La sede del Athletic: el PALACIO de IBAIGANE

Ramón de la Sota era una persona con posibles. Muchos. Construyó barcos en la compañía Euskalduna, que fundó, creó la compañía de seguros La Polar y fletó decenas de barcos. Gracias a ellos amplió su fortuna durante la I Guerra Mundial, a pesar de que los submarinos alemanes le hundieron una veintena de cargueros con sus torpedos. Arrendó su flota al gobierno del Reino Unido y tras la guerra, por su contribución, fue nombrado Knight Commander of the Order of the British Empire. Desde entonces se hacía llamar sir Ramón De la Sota.

Los Sota compran unos terrenos sobre la ria (ibai) arriba (gane). Para vivir eligió un palacete en el ensanche de Bilbao, rodeado de jardines, que encargó al arquitecto Gregorio Ibarreche que años después se convertiría en el primer alcalde nacionalista de Bilbao y que comenzó el mismo año que nació el Athletic. Para 1900 ya la había terminado.

Era una preciosidad. De estilo neovasco, inspirado en el estilo clasicista del primer barroco, los inquilinos instalaron en el patio central una vidriera del pintor Guinea, colocaron dos impresionantes columnas de mármol de Ereño en el vestíbulo, decoraron las tres plantas del interior con maderas nobles e instalaron en la última planta una capilla y un órgano que se encargaba de tocar el maestro Jesús Guridi. Qué mejor forma de pasar el rato que escuchar a un virtuoso de la música, en tiempos en los que no había televisión. Los Sota eran capaces de eso y de más. Sir Ramón consiguió incluso que William Randolph Hearst, el magnate de la prensa estadounidense, le regalara una rotativa que durante años imprimió el diario Euzkadi y el deportivo Excelsior, que cambió después por el de Excelsius. En aquel palacio vivieron de pequeños Alejandro y Manuel De la Sota, que llegarían a ser presidentes del Athletic.

Durante la Guerra Civil (1936-1939) fue cuartel de la Ertzaintza.






Ramón murió en agosto de 1936, con 79 años, y tres después de la Guerra Civil, el régimen de Franco, a través del Tribunal de Responsabilidades Políticas, le condenó al pago de una multa de cien millones de pesetas por «conspiración para la rebelión militar» y le enajenó sus bienes. A su socio Eduardo Aznar, abuelo del ex presidente, no le tocaron ni un pelo. Los rebeldes acusaban de rebeldía a un anciano que estaba al borde de la muerte.

El caso es que, mientras la familia Sota permanecía fuera de España, el magnífico palacio de la Alameda de Mazarredo pasó a convertirse en la sede del Gobierno Militar, y con tanto taconeo de bota de soldado se fue deteriorando poco a poco. El edificio fue perdiendo su lustre, las garitas de los guardias estropeaban las vistas y el descuido se fue apoderando de aquel lugar.

Mientras, el Athletic seguía vivo. Cambiaba de sede a menudo. Pasó de la calle Hurtado de Amézaga a un acuerdo con la empresa del teatro Campos que les cedió unos locales en la calle Bertendona. Allí había un espacio para los socios. Después, las oficinas se trasladaron a San Mamés, y cuando se remodeló el campo a causa del Mundial 82, el Athletic buscó acomodo en un amplio piso de la Alameda Recalde.

Años antes, con la democracia, el ejército devolvió a sus legítimos dueños el palacete de Mazarredo. Estaba hecho una ruina. Durante algunos años permaneció cerrado. Sufrió pillajes, desaparecieron varias de sus valiosas chimeneas y hasta las tuberías del órgano donde tocaba Guridi. Cuando, por una cantidad simbólica, la familia Sota vendió el palacete al Athletic, el aspecto era desolador. El arquitecto Javier Aristegui, directivo del club en esos años, tomó las riendas. Tuvo que echar mano de fotografías antiguas para devolverle su aspecto original. «Comenzamos por el tejado. Hubo que cambiar la cubierta para que no siguiera penetrando la humedad, que se colaba también a través de dos depósitos de agua que habían destrozado la madera».

Los planos originales, que estaban en casa del sobrino del arquitecto Ibarretxe se perdieron durante las inundaciones de 1983 y hubo que echar mano de la imaginación. El último detalle, con el palacio ya terminado, fue colocar la Copa de la Coronación de 1901, sobre una peana que el Athletic compró en la tienda que vendía sus muebles a la famosa serie televisiva norteamerica de los años ochenta, Falcon Crest.

Y eso es ahora el palacio de Ibaigane, desde el 22 de agosto de 1988 sede del Athletic, donde ondea permanentemente la bandera rojiblanca, en la que se han celebrado reuniones importantísimas, tramado fichajes, urdido estrategias, realizado elecciones, dimitido entrenadores y presidentes y culminado miles de trámites burocráticos. Es, junto a San Mamés, el alma del Athletic, y allí está incluso parte del cuerpo del santo mártir, porque en el último piso, cerca del órgano restaurado, tras el cristal de un discreto marco se puede leer el certificado del obispo Gúrpide en el que se asegura que «la presente reliquia del mártir San Mamés fue solicitada por nos a Roma para donarla como obsequio y recuerdo al Club Atlético (sic) de Bilbao, y asimismo, garantizar la autenticidad de la citada reliquia. Para que conste en Bilbao, a 6 de abril de 1959".

Debajo, una diminuta esquirla de hueso, de apenas tres o cuatro milímetros de larga, rodeada con la inscripción: «Ex ossibus, San Mamés martir». Amén.

En el jardín hay una estela funeraria en recuerdo de los socios del Athletic fallecidos.

Fuente:El Mundo