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WASHINGTON Y EL GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS:

AQUÍ ESTÁN LAS PRUEBAS

  

Por: Eva Golinger

  

·         El Departamento de Estado tenía conocimiento previo del golpe.

·         El Departamento de Estado y el Congreso de EEUU financiaron y asesoraron a los actores y organizaciones hondureñas que participaron en el golpe.

·         El Pentágono entrenó, capacitó, financió y armó al ejército hondureño que perpetró el golpe y sigue reprimiendo al pueblo de Honduras.

·         La presencia militar estadounidense en Honduras, que ocupa la base militar de Soto Cano (Palmerola), autorizó el golpe de Estado con su complicidad tácita y la negativa a retirar su apoyo a los militares hondureños.

·         El embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens, coordinó la expulsión del poder del presidente Manuel Zelaya, junto con el subsecretario de Estado Thomas Shannon y John Negroponte, quien trabaja actualmente como asesor de la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

·         Desde el primer día del golpe, el gobierno de Washington ha hablado de las "dos partes" involucradas y la necesidad de un "diálogo" para restituir el orden constitucional, legitimando de esta forma a los golpistas.

·         El Departamento de Estado se ha negado a calificar legalmente los sucesos de Honduras como un "golpe de Estado", no ha suspendido ni congelado su apoyo financiero y el comercio con el país, ni ha tomado medidas para presionar eficazmente al gobierno de facto.

·         Washington manipuló a la Organización de Estados Americanos para alargar el tiempo de debate sobre lo que había que hacer y así no apoyar el regreso inmediato del presidente Zelaya al poder, como parte de una estrategia que sigue en pie y simplemente busca legitimar al gobierno de facto y desgastar al pueblo hondureño que todavía se resiste al golpe.

·         La Secretaria de Estado Clinton y sus voceros dejaron de hablar del regreso del presidente Zelaya al poder luego de la designación de Oscar Arias, presidente de Costa Rica, como "mediador", y ahora califican al dictador que asumió el poder ilegalmente durante el golpe, Roberto Micheletti, como "presidente interino".

·         La estrategia de "negociar" con los golpistas fue impuesta por el gobierno de Obama como una manera de desacreditar al presidente Zelaya -culpándolo por los hechos que provocaron el golpe- y legitimando a los golpistas.

·         Congresistas estadounidenses -demócratas y republicanos- organizaron una visita de unos representantes de los golpistas de Honduras a Washington, a los que recibieron con honores en diferentes instituciones de la capital estadounidense.

·         A pesar de que fue el senador republicano John McCain quien coordinó la visita de los golpistas a Washington a través de un bufete de lobby, The Cormac Group, actualmente es el abogado de Bill Clinton y amigo cercano de Hillary, Lanny Davis, a quien se ha contratado como "lobbista" para lograr la aceptación pública de Washington del gobierno de facto en Honduras.

·         Otto Reich y el venezolano Robert Carmona-Borjas, quien fue abogado del dictador Pedro Carmona durante el golpe de Estado de Venezuela en Abril de 2002, ayudaron desde Washington a preparar el escenario para el golpe contra el presidente Zelaya en Honduras.

·         El equipo de diseño del golpe de Estado en Honduras designado por Washington también incluía a un grupo de embajadores de Estados Unidos recientemente nombrados en Centroamérica, expertos en la desestabilización de la revolución cubana, y a Adolfo Franco, ex encargado del programa de Cuba de la USAID.

 

Nadie duda de la implicación de Washington en el golpe de Estado de Honduras contra el presidente Manuel Zelaya que comenzó el pasado 28 de junio. Muchos analistas, dirigentes, e incluso presidentes, lo han denunciado. Sin embargo, la mayoría coinciden en disculpar a la administración de Barack Obama de algún papel en el golpe hondureño, haciendo responsables en su lugar a los rasgos del gobierno de George W. Bush y a los halcones que todavía andan por los pasillos de la Casa Blanca. La evidencia demuestra que sí, que es cierto que los halcones y los protagonistas de siempre de los golpes y sabotajes en América Latina también han participado esta vez, y además existen amplias pruebas que señalan el papel del gobierno de Obama.

 

[PARA QUIENES QUIERAN LEER MÁS SOBRE LOS DETALLES DE LA PARTICIPACIÓN DE WASHINGTON EN EL GOLPE, SIGUE ABAJO]

 

El Departamento de Estado

 

La nueva diplomacia estadounidense, denominada "smart power" (poder inteligente) ha jugado un papel principal antes, durante y después del golpe de Estado en Honduras. Los voceros del Departamento de Estado, admitieron en una rueda de prensa el 1 de julio, que tenían conocimiento previo del golpe y habían estado trabajando con los sectores que lo planificaban para buscar "otra solución".[i] También admitieron que dos altos funcionarios del Departamento de Estado, el subsecretario de Estado para América Latina Thomas Shannon y el subsecretario de Estado James Steinberg, estuvieron en Honduras la semana anterior al golpe para mantener reuniones con los grupos civiles y militares que lo llevaron a cabo. Dicen que su propósito era "frenar" el golpe, sin embargo su presión verbal no concuerda con su respaldo a los sectores golpistas.

 

Después del golpe, la Secretaria de Estado Hillary Clinton publicó una declaración, el domingo 28 de junio, que no reconocía los sucesos como un "golpe" y tampoco exigía la restitución del presidente Zelaya en el poder. Adicionalmente, siempre hacía referencia a "las dos partes" del conflicto, legitimando a los golpistas y haciendo responsable públicamente al presidente Zelaya desde el primer día: "La acción contra el presidente hondureño Mel Zelaya viola los principios de la Carta Democrática de la OEA y debe ser condenado. Llamamos a todas las partes en Honduras a que respeten el orden constitucional y el Estado de derecho, que reafirmen su vocación democrática y se comprometan a resolver las disputas políticas de manera pacífica a través del diálogo. Honduras debe abrazar a los mismos principios de la democracia que ratificamos hace un mes en la reunión de la OEA celebrada en ese país."[ii]

 

Y desde entonces, a pesar de diversas referencias al "golpe" de Honduras, el Departamento de Estado se negaba a calificarlo de golpe de Estado, lo que le obligaría a suspender toda clase de apoyo económico, diplomático y militar al país. El 1 de julio, los voceros del Departamento de Estado lo explicaron de esta manera: "En referencia al propio golpe, lo mejor sería decir que fue un esfuerzo coordinado entre los militares y algunos actores civiles. Obviamente, los militares fueron quienes condujeron la remoción forzada del presidente y han actuado para asegurar el orden público durante este proceso. Pero para que el golpe sea más que una insurrección o una rebelión, hay que ver una transferencia del poder a los militares. Y en ese sentido el Congreso -la decisión del Congreso de juramentar a su presidente Micheletti, como presidente de Honduras, indica que el Congreso y miembros claves de éste han desempeñado un papel importante en esta situación."[iii]

 

Esta posición ambigua, que condena los sucesos de Honduras como una ruptura del orden constitucional pero no llega a calificarlo como golpe de Estado ni exige la restitución del presidente Zelaya, se ratificó luego de la reunión que sostuvo la Secretaria de Estado Hillary Clinton con el presidente Zelaya el 7 de julio: "Acabo de celebrar una reunión productiva con el presidente Zelaya. Discutimos los sucesos de los últimos nueve días y el camino a seguir. Le reiteré que Estados unidos apoya la restitución del orden constitucional en Honduras. Seguimos apoyando los esfuerzos regionales a través de la OEA para lograr una resolución pacífica según las normas de la Carta Democrática. Llamamos a todas las partes a no cometer actos de violencia y a buscar una solución pacífica, constitucional y estable a las serias divisiones en Honduras, por medio del diálogo. Para ese fin, hemos trabajado con nuestros socios en el hemisferio para establecer una negociación, un diálogo que podría desembocar en una resolución pacífica de esta situación.."[iv]

 

Ya estaba claro, después de esa reunión, que Washington no iba a seguir abogando por el regreso del presidente Zelaya al poder, sino que buscaba "una negociación" con los golpistas que, al final, favoreciera los intereses estadounidenses. Fuentes cercanas a la Organización de Estados Americanos (OEA) afirman que una alta delegación estadounidense presente en la reunión del 4 de julio en la sede del organismo multilateral intensificó la presión hacia otros Estados para que aceptaran una salida "negociada" que no implicase necesariamente la restitución de Zelaya como presidente de Honduras.

 

Esta manera de desviar el tema, manipular el asunto y aparecer asumiendo una posición cuando en realidad las actuaciones demuestran lo contrario, forma parte de la nueva doctrina de Obama denominada "smart power" (poder inteligente), que pretende lograr los objetivos imperiales sin satanizar al gobierno de Washington. "Smart Power" es "la capacidad de combinar el 'poder duro' con el 'poder suave' para lograr una estrategia victoriosa. El 'Smart Power' utiliza estratégicamente la diplomacia, la persuasión, la construcción de capacidades, la proyección del poder militar, económico y político y la influencia imperial, de manera efectiva, con una legitimidad política y social." Esencialmente, es una mezcla de la fuerza militar con todas las formas de la diplomacia, con énfasis en el uso de la "promoción de la democracia" como táctica para influir en el destino de los pueblos, en vez de perpetrar una invasión militar.

 

El embajador

 

El periodista Jean-Guy Allard ha revelado los orígenes del actual embajador de Estados Unidos en Honduras, Hugo Llorens[v]. Según Allard, Hugo Llorens, un cubano de nacimiento que llegó a Estados Unidos como parte de la Operación Peter Pan, es "especialista en terrorismoŠ La Casa Blanca de George W. Bush captó al astuto Llorens en 2002, nada menos que como Director de asuntos andinos del Consejo Nacional de Seguridad de Washington D.C., lo que lo convirtió en el principal asesor del presidente sobre Venezuela. El golpe de Estado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez se produjo mientras Llorens se encontraba bajo la autoridad del subsecretario de Estado para Asuntos hemisféricos, Otto Reich, y del muy controvertido Elliot Abrams. En julio de 2008, Llorens fue nombrado embajador en Honduras."

 

El pasado 4 de junio, el embajador Llorens declaró a la prensa hondureña que "...Uno no puede violar la Constitución para crear una Constitución, porque si uno no tiene Constitución vive la ley de la jungla."[vi] Esas declaraciones se emitieron en referencia a la encuesta popular sobre la convocatoria de una posible asamblea constituyente, que debería haber tenido lugar el 28 de junio si no hubiera ocurrido el golpe de Estado contra el presidente Zelaya. Los comentarios de Llorens no sólo ponen en evidencia su posición contra la encuesta, sino, además, su total injerencia en los asuntos internos de Honduras.

