Origenes de la Filosofia Griega

Orígenes de la filosofía griega.

La colonización es un fenómeno surgido en la Grecia antigua por razones históricas, de índole política, social, económica y militar; que da por resultado la fundación de nuevos establecimientos y ciudades por pobladores provenientes de las ciudades de la Hélade, emigrados primeramente hacia territorios de Jonia, en las zonas del Asia Menor circundantes al Helesponto, las costas de la actual Turquía sobre el estrecho de los Dardanelos, que separa el Mar de Mármara del Mar Egeo. La extensión de la navegación por el Egeo y el Meditarráneo llevó la colonización griega hasta el sur de Italia y la isla de Sicilia.

Entre los factores que impulsaron la colonización se cuenta la evolución operada en la propia Grecia hacia los siglos VII y VI A.C., al pasarse de la etapa predominantemente agrícola hacia el surgimiento de la producción de artesanías y el desarrollo del comercio y consiguientemente de la navegación.

Dos circunstancias caracterizaron la evolución de la mayor parte de las colonias griegas. Por una parte, se organizaron bajo la forma política de la polis, las ciudades-estado que determinaban un alto grado de participación individual de los ciudadanos libres en el gobierno. Esta estructura determinaba que los principales cargos públicos fueran provistos por sorteo entre los ciudadanos, quienes duraban en ellos un año; y funcionaba sobre la base de las asambleas reunidas en el Ágora, donde los ciudadanos frecuentemente debatían ardorosamente sobre los asuntos de la ciudad.

En segundo lugar, las colonias florecieron económicamente gracias a la dedicación intensa al comercio; lo que dio nacimiento a un grupo de ciudadanos que, de tal manera, pudieron dedicarse intensamente a la vida pública; y sobre todo, apreciaron debidamente la necesidad y la conveniencia de prepararse para ello mediante la educación en las disciplinas apropiadas para ejercitarla, como la oratoria y la argumentación.

Como antes se ha señalado, había en la cultura de los griegos antiguos otros factores que confluyeron a originar la filosofía; como los referentes a la religión.

Caracterizada por un politeísmo a la vez naturalista y antropomórfico, la religión de los griegos se fundaba en dos vertientes. Estaba por una parte la religión pública, la del culto oficial y representada por el conjunto de los dioses y la mitología de tradición homérica; por lo demás directamente vinculada al arte de la poesía, la literatura y el drama.

Las grandes obras de la cultura griega, como las epopeyas de Homero, al tiempo que insertaban la vida de los dioses con la de los hombres, importaban una presentación integral de su peripecia en los hechos conjuntamente con sus sentimientos, pensamientos, y el claro juicio moral acerca de sus conductas. Los valores abstractos que todo ello ponía en juego eran, entonces, conceptos presentes en la cultura griega desde mucho antes de que se constituyeran en objetos del análisis y la reflexión filosófica.

Mucho antes de disponerse a encontrar una explicación racional del universo que les rodeaba y de que formaban parte, los antiguos griegos dispusieron de una explicación mitológica.

Junto a esa religión pública, estaban los misterios, formas religiosas desarrolladas en algunos grupos restringidos, que en lo que aparecía como una insuficiencia de la religión general para dar satisfacción a ciertas cuestiones, buscaron sus propias concepciones acerca del hombre y de su destino.

Entre los diversos misterios de la antigua Grecia, se contaban los que invocaban como fundador al poeta Orpheo, por lo cual se los designa como misterios órficos u orfismo. Lo que puede definirse como creencias órficas estaba constituído por una concepción distinta de aquella del tradicionalismo homérico, especialmente en relación a la muerte y al hombre como ser mortal.

La esencia del orfismo era la concepción dualista del hombre, al que consideraba integrado por el cuerpo y por el alma; aunque asignaba a ésta una cualidad maligna, concibiéndola como un demonio que encarnaba sucesivamente en distintos cuerpos (la reencarnación o metempsicosis) por causa de una culpa originaria, en busca de su expiación. El orfismo comprendía una iniciación en prácticas rituales secretas, que tenían por finalidad liberar el alma del cuerpo - o al revés, liberar el cuerpo del alma - para así poner fin al ciclo de las reencarnaciones. De manera que los iniciados recibirían premios en la ultratumba, en tanto que los no iniciados tenían reservado un futuro de castigos luego de la muerte física.

