Síntesis de La Filosofía

Filosofía

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El pensador, de Auguste Rodin, representación clásica de un hombre inmerso en sus pensamientos.

La filosofía (del griego antiguo φιλοσοφία, philosophía, "amante de la sabiduría") es el estudio de ciertos problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje.[1] [2] La filosofía se distingue de otras maneras de abordar estos problemas (como el misticismo y la mitología) por su método crítico y generalmente sistemático, así como por su énfasis en los argumentos racionales.

Contenido

Las ramas de la filosofía y sus problemas

Las ramas y los problemas que componen la filosofía han variado mucho a través de los siglos. Por ejemplo, en sus orígenes, la filosofía abarcaba el estudio de los cielos que hoy llamamos astronomía, así como los problemas que ahora pertenecen a la física.[3] Teniendo esto en cuenta, a continuación se presentan algunos de los problemas más importantes que todavía caen bajo el dominio de la filosofía, agrupados bajo las ramas que los estudian.

Metafísica

Artículo principal: Metafísica

La metafísica se ocupa de investigar la naturaleza, estructura y principios fundamentales de la realidad en general.[4] [5] Esto incluye la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales con las que entendemos el mundo, incluyendo: ser, entidad, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad, tiempo y espacio.

Antes del advenimiento de la ciencia moderna, muchos de los problemas que hoy pertenecen a las ciencias naturales eran estudiados por la metafísica bajo el título de filosofía natural.

El problema ontológico

Este problema fue presentado muy elocuentemente por Quine en su artículo Sobre lo que hay:

Un rasgo curioso del problema ontológico es su simplicidad. Puede formularse en dos monosílabos castellanos: «¿Qué hay?». Puede además responderse en una sola palabra: «Todo», y todos aceptarán esta respuesta como verdadera. Sin embargo, esto es sólo decir que hay lo que hay. Queda lugar para discrepancias en casos particulares; y así la cuestión ha persistido a través de los siglos.

El problema ontológico pregunta por lo que hay en el mundo con independencia de nosotros. Al principio puede parecer que dar una respuesta a esta pregunta es fácil: por ejemplo, nos parece que en el mundo existen cosas como mesas, sillas, cucharas, etc. Sin embargo, esta creencia del sentido común puede ser puesta en duda muy fácilmente y de muchas maneras. Tomemos por caso nuestra creencia en la existencia de las cucharas. Si se admite que las cucharas no son más que pedazos de madera y/o metal arreglados de cierta manera, entonces cabe preguntar si lo que hay en el mundo son cucharas, o pedazos de madera y metal. Porque recordemos que aquí no tiene ninguna importancia el que estos pedazos tengan una función. Las funciones sólo existen para nosotros, los humanos, y la pregunta aquí es por lo que existe independientemente de nosotros. De manera semejante, puede preguntarse si lo que hay en el mundo son pedazos de madera y metal, o átomos, o electrones, protones y neutrones. Resulta obvio que este mismo argumento puede adaptarse para cuestionar una enorme cantidad de entidades del sentido común. Existen además otros argumentos que pueden poner en duda entidades menos vulgares, como los números, las figuras geométricas, los conjuntos, los universales, etc.[6]

El problema de los universales
Artículo principal: Problema de los universales

Los universales son propiedades, cualidades o características generales tales como «ser humano» o «ser rojo». El problema de los universales es acerca de si los universales existen con independencia de los entes particulares de los cuales se predican, o si son sólo maneras convenientes de hablar acerca de las similitudes entre dichos entes. Dependiendo de la respuesta habrá que responder a otras preguntas, como si los universales existen en los individuos, en nuestras mentes o en algún plano metafísico diferente.

Gnoseología

Artículo principal: Gnoseología

La gnoseología es el estudio del orígen, la naturaleza y los límites del conocimiento en general.[7] Cuando se trata del conocimiento científico, la filosofía en español reserva un término especial, epistemología, que en inglés se usa indistintamente con gnoseología.[8] El estudio del conocimiento científico también es abordado por la filosofía de la ciencia, y además muchas ciencias particulares tienen su propia filosofía. Por ejemplo, la filosofía de la historia, la filosofía de la matemática, la filosofía de la física, etcétera.

