8 de febrero de 1931
ATHLETIC CLUB 12 - FC BARCELONA 1

Athletic:
Izpizúa, Castellanos, Urquizu, Garizurieta, Muguerza, Roberto, Lafuente, Iraragorri, Bata, Chirri y Gorostiza.
Barcelona : Llorens, Zabalo, Portas, Martí, Roig, Castillo, Piera, Goiburu, Sastre, Arnau y Parera
MARCADOR: Bata min 2 (1-0). Bata min.8 (2-0). Goiburu min 10 (2-1). Bata min. 24.(3-1) Gorostiza min. 27.(4-1) Lafuente min. 36.(5-1) Bata min 37. (6-1) Garizurieta min. 55.(7-1) Bata min. 57 (8-1). Bata min. 60(9-1) Bata min. 68. (10-1). Sastre p.p min. 71 (11-1). Iraragorri min 83. (12-1)
ÁRBITRO: Balaguer
INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la decima jornada liguera del campeonato de Liga 1930/1931. El Barcelona sufre numerosas bajas y llega a quedar con nueve hombres sobre el terreno de juego.

Corrían tiempos revueltos en la España de principios de los años treinta. Un país atrasado, tierra de dictadores, caciques y monarcas que vivían a cuerpo de rey a costa del sacrificio y el trabajo de una sociedad preferentemente rural.  Un estado que nunca supo aprovechar las oportunidades que tuvo y que sufría de un grave retraso logístico y cultural; donde los pucherazos, el bipartidismo y una monarquía -casi- absolutista eran como las migas en casa del jornalero; el pan de cada día.

En una Europa donde los regímenes dictatoriales se empezaban a alzar en detrimento de la democracia, muy malograda por la devastadora crisis que provocó el crack de 1929; en el sur del continente se respiraban aires de cambio. La recién nacida España democrática empezaba a asomar la cabeza tras el pacto antimonárquico celebrado en San Sebastián, y que –al fin- desembocaría con la Segunda República Española en abril de 1931, acabando con casi una década de dictadura, y una historia  sin sabor a libertad. En el preciso periodo que abarca la tremenda goleada del Athletic al Barcelona, la 'dictablanda' del general Berenguer y el tío abuelo de Aznar daba sus últimos coletazos de vida.

El paradigma de un país singular, donde primaba la astucia y la picaresca por delante de la inteligencia y el rigor, alzaba a los altares más elevados una disciplina creada para divertir a los inmigrantes venidos de las islas, y que acabó sirviendo de apio para el populacho. En la recién estrenada liga española –creada dos años antes-, ya sobresalían varios equipos que estaban predestinados a marcar leyenda. Equipos fundados con bases sólidas a principios de siglo y provenientes de las áreas más desarrolladas de la península (Cataluña, País Vasco y Madrid).

Caricatura de los jugadores del Athletic de la temporada 1930-1931

El primer Athletic campeón

La ciudad de Bilbao, enclave industrial y eje portuario donde las embarcaciones penetraban hasta el propio corazón urbano, presentaba un ambiente triste y grisáceo que escenificaba la función del municipio en el sector de la siderurgia y la minería. Por otro lado, dos colores aglutinaban pasiones gracias a un equipo que apareció para marcar época y alegrar las tardes de domingo de la sociedad futbolera de la época. Aquella generación de futbolistas grabó su recuerdo en las mentes de cuantos bilbaínos contemporizaron con el mítico conjunto dirigido por un extraño hombre de bombín abollado venido de las islas.  Aquel Athletic era especial, el primer Athletic campeón. Un equipo que hizo que cualquier hijo de vecino se supiese la alineación del equipo de carrerilla.

Se podría decir que la década de los treinta fue suya. Ocho títulos fueron conseguidos en aquella época de convulsión y constantes cambios. En seis años, el Athletic se alzó con cuatro ligas (1929/1930, 1930/1931, 1933/1934 y 1935/1936) y cuatro campeonatos de Copa consecutivos (en los años 1930, 1931, 1932 y 1933).

Mister Pentland: el bombín que llegaba en camión

La esencia, la inherencia de aquel conjunto que todo aitite recuerda con orgullo fue la incursión de Fred Pentland en el club vasco. Presente en la memoria de todo aficionado rojiblanco que se precie, el gentleman del bombín abollado que llegaba en camión a la ciudad y organizaba dos entrenamientos semanales, fue una completa revolución en todos los sentidos para el club.

Mister Pentland fue un adelantado a su época, un pionero táctico, precursor de la colocación de extremos a banda cambiada: posicionó al diestro Gorostiza como zurdo para que aprovechara su técnica y velocidad para hacer incursiones diagonales, en vez de acatar el desborde tradicional. También fue de los primeros en entender que poblar el medio campo era necesario para conseguir contundencia y convicción, por lo que retrasó a los interiores para agenciar más contacto con los mediocampistas.

Imagen de una pizarra notificando el primer gol | Fotografía: Athletic for ever! bizkaiko gaiak

La primera delantera histórica

Los Rafael Moreno Pichichi“, José Mari BelausteguigoitiaBelauste” y compañía  dejaban paso a una camada de jugadores que tocarían la gloria con la zamarra rojiblanca. Unamuno del Alavés, Blasco del Acero de Olabeaga, Lafuente, Bata, Gorostiza, Cilaurren, Ispizua o Iraragorri y un largo etcétera de nombres firmarían el primer equipo mítico de la liturgia rojiblanca, comandado popularmente por la delantera histórica que formaron Ignacio Aguirrezabala "Chirri II", Victorio Unamuno, Agustín Sauto "Bata", José "Chato" Iraragorri y Guillermo "Bala Roja" Gorostiza.  