Esta idea de la reencarnación y de la existencia de premios y castigos en ultratumba, tendría como origen la búsqueda de una explicación a la constatación de que en la vida terrena hay veces en que quienes son considerados virtuosos padecen sufrimientos, en tanto que otros considerados malignos disfrutan de los placeres. Ese concepto de la existencia de alguna culpa grave originaria en la especie humana, determina que en realidad todos los seres humanos estén afectados por una culpa anterior que deben expiar; sin que ello infrinja el sentido de justicia que determina que cada uno sea responsable solamente de sus culpas individuales.

Los misterios órficos constituyen al parecer la primera manifestación de la visión del hombre como un ser en que se contraponen dos principios opuestos luchando entre ellos; el alma (maligna, demoníaca) y el cuerpo considerado un lugar que alberga al alma para producir su expiación; lo que conduce a suscitar la necesidad de purificar el cuerpo para salvaguardar el alma.

No se suscita mayor dificultad en percibir la similitud entre la concepción de los misterios órficos y los elementos conocidos de varias concepciones religiosas ulteriores. Pero en cuanto atañe a la filosofía clásica, esa concepción resulta un antecedente indispensable de los desarrollos del pensamiento de Pitágoras y otros filósofos de los primeros tiempos, e incluso de Platón; como se verá en temas ulteriores.

En cierto modo, podría decirse que la filosofía surge en el momento en que el pensamiento griego antiguo evoluciona desde el mito hacia el logos; desde una concepción puramente basada en la fantasía, en conceptos sobrenaturales, hacia una interpretación que intenta resultar convicente en base al análisis racional que no encuentra el fundamento en una relación arbitraria, sino que trata de justificarse en la aplicación de leyes necesarias.

De tal manera, el concepto del logos es invocado por los primeros filósofos como comprensivo de tres elementos constitutivos; un orden existente en la realidad que es preciso llegar a descubrir, una capacidad humana consistente en la razón que es el instrumento para captar ese orden natural de la realidad, y un instrumento esencial para expresar y transmitir ese conocimiento, que es la palabra, el lenguaje. Son por lo tanto, tres componentes que están estrechamente relacionados, en cuanto factores que permiten al hombre conocer, comprender y comunicar la verdad real de la naturaleza.

La filosofía clásica - que practicamente se extiende hasta el Siglo XVII D.C. - se ha centrado, por lo tanto, fundamentalmente en la metafísica en el sentido que al término asignara Aristóteles, como un esfuerzo por descubrir las leyes verdaderas de la naturaleza, pretendiendo descubrir la esencia y las causas últimas de la realidad y del mundo; como por ejemplo ocurriera con Tales de Mileto, que sostuvo que todo procedía del agua.

Es la filosofía que considera que la esencia de las cosas no se encuentra en la apariencia sensible (de ahí el nombre de metafísica, más allá de lo físico) que, sino que hay que buscarla en la razón. La filosofía, entonces, parte del supuesto de que todo lo real es racional; lo que vale tanto como afirmar que existe una gran correspondencia entre el pensamiento y la realidad. Todo lo que ocurre en el universo puede ser comprendido por la razón humana, y todo lo que la razón descubre puede ser racional. Por lo tanto, “ser” y “pensar” es lo mismo, al decir de Parménides.



Principios de la filosofía clásica.

Es indudable que en algún momento del desarrollo del género humano, la existencia de un universo de realidades y el advertir que entre todos sus componentes existía un orden y una relación causal que los vinculaba, suscitó la interrogante acerca del cómo y el por qué de esa existencia.

Desde lo más remoto de los tiempos, fueron las religiones y las mitologías las que apuntaron a dar una respuesta a las preguntas que los seres humanos se formulaban acerca de qué es el mundo, de dónde procede, por qué existe, a qué se deben esas relaciones que se perciben y trasuntan un orden, algo que hace que siempre algunos sucesos ocurran de la misma manera. Pero las respuestas ofrecidas por las religiones o aún por las supersticiones, estaban fundadas en la pura fantasía, en la mera creencia; la diferencia surge cuando se intenta dar a esas interrogantes una respuesta que aparezca como aceptable desde el punto de vista del razonamiento.