En la gnoseología se suele distinguir entre tres tipos de conocimiento: el conocimiento proposicional, el conocimiento práctico o performativo, y el conocimiento por familiaridad (acquaintance).[9] El primero se asocia a la expresión «saber que», el segundo a la expresión «saber cómo», y el tercero, en el español, se asocia a la expresión «conocer» (en vez de «saber»). Así decimos, por ejemplo, que en la biología se sabe que los perros son mamíferos. Este es un conocimiento proposicional. Luego existe un saber cómo entrenar un perro, el cual es un conocimiento práctico o performativo. Y por último, el conocimiento por familiaridad es aquel que posee quien dice, por ejemplo, "yo conozco a su perro".[9] La mayoría del trabajo en gnoseología se centra en el primer tipo de conocimiento, aunque ha habido esfuerzos por cambiar esto.[cita requerida]

El problema de Gettier
Artículo principal: Problema de Gettier

Desde la antigüedad, el conocimiento ha sido definido como «creencia verdadera y justificada».[10] Sin embargo, en un breve artículo de 1963,[11] Edmund Gettier puso en jaque esta definición, mostrando que es posible generar contraejemplos a la misma, es decir, situaciones en las que se cumplen las tres condiciones, pero en las que nunca diríamos que existe conocimiento. Para ilustrar un poco el asunto, digamos que Newton tiene frente a sí lo que parece ser una manzana y emite la proposición: «Frente a mí hay una manzana». Newton cree en lo que dice, y su creencia está justificada por su percepción. Luego, para que Newton sepa que frente a él hay una manzana, sólo falta que de hecho haya una manzana frente a él (es decir, que la proposición sea verdadera). Pero resulta que la manzana que Newton percibe no es una manzana real: está hecha de cera. En consecuencia, según la definición clásica, Newton no posee conocimiento. Ahora bien, imaginemos también que dentro de la manzana de cera hay una manzana real, más pequeña. En este caso, frente a Newton sí hay una manzana, y por lo tanto Newton cumple con las tres condiciones de la definición clásica: Newton cree que frente a él hay una manzana, Newton está justificado en su creencia, y su creencia es verdadera. Pese a ello, es muy difícil admitir que Newton sabe lo que hay frente a él. Nos parece más bien que simplemente tuvo suerte (lo que se llama suerte epistémica). Este tipo de contraejemplos hoy se conocen como casos Gettier, y el esfuerzo por superarlos es el motor de gran parte de la gnoseología contemporánea.

El trilema de Münchhausen

Un trilema es un problema que admite sólo tres soluciones, todas las cuales parecen inaceptables. El trilema de Münchhausen, también llamado trilema de Agripa, es un ataque a la posibilidad de lograr una justificación última para cualquier proposición, incluso en las ciencias formales como la matemática y la lógica. El argumento corre así: cualquiera sea la manera en que justifiquemos una proposición, si lo que se quiere es certeza absoluta, siempre será necesario justificar los medios de la justificación, y luego los medios de esta nueva justificación, etc. Esta simple observación nos condena sin escape a una de las siguientes tres alternativas (los tres cuernos del trilema):

  1. Una regresión infinita: A se justifica por B, B se justifica por C, C se justifica por D, etc.
  2. Un círculo lógico: A se justifica por B, B se justifica por C, y C se justifica por A.
  3. Un corte arbitrario en el razonamiento: A se justifica por B, B se justifica por C, y C no se justifica. Esta última proposición puede presentarse como autoevidente, de sentido común o como un principio fundamental, pero aún así representaría una suspensión arbitraria del principio de razón suficiente.

El problema de la inducción
Artículo principal: Problema de la inducción

Existen dos casos clásicos de razonamiento inductivo: el primero son las generalizaciones universales a partir de un número finito de observaciones particulares. Por ejemplo, cuando concluímos que todas las esmeraldas son verdes porque todas las esmeraldas que hemos visto hasta ahora han sido verdes. El segundo son las proyecciones hacia el futuro a partir de lo que se ha observado en el pasado. Por ejemplo, que el sol va a salir mañana, dado que siempre ha salido hasta ahora. Ambos modos de razonamiento son muy frecuentes en la ciencia y en la vida cotidiana. El problema consiste en que ninguno de los dos es deductivamente válido. Quiere decir que la verdad de las premisas no garantiza la verdad de la conclusión. En teoría, podría ser que la próxima esmeralda que encontremos sea roja y no verde. Sin embargo, tendemos a creer que el hecho de que tantas esmeraldas hayan sido verdes, es una buena razón para creer que todas las esmeraldas son verdes. El problema de la inducción consiste en establecer si los razonamientos como este están justificados, y en qué medida.