 

Pero Llorens no estaba solo en la región. Luego de su nombramiento como embajador en Honduras -cargo que obviamente se le asignó debido a la necesidad de neutralizar la creciente presencia de gobiernos izquierdistas en la región y la potencia regional del ALBA-, se nombraron varios embajadores más de Washington en los países vecinos, todos expertos en la desestabilización de la revolución cubana y operaciones psicológicas.

 

Primero llegó el diplomático Robert Blau a la embajada de Estados Unidos de El Salvador, el 2 de julio de 2008, como el segundo de la diplomacia estadounidense. En enero de este año, Blau asumió la embajada como encargado de negocios. Antes de su envío a El Salvador, Blau fue subdirector de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, luego de haber estado dos años en la Sección de Intereses de Washington en La Habana como asesor político. Fue tan eficiente en su trabajo en Cuba con la disidencia, que el Departamento de Estado le concedió el Premio James Clement Dunn a la Excelencia, debido a su labor con la oposición contrarrevolucionaria en Cuba. Llorens y Blau eran viejos amigos, luego de trabajar juntos en el equipo de Otto Reich en el Departamento de Estado.

 

Después fue nombrado Stephen McFarland como embajador de Estados Unidos en Guatemala, el 5 de agosto de 2008. McFarland, graduado de la Universidad de Guerra de Estados Unidos y ex miembro del equipo de combate número dos de los marines en Iraq, era el segundo en la Embajada de Estados Unidos en Venezuela bajo William Brownfield, quien incrementó de manera alarmante el apoyo financiero y político a la oposición contra Chávez. Luego, McFarland estuvo en la embajada de Estados Unidos en Paraguay, apoyando la construcción de la base militar del Pentágono en ese país. McFarland también fue director de Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado y su perfil lo destaca como un experto "en transiciones democráticas, derechos humanos y seguridad."

 

El embajador Robert Callahan llegó a Managua, Nicaragua, también a principios de agosto. Ha trabajado en las embajadas en La Paz, Bolivia, y San José, Costa Rica, y ha sido profesor en la Universidad Nacional de Guerra de Estados Unidos. En 2004 fue enviado a Iraq como agregado de prensa de la embajada en Bagdad. A su regreso, estableció la oficina de prensa y propaganda de la recién creada Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) de Washington, que en la actualidad es el órgano más poderoso de la inteligencia estadounidense.

 

Juntos, estos embajadores -expertos en golpes de Estado, desestabilización y propaganda- han preparado el terreno para el golpe contra el presidente Zelaya en Honduras.

 

Financiamiento a los golpistas

 

Justo en el mes anterior del golpe contra el presidente Zelaya se formó una coalición entre diferentes organizaciones no gubernamentales, empresarios, partidos políticos, la iglesia católica y los medios de comunicación, denominada "la unión cívica democrática". Su único propósito era derrocar al presidente Zelaya para impedir que abriera el camino a una asamblea constituyente que permitiría al pueblo alzar su voz y participar en su proceso político.

 

La "unión cívica democrática" de Honduras esta compuesta por organizaciones como el Consejo Nacional Anticorrupción, el Arzobispado de Tegucigalpa, el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), el Consejo de Rectores de Universidades, la Confederación de Trabajadores de Honduras (CTH), el Foro Nacional de Convergencia, la Federación Nacional de Comercio e Industrias de Honduras (FEDECAMARA), la Asociación de Medios de Comunicación (AMC), el Grupo Paz y Democracia y el grupo estudiantil Generación X Cambio.

 

La mayoría de estas organizaciones han sido beneficiarias de los más de 50 millones de dólares que anualmente invierten la USAID y la NED en el "desarrollo democrático" en Honduras. De hecho, un informe de la USAID sobre su financiamiento y trabajo con COHEP, destaca que "el perfil bajo de la USAID en este proyecto ayudó a asegurar la credibilidad de COHEP como una organización hondureña y no un brazo de la USAID."

 

Los voceros de la unión cívica democrática de Honduras en representación, según ellos, de la "sociedad civil", declararon a la prensa hondureña el 23 de junio -cinco días antes del golpe contra el presidente Zelaya- que "confían en que las fuerzas armadas cumplirán con su deber de defender la Constitución, el Estado de Derecho, la paz y la democracia." Cuando sucedió el golpe, el día 28 de junio, fueron los primeros que salieron a decir que no hubo un golpe de Estado, sino que habían "rescatado su democracia" de las manos del presidente Zelaya, cuyo crimen fue querer dar al pueblo voz, visibilidad y participación. También en representación de los sectores de clase media y alta, la unión cívica democrática ha calificado a los sectores que apoyan al presidente Zelaya de "turbas".

 

El Instituto Republicano Internacional, que recibe fondos de la National Endowment for Democracy (NED), obtuvo más de 1,2 millones de dólares en 2009 para trabajar con los sectores políticos en Honduras. Su trabajo se ha dedicado a apoyar los "centros de pensamiento" y "grupos de presión" en Honduras, para influir en los partidos políticos y "apoyará iniciativas para implementar posiciones políticas durante las campañas de 2009." Ésta es una clara intervención en la política interna de Honduras y evidencia del financiamiento de la NED a los sectores golpistas del país.

 

El lobby de Washington

 

El senador republicano John McCain, ex candidato a la presidencia de Estados Unidos, ayudó coordinar la visita de la delegación golpista de Honduras a Washington durante la semana pasada. McCain es conocido por su dura postura contra Venezuela, Bolivia y otros países de la región considerados "anti imperialistas" y por sus estrechos vínculos con la mafia cubana en Miami. McCain también es jefe del Instituto Republicano Internacional (IRI), ente financiero de los golpistas de Honduras. McCain ofreció los servicios de su empresa de lobby, The Cormac Group, que organizó una rueda de prensa de los golpistas en el National Press Club el 7 de junio.

 

Pero más allá de la conexión republicana con los golpistas hondureños, hay un vínculo más comprometedor con la actual administración demócrata de Barack Obama. El abogado Lanny Davis fue contratado por la sede hondureña del Consejo de Empresarios de América Latina (CEAL) para hacer lobby a favor de los golpistas y convencer a los poderes de Washington de que deben aceptar y reconocer al gobierno de facto de Honduras. Lanny Davis fue abogado del ex presidente Bill Clinton cuando estaba en la Casa Blanca, y es un conocido amigo y asesor de la actual Secretaria de Estado Hillary Clinton. Davis está organizando una ofensiva diplomática y mediática a favor de los golpistas, incluida la compra de publicidad en periódicos estadounidenses, y organizando reuniones entre los representantes golpistas y diferentes congresistas, senadores y funcionarios del gobierno de EEUU. CEAL esta compuesto por los empresarios latinoamericanos que más han promovido atentados contra los movimientos populares en la región. Por ejemplo, el actual representante de Venezuela en el CEAL es Marcel Granier, presidente de RCTV, la cadena de televisión que promovió e intentó legitimar el golpe de Estado contra el presidente Chávez.

 

Como parte de este esfuerzo, lograron una audiencia especial ante el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos, con la participación de congresistas demócratas y republicanos, y los testimonios de personajes promotores del golpe, como Michael Shifter del Diálogo Interamericano de Washington, Guillermo Pérez-Cadalso, ex Canciller y Magistrado de la Corte Suprema de Honduras, y el famoso Otto Reich, cubano-americano conocido por su papel en la mayoría de las actividades de desestabilización contra gobiernos izquierdistas en América Latina desde los años ochenta. Como resultado de este encuentro, el Congreso de Estados Unidos está promoviendo una resolución que reconozca como legítimo al gobierno de facto de Honduras.

 

Otro resultado del lobby de Lanny Davis fue la reunión convocada en el Consejo de las Américas el 9 de junio, en donde participó Jim Swigert, director de los programas de América Latina y el Caribe para el Instituto Demócrata Nacional (NDI), que recibe su financiamiento de la NED, Cris Arcos, antiguo embajador de EEUU en Honduras y Adolfo Franco, ex administrador de la USAID para América Latina y el Caribe y encargado del programa de "transición" en Cuba. Estos tres personajes han trabajado como asesores del gobierno de Obama frente a la crisis en Honduras. Franco, quien también fue asesor de política exterior para el senador John McCain durante su campaña presidencial en 2008, ha sido acusado de corrupción por su mal manejo de los fondos de la USAID para el programa de "promoción de la democracia" en Cuba, gran parte de los cuales se dieron a grupos de Miami, como el Comité para una Cuba Libre y el Instituto para Estudios Cubanos en Miami, sin pasar por ningún proceso transparente de revisión.

 

Negroponte y Reich, de nuevo

 

Muchos han especulado sobre el papel del antiguo embajador de Estados Unidos en Honduras, John Negroponte, quien dirigió la fuerza paramilitar denominada "la contra" y los escuadrones de muerte contra los movimientos izquierdistas en Centroamérica durante los años ochenta. Negroponte tuvo varios cargos durante la administración de George W. Bush: embajador de EEUU en Iraq, embajador ante las Naciones Unidas, director nacional de Inteligencia y, por último, subsecretario de Estado bajo Condoleezza Rice. A su salida del Departamento de Estado, Negroponte pasó al sector privado. Le ofrecieron un trabajo como vicepresidente de la firma consultora más influyente de Washington, McLarty Associates. Negroponte aceptó. McLarty Associates fue fundada por Thomas "Mack" McLarty, ex jefe de gabinete del presidente Bill Clinton y enviado especial a América Latina durante su presidencia. Actualmente, McLarty maneja la consultora más poderosa de Washington. Hasta el año 2008, McLarty Associates se llamaba Kissinger-McLarty Associates debido a la unión entre Thomas McLarty y Henry Kissinger, que evidencia la unión política entre los sectores demócratas y republicanos en Washington.

 

En su nuevo cargo, John Negroponte trabaja como asesor sobre política exterior del Departamento de Estado bajo Hillary Clinton. Recordemos que el embajador estadounidense en Honduras, Hugo Llorens, trabajaba bajo el comando de Negroponte durante la mayoría de su gestión.

 

Otto Reich lleva unos años trabajando en una campaña contra el presidente Zelaya. Fue demandado por Zelaya en abril 2009 por haberlo acusado públicamente de robar 100 millones de dólares de la empresa estatal de telecomunicaciones, Hondutel. Resulta que Reich hacía lobby para una empresa privada de telecomunicaciones que quería privatizar Hondutel. Ahora, con Zelaya destituido y un empresario en el poder, lo más probable es que Reich consiga su negocio multimillonario.

