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Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato

 

Antigua parroquia de Guanajuato hasta el año de 1957, en que se le elevó a la categoría de la Basílica. Su construcción se inició en el año de 1771 y se concluyó en 1796, cubriendo todos los costos los mineros del lugar. En el último año citado se llevó a ese templo la imagen de la Virgen de Guanajuato, donde permanece hasta ahora. Antes se encontraba en el llamado templo de los hospitales, que entonces servía de parroquia. Corresponde su arquitectura al barroco manierista del XVII; con esbelta cúpula de igual estilo. Su exterior está circundado por un irregular atrio, de principios del XIX, cercado por columnas que sostienen cruces y macetones alternados y un enrejado de época posterior.

Cuenta con tres puertas de acceso. Cada puerta ostenta una fachada en cantera rosa del barroco manierista, sobresaliendo la fachada principal, sobre la que se erige una torre campanario de tres cuerpos de la misma época y estilo de todo el edificio; además del cubo del reloj se aprecia otra torre de inferiores proporciones y de bello estilo churriguera del siglo XVIII. Al lado del bautisterio y unido a él hay una capilla neoclásica con dos ligeras torres, cuyo estilo choca con el resto del templo. Fue construida entre los años de 1870 y 1878; dedicada a la Virgen de Lourdes.

Uno de los laterales está dedicado a San Nicolás Tolentino, patrono de la minería, y el otro a San Ignacio de Loyola, patrono de la ciudad.

El piso del templo, cuyo original posiblemente era de duela de mezquite, y luego fue de losa, data de 1956 y es de material marmóreo. En el siglo XVIII el marqués de San Clemente edificó un anexo al templo para camarín de la Virgen, el que posteriormente fue acondicionado para bautisterio, contando con una bella pila sacramental y con pinturas de Miguel Cabrera. La imagen de la Virgen de Guanajuato, dice la tradición fue donada por Carlos I o Felipe II. Es una escultura en madera estofada magnífica. Llama la atención la dulce belleza de los rostros de la Virgen y del Niño. Le sirve de base una magnífica y rica peana de plata repujada de estilo barroco, donada en 1737 por José de Sardaneta y Legaspi.

La capilla donde se encuentra el cadáver del padre Jarauta, sirvió en el siglo pasado para guardar los auténticos restos de Santa Faustina Mártir el cuerpo amado de esta santa y de su sangre en polvo, contenida en un bello vaso, fueron adquiridos en Roma por el segundo Conde de Valenciana. Debidamente certificados en la Santa Sede llegaron a la ciudad de México en el año 1803 y fueron puestos a la pública veneración en la capilla particular de la casa del Conde, en la calle de plateros (ahora Madero) de la capital virreinal. En 1812, bajo fe de notario, fueron depositados en la urna que los contiene actualmente. El conde de Valenciana donó el cuerpo y la sangre de Santa Faustina a la parroquia de Guanajuato y se colocaron en 1826 en una capilla cuyo altar fue hecho por el arquitecto Eduardo Tresguerras. En 1907, con motivo del patronato canónico de la Virgen de Guanajuato, los restos de la Santa fueron trasladados al altar mayor.