1984: Endika sigue haciendo historia


FECHA
CAMPO CIUDAD
5 de mayo de 1984
(20:15 h.)
Santiago Bernabéu
(100.000 esp.)
Madrid

ARBITRO: Angel Franco Martínez
(Colegio Murciano)

EQUIPOS GOLES ALINEACIONES
ATHLETIC BILBAO


(Javier Clemente)
1

Endika (14')
Zubizarreta, Urkiaga, Núñez, Liceranzu, Goikoetxea, De Andrés, Dani, Patxi Salinas, Endika (Sarabia 60’), Urtubi, Argote (Gallego 86’).
FUTBOL CLUB BARCELONA

(César Luis Menotti)
0



Urruti, Sánchez, Migueli, Julio Alberto, Víctor, Alexanco, Carrasco, Schuster, Rojo (62'Clos), Maradona, Marcos.

ATHLETIC DE BILBAO (1984)
 
FUTBOL CLUB BARCELONA (1984)

Un solitario gol del getxotarra noqueó al Barça de Maradona, responsable de una sonrojante batalla campal, y otorgó el que aún luce como último título rojiblanco

Lástima que del último título del Athletic se recuerde sobre todo la bochornosa reacción liderada por el que era considerado el mejor futbolista de la época, Diego Armando Maradona. El Pelusa no supo aceptar la superioridad de un equipo rojiblanco que la semana anterior se había proclamado campeón de Liga y desató una batalla campal al término del partido donde Miguel Sola, entre otros, fue el peor parado entre la cascada de empujones y bofetadas. Endika Guarrotxena, en el mágico minuto 14 (oficiosamente fue el 13), había prendido la mecha de la ilusión bilbaina con un gol que se le ha evocado cada vez que los leones han oteado una final. Habían apeado los de Javier Clemente a Cartagena, Real Sociedad, Sporting y al Real Madrid en una dramática tanda de penaltis, y aguardaba el Barcelona de César Luis Menotti, un bloque que más allá de la calidad sobresalía por tratarse de un armazón de hierro. Una especie de espejo del Athletic aguerrido y físico que forjó El Rubio de Barakaldo. En el aire flotaba la lesión que el astro argentino había sufrido ocho meses antes por una dura entrada de Andoni Goikoetxea, y que marcó al de Alonsotegi, crucificado por parte de la prensa capitalina y culé.

No es de extrañar que la designación de Franco Martínez para dirigir la contienda desatara una oleada de críticas en ambas orillas. Del lado rojiblanco estaba Madrid, donde acudió en masa la hinchada, hasta en un número de 55.000 aficionados, una visión que maniató el miedo que mascullaban los futbolistas del Athletic por el ambiente generado en las horas previas. Si hoy en día se alude a los vídeos con que Pep Guardiola ha provocado la conjura de su vestuario, entonces fue Natxo Biritxinaga, el masajista, la persona que mejor entendió que tocaba preparar la situación con una sonrisa: minutos antes del encuentro, en pleno calentamiento en la caseta, irrumpió disfrazado de la popular Eva Nasarre, profesora de gimnasia, con su maillot, cinta de pelo y labios pintados. El grupo se relajó y Clemente sorprendió alineando de inicio a Núñez, Patxi Salinas y Endika.

aquel centro de argote... En las retinas aquel córner que acabó en las botas de Estanis Argote, la zurdita de oro, que asistió con temple y con la pierna cambiada desde la banda izquierda al interior del área, donde apareció el getxotarra para batir al malogrado Urrutikoetxea. A partir de entonces el Athletic transformó el combate en una pugna donde primaba que avanzaran las agujas del reloj al tiempo que su afición era presa de los nervios. Con todo, el Barcelona apenas inquietó a Zubizarreta, más allá de una disparo flojo de Maradona y un remate de cabeza de Schuster. La impotencia culé se fue agigantando y el doblete, algo que no ocurría desde 1956, estaba ya al caer. Pitido y gresca. Dieguito