 

Reich fundó una organización en Washington, llamada Arcadia Foundation[vii] junto a un venezolano, Robert Carmona-Borjas, abogado especialista en temas militares, vinculado al golpe de abril de 2002 en Venezuela, según su propio perfil. Robert Carmona-Borjas supuestamente estuvo en Miraflores con Pedro Carmona durante el golpe de abril de 2002 y escapó, junto a Carmona, del palacio cuando fue tomado por la guardia de honor presidencial. Desde entonces vive en Washington, DC. Desde el año pasado, Reich y Carmona-Borjas han llevado una campaña contra Zelaya por asuntos de corrupción, con una serie de micros que hablan de corrupción, libertad de expresión y cambio en Honduras.[viii]

 

Carmona-Borjas ha viajado con frecuencia a Honduras durante los últimos meses, incluso hablando de golpe de Estado "técnico" junto con otros actores, como el defensor del pueblo hondureño, Ramón Custodia, quien declaró a comienzos de junio que "Los golpes son una posibilidad que puede ocurrir en cualquier escenario político". Luego del golpe, el 3 de julio, Robert Carmona-Borjas apareció en Honduras en la concentración de los golpistas en Tegucigalpa, y fue reconocido como un actor importante que hizo posible la salida de Zelaya y la llegada al poder de Micheletti.[ix]

 

El poder militar

 

Estados Unidos mantiene una presencia militar muy grande en la base de Soto Cano (Palmerola), ubicada a 97 kilómetros de la capital, que ha estado operativa constantemente desde el año 1981, cuando fue activada por el gobierno de Estados Unidos durante la administración de Ronald Reagan.

 

En los años ochenta, Soto Cano se utilizó por el coronel estadounidense Oliver North, como una base de operaciones para la "Contra", las fuerzas paramilitares entrenadas y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), encargadas de ejecutar la guerra contra los movimientos izquierdistas en Centroamérica, y particularmente contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Desde Soto Cano, la "Contra" lanzaba sus ataques terroristas, escuadrones de muerte y misiones especiales que dieron como resultado miles de asesinatos, desaparecidos, torturados, lisiados y aterrorizados en Centroamérica.

 

John Negroponte, entonces embajador de EEUU en Honduras, junto a Oliver North y Otto Reich, dirigían estas operaciones sucias.

 

La base de Soto Cano es la sede de la Fuerza de Tarea Conjunta "Bravo" (JTF-B) de Estados Unidos, compuesta por efectivos del ejército, las fuerzas aéreas, fuerzas de seguridad conjuntas y el primer batallón-regimiento Número 228 de la aviación estadounidense. Son 600 personas en total y 18 aviones de combate, incluidos helicópteros UH-60 BlackHawk y CH-47 Chinook. Soto Cano también es la sede de la Academia de la Aviación de Honduras. Más de 650 ciudadanos hondureños y estadounidenses viven en las instalaciones de la base.

 

La Constitución de Honduras no permite legalmente la presencia militar extranjera en el país. Un acuerdo "de mano" entre Washington y Honduras autoriza la importante y estratégica presencia de los cientos de militares estadounidenses en la base, en un acuerdo "semipermanente". El acuerdo se realizó en 1954 como parte de la ayuda militar que Estados Unidos ofrecía a Honduras. La base primero fue utilizada por la CIA para lanzar el golpe contra Jacobo Arbenz en Guatemala.

 

Cada año, Washington autoriza cientos de millones de dólares en ayuda militar y económica a Honduras, que es el tercer país más pobre del hemisferio. Este acuerdo que permite la presencia militar de Estados Unidos en el país centroamericano puede retirarse sin aviso.

 

El 31 de mayo de 2008, el presidente Manuel Zelaya anunció que Soto Cano (Palmerola) se utilizará para vuelos comerciales internacionales. La construcción del terminal civil se financió con un fondo del ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas).

 

Los dos generales con mayor participación en el golpe contra Zelaya son graduados de la Escuela de las Américas y mantienen lazos estrechos con los militares estadounidenses en Honduras. El comandante de la Aviación de Honduras, general Luis Javier Prince Suazo, estudió en la famosa Escuela de las Américas de Estados Unidos en 1996. El jefe del estado mayor conjunto, general Romeo Vásquez, destituido por el presidente Zelaya el 24 de junio por desobedecer sus órdenes, y luego actor principal en el golpe militar sólo días después, también es graduado de la Escuela de las Américas. Los dos altos oficiales hondureños mantienen relaciones muy estrechas con el Pentágono y las fuerzas militares estadounidenses en Soto Cano.

 

El embajador de Estados Unidos en Honduras que cambió en septiembre 2008, Charles Ford, fue transferido al Comando Sur en Miami para encargarse de la asesoría para el Pentágono sobre América Latina.

 

Los militares hondureños están financiados, entrenados, adoctrinados y comandados por el ejército estadounidense sobre la base de la doctrina anti izquierdista y anti socialista. Por eso era tan fácil actuar contra el presidente Zelaya, su comandante en jefe, porque lo veían como parte de la "amenaza izquierdista", contra la que llevan combatiendo desde hace decenios.[x]

 

De todas estas evidencias -y habrá más en el futuro- se comprueba el inconfundible papel de Washington en el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Zelaya.

 

HONDURAS: GOLPE, RESISTENCIA Y POSIBILIDADES

por: Bruno Lima Rocha



El gobierno golpista, encabezado por Roberto Micheletti - presidente del Congreso unicameral - además de decretar toque de queda (no obedecido), pide la prisión de conocidos sindicalistas y militantes. Al amenazar dirigentes del Bloque Popular, Vía Campesina, Movimiento por los Derechos Humanos y del poderoso Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, la oligarquía hondureña alimentada oficiosamente por la CIA, desafía la disputa territorial en las calles de la capital Tegucigalpa y en las carreteras y ciudades de los 18 departamentos. Por más increíble que parezca, el acto gorila puede implica en el aumento de la unidad de los sectores populares y de izquierda organizados. Nunca es demasiado acordar que Manuel Zelaya es un convertido, uno más, a las propuestas de la ALBA y del enfoque latinoamericanista gravitado por Hugo Chávez.

 

De ese modo, la izquierda hondureña actúa en dos arenas simultáneas. Una, inmediata, es la defensa popular contra el golpe cívico-militar. La otra, se dará en el caso de retorno y victoria de Manuel Zelaya, de modo que el presidente no retroceda en la convocatoria de la consulta popular y en el cambio del marco jurídico a través de la reforma constitucional. En este caso, en caso de triunfo de Zelaya y del recalcitrante Partido Liberal (que lo traiciona, pero no abandona de todo), la lucha política podrá encaminarse en el sentido de construcción de espacios decisorios al margen del Estado de Derecho, buscando algo próximo al pluralismo y experimentalismo jurídico que se da en Bolivia, con menos intensidad en Ecuador y que debería darse en Venezuela

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Pero, antes de hacer la lucha contra la derecha endógena del entorno presidencial, el pueblo hondureño tiene que vencer el desafío del golpe gorila.

 
EL GOLPE HONDUREÑO, ANTECEDENTES Y SUS TENTÁCULOS EXTERNOS


Casi todo conflicto de legitimidad pasa por momentos de comoción popular. La resistencia al golpe de Estado, grosera maniobra de tipo gorila, imitando en parte el intento fallido que tuvo Pedro Carmona y la entidad empresarial venezolana (Fedecamaras) al frente del putsch de abril de 2002, siempre tiene que ser inmediata e irreprensible. Hubiera pasado algo semejante en Brasil en 1º de abril de 1964 y no sufriríamos con 21 años de dictadura. Se puede perder o ganar un contra golpe, como fue en la derrota briosa del pueblo uruguayo en la huelga general de respuesta al golpe de 1973. Pero, si un pueblo deja de pelear por no haber convocatoria, las entidades de base y los movimientos populares de ese país caen en un descrédito igual o mayor del que la “izquierda” de base parlamentaria se encuentra en la América Latina. No se iludan, las victorias electorales son, en su mayoría, “de una centro-izquierda no clasista” como sabiamente afirman columnistas de la derecha porteña como James Neilsen (Revista Informas, Grupo Perfil). Aún siendo bastante gorila en la mayoría de las veces, Neilsen acierta en el concepto y en la crítica. La derecha abusa de la estupidez colectiva pero ella en si misma no es tan pelotuda así. Que sirva de lección.


Volviendo al golpe hondureño, de inmediato recordé de Oliver North y John Negroponte. También me vino a mente el Batallón 316 y los escuadrones de la muerte de la contra centro-americana, cuando la Teoría del Dominó daba soporte conceptual a las triangulaciones de traficantes de cocaína, generales sin machete (como el panameño Manuel Noriega de triste memoria y ninguna hombría) y las agencias estadounidenses (CIA y DEA al frente). No por casualidad el Imperio se mantienen en la cínica posición de dualismo. Barack “Keynes” Obama declara en alto y buen sonido que no reconoce otro gobierno que no lo de Zelaya. Ya la abogada Hillary Rodham “Whitewater” Clinton, secretaria de Estado (equivalente la ministra de relaciones exteriores) se rechaza a llamar de golpe militar el putsch encabezado por Roberto Micheletti, el general Romeo Vázquez (con pasajes en la Escuela de Américas), los miembros de la Suprema Corte, de la Fiscalía General, empresarios de comunicación y la alta jerarquía eclesiástica (la derecha de los curas tienen tradición en estas cuestiones desde la relación Opus Dei y Franco). Ya si los EEUU clasifican como golpe de Estado la toma a la fuerza del poder, serían obligados a retirar millones de dólares en ayuda anual al país que los años ’80 tuvo para la América Céntrica papel semejante al de Colombia los años ’90 y primera década del siglo XXI. O sea, por supuesto que no lo van hacer.


La batalla política se gana en las calles


En ese momento, la pelea se da de forma directa, en la dureza de los embates callejeros. La huelga general se mantiene y la tendencia es el aumento de la unidad solidaria entre los que luchan en el suelo.. En general, en estos episodios históricos se forja una gana política colectiva, más fuerte hasta del que los lazos con el mandatario derrumbado. Quién resiste en Honduras debe estar llevando en cuenta todos estos factores. En el momento en que escribo estas palabras, militantes del Movimiento por los Derechos Humanos, del Bloque Popular, de la Vía Campesina y del Consejo Cívico de las Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, además de líderes sindicales, están con sus prisiones decretadas por el gobierno golpista. Apostar en la represión, aún protegidos por el cerco y de la censura mediática, aumenta el riesgo entre los golpistas de la disidencia dentro de las Fuerzas Armadas y de la aparición de negociadores “sensatos”.