Eso fué - a estar a los textos que han llegado hasta nuestros días - lo que ocurrió primeramente en la colonia griega de Mileto, ciudad ubicada en el Asia Menor, en lo que en su época era la región de Jonia. Durante el siglo VI A.C., vivieron en Mileto Tales, Anaximandro y Anaxímedes , a los que se tiene por fundadores de la primera escuela de pensamiento filosófico de la antigüedad; en cuanto habrían sido los primeros que procuraron dar una explicación global para toda la realidad múltiple que perciben los sentidos, encontrando en ella un principio único; a partir de la concepción de los griegos conforme a la cual el Universo era eterno y por lo tanto había existido desde siempre.

Los filósofos de la Escuela de Mileto - a menudo denominados presocráticos - intentaron dar una respuesta a los problemas que les planteaba la Naturaleza, apartándose de los grandes mitos cosmogónicos, basando sus conclusiones en un estudio racional de los fenómenos atmosféricos y geográficos.

Para ello acudieron a tres conceptos fundamentales:

  • La physis (pron.: fisis) la Naturaleza, pero no entendida en el sentido moderno y contemporáneo, como algo estático y consolidado; sino en un sentido dinámico, como algo que surge, que nace, que brota, una realidad esencialmente cambiante. Una realidad primera, fundamental y persistente, en cuyo sentido se relaciona con el concepto del arkhé : lo que resulta primario y fundamental, en oposición a lo que es secundario, derivado y transitorio.

    En general - salvo algunas excepciones como el caso de Parménides - la naturaleza es considerada como un orden dinámico, por cuanto los movimientos que se aprecian en los astros, las estaciones, las especies y generaciones de seres vivos, revelan responder a una sucesión ordenada. Pero ese orden se revela asimismo como un factor intrínseco e inherente de la propia naturaleza, por diferenciación con aquello que son las cosas producidas por el hombre; de tal manera que, para los griegos, el Universo es concebido esencialmente como una entidad viviente.

  • El arkhé (pron.: arjé) un principio originario común a todas las cosas, origen y fundamento de lo real; a la vez fuente de donde todo surge, y fin o término hacia donde todo se dirige o vuelve.

    En la propia condición cambiante de la naturaleza, sin embargo se percibe una esencia, algo que en ella es de carácter permanente y que hace que a pesar de su mutabilidad las cosas siempre sean lo que son. El principio originario que la filosofía procura iluminar mediante el conocimiento racional, ha de ser aquello que permita saber de qué se originan todas las realidades del Universo; que al mismo tiempo que permita conocer en qué consisten, permita explicar sus transformaciones o la multiplicidad de formas que un mismo principio adopta en la infinita variedad que la realidad presenta.

    Es claro, entonces, que el principio esencial debe reunir a la vez la condición de ser radical en el sentido de que sea lo primariamente originario, y de ser universal en cuanto debe abarcar la totalidad de la realidad. Una cuestión que surge inmediatamente al respecto, es aquella de la misma posibilidad de que exista realmente un único principio esencial, y en todo caso, de que exista solamente uno; que fue una de las primeras cuestiones abordadas por la Escuela de Mileto, al responder a ambas en sentido afirmativo.

  • El kosmos, expresión griega que puede considerarse equivalente al orden como concepto opuesto al kaos (caos); que hace referencia a lo real del Universo, pero en cuanto se comporta ordenadamente; la Naturaleza en un sentido más cercano al actual, como un universo organizado en una unidad totalmente integrada.



Los filósofos jonios.

