· Ética
Bahá'ú'lláh ha revelado un sistema de normas y leyes de carácter espiritual cuyo fin es el correcto desarrollo de las potencialidades humanas. El hombre es un ser espiritual, de ahí la necesidad de que su conducta, tanto interna como social, siga estas normas espirituales, tal como su cuerpo obedece las pautas de las leyes físicas. "El desarrollo del ser humano es el desarrollo de sus cualidades espirituales, las cuales son su esencia". Éstas son algunas de las normas espirituales traídas por Bahá'ú'lláh:
"Los Bahá'ís son alentados a tener una conducta ética y una moral elevada a través del desarrollo de atributos tales como la veracidad y la sinceridad, pureza y limpieza de mente y cuerpo, cortesía, humildad, honradez, justicia, compasión, misericordia y perdón, castidad y fidelidad. Estos atributos deben gobernar la vida diaria de los Bahá'ís"
La oración es el alimento espiritual. En las escrituras Bahá'ís leemos: Nada hay más dulce en el mundo de la existencia que la oración. El hombre debe vivir en un estado de oración. La condición más bendita es la condición de oración y de súplica. La oración significa conversar con Dios.
En la Fe Bahá'í existen multitud de oraciones. Una de ellas, revelada por Bahá'ú'lláh, es ésta:
"Soy testigo, OH mi Dios, de que Tú me has creado para conocerte y adorarte. Soy testigo en este momento de mi impotencia y tu poder, de mi pobreza y tu riqueza. No hay otro Dios más que Tú, el que ayuda en  el peligro, el que subsiste por Sí mismo"
El servicio a la humanidad es contemplado como una forma de adoración. Abstención de alcohol u otro tipo de drogas  excepto por prescripción médica. Los Bahá'ís son alentados a consultar a médicos competentes y seguir su consejo. La murmuración, habladuría y calumnia son censurados, ya que causan división entre la gente. La promoción del bienestar y la paz de la humanidad constituyen el máximo interés de los Bahá'ís.

Este escrito de Bahá'ú'lláh es una guía para la vida ética de un Bahá'í:

  • Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad.
  • Sé digno de la confianza de tu prójimo y mírale con rostro resplandeciente y amistoso.
  • Sé para el pobre un tesoro, para el rico un amonestador.
  • Sé el que responde a la llamada del menesteroso y guarda la santidad de tu promesa.
  • Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra.
  • No seas injusto con nadie y muestra a todos mansedumbre.
  • Sé como una lámpara para quienes andan en tinieblas, una alegría para los entristecidos, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un sostenedor y defensor de la víctima de la opresión.
  • Que la integridad y la rectitud distingan todos tus actos. Sé un hogar para el forastero, un bálsamo para el que padece, un baluarte para el fugitivo.
  • Sé ojos para el ciego y una luz de guía para los pies que yerran.
  • Sé un ornamento del semblante de la verdad, una corona sobre la frente de la fidelidad, un pilar del templo de la rectitud, un hálito de vida para el cuerpo de la humanidad, una insignia de las huestes de la justicia, un lucero sobre el horizonte de la virtud, un rocío para la tierra del corazón humano, un arca en el océano del conocimiento, un sol en el cielo de la  munificencia, una gema en la diadema de la sabiduría, una luz refulgente en el firmamento de tu generación, un fruto del árbol de la humildad
Bahá'ú'lláh



· Ciudadanía Mundial
Los escritos de Bahá'u'lláh nos hablan de la existencia de una sola especie humana. Todas las etnias son partes de una misma humanidad que, partiendo de un origen común, se ha ido disgregando a lo largo y a lo ancho de la Tierra. Ninguna raza es superior a otra, ninguna raza es inferior a otra. La diversidad no debe implicar desunión. Hoy vivimos en un mundo interrelacionado en el que todas las culturas y etnias pueden y deben tener cabida. Bahá'u'lláh  lo enuncia en una frase que resume todas las aspiraciones universales del hombre: 

"La Tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos"
Bahá'ú'lláh

En nuestros días, cuando el planeta ha podido ser contemplado por primera vez en la historia en todo su conjunto un planeta azul e infinitamente pequeño en un cosmos infinito, el anuncio de Bahá'u'lláh ha pasado de ser un ideal a convertirse en una realidad tangible.
La Fe Bahá'í nos anuncia el fin de las fronteras que durante siglos han mantenido divididos a los hombres. Fronteras políticas, económicas, patrióticas, raciales y culturales. Fronteras que son en última instancia una representación de nuestra inmadurez pretérita, divisiones irreales que sólo existen en nuestra imaginación de lo pasado.

En las escrituras Bahá'ís leemos:
Cuando a la gente del futuro se le pregunte: ¿A qué nacionalidad pertenece usted?, la respuesta será: A la nacionalidad de la humanidad .
La gente del futuro no dirá: Pertenezco a tal o cual nación, pues todos ellos serán ciudadanos de una nacionalidad universal: la única familia, el único país, el único mundo de la humanidad.
Como ciudadanos de un mismo pueblo, de la misma nación universal, los seres humanos hemos de trabajar conjuntamente en la construcción de una civilización planetaria. Y para conseguir este objetivo, el primer paso es interiorizar este consejo de Bahá'u'lláh:

"Que vuestra visión abarque el mundo, en lugar de limitarse a vuestro propio ser."
Bahá'ú'lláh