Además de la polarización contra los golpistas, ya se constituyó un polo de poder que se reconoce en la continuidad de quien fue depuesto. Se trata del Gabinete del Gobierno de Honduras en Resistencia, y tiene en su composición a 27 actores políticos de 1º y 2º escalón del gobierno Zelaya. Para contraponer este polo es preciso confrontar la oligarquía, pero también componer otro polo de aglutinación y poder decisorio. Si hubiera tiempo y sabiduría política, la coordinación puntual para resistencia civil al golpe puede consolidarse en instancia permanente, girando el poder abajo y a la izquierda. Si Zelaya retorne al poder Ejecutivo del Estado burgués, los meses subsecuentes serán definidores del futuro próximo a Honduras y de toda la región.

 

HONDURAS: CONTRA GOLPE E IMPASSE POLÍTICO

 

Bruno Lima Rocha

 

El domingo día 28 de junio la casa del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, amaneció bajo cerco militar. Tropas leales al mando del Ejército metrallaron su residencia y lo retiraron del país. No por casualidad, este sería el día de una consulta popular, convocando la ciudadanía hondureña a se posicionar en cuanto a la reforma constitucional. El temor de los oligarcas locales, del arreglo político-jurídico institucional, fomentados por la presencia de capitales impulsando el antiguo Plan Puebla-Panamá (la integración forzada, estilo ALCA, para América Céntrica), era el fortalecimiento del Poder Ejecutivo a partir de una base de relación plebiscitaria con una parcela del pueblo organizado. Por lo visto la derecha centro-americana intenta reproducir la fórmula de los escuálidos venezolanos. Ya anteviendo la probable victoria de una enmienda constitucional futura (no presentada en la consulta, es cierto) habilitando la reelección, decidieron operar antes, aún pagando los costes del aislamiento y condena internacional.

 

Un golpe “democrático” presenta el límite de la “democracia” de procedimientos

 

Por más absurdo que pueda parecer, y es. Este golpe fue “autorizado” por la Suprema Corte. Eso caracteriza una distinción del periodo de la Guerra Fría. Con una técnica distinguida, portando un discurso de legitimación jurídico, la élite dirigente hondureña dio muestras de “ponderación” en el rito de conservación del poder. No creyó en los procedimientos legales de impedimento político de un Ejecutivo contestado por los poderes liberales-burgueses, y a la vez, no cerró estos mismos poderes. Apostaron en la fuerza, pero aún no en la barbarie.

 

En otros tiempos el cierre sería aún más trágico, como ocurrió con Salvador Allende (Chile, en 1973). En el periodo en que vivimos, donde el debate se da sobre el formato de democracia, los golpistas tomaron una medida preventiva, no cometiendo el asesinato a sangre fría del jefe de Estado depuesto la bala. Llevando Zelaya para Costa Rica, país vecino, comunican al mundo que preservan los suyos, reservando la represión para la oposición interna de izquierda, postura política esta que no es a de Zelaya. Preservar la vida del gobernante derrumbado es algo semejante al ocurrido en el fallido golpe en Venezuela, en abril de 2002, cuando Hugo Chávez fue cercado en el Palacio Miraflores, llevado a una prisión militar en el Caribe, y reconducido al poder después de la presión popular los días siguientes. Bien, este quesito presión del pueblo en las calles existe en Honduras. El problema hasta la fecha de publicar este texto, es el hecho de Manuel Zelaya ser recalcitrante y no dar señales de estar dispuesto a arriesgar la vida para mantener el gobierno..

 

De otra parte, se hay una diferencia entre el golpe hondureño y el intento del empresariado venezolano, es la relación con las fuerzas armadas. Chávez tenía el apoyo de la mayoría de los oficiales de baja patente y sargentos. Zelaya viene de la oligarquía hondureña y es visto como traidor por sus pares en la comandancia de las corporaciones militares aún profundamente influenciadas por la Escuela de Américas, las acciones de tipo tierra arrasada y las regulares implicaciones con el narcotráfico. Así, la variable represión va a jugar un papel importante. Esto porque, la reacción inmediata al golpe fue convocar una huelga general ya en la madrugada de domingo para segunda (29 de junio).

 

Laberintos y salidas para lo contra-golpe popular

 

Entiendo que en estos casos, la conmoción interna es el termómetro. Si no hubiera gente movilizada, aún sabiendo que es siempre una minoría activa quien toma al frente, daría por comprender que hay un apoyo de la “mayoría silenciosa” al golpe. El silencio de los que no son siquiera entrevistados es también fruto del bloqueo mediático. Como vivimos un momento de lucha popular de 4ª generación, las fuerzas represivas tienen como blanco permanente el bloqueo de antenas de telefonía celular, el control de lan houses y cyber cafés, además de la caída de tráfico y de velocidad en las bandas de internet en el país. Minando la capacidad de convocatoria por la media electrónica y las herramientas de comunicación móvil e de interactividad, los hondureños dan pruebas de haber aprendido con velocidad las lecciones de la represión iraní contra la contestación ciudadana. Todo eso se suma con siempre pésima cobertura de las agencias de noticias transnacionales y de las TVs con cobertura global como la CNN. No por casualidad, el recado de los golpistas ya en los primeros momentos, al mantener en cautiverio por un periodo un equipo de la Telesur.

 

Para interrumpir las protestas, habría dos salidas. Una sería la renuncia pública de Zelaya, gesto que no fue hecho. Otra, más costosa, es el aumento de la represión interna, retomando las prácticas de la década de ’80, cuando Honduras era el centro de la guerra sucia centro-americana promovida por los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush padre (de 1981 a 1992). En la mayor parte de los episodios semejantes, la falta de legitimidad no soporta los costos de muertos, heridos y mártires. Pero, para mantener el aliento, la resistencia civil interna necesitará ver la salida visible, lo que incluye el papel del actor legal, el presidente electo y depuesto Manuel Zelaya Rosales.

 

Las medidas de lucha en Honduras son mucho más contundentes del que se difunde por las agencias internacionales. Mientras escribo estas palabras, veo la noticia de que 34 carreteras internas están bloqueadas y Tegucigalpa, la capital, está cercada por tropas leales al golpe. Es justo el opuesto del ocurrido en Caracas en abril de 2002. En la ocasión, lo muero literalmente descendió haciendo uno cerco a la entradas de la capital venezolana. Simultáneamente, el Palacio Miraflores y el más poderoso canal de televisión fueron rodeados de populares, siendo que la Telesur fuera reocupada por resistentes civiles.

 

En momentos de crisis, aún quienes opinan de afuera y públicamente se posiciona contra el golpe y a favor de un polo de poder popular por fuera de las estructuras de la democracia liberal de procedimientos (como modestamente lo hago yo desde Brasil), no podemos perder la frialdad analítica. Cada momento implica un paso y un proceder. Ahorita no más, aún envuelto en un manto de supuesta legalidad, está el aumento de la represión a través del Congreso golpista votando leyes de emergencia y de forma abrupta apunta que la bayoneta y las rejas son la opción preferencial de la oligarquía hondureña.

 

Esto se da porque afuera del país la cosa está arrecha para los gorilas. Todas las condiciones externas para frenar el golpe están dadas, pero el jefe de Estado depuesto tiene que hacer su parte también. Retomado el aliento, con sustentación verbal (pero ningún acto incisivo) de la Asamblea General de la ONU, de la OEA, de Casa Blanca (Obama se manifestó para el Departamento de Estado no cortó la ayuda externa para Honduras), de la ALBA, además de la retirada de todos los embajadores europeos en la capital hondureña, Zelaya tiene oportunidades reales de retomar el poder legal. Pero, para eso tendrá que arriesgarse físicamente. Ahora le resta cumplir su palabra, retornar al país escoltado o no por otros jefes de Estado y emparedar los golpistas.

 

Pero, un análisis desde el punto de vista del pueblo en movimiento no puede sostenerse según los pasos dados o no por un politiquero convertido. Las dudas de fondo no reposan en la resistencia civil y en la movilización de las entidades de base hondureñas. Ahí reside el grado de certeza de las mayorías latino-americanas. La cuestión difícil de ser respondida es en cuanto a la firmeza de propósito y la lealtad al cargo del propio Manuel Zelaya. De ese modo, prepararse para una lucha de más largo plazo y no anclar las esperanzas en las posturas políticas del oligarca convertido parece ser la medida más correcta a ser tomada.

 

HONDURAS O EL CUENTO DE LA NO INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA

 

Por Jorge Altamira

 

 Un sistemático macaneo mediático, que en este caso es machacado sobre todo por la izquierda, ha pretendido que América Latina ha dejado de ser una semicolonia del imperialismo yanqui y que una serie de instancias diplomáticas, como la Cumbre de Río –la Unasur o incluso el Alba–, la ha emancipado de la tutela del capital financiero internacional. Más allá del palabrerío, sin embargo, sus gobiernos no se olvidan de mendigar préstamos del BID y del Banco Mundial, de organizar ‘pases’ financieros con la Reserva Federal, de suplicar el mantenimiento de las excepciones arancelarias de parte de Estados Unidos, o incluso de pactar con los Uribe; es decir, una suerte de ‘coexistencia pacífica con el narco-gobierno paramilitar’. En el surco trazado por este macaneo, se ha sembrado la idea de que Estados Unidos no ha tenido nada que ver con el golpe de Estado en Honduras. Es una forma de decir que “la embajada” ya no es más lo que era y que los golpistas son leones sin dientes ni garras. En realidad, las gestiones diplomáticas para reponer al presidente Manuel Zelaya se han transformado en el medio fundamental para imponer la victoria política de sus adversarios, la oligarquía golpista. Como informa Clarín (1/7), Zelaya prometió en Washington “que no buscará la reelección y que al finalizar su mandato en enero, vuelve a su casa”. O sea que el destituido tira la chancleta mucho antes de haber obtenido la más mínima concesión de sus enemigos.

