LA GABARRA, UNA TRADICIÓN RECIENTE

Corría el 1 de mayo de 1983 cuando el Athletic se proclamó campeón de Liga por séptima vez en su historia. Habían pasado 27 años desde que el mítico Piru Gainza levantase este trofeo y diez desde que no llegaba a Bilbao ningún título. La final de la UEFA de 1977 y el subcampeonato de Copa del mismo año –el de los penaltis lanzados por Iribar y Esnaola- no había calmado la sed de la afición. Tampoco la situación social de aquellos años proporcionaba alegrías. La reconversión industrial, con un paro superior al 20%, azotaba los márgenes de la Ría como nunca antes. Nada invitaba al optimismo. Sin embargo, el Athletic, “el equipo surgido del pueblo”, como reza su himno, decidió dar una alegría a su afición regalándole una victoria de leyenda. El 1 a 5 de Las Palmas unido a la derrota del Real Madrid en Valencia devolvía a Vizcaya la alegría que no podía obtener de otra manera. “El Athletic, ¡campeón!”.

Por aquel entonces presidía el club Pedro Aurtenetxe. Él, como la mayoría, tenía poca fe en superar al Madrid de Santillana, Juanito y Camacho, pero, por si acaso, su directiva comenzó a preparar una celebración especial. Uno de sus integrantes, Cecilio Gerrikabeitia, había presenciado muchas veces los triunfos del Athletic y pensó que la explanada del Ayuntamiento, tradicional punto de encuentro entre los jugadores y los aficionados, se quedaba pequeña. Fue una canción la que le dio la idea. “Por el río Nervión, bajaba una gabarra…”, dice el tradicional estribillo que convirtió esta embarcación en el símbolo de los triunfos rojiblancos. Nada mejor que un bote dedicado al acarreo del hierro, la fuente de riqueza de Vizcaya, para traer de vuelta a los campeones y exhibir con
orgullo sus triunfos.

Una embarcación con historia

El proceso de industrialización iniciado en Vizcaya a fines del siglo XIX hizo de este tipo de embarcación un elemento indispensable para la riqueza del territorio. Henchidas sus montañas del hierro que necesitaban las fábricas y altos hornos, la Ría fue la vía elegida para trasladar este mineral desde las minas hasta los 23 cargaderos existentes, situados todos ellos entre Olabeaga y Portugalete. Desde allí, vía ferrocarril, el hierro viajaba a los más diversos lugares.

Las gabarras partían desde Urazurrutia, junto a Bilbao-La Vieja, y se dirigían a Asúa. Las que portaban mineral, se dirigían a Olabeaga, pero las que acarreaban dinamita, lo hacían hacia Zorroza. Curiosamente, estas últimas llevaban una bandera roja que avisaba del peligro de su carga, un presagio de lo que les depararía el futuro.

Un millón de personas en 1983

Un futuro que encarnaría la gabarra número 1, rebautizada en 1983 como Athletic Club. Ya no acarrearía el hierro para la industria o los explosivos para expoliar los montes, sino que sería testigo de primera mano de los éxitos rojiblancos. Los jugadores de Clemente partieron de Las Palmas sin idea de lo que les esperaba. Años después, Goiko reconocería que “no sabía lo que era aquello”. Cerca de un millón de personas salieron a su encuentro en los márgenes de la Ría. Nunca se había visto nada igual. Salieron del club Marítimo a las cuatro de la tarde arrastrados por el remolcador ‘Amaya’ y emprendieron la marcha hacia el puente de San Antón acompañados por la Sotera, la Bizkaitarra, Isuntza y el resto de traineras vizcaínas además de un sinfín de gasolinos, remolcadores, balandros y botes. Toda Vizcaya parecía estar allí: los monos azules de Altos Hornos teñían la margen izquierda, los trabajadores de los astilleros saludaban desde el enorme Guadalupe Victoria II, los niños, que este 3 de mayo día tuvieron fiesta, y hasta los universitarios, que declararon la ‘huelga del alirón’. Tres horas de trayecto que quedaron en la memoria de aficionados y jugadores para siempre.