Lógica

Artículo principal: Lógica

La lógica es el estudio de los principios de la inferencia válida.[12] Para ser un poco más concretos, algunos temas que caen bajo el dominio de la lógica son: la estructura (o forma) de los argumentos y las proposiciones, tanto en los sistemas formales de inferencia como en el lenguaje natural, las falacias, las paradojas, los razonamientos probabilísticos y los argumentos que involucran a la causalidad.

La paradoja del mentiroso
Artículo principal: Paradoja del mentiroso

La paradoja del mentiroso es en realidad un conjunto de paradojas relacionadas.[13] El ejemplo más simple de la misma surge al considerar la oración: «Esta oración es falsa». Dado el principio del tercero excluido, dicha oración debe ser verdadera o falsa. Si suponemos que es verdadera, entonces todo lo que la oración afirma es el caso. Pero la oración afirma que ella misma es falsa, y eso contradice nuestra suposición original de que es verdadera. Supongamos, pues, que la oración es falsa. Luego, lo que afirma debe ser falso. Pero esto significa que es falso que ella misma sea falsa, lo cual vuelve a contradecir nuestra suposición anterior. De este modo, no es posible asignar un valor de verdad a la oración sin contradecirse.[13]

A través de los siglos, el interés por resolver esta paradoja y sus variantes ha impulsado una enorme cantidad de trabajo en semántica, lógica y filosofía en general.[cita requerida]

Las paradojas de la implicación material

Las paradojas de la implicación material son un conjunto de fórmulas de la lógica proposicional, reconocidas como verdades lógicas, pero que golpean al sentido común como cuestionables, o incluso absurdas.[14] Algunas de estas son:

  • p \to (q \to p)
  • \neg p \to (p \to q)
  • (\neg p \land p) \to q
  • p \to (q \lor \neg q)

Dicho en términos más concretos, la lógica proposicional afirma que las siguientes oraciones son verdaderas:

  • Si la Luna está hecha de queso, entonces 2 + 2 = 4.
  • Si 2 + 2 = 5, entonces la Luna está hecha de queso.
  • Si la Luna está hecha de queso, entonces la Tierra es plana o no es plana.

Como la verdad de estas oraciones resulta tan antiintuitiva, muchos filósofos han afirmado que se comete un error al considerarlas verdades lógicas. En general se piensa que dicho error reside en la interpretación veritativo-funcional del condicional «si..., entonces...», y por lo tanto se han propuesto varias alternativas, entre ellas el condicional estricto, y los esfuerzos de la lógica relevante.

Filosofía del lenguaje

Artículo principal: Filosofía del lenguaje

La filosofía del lenguaje es el estudio del lenguaje en sus aspectos más generales y fundamentales. A diferencia de la lingüística, la filosofía del lenguaje se sirve de métodos no-empíricos (como experimentos mentales) para llegar a sus conclusiones.[15] En general, en la filosofía del lenguaje no se hace diferencia entre el lenguaje hablado, el escrito o cualquiera otra de sus manifestaciones, sino que se estudia aquello que es común a todas ellas. Algunos problemas típicos de la disciplina son: la naturaleza del significado y de la referencia, y la relación entre el lenguaje, los usuarios del lenguaje y la realidad.

El problema de la referencia

Según la opinión general, existen ciertas expresiones que sirven para hacer referencia a entidades o aspectos del mundo. Así por ejemplo, el nombre propio «Aristóteles» hace referencia al gran filósofo griego Aristóteles, y la descripción definida «el maestro de Aristóteles» hace referencia a Platón. El problema de la referencia consiste, principalmente, en determinar cómo es que tales expresiones refieren al mundo, es decir, el mecanismo por el cual refieren. Pues no siempre es posible señalar al referente y decir algo como "a éso me refiero cuando hablo de la Luna". Por ejemplo, cuando hablamos de Aristóteles ya no es posible señalarlo, ni tampoco cuando hablamos de entidades imaginarias como Pegaso, o de inobservables como Dios. Los tres tipos de teorías de la referencia más comunes son: las teorías descriptivas, las teorías causales y las teorías híbridas. La importancia del problema de la referencia reside, en parte, en su potencial para aclarar la relación entre el lenguaje y el mundo, y entre el lenguaje y la verdad.[16]

Filosofía de la mente

Artículo principal: Filosofía de la mente

La filosofía de la mente es el estudio de la mente, los actos mentales, la conciencia y la relación entre la mente y el cuerpo.