Tales de Mileto, que vivió probablemente entre 636 y 546 A.C. es considerado el fundador de la filosofia griega. Ya en la antigüedad fue incluído como uno de los siete sabios de Grecia, habiendo sido reconocido como matemático y astrónomo. Habiendo viajado a Egipto, se estima que recogió allí lo esencial de los conocimientos en materia de geometría, en base a los que desarrolló su famoso teorema de la proporcionalidad de los segmentos de rectas inclinadas sobre un sistema de paralelas. En lo que se refiere a la astronomía, se le atribuye haber efectuado por primera vez la predicción de un eclipse que habría tenido lugar en 585 A.C.; y asimismo haber escrito un manual de navegación basado en la constelación de la Osa Menor, un tratado sobre los solsticios y otro sobre los equinoccios.

Sentó el concepto de que los principios de las cosas son aquellos que proceden de la materia de la naturaleza. Sus afirmaciones principales fueron que “Todo es agua” y que “Todo está lleno de dioses” (daimones).

Sostenía Tales que la arkhé o sea el principio de todas las cosas, su origen, era el agua. En su concepto, la Tierra era un disco que flotaba sobre el agua del océano; el agua era el origen de la vida, y de tal manera todas las cosas de alguna forma estaban vinculadas con el agua. Por otra parte, era el agua lo que confería a todas las cosas su misma condición de movilidad e inestabilidad, lo que para Tales constituía la explicación de lo cambiante del mundo real.

La segunda afirmación de Tales es interpretada en el sentido de que todas las cosas están afectadas por un principio que les da vida; con el alcance de que la vida está presente en toda la realidad. Por ello, para Tales, el Universo se explica por sí mismo, es autosuficiente. Tales, al igual que Anaximandro y Anaxímenes conciben a la materia como algo viviente, por lo que se les denomina “hilozoístas”.

Lo importante en estas afirmaciones de Tales, es que su concepción carece de componentes míticos o fantasiosos. No se refiere al agua como algo sobrenatural, del modo en que lo hace Hesíodo al referirse al océano como una divinidad; sino que lo hace aludiendo al agua como un elemento físico, tal como aparece en la naturaleza, de tal manera que su construcción es absolutamente intelectual y conceptual.


Anaximando de Mileto, que fue discípulo de Tales, pudo haber vivido entre 611 y 547 A.C. Se apartó de la concepción de su maestro, considerando que la arkhé era el principio común a todas las cosas en su diversidad; de manera que nunca podría ser algo concreto como el agua.

Para Anaximandro, el principio de todo es lo indeterminado, lo indefinido, lo ilimitado lo infinito; para lo cual empleaba el término to àperion; lo que Aristóteles posteriormente llamaría materia prima, pero que Anaximandro utiliza con un alcance más abstracto, con referencia a la existencia de un material común a todas las cosas y seres materiales.


Anaxímedes de Mileto, de quien se cree haya vivido entre 588 y 524 A.C., compartía el concepto de que existía una arkhé concreta, aunque para él era el aire; de cuya condensación se originan todas las cosas.

Su fundamento para sostener tal cosa, era que el aire es necesario para todo lo que tiene vida. Al mismo tiempo, el aire sirve en la concepción de Anaxímedes al mismo fin de explicar lo cambiante de todas las cosas, como el agua para Tales. Se trata de un principio más leve que el agua, pero que tiene igualmente una naturaleza material; lo que permitía al filósofo considerar que el mundo estaba como flotando, suspendido en el aire.



Pitágoras de Samos.

En 494 A.C. durante las Guerras Médicas, los persas invadieron Jonia, y destruyeron la ciudad de Mileto; determinando que los filósofos jonios se trasladaran a la zona de colonización griega denominada la Magna Grecia, ubicada en el sur de la península italiana, donde se originó una nueva escuela filosófica, llamada la Escuela pitagórica o itálica.

Pitágoras nació en la isla de Samos hacia el 584 A.C. y falleció en Metaponto hacia el año 496 A.C. Educado en las doctrinas de Tales de Mileto y sus seguidores, fue desterrado de Samos por Polícrates, por lo que se radicó en Crotona, en el sur de la península italiana donde fundó una escuela en la cual el objetivo para sus alumnos era alcanzar la purificación. Se considera que fue Pitágoras el primero que utilizó el nombre de filósofo para describir su afecto por la sabiduría.