1984: el año del doblete

Así fue. Sólo un año después, los leones volvieron a la Ría para celebrar otro triunfo apoteósico. En esta ocasión, un campeonato de Liga aderezado con la Copa del Rey ganada al Barcelona de Maradona. La final de la tremenda tángana. Bilbao, por fin, podía olvidar por unas horas las terribles inundaciones que nueve meses antes habían ahogado la alegría de la primera gabarra. Y a fe que lo hizo. “Aquí se saborean los triunfos”, alardeaba ‘Rocky’ Liceranzu mientras se repetían e incluso superaban las imágenes del año anterior. “Sabía que era algo grandioso, pero no me imaginaba tanto”, aseguró Endika, el autor del gol que dio el título copero y que no había vivido la experiencia del año anterior. Nuevamente toda Vizcaya, “la oficina, la fábrica, la tienda, el hierro y el arado” –dicen las crónicas-, salió a agasajar a sus héroes. La gabarra se unía así a la tradición de contar sólo con jugadores de la casa, la ofrenda floral a Pichichi o el propio estadio de San Mamés. Una tradición que sólo cuenta con 25 años de vida, que sólo se ha celebrado en dos ocasiones pero que ha calado profundamente. En el Athletic, ‘ganar un título’ se dice ‘sacar la gabarra’.

La gabarra en la actualidad

La gabarra del Athletic, construida en 1960 por Astilleros Celaya, tiene 18,5 metros de eslora y 8,5 metros de manga y es en realidad un "taller flotante", perteneciente a la Autoridad Portuaria bilbaína, que la usaba para labores de mantenimiento del puerto. La embarcación solía estár atracada en las instalaciones del Puerto de Bilbao. En marzo de 2012 la Autoridad Portuaria de Bilbao decidió "jubilarla" para las actividades portuarias, así como ceder gratuitamente la embarcación al Museo Marítimo Ría de Bilbao (inaugurado el 20 de noviembre de 2003 en el mismo terreno donde antaño se alojaban los astilleros Euskalduna).

Por fín en junio de 2013 fructificaron las conversaciones y la Autoridad Portuaria decidió donar la emblemática gabarra Athletic al Museo Marítimo. La embarcación, símbolo de los éxitos rojiblancos, se colocará en el dique seco del museo después del verano, formando parte así del grupo de barcos expuestos en el exterior del edificio y que pueden ser visitados -la entrada al museo incluye el acceso al dique-. Con esta donación, la gabarra se queda por fin en un lugar visible y permanente para que aficionados, y no aficionados, al Athletic puedan emular a los jugadores rojiblancos que en los primeros años de la década de los ochenta surcaron la ría ante un millón de personas en la celebración de los triunfos en Liga y Copa.

Fue en 2012, coincidiendo con las dos finales que jugaba el equipo rojiblanco (UEFA Europa League y Copa del Rey), cuando la figura de la gabarra recobró protagonismo entre la afición. Propiedad de la Autoridad Portuaria, la embarcación pasó los últimos 25 años realizando trabajos de remolque y traslado de cargas. Su aspecto, castigado por el paso del tiempo, precisó de una puesta a punto que fue seguida con gran expectación por la sociedad vizcaina ante la previsión de que el Athletic pudiera ganar alguna de sus dos finales y los jugadores volvieran a navegar por la ría. No fue así.

No hubo victorias ni paseos triunfales, pero para entonces la vieja gabarra se había hecho ya fuerte, dejando de ser un recuerdo sentimental y
convirtiéndose de nuevo, dos décadas después, en un barco real. Y así se iniciaron las conversaciones para trasladarla al Museo Marítimo; un acuerdo que se cerró definitivamente a mediados de junio de 2013 en la junta del

Patronato. En este encuentro, la Autoridad Portuaria, que ya había adquirido una nueva embarcación, aprobó donar la gabarra al museo y asumir el mantenimiento anual de la misma. Por su parte, el Museo Marítimo se encargaría de adaptar el dique seco durante el verano para colocar el barco junto a otro histórico del espacio. El Portu, primer barco construido en los astilleros para los Altos Hornos, será su vecino de parcela. Desde diciembre de 2013 la gabarra puede ser contemplada en el dique seco anexo al Museo Marítimo.

(Fuentes: El Correo y DEIA)


ANTES QUE EL ATHLETIC OTROS SURCARON LA RIA

Muchos creerán que el club rojiblanco fue el primero que surcó las aguas del río Nervión, pero en realidad fue otro club bilbaino, el Acero Club del barrio de Olabeaga, el primero que subió a bordo de una barca y surcó las aguas de la Ría para celebrar sus éxitos con su hinchada. 