El problema mente-cuerpo

Desde el trabajo de René Descartes[17] (aunque hubo antecedentes[cita requerida]), muchos filósofos han advertido que los fenómenos mentales parecen ser ontológicamente distintos de los corporales, y que por lo tanto su interacción necesita ser explicada. Pues está claro que cuando pensamos en algo, nuestro cuerpo puede actuar en consecuencia, e inversamente cuando interactuamos con algo, nuestra mente puede reaccionar a ello. Sin embargo, si lo mental y lo corporal son en verdad ontológicamente distintos, no se explica cómo es posible esta interacción (sería como decir que un número golpea a una roca). En el esfuerzo por encontrar una explicación, han surgido dos posturas principales: una es el dualismo, que sostiene que los fenómenos mentales son de hecho ontológicamente distintos de los corporales, y que la explicación de su interacción debe realizarse teniendo esto en cuenta. La otra es el monismo, que sostiene que no hay ninguna diferencia real entre lo mental y lo corporal, sino sólo aparente. Dentro del monismo existen dos variedades: el fisicalismo y el idealismo. La primera sostiene que todo lo que hay es físico, la segunda que todo lo que hay es mental. En la actualidad, el fisicalismo es por lejos la forma de monismo más común.

Ética

Artículo principal: Ética

La ética abarca el estudio de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir.[18] Dentro de la ética es frecuente distinguir tres niveles: el primero, la metaética, estudia el significado de los juicios éticos y/o normativos, y las razones que los vuelven verdaderos o falsos. El segundo, la ética normativa, estudia los principios que vuelven a las acciones buenas o malas, correctas o incorrectas. El tercero, la ética aplicada, estudia las aplicaciones concretas de las teorías éticas.[19]

El problema del libre albedrío
Artículo principal: Libre albedrío

El problema del libre albedrío refiere a una contradicción (real o aparente) entre dos de nuestras creencias más básicas: por un lado, la creencia del sentido común de que cuando actuamos, pudimos haber actuado de otra manera. Por ejemplo, cuando alzamos el brazo, pudimos no haberlo alzado. Por el otro lado, la creencia fundamental de la ciencia de que todos los eventos, incluyendo las acciones humanas, están determinados por la irrompible cadena de causas y efectos, y por lo tanto no pudieron haber sucedido de otra manera.[20]

De este modo, parece haber una contradicción entre ambas creencias. El problema con aceptar que nuestras acciones estén causalmente determinadas, es que el libre albedrío parece ser una condición necesaria para asignar responsabilidad moral a un agente. Nadie culparía a una persona por hacer algo que no pudo elegir.

El problema del ser y el deber ser
Artículo principal: Problema del ser y el deber ser
Véase también: Falacia naturalista

Este problema (también conocido como la guillotina de Hume) fue presentado por primera vez por David Hume en un breve párrafo de su Tratado sobre la naturaleza humana:

En todo sistema de moralidad que hasta ahora he encontrado, siempre he notado que el autor procede por algún tiempo en los modos ordinarios de razonamiento, y establece la existencia de Dios, o hace observaciones concernientes a los asuntos humanos, cuando de pronto me veo sorprendido de encontrar, que en vez de los enlaces usuales de las proposiciones, es y no es, encuentro que no hay ninguna proposición que no esté enlazada con un debe, o un no debe. Este cambio es imperceptible; pero es, sin embargo, de grandes consencuencias. Pues como este debe, o no debe, expresa una nueva relación o afirmación, es necesario que sea observada y explicada; y que al mismo tiempo se de una razón, para lo que parece totalmente inconcebible: cómo esta nueva relación puede ser una deducción de otras, que son completamente diferentes de ella.

En otras palabras, lo que Hume observa es que muchos moralistas empiezan afirmando hechos (como «todos los tiranos son injustos») y terminan afirmando deberes (como «todos los tiranos deben ser justos»), sin justificar el paso de los primeros a los segundos. Al principio, dicha justificación puede lograrse si se agrega una premisa que afirme un deber al argumento. Por ejemplo, partiendo del deber de que «todos los hombres deben ser justos», y sabiendo que «todos los tiranos son hombres», se puede concluir que «todos los tiranos deben ser justos». Sin embargo, el verdadero problema asoma cuando advertimos que para justificar el deber de la premisa, se necesita un deber previo, y para justificar éste se necesita otro anterior, etc. De modo que, para evitar la regresión al infinito, nos vemos obligados a concluir que es imposible justificar los deberes de manera absoluta.