Su escuela era una comunidad regida por reglas estrictas de obediencia, mucha moderación en el consumo de alimentos, sencillez en el vestir y en la tenencia de posesiones materiales, el hábito del análisis introspectivo; y principalmente la regla del secreto que prohibía revelar su doctrina. Por ese motivo ella no quedó escrita y solamente fue conocida hacia fines del siglo V A.C.; debido a lo cual, más que a una doctrina de Pitágoras corresponde referirse a la doctrina de los pitagóricos.


La escuela pitagórica se bifurcó en dos corrientes, una de ellas místico-religiosa y la otra científico-matemática.

Los pitagóricos místicos, pertenecientes a la primera de ellas, fueron los que más se atuvieron a las reglas de una convivencia en comunidad; que guardan clara similitud con las aplicadas en la época medieval en la vida de los monasterios cristianos.

Conformaron una especie de secta que, inspirada en el orfismo, introdujo en occidente ciertas creencias tipicamente orientales. Entre ellas, la concepción de la metempsicosis, de origen egipcio, según la cual el hombre era esencialmente su alma, en tanto que su cuerpo era una especie de obstáculo a su felicidad. Consideraban que el alma era inmortal, y que se trasladaba, pasando sucesivamente de un cuerpo a otro.

Las almas se encontraban agrupadas, flotando en el aire, y entraban en el cuerpo por medio de la respiración; de modo que una vez en el cuerpo, debían realizar un proceso de purificación llamado katarsis. Mediante él debían liberarse nuevamente de lo corpóreo a través de la vida ascética; hasta obtener una última liberación con la muerte, para efectuar nuevas reencarnaciones que le permitieran alcanzar una total libertad y perfección.

Las tesis de los pitagóricos místicos sobre la existencia e inmortalidad del alma permanecieron, en realidad, mucho más en el terreno de las creencias que en el propio de la filosofía, por cuanto ni siquiera intentaron una fundamentación racional de ellas.

El pitagorismo matemático sostenía que el origen del orden cósmico estaba en los números; que todo puede ser reducido a la noción de número y expresado por números, y que la naturaleza está toda ella escrita en números.

Identificando el ente (todo lo que es) con los objetos matemáticos, estos pitagóricos consideraban que los números son perfectos y en definitiva eran las cosas mismas. Durante el siglo V A.C., la escuela pitagórica ubicó en el centro del pensamiento filosófico el problema del orden y de la organización, asignándole más importancia que al problema del origen del kosmos.

Para ellos, tanto los números como la oposición entre lo finito y lo infinito, constituían la sustancia de todas las cosas. Los números eran los principios; y de sus elementos: lo par por lo ilimitado y lo impar por lo limitado, procedía la unidad del ser. El diez era el número perfecto; por lo cual diez tenían que ser los cuerpos celestes que se movían alrededor del fuego central, llegando así a la conclusión de que, como solamente se conocían nueve, debía existir otro, al cual llamaron la anti-Tierra. Fueron los primeros en concebir a la Tierra como un globo que, al igual que otros, giraba en torno al Sol.

De la relación existente entre las matemáticas y la escala de los sonidos musicales - lo cual fue otra importante contribución pitagórica - dedujeron la teoría de la música de las esferas, que sería resultado del sonido emitido por el Sol, la Luna y las estrellas; a causa de la armonía del Universo que hacía que los cuerpos celestes estuvieran separados entre sí por intervalos equivalentes a los de las cuerdas armónicas de los instrumentos musicales.

La escuela de los pitagóricos matemáticos, desde el punto de vista de la evolución del pensamiento filosófico, representa un primer avance en el sendero de la abstracción respecto de los orígenes jónicos.

Mientras los jónicos dieron el primer paso al procurar una explicación racional de la realidad, fincaron su arkhé en elementos de índole material. Los pitagóricos que ubican el primer principio en el concepto del número, se alejan por primera vez de una explicación materialista y representan el segundo grado de abstracción filosófica, ya que acuden a un concepto.



Empédocles de Agrigento - El pluralismo de los principios.

Empédocles nació en Agrigento alrededor del 493 A.C. y falleció en el año 433 A.C. Fue discípulo de Pitágoras y de Parménides y tuvo una activa participación en la vida política de su ciudad natal.