 

Las maniobras diplomáticas se despliegan con una fanfarria sospechosa, que recuerdan el fiasco en el que concluyó la convocatoria a varios Presidentes, a fines de 2007, para recibir en la selva colombiana a la secuestrada Betancourt. El objetivo de ellas es neutralizar la posibilidad de un levantamiento popular en Honduras, con la zanahoria de una salida ‘más económica’, de origen internacional, y también los ajetreos diplomáticos de Chávez y de los mandatarios del Alba. Pero es claro que el golpe tiene un fuerte apoyo de toda la gran burguesía en Centroamérica y más allá de ella en toda América Latina – porque responde al propósito fundamental de la burguesía internacional de aprovechar la crisis mundial para revertir los procesos ‘bolivarianos’ en su conjunto. Es obvio que se trata de un operativo delicado, que parte de una apreciación dividida dentro del mismo ‘establishment’ norteamericano, pero es incuestionable que Obama opera como una pantalla ‘disidente’ al servicio de una liquidación del chavismo embrionario y distorsionado que intentó desplegar Zelaya – él mismo un terrateniente del viejo partido Liberal hondureño. El canal de televisión gorila de Venezuela, que tiene los vínculos más estrechos con la burguesía internacional, se ha convertido en un portavoz internacional del golpismo hondureño. Su línea argumental es que el golpe lo ha producido Zelaya al impulsar un referendo y una asamblea constituyente que son inconstitucionales, y al desacatar las resoluciones en contrario de parte de los restantes poderes del Estado. Este proceso de las intenciones de Zelaya ha sido convertido en una línea argumental para cuestionar la legitimidad de Chávez u Ortega, y podría ampliar la esfera de intervención de la OEA, con el pretexto de la defensa de la democracia, a todos los regímenes que se agrupan o coquetean con el campo bolivariano. Hay que hacer notar que Lula, quien no vaciló en refrendar al teócrata Ahmadineijad en el reciente levantamiento en Irán, le está sacando el cuerpo a la crisis en Honduras y se alinea con la diplomacia de Hillary Clinton.

 

Se ha abierto una gigantesca crisis política de alcance continental; se ha roto la ficción del ‘idilio’ que se buscó transmitir a partir del levantamiento de las sanciones a Cuba, por parte de la OEA. Si los gobiernos bolivarianos capitulan en Honduras, transando con falsas salidas diplomáticas, estarán poniendo en peligro su propia posición, incluso en forma inmediata; resurgirá de inmediato la conspiración política en varios países. Si, por el contrario, Obama se ve obligado a aceptar un compromiso que reponga a Zelaya sin condiciones (que solamente ocurrirá bajo la presión de un levantamiento popular), la burguesía norteamericana cuestionará la capacidad de su política de apaciguamiento para pilotear el conjunto de la crisis mundial; se ahondará una fisura que ya es perceptible en el ‘establishment’ de los Estados Unidos.

 

Nuestra propuesta de acción es la siguiente: primero, poner de relieve que se ha abierto una crisis política excepcional a nivel continental, que amenaza los avances populares registrados en la última década; segundo, denunciar el papel proimperialista que juega la OEA y su tentativa de imponer un compromiso que salvaguarde a la oligarquía hondureña; tercero, impulsar movilizaciones populares y una movilización continental con la consigna del apoyo al levantamiento popular en Honduras.

 

ZELAYA CAYÓ EN LA TRAMPA DE LA OEA

 

Por: Ítalo González

 

Muchas veces el destino de los pueblos corre el riesgo de perder la posibilidad de producir el salto de calidad, en su desarrollo social, que significa modificar su Constitución Nacional y pasar, por ejemplo, de la democracia representativa a la democracia participativa y suprimir de su Carta Magna aberrantes disposiciones como las que rigen en Honduras para modificarla, después de haber transitado décadas de despotismo y barbarie, acumulando fuerzas para ese cambio.


El pueblo hondureño se encuentra hace varios días en las calles reclamando el regreso de su legítimo Presidente, secuestrado por la oligarquía pro imperialista que está consolidándose en el golpe. El tiempo corre en contra de esta posibilidad y el margen de maniobra de los golpistas se amplía minuto a minuto. Eso lo saben los hipócritas de la OEA que presentaron la propuesta de retardar el regreso de Zelaya. Lo sabe también el gobierno de Costa Rica y el grupo de halcones estadounidenses, meloso el primero y solapados los segundos, que hacen esfuerzos por impedir la caída de los golpistas.

 

Una situación como la actual en Honduras, se desarrolla en medio de magnitudes cambiantes: Las masas enardecidas que no puedan irrumpir abruptamente y con su fuerza organizada y el líder al frente de ellas, que guíe sus luchas y mantenga la cohesión, la direccionalidad y la moral de combate, para coronar en corto tiempo el objetivo propuesto, pueden en 24 horas perder su fuerza y la contundencia de sus acciones; los integrantes de las fuerzas armadas indecisos y proclives a los intereses del proletariado, que no vean inclinarse la balanza a favor del movimiento popular, no terminan de definirse y pasar a la insurrección y los factores externos que apoyan con fuerza el movimiento pueden diluirse en la retórica embustera de quienes dicen apoyar, pero lo que tratan es de dar un respiro a los golpistas.

 

Lo anterior es precisamente lo que acaba de pasar en la OEA. Por ello, la posición de Venezuela fue la de hacer entender la situación, pero la mayoría de ese organismo, que sigue demostrando, en términos más melifluos, su compromiso con el imperialismo y las oligarquías criollas, cumplió muy bien su papel: GANAR TIEMPO para consolidar el golpe.


Se ignoró olímpicamente la advertencia de Fidel Castro, publicada un día antes del golpe. Allí se predijo prácticamente lo que podía ocurrir y está ocurriendo. El sábado será demasiado tarde, los golpistas habrán ganado opinión nacional e internacional, las masas agotadas ante esta vacilación, perderán fuerza, la represión aumentará rápidamente y los líderes sindicales, populares y las fuerzas políticas de izquierda serán sometidas por la fuerza, las torturas y el asesinato. Esto lo saben muy bien los teóricos de la guerra desde Zun Tsu hasta los asesinos del pueblo Tamil hoy; lo saben muy bien quienes manejan la técnica de la guerra de Cuarta Generación y su experiencia en todo el mundo. Lo saben con mucha razón los pueblos de Centroamérica que han vivido en carne propia procesos revolucionarios y lo sabemos los venezolanos que fuimos víctimas de maniobras parecidas en abril del 2002.


Corolario: ¿qué le importa a los golpistas ser excluidos de la OEA? Nada. Por ello, es al pueblo hondureño, sus organizaciones sindicales, de obreros y campesinos, juveniles, populares y a los partidos políticos que apoyan a Zelaya, a quienes corresponde acumular fuerzas y lanzarlas de inmediato contra el objetivo principal: Recuperar la Presidencia para José Manuel Zelaya.

A semana entrante será tarde, por ello todo el esfuerzo lo haremos para que el sábado se cumpla el objetivo propuesto.


¡La solidaridad inmediata, internacionalista proletaria debemos incrementarla AHORA!

Honduras golpe estado 05

LA PRUEBA PARA OBAMA

El Pentágono está detrás del Golpe de Estado en Honduras,

¿con o sin la aprobación de la Casa Blanca?

 

Por: Eva Golinger

 

Fuentes cercanas a Washington han confirmado que el Pentágono, a través de la misión militar (grupo militar) de Estados Unidos en Honduras, ha estado trabajando con los militares golpistas involucrados en el golpe de Estado contra el Presidente Zelaya. El Comando Sur realiza anualmente cerca de 55 maniobras con las fuerzas armadas de Honduras.

 

Cuando el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue brutalmente secuestrado en su residencia presidencial en Tegucigalpa en la madrugada del domingo 28 de junio, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, disfrutaba de la paz y tranquilidad del campo en Camp David, la residencia vacacional del jefe del Estado estadounidense. Mientras el Presidente Zelaya era golpeado por soldados hondureños e introducido a la fuerza en un avión sin conocer su destino, el presidente Obama desayunaba con el relajante sonido de los pajaritos del bosque en el Estado de Maryland. Y durante el desarrollo del golpe de estado en Honduras ayer, que produjo múltiples violaciones de los derechos humanos, el secuestro y la violencia contra la canciller de Honduras, Patricia Rodas, la brutalidad y secuestro de los embajadores de Cuba y Venezuela en Honduras y la toma ilegal del poder por un gobierno de facto, ilegítimo, el Presidente Obama estaba tomando una decisión muy, muy difícil sobre la iglesia a la que él y su familia asistirán durante los próximos años.

 

El titular de hoy, "Obama escoge en Camp David la misma iglesia a la que asistía George Bush", está más destacado en los medios estadounidenses que este titular que, además, minimiza y manipula la verdad, "Chávez y sus aliados respaldan al derrocado presidente de Honduras". Por lo tanto, es obvio que la selección de la iglesia donde la familia Obama pasará sus domingos durante los próximos cuatro años es mucho más importante que un golpe de Estado en un país centroamericano. Ahora también se entiende por qué las declaraciones de ayer de la Casa Blanca sobre el golpe en Honduras, efectuadas sólo por voceros y no directamente por el presidente, fueron tan ambiguas y mesuradas. Obama no sólo estaba de retiro en el campo con su familia, sino que además estaba tomando decisiones de alta prioridad sobre sus futuras estadías dominicales. No tenía tiempo para preocuparse de asuntos ajenas a su dominio personal. ¿Golpe?, ¿qué golpe? Obama estaba decidiendo sobre su propia vida y muerte, porque según reseña un artículo en la Revista Time , "a pesar de que Obama quería asistir a una congregación en Washington, luego de probar varias iglesias, decidió que 'era incómodo' estar en un lugar público donde 'la gente' se acercaba para verlo." Entonces, por eso tuvo que trasladarse urgentemente a Camp David para aislarse de su pueblo.

 

La cuestión es que Obama, a pesar de que es el actual comandante en jefe del ejército estadounidense y el presidente del imperio, todavía no controla directamente toda la maquinaria imperial. Fuentes cercanas a Washington han confirmado que el Pentágono, a través de la misión militar (grupo militar) de Estados Unidos en Honduras, ha estado trabajando con los militares golpistas involucrados en el golpe de Estado contra el Presidente Zelaya. El Comando Sur realiza anualmente cerca de 55 maniobras con las fuerzas armadas de Honduras. La misión militar de la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa financia a las fuerzas armadas de Honduras aproximadamente con dos millones de dólares cada año, y eso no incluye los millones de dólares que Washington suministra a través de otros programas de cooperación con Honduras y la gran inversión en la base militar de Estados Unidos en Soto Cano, Honduras.

 

Ayer, miembros del congreso golpista de Honduras anunciaron que durante la semana anterior habían celebrado reuniones con el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens. Incluso, un congresista hondureño declaró que el embajador quería que dejaran que se realizara la encuesta programada para el domingo pasado sobre un futuro referéndum para la convocatoria de una asamblea constituyente, porque "más adelante podemos resolver el problema de la reforma constitucional, no se preocupen". Pero, según el congresista, no querían esperar hasta noviembre y permitir que Zelaya, junto al pueblo, "tomara decisiones sobre el futuro del país".