Todo ocurrió en 1924, cuando el Acero se proclamó campeón de España de la Serie B. Ese año, y como consecuencia de haber ganado el título provincial, el Acero Club tomó parte en el campeonato estatal en representación de la Federación Vizcaina. En las eliminatorias se deshizo del Alfonso XIII de Pontevedra y del Unión Ferroviaria de Madrid. La final se jugó en Sevilla el 4 de mayo de 1924 contra Osasuna, y los bilbainos se impusieron por 2-1. El Acero era un club modesto y tuvo problemas económicos para afrontar el choque. Luis Errasti, presidente de la Federación vizcaina, costeó las 5.000 pesetas del desplazamiento de ida y para la vuelta llegaron a Madrid gracias a las 118 pesetas que le correspondían de la recaudación. Caicedo, un jugador bilbaino del Espanyol les adelantó 600 pesetas que sumadas a lo que consiguieron tras vender el trofeo que les acreditaba como campeones, pudieron llegar a Bilbao. 

Nada importó porque el recibimiento fue apoteósico: Desde Orduña se repitieron en cada estación de tren los vítores, aplausos y música que saludaban al campeón. Ya en la Villa y, según rezan las crónicas de la época, “Bilbao tributó al Acero un grandioso recibimiento en el que no faltó un detalle original ideado por el caballero deportista Manu Sota”. Todo el equipo embarcó en una gabarra iluminada con antorchas que, arrastrada por un remolcador de este armador, hizo su paseo triunfal desde el puente del Arenal hasta el muelle de Olabeaga, mientras sonaba la siguiente marcha popular: “Por debajo del puente / pasaba una gabarra,/ con once jugadores/ del gran club de Olabeaga”. Había nacido el mito del que luego nos apropiaríamos todos los seguidores del Athletic Club. 

Fue el primer momento de apogeo de un club fundado de la mano de un grupo de trabajadores del astillero Euskalduna en el año 1920. Unos duros comienzos dieron paso al glorioso año de 1924, en el que el equipo se mantuvo invicto durante toda la temporada y solo cedió un empate. En aquella época el equipo jugaba en el campo de Chimbo Ibarra. Su ascenso a la serie A se produjo en 1925 y el Acero pasó a jugar contra los mejores equipos de Bizkaia: Athletic, Arenas, Barakaldo o Sestao. En esta categoría compitió hasta 1929, cuando fue descendido porque el campo no reunía las condiciones adecuadas ni en cuanto al terreno de juego, ni en lo relativo a las áreas destinadas al público. Fue entonces cuando se inició su decadencia, pues se vio obligado a jugar en segunda preferente al mismo tiempo que buena parte de sus figuras se marchaban a otros equipos. 

Varios parones 

En 1930 el club desapareció y no reanudó su actividad hasta 1947. Entre 1961 y 1972 también interrumpió su participación en el campeonato vizcaino. El Acero ha competido, sobre todo, en la Primera Regional de nuestro fútbol y en la actualidad también milita en esta categoría. Disputa sus partidos en Basurto, en el campo de Iparralde y, por lo menos cuando actúa de local, luce camiseta y medias azules y pantalón blanco. Un total de 400 socios apoyan al Acero, entidad dirigida desde los despachos por Ángel María Basabe, y desde los banquillos por David Irusta. 

Durante las últimas décadas el Acero se ha lanzado a la Ría hasta en cuatro ocasiones. La última aún está fresca en nuestra retina, ya que se produjo el 5 de mayo de 2012. La embarcación Euskal Herria llevó a jugadores, técnicos y directivos del Acero, desde el Ayuntamiento hasta Olabeaga. “Fue una sensación preciosa. Los jugadores no lo habían visto nunca y quedaron encantados. Dijeron que era la mejor celebración de un ascenso”, relata Basabe. La fiesta del Acero coincidió con el partido de Liga que el Athletic debía disputar contra el Getafe y muchos aficionados rojiblancos jalearon a los de Olabeaga al grito de “Aupa el Acero”. ¡Aupa!

(Fuente: Periódico Municipal BILBAO, abril 2013)