El pensamiento de Empédocles debe integrarse en el desarrollo cronológico de los primeros pasos de la filosofía griega, dado que representa una continuación de las concepciones materialistas de la arkhé, en cierto modo como respuesta a las objeciones que su maestro Parménides formulara a las ideas de los filósofos de la escuela de Mileto; pero en forma contemporánea al desarrollo de los primeros metafísicos.

Parménides había objetado la doctrina de la escuela de Mileto, sosteniendo que su concepción de un principio unitario no proporcionaba un justificativo racional a la diversidad existente en la realidad: “la unidad no explica la pluralidad” - decía.

Frente a ello, Empédocles sostuvo que en la naturaleza no había uno sino cuatro principios invariables y permanentes, a los que llamó los cuatro elementos: el agua, el aire, la tierra y el fuego. Por primera vez enunció lo que ulteriormente ha sido el principio de continuidad de la materia (Lavoisier), al afirmar que en la naturaleza nada nace ni nada muere, sino que estos cuatro elementos alternativamente se unen y se separan. El factor que impulsa esas uniones y separaciones, es una causa eficiente: el amor que une y el odio que separa; y que actúan sobre esos cuatro elementos combinándolos en una infinita variedad de formas.

Sostuvo que en la realidad se cumplen ciclos. Al principio impera el amor, y entonces los cuatro elementos están absolutamente unidos; hasta que poco a poco el odio los va penetrando y finalmente los separa. Pero el ciclo recomienza porque el amor vuelve a imponerse y nuevamente reúne los elementos; y así ocurre en forma eterna, sin que ninguno de esos cambios permanentes produzca la creación de nueva materia.

De esta manera, se asigna a Empédocles el haber originado la concepción cíclica del tiempo y de la naturaleza, del eterno retorno a lo anterior; un concepto que reaparecerá siglos después en la filosofía con Nietsche y en la sociología con Wilfredo Pareto y su “corsi e recorsi”.

También se adjudica a Empédocles haber formulado una primaria idea de la Teoría de la Evolución darwiniana, al considerar que las personas y los animales provenían todos ellos de formas anteriores, precisamente por esa recombinación sucesiva de los elementos.



Anaxágoras de Clazoneme - La Mente superior.

Anaxágoras nació en Clazomene - ciudad que estaba cerca de la actual Izmir, en Turquía - alrededor del 500 A.C. y vivió hasta el año 428 A.C. Fue el primer filósofo que se estableció en Atenas, alrededor del 480 A.C. Tuvo como alumnos a Pericles, a Sócrates y también a Eurípides.

Luego de haber enseñado en Atenas por casi tres décadas, fue sometido a juicio por impiedad contra los dioses - antecedente del proceso a Sócrates - porque sostuvo que el Sol no era un fuego sino una piedra caliente, y que la Luna había surgido de la Tierra. Luego de eso, se radicó en la ciudad jonia de Lampsaco, colonia de Mileto, donde le alcanzó la muerte. También parece haber sido uno de los primeros en exponer sus doctrinas en forma de textos o libros; aunque de su obra “Peri physeos”, solamente se han conservado algunos pocos fragmentos.

A partir de las concepciones de la Escuela de Mileto y de Empédocles, sostuvo que toda la materia ha existido en su forma primaria en pequeñas partículas, similares a las semillas, que en su infinita pequeñez encerraban las cualidades de todas las cosas; por lo cual Aristóteles las llamó homeomerías. Consideraba que cada sustancia está compuesta por la agregación de innumerables partículas de su mismo material.

Estas partículas han existido desde la eternidad, pero en algún momento son organizadas por un orden proveniente de lo que Anaxágoras denominó el Nous, una Mente superior o inteligencia eterna, que contiene el principio del movimiento.

Estas concepciones - que fueron en buena medida determinantes de su destierro de Atenas al tenérselo por impío - constituyen un hito en la evolución del pensamiento filosófico griego; antecedentes de las concepciones de Aristóteles, y de la teoría de los átomos de Demócrito.



Leucipo y Demócrito de Abdera - Los átomos.

