5 de enero de 1947
ATLETICO BILBAO 3 - SAN LORENZO DE ALMAGRO 3

Athletic:
Lezama, Fernández, Oceja, Celaya, Bertol, Nando, Iriondo, Panizo, Zarra, Iraragorri y Gainza.
San Lorenzo de Almagro: Blazina, Crespi, Baeso, Zubieta, Grecco. Colombo, De la Mata, Farro, Pontoni, Martino y Silva.
MARCADOR: 3 (Panizo, Zarra, Zarra) - 3.
ÁRBITRO: Gojenuri.
INCIDENCIAS: Partido amistoso correspondiente a la gira europea que realizó el San Lorenzo de Almagro a finales de 1946 y principios de 1947.

El equipo del Papa Francisco, el San Lorenzo de Almagro, visitó San Mamés en 1947 para disputar un histórico encuentro que a punto estuvo de ser suspendido debido a la lucha clandestina contra el franquismo.

Fue el nombramiento del nuevo Papa, el pasado 13 de marzo de 2013, un acontecimiento tan esperado en las horas y días previos como futbolero a posteriori. El cardenal Jorge Mario Bergoglio, nacido en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936, ascendía a Sumo Pontífice y catapultaba a un primer plano el nombre y el escudo de un histórico club argentino: San Lorenzo de Almagro.

La noticia de que Bergoglio, Francisco a la postre, era socio del equipo que cautivó al mundo del fútbol en la década de los cuarenta se expandió por todo tipo de rincones. El primer Papa latinoamericano y jesuita de la historia vibraba con la pelota, ese instrumento capaz de hacer enloquecer a casi cualquier argentinoy que vivió en las andanzas de San Lorenzo de Almagro una de las épocas más recordadas hace cerca de 70 años. Era otro fútbol, otra manera de competir quese hacía notoria en Bilbao, donde el Athletic apostaba irremediablemente por la garra y el juego directo. No así San Lorenzo. El equipo del barrio de Boedo, fundado el 1 de abril de 1908 y que debe su nombre al sacerdote salesiano Lorenzo Massa -a él le debe el club el histórico apodo de Cuervos, debido al color negro de las sotanas de los sacerdotes-, encandiló, enamoró de por vida a Bergoglio, un niño de 10 años de edad que acabaría oficiando la misa del centenario del club en 2008, al proclamarse campeón en Argentina en 1946 con un fútbol de salón que derivó en 90 goles a favor en 30 partidos y un título -el tercero entonces en la historia del club- para la posteridad.

Fue entonces, tras reinar sobre las gigantescas siluetas de River Plate y Boca Juniors, antes de vivir la época dorada del club en cuanto a títulos se refiere entre 1968 y 1974, la entidad de Boedo, considerada por la FIFA como uno de los clubes clásicos más importantes del mundo, afrontó una gira europea marcada por la expectación y que alcanzó un escenario muy singular: San Mamés.

La resistencia y el fútbol

Después de jugar ante el Atlético de Aviación el 23 de diciembre de 1946, y después de fajarse frente al Real Madrid y Barcelona, llegó la cita esperada por muchos en Bilbao. San Lorenzo visitaba La Catedral la víspera de Reyes, el domingo 5 de enero de 1947. Una cita de cuyo transcurso se han escrito largos artículos, pero no tanto acerca del marco político-social que la rodeó y que a punto estuvo de hacer que el encuentro tuviera que ser suspendido.

La historia, el episodio con el Athletic, San Lorenzo, Francisco Franco, Juan Domingo Perón y un grupo de nacionalistas vascos como protagonistas, obedece a los tiempos de la represión franquista, la cual obligaba a un total hermetismo, por lo que todavía hoy en día resulta complicado reconstruir la historia de la resistencia y tener acceso a documentos y pasajes dignos de ser recuperados. Uno de ellos, el que enmarcó y dio forma a lo sucedido la noche del viernes 3 de enero de 1947, dos días antes de que el entonces vigente campeón de Argentina posara en San Mamés, tuvo como protagonistas principales a una veintena de nacionalistas vascos que formaban entonces parte de uno de los grupos militar-propagandísticos de la época.