 

Es cierto que el gobierno de Estados Unidos se ha unido a la declaración contundente de la Organización de Estados Americanos que condena el golpe de Estado y exige el regreso inmediato del Presidente Zelaya al poder. Pero hasta hoy, los voceros de Washington que han dado la cara sobre la situación en Honduras, han dicho que aún no están considerando la suspensión del apoyo económico y militar a Honduras en caso de que los golpistas se nieguen a cumplir con la Carta Interamericana y los principios democráticos. ¿Será que plantean un golpe al estilo de Haití en 2004, cuando secuestraron al presidente Aristide y lo llevaron al exilio en África antes de que el mundo se enterara de la brutal violación de la democracia que estaba ocurriendo en el país caribeño? Fue un avión estadounidense el que llevó a Aristide, escoltado por militares estadounidenses. Y luego, el gobierno de Estados Unidos junto a la OEA , condenó la ruptura del orden constitucional. Pero en lugar de trabajar para el regreso de Aristide a su puesto legítimo como presidente de Haití, apoyaron a un "período de transición" para restablecer el Estado de derecho y permitir un proceso electoral "pacífico" durante el año siguiente. Además, enviaron tropas de la ONU a Haití, que principalmente eran estadounidenses, para "garantizar la paz y orden" en el país. Hasta hoy siguen allí.

 

La Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) financia a grupos de la llamada "sociedad civil" en Honduras con más de 50 millones de dólares al año. A través de la National Endowment for Democracy (NED) y el Departamento de Estado, también canalizan millones de dólares y ayuda estratégica a los principales partidos y organizaciones políticas en Honduras a través del Instituto Republicano Internacional, el Instituto Demócrata Nacional y otras agencias de Washington. Grupos como Paz y Democracia, que salieron a la luz pública ayer respaldando el golpe de Estado en Honduras, reciben parte de ese dinero procedente de los autodenominados "promotores de la democracia". Tanto como en el caso de Venezuela, durante el golpe de Estado de abril 2002, el gobierno de Estados Unidos financió a los grupos involucrados en el golpe de Estado, y continuaba financiándolos a pesar de conocer sus planes golpistas. Tal vez no sea el "smoking gun" (o la evidencia directa) que comprueba la mano de Washington en el golpe, pero es suficiente para demostrar su complicidad..

 

El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró una vez que el Presidente Obama se vería sometido a una prueba internacional durante su primer año en el gobierno. La condena de Washington del golpe de Estado en Honduras tendrá que ser mucho más fuerte que su simple firma al final de la declaración de la OEA. Si no declaran que suspenderán el apoyo financiero al gobierno golpista en Honduras si éste continúa en el poder, el "cambio" que tanto avaló el presidente Obama con referencia a la relación entre su administración y América Latina quedará como un chantaje.

 

EL CAMPO DE LA LUCHA DE CLASES EN

EL PAÍS CENTROAMERICANO

 

Frank Molano Camargo

 

La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima.. País de pinos en primavera eterna y de montañas difíciles, por él han corrido largos ríos de sangre en una larga noche de odio y de temor.

 

El golpe militar contra el gobierno de Manuel Zelaya, ha sido justificado por la derecha internacional como el resultado "natural" de la sociedad hondureña ante la pretensión de Zelaya de "violar la Constitución" al proponer una encuesta para justificar su reelección en 2010, así se pondría fin, dicen ellos al expansionismo chavista en Centroamérica. Sin embargo, lo que estas interpretaciones ocultan es que el golpe fue diseñado y preparado por el empresariado neoliberal, los monopolios imperialistas y la cúpula militar a su servicio, opuestos a los intentos de cambio y democratización que el gobierno de Zelaya y los movimientos sociales hondureños impulsan. El golpe constituye una seria amenaza para los pueblos de la región que como Nicaragua y El Salvador buscan un orden distinto al neocolonialismo impuesto por Estados Unidos a lo largo del siglo XX.

 

El presente escrito, ubica el  golpe militar en un escenario nacional e internacional caracterizado por la pugna entre el proyecto de las clases dominantes respaldadas por Estados Unidos, que defienden el sistema de privilegios históricos y se enfrentan al emergente sector democratizador de Honduras que durante el gobierno del liberal Manuel Zelaya, logró una recomposición político social, creando nuevas oportunidades de democracia e igualdad.

 

Una lágrima de temor y miedo como historia nacional


Honduras es un pequeño país centroamericano, con 112.088 km2 de extensión y casi 8 millones de habitantes. Gran parte de su población tiene en la piel la herencia de los Mayas, mientras las clases dominantes están conformadas por un pequeño núcleo de terratenientes, burgueses intermediarios y una casta militar conformada por migrantes de origen europeo. Su nombre, Honduras se debe, según los historiadores, a la manera en que los colonialistas españoles desde el siglo XVI se refirieron a lo profundo del mar en la costa norte del país.


A comienzos del siglo XX, el país se convirtió en el modelo de "Banana Republic", primero bajo el dominio omnímodo de Sam Zemurray que fundó la  Cuyamel Fruit Company, principal competencia de la UFCO. Luego, a partir de 1930 cuando Zemurray fusionó su empresa con el monopolio imperialista de la UFCO, Honduras fue el modelo de republiqueta neocolonial norteamericana. Fue desde Honduras que se planeó el derrocamiento del presidente democrático Jacobo Arbenz de Guatemala en 1953.


Hacia la década de 1980 Honduras era un enclave militar estadounidense, a tal punto que en los medios internacionales se referían a esta nación como "un ejercito con país". En 1984, Honduras fue ocupada como base militar del ejército de los Estados Unidos para detener la Revolución Sandinista y el avance de los movimientos populares en El Salvador y Guatemala.


Al comenzar la década dos acontecimientos marcaron el panorama político hondureño: en 1981 se creó la Asociación para el Progreso de Honduras APROH, una organización corporativa presidida por el jefe de las Fuerzas Armadas y los grandes empresarios, la APROH se convirtió en el verdadero poder de Honduras, para lo cual usaba, según las circunstancias a los dos partidos tradicionales (Nacionalista y Liberal) o al Ejército. El Presidente de APROH era el jefe de las fuerzas armadas y el vicepresidente el empresario más poderoso del momento. Su prioridad era la lucha contra el comunismo internacional, el mantenimiento del sistema de privilegios, la alineación con los Estados Unidos, la exclusión política de las organizaciones populares y la negación sistemática de los derechos del pueblo. La APROH estuvo acompañada por dos de las corrientes de la fanática derecha internacional: la secta cristiana "Iglesia de Unificación" del reverendo Moon y la Fundación Cubana – Americana.


El segundo acontecimiento se dio en 1982, bajo la férula del Pentágono; los militares convertidos para entonces en una poderosa "burguesía burocrática" y la burguesía intermediaria, integrada por familias de empresarios y terratenientes como los Rosenthal, los Ferrari, los Canahuati Larach y los Facussé, pactaron (redactaron) la actual Constitución. Este pacto consagraba el sistema de privilegios de las clases dominantes, que solamente fue modificado en 1999, cuando en pleno auge del modelo neoliberal se restringió, más no se acabó, el poder político y económico de los militares, siendo relevados por la burguesía intermediaria, agrupada en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP).


Bajo el amparo constitucional en las últimas tres décadas en Honduras se aplicaron medidas antipopulares: el modelo contrainsurgente de "Seguridad Nacional", pues a pesar de que allí no prosperaron las guerrillas revolucionarias, la lista de desaparecidos, torturados, encarcelados del pueblo está integrada por líderes campesinos e indígenas, estudiantes y obreros, las listas de los condenados eran elaboradas por APROH. Desde 1985 se instaló el modelo maquilero en la costa norte del país que fue la base para el cambio de modelo económico en la década de 1990. Este nuevo modelo le dio un mayor protagonismo al empresariado y restringió en parte el poder económico, más no político, de los militares.


El lugar de Honduras en la estrategia de dominación neocolonial


La política neocolonial norteamericana contemporánea para los países de Centroamérica se estructura a partir de varias piezas articuladas como sistema de dominación: el TLC, que aún no ha sido firmado por Honduras; el control de la economía por parte de los monopolios imperialistas; la garantía de que el país siga cumpliendo su papel de emplazamiento militar norteamericano en el continente a partir de la base estadounidense Palmerola,  (la más grande de la región construida por Estados Unidos en 1985); y por último la aceptación por parte de las burguesías de un lugar subordinado, pero con algún rédito, en el orden global.


En tal situación, las clases  dominantes de los diferentes países buscan estrategias para articularse al orden global, como socios minoritarios y  agentes del imperialismo; esto porque a Centroamérica se le han asignado ciertas tareas en la división internacional del trabajo impuesta por la globalización imperialista: desaparición de cultivos y producción tradicionales, tales como arroz, frijoles, carne de pollo, carne de cerdo, res y otros y su reemplazo por "la nueva agricultura" producción y procesamiento de frutas (piñas, melones, naranjas), flores, tallos, plantas y otras plantaciones agrícolas exóticas, así como "nuevas" producciones de carnes: tilapia, suhsi de camarones, carne de Codorniz, Faisán, Cocodrilo… El turismo y sus diversas modalidades, se están desarrollando activamente; explotación del agua y otros recursos abundantes en el país.


Las burguesías centroamericanas están en un desesperado proceso de reconversión, unas están metidas en el sector de energía denominado biocombustibles: etanol, biodiesel y biomasa. Otras, se han asociado al capital extranjero, en el negocio del turismo. Hay otras que se han vuelto empresarios fruteros, camaroneros, etc. Algunos están metidos en el negocio del software, televisión por cable, fibra óptica, etc. Para todas estas clases dominantes cualquier obstáculo a su objetivo de ser parte de la "globalización", es asumido como un asunto de vida o muerte, de ahí el incremento de los conflictos entre las elites y los movimientos populares en la región.


En Honduras unas pocas familias unidas a los monopolios imperialistas concentran más del 90% de la riqueza, el poder político y los medios de comunicación. Los empresarios Jaime Rosenthal Oliva y Gilberto Goldstein dirigen el Grupo Continental, uno de los más poderosos y quienes están tras del golpe contra Zelaya.. Este grupo monopoliza la banca, la agroindustria y los grandes medios de comunicación: Diario Tiempo, Canal 11 y Cable  Color. Otros ricos empresarios que se oponen a la democratización de la sociedad hondureña son: José Rafael Ferrari (medios de comunicación), Juan Canahuati (maquila, Grupo Lovable), Camilo Atala (finanzas), José Lamas (explotación de la madera), Fredy Násser (telefonía y energía térmica), Jacobo Kattán (textiles), Guillermo Lippman (industria del azúcar) y Rafael Flores (construcción). Miguel Facussé, condecorado por el Senado colombiano en 2004 con la Orden Mérito a la Democracia, es uno de los magnates más fuertes de Centroamérica, quien incursionó en el negocio de la palma aceitera. En 1992, apoyó la ley de Modernización  Agraria que favoreció la concentración de la propiedad de la tierra, al comprar tierras a los campesinos a menos del 10% de su valor. La monocultura de la palma causó una fuerte reducción de la producción alimentaria, pero convirtió a Facussé en uno de los mayores productores de palma en Centroamérica.