De Leucipo se supone que vivió en la ciudad tracia de Abdera, aproximadamente entre el 450 A.C. y el 370 A.C.; y casi nada se conoce a su respecto ni de sus posibles escritos. Se reconoce, no obstante, que ha sido el verdadero creador de la concepción atómica de la materia, cuyo desarrollo fuera expuesto por su discípulo Demócrito.

Demócrito nació en Abdera alrededor del 460 A.C. y falleció en el año 370 A.C. También escribió varios libros exponiendo sus concepciones, de los que solamente se han conservado breves fragmentos. Habiéndose ocupado también del tema de la necesidad de alcanzar la felicidad y la alegría como el bien mayor, a través de la moderación y la tranquilidad; Demócrito ha sido conocido como el filósofo “alegre”, en contraposición con Heráclito a quien se conoció como “el oscuro”.

Leucipo y Demócrito, consideraron que toda la materia provenía de la unión de unas partículas indestructibles, tan pequeñas que eran invisibles, a las que llamaron átomos: no divisibles. Esas partículas se mueven eternamente en un espacio vacío infinito, al que llamaron kenón; de modo que por su movimiento eterno y como resultado del azar, chocan unas contra otras y forman todas las materias.

Por lo tanto, conforme a la concepción de los atomistas, existen cuatro principios fundamentales:

    • Los átomos

    • El kenón o vacío

    • El movimiento eterno

    • El azar

Aunque estarían todos hechos de la misma sustancia, los átomos serían diferentes en su tamaño, consecuentemente en su peso, y se colocarían en la materia en distintas posiciones; lo que sería el origen de las distintas maneras en que las sustancias son percibidas por los sentidos. El alma sería el resultado de la unión de los átomos más sutiles.



Heráclito de Efeso - Surgimiento de la metafísica.

En forma contemporánea con el desarrollo de las corrientes materialistas de la escuela de Mileto y el espíritu científico de la escuela Pitagórica, se desenvuelve un movimiento filosófico que representa el tercer paso en el grado de abstracción filosófica: la abstracción metafísica; según la cual todo está dirigido por una fuerza superior, inmaterial, que produce el orden de la naturaleza: el logos.


Heráclito nacido en el 540 A.C. en la ciudad de Efeso, en Asia Menor, y fallecido en el año 484 A.C., expuso su teoría en un libro llamado “De la naturaleza de las cosas”, del cual se han preservado extensos fragmentos. También se ocupó de las cuestiones de la sociedad, propugnando como ideal de vida la obediencia de las leyes.

Lo esencial de la naturaleza, en su concepto, es que todo está constantemente en movimiento, todo cambia; lo que ejemplificó con su conocida expresión de que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”.

Heráclito propone como arkhé, el fuego; porque considera que al estar todo en permanente cambio, todo participa de la inestabilidad del fuego. De tal manera, incorpora a la noción del “ser” expuesta por filósofos anteriores, el concepto del fluir de las cosas, que consideró como la realidad subyacente a todas las cosas, comprendiendo en ello las aparentemente más estables.

La realidad está sometida permanentemente a una tensión de cambio, que es como un combate entre todos sus componentes. Pero ese continuo transcurrir de todas las cosas bajo esa tensión está regida por una ley universal, que es el logos, cuyo conocimiento lleva a conocer la verdad.

El logos es algo que no puede ser aprehendido por los sentidos, que solamente es percibido por los hombres sabios - los filósofos - a quienes se les presenta en una forma enigmática. Es un conocimiento que ha existido desde siempre, y que el sabio conoce aún antes de haber oído hablar de él.

El concepto del logos que propone Heráclito tiene una gran trascendencia para la ulterior evolución del conocimiento filosófico; siendo posteriormente tomado por los estoicos que le asignan el carácter de un poder racional de origen divino que dirige todo el Universo, que en el cristianismo se identifica con el Verbo, la voluntad de Dios.



Parménides de Elea - El Ser.

Parménides quien posiblemente vivió entre los años 580 y 485 A.C., es el principal representante de la Escuela de Elea, y expuso sus ideas - en cuanto ha llegado hasta nosotros - en un poema titulado “Acerca de la naturaleza”, en el cual expone cómo la diosa Diké le mostró las vías del conocimiento, y del cual han subsistido extensos fragmentos. Se afirma que siendo ya anciano viajó a Atenas, donde fue escuchado por Sócrates.