La colocación de Ikurriñas y pegatinas y la realización de grandes pintadas fueron algunas de las actividades que dieron paso al intento de boicot del partido entre el Athletic y San Lorenzo, debido al protocolo Franco-Perón. Un acuerdo entre ambos, a través del cual Argentina se comprometió a proporcionar alimentos a España a cambio de productos industriales en una época en la que el régimen español, que atravesaría unos años de delicada pobreza, encontró un aliado de oro con un protocolo que llegó a provocar una enérgica protesta en la propia Argentina. Algo que también sucedió en Euskadi, donde el miedo y la represión marcaban el día a día. "En Bilbao había organizadas unas cincuenta personas y estábamos trabajando francamente bien cuando se produjo la caída; en aquel momento se firmaba el protocolo Franco-Perón y nosotros decidimos hacer algo contra aquello. Iban a jugar en San Mamés el San Lorenzo de Almagro y el Athletic", recordaba Ramón de Galarza Ruidos, un gudari que sobrevivió a la guerra y la posguerra para ser condenado a muerte y lograr, tras ver morir a compañeros, que su condena no se ejecutara para llegar con vida, con aire, al día en el que se anunció la muerte de Franco.

Antes, aquel 3 de enero, sucedió algo que Ramón de Galarza rememoraría después, retrocediendo hasta aquel día, aquella noche, para dibujar el intento de boicotear el partido entre leones y cuervos. "En un primer momento pensamos en volar con dinamita el terreno de juego, el césped, pero luego vimos que no era posible y decidimos entrar aquella noche del viernes 3 de enero en el campo con picos y azadas para dejarlo impracticable", confesaba Ruidos en la misma entrevista, antes de recordar lo que aconteció una vez dentro del campo, en plena oscuridad y en pleno trabajo de clandestinidad. "Queríamos serrar las porterías y llevárnoslas para que no se celebrara el partido, pero aquello no salió bien porque en San Mamés había luces y gente por haber muerto el hijo de Birichinaga, por lo que, cuando estábamos cavando y ya habíamos serrado las porterías, tuvimos que escapar corriendo".

Un intento de boicot al protocolo Franco-Perón con el Athletic de por medio que, finalmente, no evitó que el envite tuviera lugar el día previsto, aunque sí obligó a que las autoridades descargaran 200 camiones de arena en el campo, teniendo que disputarse el envite sobre arena.

Un envite vibrante

Bajo esa realidad político-social y el frustrado intento de boicot llegó la hora del choque entre vascos y argentinos. Un partido que, tal y como se ha recordado en multitud de ocasiones, resultó un canto al fútbol. El 3-3 final, con gol de Panizo y doblete de Zarra por parte del Athletic, sirvió para que un abarrotado San Mamés disfrutara de lo lindo de un fútbol prácticamente desconocido hasta la fecha. La apuesta de San Lorenzo de Almagro, el ilustre campeón argentino y uno de los equipos referencia del momento que contaba en sus filas con el vasco Zubieta, dejó con la boca abierta a buena parte de la afición rojiblanca, que llegó a exclamar: "¡Pero si juegan todos como Panizo!" Y no era para menos.

La figura de Panizo, el cerebro del formidable Athletic de aquellos años, era una especie incomprendida y anómala incluso en San Mamés, que pasó de verle como un jugador sin sangre a admirarle por sus virtuosas cualidades con el balón en los pies. Fue aquella, la de San Lorenzo, una visita histórica al representar la apuesta por un fútbol adelantado a su época y que le sirvió para ser catalogado por muchos como el mejor equipo del mundo en 1946.

Se trató, en definitiva, de un equipo que cautivó tanto a La Catedral como al resto de escenarios europeos en los que se exhibió durante una gira que abrazó al Athletic y que ahora, 66 años después, algunos han apuntado que podría volver a unir a ambos clubes. La razón, conmovedora, sería el partido homenaje a un San Mamés que podría encontrar en el San Lorenzo al rival idóneo para su inminente y emotiva despedida.

Fuente: Arkaitz Aramendia (DEIA)