Bahá'ú'lláh fue el Mensajero de Dios que fundó la Fe Bahá'í. Su objetivo es la unificación y hermandad entre todas las religiones, razas y naciones del mundo y la espiritualización del carácter humano. Bahá'u'lláh es el Prometido para quien Báb preparó el camino y Él cumplo las profecías de todos los Mensajeros Divinos anteriores que anunciaron la venida del Mesías en una época futura.

· Su familia
    Bahá'u'lláh (un nombre cuyo significado es "Gloria de Dios" o "Luz de Dios") nació en Tihrán, capital de Persia o Irán, en 1817 (dos años antes del nacimiento de su Precursor, el Báb), en el seno de una distinguida familia de noble linaje. Era una de las familias más antiguas y renombradas de Persia. Su padre era ministro de la Corona y tenía vastas riquezas, a tal grado que abarcaban pueblos enteros. Bahá'u'lláh era descendiente de Abraham a través de su esposa Cetura; también era descendiente de Zoroastro y del antiguo Rey Yazdigird de Persia, así como de Isaí del Antiguo Testamento quien fue el padre del Rey David. (ver cuadro de la Alianza) 

· Su niñez
    Bahá'u'lláh, aun en su niñez, tenía una mentalidad mucho más avanzada que la de su edad y su época. Aunque parezca extraño, Él nunca asistió a la escuela ni tuvo profesores privados. Su capacidad era tan extraordinaria y prematura que, cuando tenía solamente siete años, se presentó ante el Rey de Persia para defender a su padre que había sido víctima de acusaciones falsas de adversarios envidiosos y convincentemente estableció su inocencia.
    Bahá'u'lláh poseía sabiduría y comprensión innatas, una cualidad dada por Dios que es distintivo de una Manifestación Divina.

    'Abdu'l-Bahá explicó que: "Desde el principio... (la Manifestación de Dios) es consciente de los secretos de la existencia y desde su infancia aparecen en ella claramente los signos de su grandeza".
    Cuando Bahá'u'lláh tenía 22 años, su padre murió; por lo tanto, tomó a su cargo la administración de las enormes propiedades de la familia. A Bahá'u'lláh, se le ofreció el cargo de su padre como ministro de la Corona pero Él no lo aceptó.


· Su generosidad
    Bahá'u'lláh era sumamente generoso y amable con los pobres, los afligidos y los desconsolados entre quienes era bien conocido. Era considerado por ellos como un refugio y un consolador y le llamaban "el padre de la compasión". 

· Su renuncia
    Él renuncio a todas sus posesiones, para servir a Dios, en 1853, Bahá'u'lláh, junto con algunos otros creyentes, fue condenado al encarcelamiento en una mazmorra subterránea de Tihrán.

    Para llegar allí, fue obligado a caminar desde el pueblo donde le tomaron prisionero hasta la capital, descalzo, encadenado y "expuesto a los candentes rayos del sol del verano". El camino estaba bordeado de multitudes fanáticas que le ridiculizaron, insultaron y apedrearon y rompieron sus vestiduras durante todo el trayecto, hasta llegar, con los pies sangrantes, a la "mazmorra negra", tres pisos bajo tierra. 
    Fue en esta oscura mazmorra donde el "Mas Grande Espíritu" descendió sobre Bahá'u'lláh; allí recibió la plena potencia de su iluminación y el poder de la Revelación Divina inundó su alma con las enseñanzas de una Fe hermosa.
    Lo que Dios reveló a Bahá'u'lláh fue que Él era su escogido mensajero para esta nueva era, para quien los grandes profetas anteriores, que aparecieron en sucesión de época en época, prepararon el camino y profetizaron su venida; que Él estaba predestinado para ser el Canal del Espíritu Santo por medio de quien se daría a conocer al mundo el nuevo y asombroso Mensaje de Dios que encierra enseñanzas para la unidad de la humanidad, la renovación espiritual del amor, la justicia y el patrón para una nueva civilización universal. 

    Además de difundir su Sabiduría Divina dondequiera que fuera y de realizar incontables actos bondadosos y notables, Bahá'u'lláh verificó numerosos milagros.

    Abundan las cosas sobrenaturales en su vida y son reconocidas en el oriente aún por personas extrañas a la Fe. Bahá'u'lláh no quiso que se citaran estos milagros como pruebas de su Divinidad porque los milagros, a veces, son interpretados como meras historietas y no constituyen pruebas decisivas para todos.