Parménides se constituyó en un persistente crítico de la doctrina de Heráclito y de las representaciones de la Escuela de Mileto, invocando una exigencia intelectual de no contradicción; por considerar que la concepción de las teorías basadas en el movimiento implicaban una contradicción lógica, que hacía que fuera absurda la filosofía de Heráclito.

Parménides sostiene que para comprender la esencia de la naturaleza hace falta disponer de un principio racional que nunca falle, por lo que critica las posiciones anteriores señalando que una cosa no puede al tiempo ser lo que es, y ser lo que no es; de manera que el movimiento, considerado como paso del no ser al ser - como resultaría de la tesis de Heráclito - es imposible.

Dice que la diosa Diké le mostró que hay una vía del conocimiento que es la opinión , que fue la que siguiera Heráclito y los filósofos de la escuela de Mileto, pero que se fía de los sentidos y ve lo cambiante del mundo de las apariencias, por lo cual no conduce a la verdad. En cambio, existe la otra vía que es la de la lógica que gobierna la razón , que es la única que conduce a la verdad.

Él aboga por la existencia del Ser absoluto, conforme al cual “el Ser es, y el No Ser no es”. El Ser es lo estable y permanente; no es sensible ya que los sentidos sólo pueden captar la diversidad de lo cambiante, es puramente alcanzable e inteligible para la razón.

Por medio de la lógica y la razón, es posible conocer las características del Ser ; tales como que no tiene principio ni fin , porque si hubiera tenido principio tendría que haber surgido ya fuera del Ser o del No Ser. En el primer caso habría surgido de sí mismo y existía antes de tener origen; pero en el segundo caso, al surgir del No Ser tampoco habría podido existir.

El mismo razonamiento es válido para ver que el Ser no puede tener fin; porque si terminara en el Ser estaría limitado consigo mismo, lo cual es no tener limitación; y si terminara en el No Ser en realidad no tendría límite en nada.

Empleando el mismo método de análisis lógico, Parménides va demostrando que el Ser ha sido siempre, que es y continuará siendo; que es único, eterno e inmóvil.

Finalmente, su razonamiento lo conduce a afirmar que la realidad conformada por el Ser verdadero no puede ser conocida por los sentidos; que los sentidos nos muestran una realidad variada y cambiante pero que es contraria a lo que nos ha enseñado la razón, por lo cual los fenómenos de la naturaleza resultan ser una mera apariencia, al igual que el movimiento, cuya existencia niega.

Parménides afirma, en conclusión que lo único que verdaderamente existe es un mundo que está más allá de los sentidos; en el cual las propiedades esenciales del ser son las mismas que las propiedades del pensamiento: “Una, y la misma cosa, es pensar y ser”, sostiene.

De esta manera, Parménides resulta ser un precursor del idealismo de Platón, e inaugura la metafísica, al sentar firmemente el concepto de que la unidad no explica la multiplicidad, sino que la unidad no resulta otra cosa que la unidad misma.


Zenón de Elea.

Zenón de Elea quien vivió entre los años 490 y 430 A.C., fue por encima de todo un ardiente defensor de las concepciones de Parménides; para reforzar la demostración de las cuales ideó una serie de ingeniosos argumentos matemáticos, llamados las aporías, término griego que podría aducirse por “callejón sin salida”, como la del arquero y la flecha y la de Aquiles y la tortuga.

En el argumento de Aquiles y la tortuga - que es el más célebre, posiblemente por la anécdota de Diógenes que le quedó adjunta - Zenón pretendió demostrar que el veloz Aquiles, “el de los pies ligeros” de la Ilíada de Homero, nunca lograría alcanzar a una tortuga si le daba ventaja; porque cada vez que él recorriera el trecho que en el primer momento le separara de la tortuga, ella se habría movido un poco más.

La anécdota cuenta que, escuchada esa demostración matemática que pretendía negar la posibilidad del movimiento, Diógenes se levantó de su asiento, y le dijo la conocida frase de que “el movimiento se demuestra andando”.

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