Por otro lado, 1 millón y medio de hondureños vive en los EEUU, la mayoría en condiciones de ilegalidad, se suelen llamar "mojados" y aportan a sus familias con las remesas, lo que hoy constituye gran parte del presupuesto del estado, al tiempo que  entidades como Western Union, Gigante Express se enriquecen cobrando comisiones por las remesas.


Además, diferentes comunidades resisten a la voracidad de los empresarios, por ejemplo, casi medio millón de habitantes negros, los pueblos garifonas de la costa hondureña se enfrentan con el empresario Rosental Oliva por el control de sus territorios, que quieren ser reconvertidos a un megaproyecto turístico. También el empresario Facussé ha expropiado tierras de los pueblos garifonas para sus megaproyectos de palma aceitera.


Los movimientos sociales y la izquierda hondureña


Con el modelo represivo de la década de 1980 se produjo una debacle de la izquierda hondureña y de los movimientos sociales. El Partido Comunista se disolvió en 1990 dando origen a una concertación democrática, que hoy se denomina Partido de Unificación Democrática, que apoya al presidente Zelaya. El movimiento obrero fue diezmado, igual que el movimiento campesino e indígena; no obstante las implicaciones del modelo económico y político actual ha llevado a los sectores populares a reorganizarse para defender sus derechos básicos. Una de las principales coaliciones es la Alianza Cívica por la Democracia, en la Zona Occidental del país, que aglutina diferentes sectores sociales. Otra es la Coordinadora Nacional de Resistencia, tal vez la más importante coalición popular, al lado del Bloque Popular. Los indígenas han desarrollado sus luchas con la Confederación de Pueblos Indígenas de Honduras – COPINH.


Todos estos movimientos desarrollan luchas contra el modelo minero depredador que está llenando el país de lagunas de cianuro, contra la construcción de represas, la depredación de los bosques, una política petrolera que disminuya los costos de la gasolina importada, contra la ocupación militar norteamericana y por la democratización de la sociedad hondureña.


El gobierno de Manuel Zelaya y la aparición de un nuevo campo en la lucha de clases


En el año 2005 el Partido Liberal presentó a Manuel Zelaya Rosales como su candidato presidencial, el cual triunfó derrotando al candidato del gobernante Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa. Zelaya asumió el mandato en enero de 2006, parecía que se trataba de una nueva "vuelta de tuerca" en el orden neocolonial; sin embargo la dinámica del movimiento popular hondureño y un contexto internacional favorable a los cambios democráticos en América Latina, llevaron a Zelaya a un "giro político inexplicable e intolerable" para las clases dominantes y el imperialismo. Zelaya proviene de una familia de terratenientes madereros, implicada en los años 80 con grupos de extrema derecha y represión sobre comunidades campesinas. Desde muy joven hizo parte del establecimiento, militando en las filas liberales y siendo funcionario de carrera en diferentes gobiernos tanto del partido Nacional como del Liberal.


Durante el primer año de su gobierno (2006) enfrentó una ola de protestas populares, de parte tanto del magisterio, que exigía el cumplimiento del estatuto del docente como derecho adquirido y conquista laboral; como de los taxistas y otros transportadores que exigían una rebaja en los precios de la gasolina. Inicialmente Zelaya se mostró continuista, es decir desconoció las demandas populares, pero los roces con la administración norteamericana y las diferencias con sus "hermanos de clase", lo llevaron a reorientar sus coordenadas políticas.


En el año 2007 el gobierno hondureño se enfrentó con la embajada de Estados Unidos que defendía  a las tres importadoras de derivados del petróleo quienes durante 85 años habían monopolizado su importación: las estadounidenses Esso y Texaco y la holandesa Shell. Zelaya las despojó de los tanques de almacenamiento de combustible al comprar los productos a otra empresa estadounidense (Conoco Phillips) que ganó una licitación. Con esta medida se logró la disminución del precio de la gasolina, favoreciendo los intereses de los taxistas y otros transportadores. Sin embargo este gesto fue interpretado por Estados Unidos como un desafió a su autoridad; el embajador de Estados Unidos en Honduras, Charles Ford, acusó a Zelaya de expropiación y amenazó con esperar "instrucciones de Washington" para definir que comportamiento tomar ante el gobierno hondureño.


Además, para hacer sustentable esta política de bajo costo de la gasolina, Zelaya se acercó a Venezuela y a su propuesta de PETROCARIBE como una forma de compra de carburantes al crédito, con el pago del 50% y el restante 50% pagadero en 25 años con el 1% de interés, con la oportunidad de invertir una parte del capital ahorrado en proyectos de inversión social. Esta fue una alternativa criticada por la oposición de derecha que se quejaba de los acuerdos de Zelaya con el "comunismo internacional".


Otro tema de discordia con las clases dominantes hondureñas fue la intención del gobierno de proteger los bosques hondureños, en contra de la voracidad predatoria de los empresarios que con la tala ilegal afectan a las comunidades indígenas. Tampoco esta medida fue bien recibida por las clases dominantes, quienes no entienden por qué si Zelaya proviene de la elite maderera ahora afecta la libertad de empresa.


Ante la oposición empresarial y los cuestionamientos por parte del gobierno norteamericano, Zelaya se la jugó por fortalecer las alianzas con gobiernos democráticos de América Latina, a finales de 2007 estableció relaciones con Nicaragua y Venezuela y en 2008 decidió hacer parte del ALBA - Alternativa Bolivariana para las Américas. La reacción del empresariado, agrupado en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada COHEP, ha sido clara, en uno de sus comunicados de 2008 manifestó: "El sector privado manifiesta su desacuerdo con esta iniciativa unilateral del poder Ejecutivo, que desconociendo nuestra historia, tradiciones y cultura, pretende comprometer al país en una alianza política, militar e ideológica dañina para el futuro del pueblo hondureño y de la libre empresa".


Tanto el COHEP como los diputados de los partidos tradicionales, incluído el propio presidente del Congreso, Roberto Micheletti (el presidente golpista), rechazaron la firma del tratado que incorpora a Honduras al ALBA y se comprometieron a dejarlo como letra muerta sin ninguna viabilidad.

En el 2009 dos asuntos tensionaron aún más el campo de la lucha de clases. En primer lugar el impulso a un decreto de aumento del salario mínimo, que ha tenido una beligerante oposición del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), que se niega a cumplir el decreto de alza del salario mínimo.


También a comienzos del 2009, Zelaya empezó a promocionar una iniciativa para crear condiciones políticas que posibiliten un nuevo ordenamiento jurídico político, impulsando luego de las elecciones de 2010 una Asamblea Constituyente, que cuenta con el respaldo de los movimientos sociales y de la Izquierda. Para esto en las elecciones de junio de 2009 se crearía una cuarta urna de consulta popular. Esta iniciativa "rebosó la copa" de la intolerancia derechista, el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General, la Corte Suprema de Justicia,  el Congreso de la República, el partido Liberal (al cual pertenece Zelaya) y los mandos militares declararon ilegal la consulta, aduciendo que era una maniobra reeleccionista que violaba el ordenamiento constitucional vigente.


De parte de los movimientos sociales, las medidas de Zelaya fueron vistas como oportunidades para el pueblo y como decisiones que debían ser apoyadas. Tanto el Bloque Popular como la Coordinadora Nacional decidieron apoyar activamente las iniciativas políticas tendientes a la democratización. En un comunicado de mayo de 2009, el Bloque Popular manifestaba:


"Manifestamos al Pueblo Hondureño que a la oligarquía y a las transnacionales no les preocupa la reelección o el continuismo, lo que les preocupa es que con una nueva constitución perderán sus privilegios de dominación sobre el trabajo y apoderamiento de nuestros recursos naturales, servicios públicos y mercados para seguir obteniendo ganancias multimillonarias y atentando contra nuestra soberanía e independencia. Es por eso que hacemos este llamado a todo el pueblo para que apoye la consulta popular".


Todo esto alteró la tranquilidad de las clases dominantes, quienes empezaron a poner en marcha la estrategia golpista. El 24 de junio Zelaya destituyó al General Romeo Vásquez, Jefe del Estado Mayor Conjunto, por haberse negado a distribuir las tarjetas de votación de la consulta, ante esto el Ministro de Defensa y otros jefes militares renunciaron. A su vez la Corte Suprema apoyó a los mandos militares. El 28 de junio, día de la consulta  popular, grupos especiales del ejército arrestaron a Zelaya y a otros miembros del gobierno, maniobrando con el argumento de que el gobierno había renunciado voluntariamente, El Congreso inmediatamente nombró a Roberto Micheletti, presidente del Congreso, como presidente encargado hasta enero de 2010 y estableció el toque de queda, al tiempo que se ha iniciado no solamente el desmonte del gobierno de Zelaya, sino una nueva oleada de persecución contra el movimiento popular.


El 29 de junio el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) se manifestó en favor del golpe de Estado y respaldó la decisión legislativa de designar al presidente del Congreso, Roberto Micheletti: "No se está cambiando un Presidente por otro. Se ha logrado en un marco de unidad nacional, mantener la institucionalidad y el respeto a la Constitución y las leyes", dice el comunicado de los empresarios.


Mientras tanto a nivel internacional, es pasmoso, por no decir cínico el silencio cómplice del gobierno norteamericano de Barak Obama, quien además de expresar preocupación no ha movido un dedo para exigir el restablecimiento del gobierno de Zelaya. Otros gobiernos latinoamericanos, principalmente los gobiernos democrático populares de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, han exigido la vuelta al gobierno del presidente depuesto.


Los movimientos populares de Honduras han llamado a la desobediencia civil y a la movilización contra el régimen ilegítimo que se ha establecido. La lucha de clases en Honduras entra en un nuevo periodo, el pueblo defendiendo los intentos de democratización y los espacios posibilitadotes de cambio abiertos por el presidente Zelaya y las clases dominantes, respaldas por Estados Unidos, decididas a defender sus privilegios.

 

LA NATURALEZA GOLPISTA DE

LAS OLIGARQIAS LATINOAMERICANAS

 

Albino Vargas Barrantes

 

La oligarquía hondureña, vía intervención militar abierta, ha dado un Golpe de Estado que ha depuesto al legítimo presidente constitucional de la hermana República de Honduras, el señor José Manuel Zelaya Rosales.