Estética

El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, es una representación prototípica de lo sublime
Artículo principal: Estética

La única definición que parece gozar de algún consenso entre los filósofos, es que la estética es el estudio de la belleza.[21] [22] Sin embargo, algunos autores también generalizan esta definición y afirman que la estética es el estudio de las experiencias estéticas y de los juicios estéticos.[23] Cuando juzgamos que algo es bello, feo, sublime o elegante (por dar algunos ejemplos), estamos haciendo juicios estéticos, que a su vez reflejan experiencias estéticas.[23] La estética es el estudio de estas experiencias y de estos juicios, de su naturaleza y de los principios que tienen en común.

La estética es una disciplina más amplia que la filosofía del arte, en tanto que los juicios y las experiencias estéticas pueden encontrarse fácilmente por fuera del arte. Por ejemplo, cuando vemos pasar a un perro, podríamos juzgar que el perro es hermoso, y realizar así un juicio estético sobre algo que nada tiene que ver con el arte.[24]

Filosofía política

Artículo principal: Filosofía política

La filosofía política estudia cuestiones fundamentales acerca del gobierno, la política, la libertad, la justicia, la propiedad, los derechos y la aplicación de un código legal por la autoridad: qué son, por qué (o incluso si) son necesarios, qué hace a un gobierno legítimo, qué derechos y libertades debe proteger y por qué, qué forma debe adoptar y por qué, qué obligaciones tienen los ciudadanos para con un gobierno legítimo (si acaso alguna), y cuándo pueden derrocarlo legítimamente (si alguna vez).

Historia de la filosofía occidental

La tradición filosófica occidental tiene una historia de más de 2500 años, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. A lo largo de ese tiempo, hubo una enorme cantidad de filósofos y movimientos filosóficos, demasiado numerosos para ser mencionados aquí. Lo que sigue es una mera caracterización de los distintos períodos de la historia de la filosofía occidental, incluyendo una mención a las principales figuras y corrientes de cada época.

Filosofía antigua

Artículos principales: Filosofía griega y Filosofía helenística

La filosofía antigua es la filosofía que se desarrolló en el mundo grecorromano desde el siglo VI a. C. hasta la decadencia del Imperio Romano, en el siglo IV. En general se la divide en tres períodos: el de la filosofía presocrática, que va de Tales hasta Sócrates, el de las escuelas posteriores a Sócrates hasta la difusión de la filosofía griega en el mundo romano, y por último el período post-aristotélico o helenístico.[25] A veces se agrega un cuarto período que comprende a los filósofos cristianos y neoplatonistas. Los dos autores más importantes de la filosofía antigua, en términos de su influencia posterior, fueron Platón y Aristóteles.

La cultura griega, al igual que todas las culturas de su entorno, contaba con una gran cantidad de narraciones míticas para explicar el por qué de los fenómenos naturales y de las instituciones humanas. Una de las preocupaciones de los filósofos griegos fue la de encontrar una alternativa a estas explicaciones míticas, a saber, una explicación racional, económica y unificada. Otras cuestiones muy debatidas fueron: la retórica y la buena argumentación; la virtud; la justicia y su relación con los diferentes sistemas políticos; el problema gnoseológico de reconciliar el cambio constante del universo con la posibilidad del conocimiento inmutable; y la naturaleza de las entidades no sensibles como los números, los universales, los dioses y los elementos últimos de la naturaleza.

Con su crítica a las creencias heredadas y el apoyo en la razón y la argumentación, este período estableció el carácter de toda la filosofía posterior.

La escuela de Atenas, de Rafael, representa a los filósofos, matemáticos y científicos más importantes de la época.

Filosofía medieval

Artículo principal: Filosofía medieval
Las siete artes liberales, según una ilustración del siglo XII.

La filosofía medieval es la filosofía de Europa y Oriente Medio durante lo que hoy se llama el Medioevo o la Edad Media, que se extiende aproximadamente desde la caida del Imperio Romano hasta el Renacimiento. La filosofía medieval se caracteriza en parte por el redescubrimiento de la filosofía griega clásica y la filosofía helenística, y en parte por la necesidad de responder a cuestiones teológicas y de integrar las doctrinas sagradas (cristianas, judías e islámicas) con el aprendizaje secular.