Aquel era un conjunto fuerte, un bloque impávido e inquebrantable que tenían el fútbol ofensivo como leitmotiv. Mientras el chato de Galdácano ponía el talento y el juicio para cocinar el juego desde el centro, Iraragorri ponía el arrojo y la habilidad a balón parado, Chirri II, la astucia y la picardía, un ‘pensador’que se aprovechaba de su oficio de arquitecto para dibujar centros milimétricos, Lafuente, sumaba la tranquilidad y el portento de dos prodigiosas piernas que regateaban incluso a su sombra, Bata, heredero de la destreza goleadora de Pichichi, cabeceador nato y Gorostiza que imprimía velocidad y fuerza en sus cabalgadas diagonales, dejando de lado el regate en gozo de una superioridad física encomiable.  

Los pupilos de Pentland sembraron una trayectoria inolvidable que dio sus frutos durante toda la primera mitad de la década, pero que vio cortada su proyección y desarrollo por el inicio de una contienda. El comienzo de la Guerra Civil, provocada por el alzamiento reaccionario, hizo que muchos de los jugadores que pertenecían a aquella inolvidable generación tuvieran que luchar en una guerra fratricida para encomendarse a un futuro de incógnita en el exilio, o incluso jugar con la selección de Euzkadi con el objetivo de recaudar fondos para el bando republicano.

Vestuario rojiblanco en 1931 | Fotografía: Athletic for ever | bizkaiko gaiak

La mayor goleada de la historia

Si bien el Athletic se alzaría con aquel campeonato gracias al gol average tras un triple empate en lo alto de la clasificación con la Real Sociedad y el Racing de Santander, el Barça se quedó a un solo punto de ser campeón de liga. La reacción de los rojiblancos se originó en la segunda vuelta, donde los bilbaínos vapulearon al Real Madrid (6-0) y al Barcelona (12-1).

Lo cierto es que el resultado fue sorprendente ya en su época, pues en el partido de ida en Les Corts, el Barça había ganado por 6-3 a los chicarrones del norte. Sin embargo aquella fría tarde dominguera en Bilbao no pareció sentar bien al Barça de Bellamy. Dos minutos duró la igualada sobre el verde de San Mamés, Iraragorri asistió a Lafuente que midió un sensacional centro para posterior cabezazo de Bata. Aquella tarde, Agustín Sauto "Bata" lograría siete tantos ante un Barcelona que según cuentan las efemérides crónicas de Mundo Deportivo, acusaría numerosas bajas que se produjeron durante el transcurso del partido.

Crónicas subjetivasCrónica en Mundo Deportivo

Entre las expresiones de la época como shota o freekik, el cronista catalán que escribió el relato del partido en Mundo Deportivo empezaba su artículo de la siguiente forma: 

Sin duda alguna este será el resultado y la comidilla en los círculos deportivos de toda España y de él se hablará durante mucho tiempo, porque, todos sabemos a ciencia cierta que el Barcelona no es equipo digno de encajar tan estrepitosos y disconformes con su clase real y de alta fama. Pero esta tarde, el Barcelona, vióse extraordinariamente favorecido por la desgracia, en grado superlativo, y en forma tan inevitable que los azulgrana terminaron por desmoralizarse, cosa que nunca vimos suceder en terrenos bilbaínos al campeón catalán. (Crónica completa de EL MUNDO DEPORTIVO del 9 de febrero de 1931)

Captura de un diario bilbaíno

En la extinta La Gaceta del Norte, José María Mateos describiría el partido así:

Pasó que el Athletic tuvo una tarde muy feliz (y eso que Chirri – es decir, Aguirrezabala-, aquel jugador al que se le sacudían las medias, se limitó a cumplir, pues no estaba bien de salud), su línea de ataque se halla en una forma espléndida y los medios le ayudaron con mucho acierto. El match, para el debido lucimiento ante los espectadores, tal vez tuvo demasiados goles. Nosotros tuvimos un doble deseo que no podía ser más antagónico. El de que no se marcasen goals en obsequio a los vencidos y el que marcase el Athletic cuantos más pudiese, porque no hay más odioso en fútbol que el perdonar la vida. Fueron demasiados goals para que paladeásemos un divertido match. Pero el Athletic puede estar satisfecho de su rotunda victoria. Evidenció desde el primer momento su superioridad en ataque, insistiendo con gran habilidad científica sobre la meta del Barcelona…’’

Marcador en San Mamés

Nótese la diferencia entre ambos escritos. Donde unos realzan la pericia y superioridad de los ganadores, otros se excusan aludiendo a las numerosas bajas del equipo catalán, que siendo francos, tampoco justificaría un resultado tan abultado. Paradójicamente, hay excusas que no cambian ni –casi- un siglo después, un ejemplo evidente es la crónica de Mundo Deportivo:

A esto, añádese la pesadez del terreno que perjudicó con su blandura al once visitante, desde un principio por la copiosa lluvia que inundó el terreno athlético la víspera. Así pues, es innegable que todo se conjuró contra el once catalán y otro que no hubiera sido él, también hubiera sucumbido por idéntico o mayor score en tan fatales como irremediables circunstancias.

A pesar de las numerosas justificaciones por parte de la prensa catalana, el cronista barcelonense no dudó en resaltar que Doce goals a favor es una cifra demasiado elocuente y gloriosa para una línea delantera y a nosotros nos evita el trabajo de glosar la hazaña dignamente. Pese la grandiosidad de la historia rojiblanca, el resultado que se produjo aquel domingo 8 de febrero de 1931 sigue vigente en los anales de la historia de ambos clubes. En Bilbao con letras de oro, en Barcelona con retraimiento y cierto olvido, y en la historia de nuestro futbol, como la mayor goleada de la historia jamás habida, y quién sabe, si por haber. 

Fuente: Iván Gutiérrez Gómez (VAVEL.com)