No se anduvieron con paños tibios y mandaron al cajón de la basura, su sistema legal y constitucional, cuando se dieron cuenta de que el mismo se les había convertido en un cuchillo para su propio pescuezo.

 

El Presidente Zelaya cometió el “delito” de sensibilizarse acerca de la espantosa pobreza imperante en su país, precisamente por la codiciosa y desenfrenada voracidad de riqueza de esa oligarquía golpista de toda una vida; oligarquía que, por cierto, tiene en Costa Rica su buena cantidad de amigos y socios de negocios.

Y es que no debemos olvidarnos de que con tal de mantener el poder y su abominable sistema de concentración de riqueza, esas oligarquías son capaces de todo: matar, asesinar, comprar conciencias, corromper sueños y destruir ilusiones; exiliar, torturar, desaparecer y dar golpes de Estado; estafar, alterar mercados, tipos de cambio, etc.; concesionar, privatizar, ofrecer sobornos y dádivas; construir monopolios y oligopolios; manipular opinión pública, engañar, desinformar, excluir sectores, invisibilizar opiniones distintas; hacer juicios sumarios y condenar a priori; mentir descaradamente; arreglan encuestas y suben y bajan figuras según sus intereses de negocios; intoxican con novelas baratas, relajan valores morales y predican el culto al dinero, al consumismo, a la banalidad y a la promiscuidad con la “telebasura”, a fin de adormecer y domeñar la conciencia popular.

 

Ese tipo de oligarquía la vimos actuar en Costa Rica con ocasión de la lucha contra el TLC: mintió, manipuló, compró votos, repartió comestibles, latas de zinc, sacos de cemento, dinero en efectivo, arregló encuestas, etc.; todo a falta de ideas y ante la pobreza de argumentos. Sus grandes medios de comunicación, insultaron, denegaron derechos de respuesta, calumniaron, difamaron e injuriaron a todos cuantos nos pusimos a “su” TLC. Desdibujaban, escondían, invisibilizaban nuestras marchas y eventos. Ocultaron y/o minimizaron la más grande concentración cívica de la historia nacional, la del domingo 30 de setiembre de 2007. Violentaron sus propias reglas cuando sometieron al otrora sacrosanto tribunal electoral, acabaron con la independencia de poderes según sus parámetros de democracia representativa, llevando, incluso, al tribunal constitucional al peor descrédito de toda su historia.

Esas oligarquías, egoístas y codiciosas son igualititas unas de otras. Ahora están dolidas porque han venido perdiendo hegemonía política en varios países latinoamericanos y las tienen a la defensiva; y en otros, ya tienen debilidades de control para seguir manteniendo su “status quo” de privilegio.

 

Por eso siguen mintiendo y manipulando con los “grandes” medios de comunicación colectiva que controlan en ámbito nacional y multinacional. Por ejemplo, resultó sumamente indignante ver a la cadena de noticias CNN en Español, hablando de “Honduras: sucesión forzada”, en vez de lo que ha pasado ahí, un verdadero Golpe de Estado en toda la extensión de la palabra y en toda la profundidad del concepto político: perseguidos, detenidos, desaparecidos, exiliados, cierre de medios opositores, persecución, gases lacrimógenos, bala, muertos, etc. No hay otro calificativo para CNN en Español que el de “cadena golpista”.


Igualmente, indigna escuchar, por ejemplo, a Telenoticias de Canal 7, hablando del usurpador del poder en Honduras, nombrándole como “Presidente constitucional”, tal y como lo notamos en la edición matutina de este martes 30 de junio. Doña Pilar, don Ignacio: con todo respeto y en honor a la gran autoridad que la audiencia de este país democrático les ha dado: ¿ustedes creen que el señor Micheletti es el “presidente constitucional” de Honduras?...

 

Hay algo positivo en todo esto, pese al dolor y a la indignación que causa. La respuesta militarista y golpista de la oligarquía hondureña, es una esclarecedora señal de impotencia, de pobreza intelectual, de pérdida absoluta de valores, de ausencia de toda ética y de inmoralidad política llevada a su máxima y más deplorable expresión. Ellas, las oligarquías latinoamericanas, están desacreditadas y desprestigiadas, pues ya son varias las derrotas estratégicas que vienen sufriendo. Es cuestión de tiempo, como también es cuestión de tiempo para que en Costa Rica su hegemonía política decaiga. Ya hemos estado cerca de lograr tal objetivo. Ya hemos comprobado que es posible. Por ahora, concentrémonos en dar toda nuestra solidaridad al pueblo hondureño y a su legítimo presidente constitucional, el señor José Manuel Zelaya Rosales.

 

 
 
Honduras golpe estado 14

HONDURAS: LA MANO DE LA CIA

Golpistas siguieron al pie de la letra manual de agencia norteamericana

 

La historia se repite, y muy probablemente concluya de la misma manera. El golpe de estado en Honduras es una re-edición del que se perpetrara en Abril del 2002 en Venezuela y del que fuera abortado ante la fulminante reacción de varios gobiernos de la región en Bolivia el año pasado. Un presidente violentamente secuestrado en horas de la madrugada por militares encapuchados, siguiendo al pie de la letra lo indicado por el Manual de Operaciones de la CIA y la Escuela de las Américas para los escuadrones de la muerte; una carta de renuncia apócrifa que se dio a conocer con el propósito de engañar y desmovilizar a la población y que fue de inmediato retransmitida a todo el mundo por la CNN sin antes confirmar la veracidad de la noticia; la reacción del pueblo que conciente de la maniobra sale a la calle a detener los tanques y los vehículos del Ejército a mano limpia y a exigir el retorno de Zelaya a la presidencia; el corte de la energía eléctrica para impedir el funcionamiento de la radio y la televisión y sembrar la confusión y el desánimo. Como en Venezuela, ni bien encarcelaron a Hugo Chávez los golpistas instalaron un nuevo presidente: Pedro Francisco Carmona, a quien la inventiva popular lo rebautizó como “el efímero.” Quien desempeña su rol en Honduras es el presidente del Congreso unicameral de ese país, Roberto Micheletti, quien juró este domingo como mandatario provisional y sólo un milagro le impediría correr la misma suerte que su predecesor venezolano.


Resistencia a los cambios


Lo ocurrido en Honduras pone de manifiesto la resistencia que provoca en las estructuras tradicionales de poder cualquier tentativa de profundizar la vida democrática. Bastó que el Presidente Zelaya decidiera llamar a una consulta popular -apoyada con la firma de más de 400.000 ciudadanos- sobre una futura convocatoria a una Asamblea Constitucional para que los distintos dispositivos institucionales del estado se movilizaran para impedirlo, desmintiendo de ese modo su supuesto carácter democrático: el Congreso ordenó la destitución del presidente y un fallo de la Corte Suprema convalidó el golpe de estado. Fue nada menos que este tribunal quien emitió la orden de secuestro y expulsión del país del Presidente Zelaya, prohijando como lo hizo a lo largo de toda la semana la conducta sediciosa de las Fuerzas Armadas.

Zelaya no ha renunciado ni ha solicitado asilo político en Costa Rica. Fue secuestrado y expatriado, y el pueblo ha salido a la calle a defender a su gobierno. Las declaraciones que logran salir de Honduras son clarísimas en ese sentido, especialmente la del líder mundial de Vía Campesina, Rafael Alegría. Los gobiernos de la región han repudiado al golpismo y en el mismo sentido se ha manifestado Barack Obama al decir que Zelaya "es el único presidente de Honduras que reconozco y quiero dejarlo muy claro".


La OEA se expresó en los mismos términos y desde la Argentina la Presidenta Cristina Fernández declaró que "vamos a impulsar una reunión de Unasur, aunque Honduras no forma parte de ese organismo, y vamos a exigir a la OEA el respeto de la institucionalidad y la reposición de Zelaya, además de garantías para su vida, su integridad física y la de su familia, porque eso es fundamental, porque es un acto de respeto a la democracia y a todos los ciudadanos.”


La marca de la CIA

La brutalidad de todo el operativo lleva la marca indeleble de la CIA y la Escuela de las Américas: desde el secuestro del Presidente, enviado en pijama a Costa Rica, y el insólito secuestro y la golpiza propinada a tres embajadores de países amigos: Nicaragua, Cuba y Venezuela, que se habían acercado hasta la residencia de la Ministra de Relaciones Exteriores de Honduras, Patricia Rodas, para expresarle la solidaridad de sus países, pasando por el ostentoso despliegue de fuerza hecha por los militares en las principales ciudades del país con el claro propósito de aterrorizar a la población. A última hora de la tarde impusieron el toque de queda y existe una estricta censura de prensa, pese a lo cual no se conoce declaración alguna de la Sociedad Interamericana de Prensa (siempre tan atenta ante la situación de los medios en Venezuela, Bolivia y Ecuador) condenando este atentado contra la libertad de prensa.


No está demás recordar que las fuerzas armadas de Honduras fueron completamente reestructuradas y “re-educadas” bajo la férula de Washington durante los años ochentas, cuando el Embajador de EEUU en Honduras era nada menos que John Negroponte, cuya carrera “diplomática” lo llevó a cubrir destinos tan distintos como Vietnam, Honduras, México, Irak para, posteriormente, hacerse cargo del super-organismo de inteligencia llamado Consejo Nacional de Inteligencia de su país. Desde Tegucigalpa monitoreó personalmente las operaciones terroristas realizadas contra el gobierno sandinista de Nicaragua y promovió la creación del escuadrón de la muerte mejor conocido como el Batallón 316 que secuestró, torturó y asesinó a centenares de personas dentro de Honduras mientras en sus informes a Washington negaba que hubiera violaciones de los derechos humanos en ese país.


En su momento el Senador estadounidense John Kerry demostró que el Departamento de Estado había pagado 800 mil dólares a cuatro compañías de aviones de carga pertenecientes a grandes narcos colombianos para que transportasen armas para los grupos “contras” nicaragüenses y bandas paramilitares que Negroponte organizaba y apoyaba en Honduras.

Estos pilotos testificaron bajo juramento confirmando las declaraciones de Kerry.


La propia prensa estadounidense informó que Negroponte estuvo ligado al tráfico de armas y de drogas entre 1981 a 1985 con el objeto de armar a los escuadrones de la muerte, pero nada interrumpió su carrera. Esas fuerzas armadas son las que hoy depusieron a Zelaya. Pero la correlación de fuerzas en el plano interno e internacional es tan desfavorable que la derrota de los golpistas es sólo cuestión de (muy poco) tiempo.







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