder y es fuente de valiosos datos históricos. Compró a los Camachos el latifundio de El Saucillo, que ocupaba gran parte del cañon montañoso del mismo nombre. La cabecera de éste con la huerta y parte de la serranía, con algunas labores, la heredó mi abuelo Candelario; y una fracción fue después de mis padres. Allí nacimos tres hermanos y yo, entre 1,896 a 1,901.


Don José Joaquín, al extender a El Saucillo sus negocios ganaderos, trajo el apellido a la cercana Hacienda de los Sampedros,  que estaba a 4 kms al norte, la cual fue erigida en cabecera del actual Municipio de Yturbide, al ser segregado éste del de Galeana el 9 de marzo de 1,850.


Don José Joaquín se casó con Guadalupe Morales, de Linares, a 45 kms de Iturbide, y a fines del siglo XVIII fueron padres de Don Ramón (4a. G), entre otros. Este, al igual que Don José Joaquín y los hermanos  de uno y otro, murió analfabeto; pues no hubo escuela en todo el sur del actual Estado de Nuevo León hasta muy avanzado el siglo pasado. En 1,844 había una escuela en Monterrey, con sus 13,500 habitantes, y otras en Linares, Montemorelos y Cadereyta; eran las únicas cuatro en el Estado, aunque nominalmente había más. En 1,819 informaba el Gobernador que en Linares, la segunda ciudad del Estado, de los 8,800 habitantes con que contaba el Municipio solamente 134 personas sabían leer y escribir.