Algunos problemas centrales en este período fueron la relación entre la fe y la razón, la existencia y unidad de Dios, el objeto de la teología y la metafísica, los problemas del conocimiento, de los universales y de la individuación.

Filósofos importantes de este período incluyen a los filósofos musulmanes Al-Farabi, Avempace, Averroes y Avicenna, al filósofo judío Maimónides, y a los filósofos cristianos Ramón Llull, Erígena, Abelardo, Anselmo, Bacon, Tomás de Aquino, Duns Scoto y Guillermo de Ockham.

Filosofía moderna clásica (siglos XVII y XVIII)

Artículos principales: Filosofía del siglo XVII e Ilustración
René Descartes rompió con la tradición escolástica, dando inicio a la filosofía moderna en general y al racionalismo en particular.

La filosofía moderna temprana se caracterizó por reconocer plenamente la preeminencia de la gnoseología por sobre la metafísica,[cita requerida] argumentando que antes de intentar conocer lo que hay, es prudente conocer lo que se puede conocer.[26]

Las principales corrientes de esta época fueron, por lo tanto, corrientes gnoseológicas. El racionalismo enfatizaba el papel de la razón en la adquisición del conocimiento, y sus principales exponentes fueron René Descartes, Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz. El empirismo, en cambio, sostenía que la fuente principal del conocimiento es la experiencia, y se lo asocia principalmente con John Locke, David Hume y George Berkeley.

En 1781, Immanuel Kant publicó su famosa Crítica de la razón pura, donde rechaza ambas posturas y propone una alternativa. Según Kant, si bien todo nuestro conocimiento empieza con la experiencia, no todo se origina de ella,[27] pues existen ciertas estructuras del sujeto que anteceden a toda experiencia, en tanto son las condiciones que la hacen posible. Esta postura inspiró lo que luego se llamó el idealismo alemán.

Filosofía moderna tardía (siglo XIX)

Generalmente se considera que después de la filosofía de Immanuel Kant, se inició otra etapa en la filosofía,[28] en gran parte definida por ser una reacción a Kant. Este período empezó con el desarrollo del idealismo alemán (principalmente Fichte, Schelling y Hegel), pero siguió con una cantidad de otros movimientos,[29] la mayoría de los cuales fueron creados por filósofos trabajando desde fuera del mundo académico:[30]

Filosofía contemporánea (siglos XX y XXI)

Artículo principal: Filosofía contemporánea

En el siglo XX, la mayoría de los filósofos más importantes trabajaron desde dentro de las universidades, especialmente en la segunda mitad del siglo.[30] Algunos de los temas más discutidos fueron la relación entre el lenguaje y la filosofía (este hecho a veces es llamado "el giro lingüístico") y las implicaciones filosóficas de los enormes desarrollos en lógica a lo largo de todo el siglo.[cita requerida]

Las tradiciones filosóficas más significativas y abarcadoras del siglo XX fueron dos:[30]

La filosofía analítica se desarrolló principalmente en el mundo anglosajón, y debe su nombre al énfasis que al principio puso en el análisis del lenguaje por medio de la lógica formal.[36] En la segunda mitad del siglo, sin embargo, la filosofía analítica dejó de centrarse sólo en el lenguaje, y la unidad de la tradición recayó en la exigencia de claridad y rigor en la argumentación, en la atención a los detalles y en la desconfianza hacia los grandes sistemas filosóficos.[36] Algunos pensadores tempranos que se asocian a la tradición analítica son Gottlob Frege, G. E. Moore, Bertrand Russell, Ludwig Wittgenstein y los integrantes del Círculo de Viena, y más adelante Willard van Orman Quine, Saul Kripke, John Searle y Donald Davidson, entre otros.

La segunda tradición principal del siglo XX resulta aún más difícil de caracterizar que la filosofía analítica. La filosofía continental se desarrolló principalmente en la Europa Continental (de ahí su nombre), y se caracterizó por ser más especulativa y por dar más importancia a la historia que la filosofía analítica.[37] La fenomenología, el existencialismo, el estructuralismo, el postestructuralismo y la postmodernidad son algunas escuelas que caen dentro de esta tradición,[37] y algunos de sus autores más influyentes fueron Edmund Husserl, Martin Heidegger, Jean Paul Sartre y José Ortega y Gasset en la primera mitad del siglo, seguidos por Michel Foucault, Jacques Derrida, Hannah Arendt y Gilles Deleuze en la segunda.