La Conducta

 
 
    1.    LA CONDUCTA EN PSICOLOGÍA

El término conducta o comportamiento ha sido incorporado a la psicología desde otros campos del conocimiento; fue ya anteriormente empleado en la química —y lo sigue siendo aún— para referir o dar cuenta de la actividad de una sustancia, un cuerpo, un átomo, etc. Pos­teriormente, Huxley lo introduce en biología para referirse también a las manifestaciones de la sustancia viva: célula, núcleo, etc.; y Jennings, en psicología animal. En todos estos campos, el término se refiere al conjunto de fenómenos que son observables o que son factibles de ser detectados, implicando todo ello la consigna metodológica de atenerse a los hechos tal cual ellos se dan, con exclusión de toda inferencia ani­mista, vitalista, tratándose, por lo tanto, que su descripción y estudio sean una investigación libre —o lo más libre posible— de adiciones antro­pomórficas. Esta posición antimetafísica y antivitalista tiende en todas las ciencias a un mayor rigor científico, describiendo y explicando todos los fenómenos en función de los fenómenos mismos, sin tener necesidad de recurrir a potencias o fuerzas ajenas y distintas a los sucesos naturales. En el estudio del ser humano también se aplicó el término a todas las reacciones o manifestaciones exteriores, tratando as' de que la investi­gación psicológica se convirtiera también sistemáticamente en una tarea objetiva, y —por lo tanto— la psicología en una ciencia de la naturaleza.

El término conducta, aplicado a las manifestaciones del individuo, tiene siempre la connotación de estar dejando de lado lo más central o principal del ser humano: los fenómenos propiamente psíquicos o mentales. Estos últimos serían realmente los fenómenos más importantes, dado que originan la conducta; y si estudiamos únicamente esta última, nos estamos ocupando solo de productos y derivados, pero no del fenómeno central. Etimológicamente la palabra conducta es latina y significa con­ducida o guiada; es decir, que todas las manifestaciones comprendidas en el término de conducta son acciones conducidas o guiadas por algo que está fuera de las mismas: por la mente. De esta manera, el estudio de la conducta, considerada así, asienta sobre un dualismo o una dico­tomía cuerpo-mente, sobre la tradición del más puro idealismo, en el que la mente tiene una existencia de por sí y es el punto de origen de todas las manifestaciones corporales; según esta perspectiva, el cuerpo es solamente un instrumento o un vehículo del que se vale la mente (alma) para manifestarse. La raíz religiosa de este esquema es fácil de deducir.

En la historia del concepto de conducta en psicología, tiene impor­tancia el artículo de Watson publicado en 1913, que inicia la corriente o escuela llamada Conductismo o Behaviorismo, en el que sostiene que la psicología científica debe estudiar solo las manifestaciones externas (motoras, glandulares y verbales); aquellas que pueden ser sometidas a observación y registro riguroso, tanto como a verificación. Ya antes que Watson, Pillsbury había definido la psicología como la ciencia de la conducta y Angell —integrante de la escuela funcionalista— anticipaba el reemplazo de la mente por la conducta como objeto de la psicología. Posiblemente, entre los más importantes, en lo que respecta a la conducta como objeto de la psicología, haya que contar con los estudios de P. Janet y los de H. Piéron. Este último formuló, desde 1908, una psicología del comportamiento, y P. Janet hizo importantes aportes al tema de la psicología de la conducta, en la que incluía la conciencia, considerada como una conducta particular, como una complicación del acto, que se agrega a las acciones elementales. El mismo autor estudió la evolución de la conducta, describiendo una jerarquía de operaciones, compuesta de cuatro grupos: conducta animal, intelectual elemental, media y superior.

Pero aun con estos anticipos, el behaviorismo de Watson fue una verdadera proclama, consecuente y abierta, de una posición materialista en psicología; lo es, aun considerando todas sus limitaciones mecanicistas y los reparos puestos por diferentes autores a la verdadera paternidad de Watson sobre el concepto de conducta y —entre otros— las objeciones de H. Piéron, para quien el behaviorismo, como psicología específicamente americana, solo tiene de específico "sus exageraciones frecuen­temente pueriles".

Sin entrar en esta polémica de la prioridad sobre el concepto de conducta en psicología, interesa saber que fue Watson el que promovió una de las escuelas que hicieron tambalear, aún más, el edificio de la psicología clásica y que —de distintas maneras y con diferentes valores—aportó elementos que conducen a nuevas posibilidades de la psicología. Tolman dice que, indiscutiblemente, se habló de la psicología como cien­cia de la conducta antes de Watson, pero es este último el que transformó la conducta en un "ismo".

Watson incluyó en la conducta todos los fenómenos visibles, objeti­vamente comprobables o factibles de ser sometidos a registro y verificación y que son, siempre, respuestas o reacciones del organismo a los estímulos que sobre él actúan. Intentó asentar la psicología sobre el modelo de las ciencias naturales, con una sólida base experimental, y por ello presentó una sistemática oposición a dos postulados fundamentales de la psicología clásica: a la introspección, como método científico, y a la conciencia como objeto de la psicología. Sobre esto último, sin embargo, tal como lo sugiere Tilquin, quedan dudas de si la exclusión de la conciencia, por parte de Watson, es de carácter ontológico o metodológico.

Koffka incluye una división tripartita de la conducta, que presenta como muy semejante a la de McDougall; denomina procesos a la suma de movimientos observables, distinguiéndola del comportamiento y de las vivencias. El comportamiento incluye los procesos que denomina efecti­vos o reales y para los que se emplean conceptos funcionales, mientras que para los fenómenos o vivencias se utilizan conceptos descriptivos.

Explica estos conceptos con ejemplos sencillos. Si se observa un leñador y se determina que el número de leños que parte por minuto va disminuyendo, se está haciendo una observación del comportamiento, es decir, de procesos efectivos o reales; si sobre esta base se determina la fatiga del leñador, se está describiendo su comportamiento con un concepto funcional. En otro ejemplo similar, una persona desconocida pierde algo en la calle y yo lo recojo y se lo entrego; si al día siguiente vuelvo a encontrarla, esta persona reacciona de otro modo; describo su compor­tamiento diciendo que me ha reconocido o que me recuerda, utilizando un concepto funcional.

Las vivencias o fenómenos están constituidos por los pensamientos u opiniones que cada sujeto puede hacer. El leñador puede decir que está fatigado, y el desconocido de ayer, decir que me reconoce. Pero puede haber contradicción o una falta de paralelismo entre la descripción funcional de su comportamiento y las vivencias que realmente tienen estos individuos. La conducta externa y la' conducta interna están "no solo acopladas por fuerza y accidentalmente, sino emparentadas por esen­cia y unidas objetivamente".

Según Koffka, Thorndíke también emplea la palabra conducta de la misma manera o con la misma extensión, es decir, incluyendo el aspec­to fenoménico.

Jaspers es otro de los autores que intentó unificar los fenómenos que estudia la psicología, ordenándolos en cuatro grupos, según el grado de perceptibilidad de los mismos; el primero es el de los fenómenos vivenciados; el segundo, el de las funciones o rendimientos objetivos (memoria, inteligencia, trabajo, etc.); el tercero, el de las manifestaciones corporales concomitantes; y el cuarto, el de las objetividades significativas (expre­siones, acciones, obras).

Lagache ha dedicado mucha atención a este tema y define la con­ducta como la totalidad de las reacciones del organismo en la situación total. Reconoce en ella: 1) la conducta exterior, manifiesta; 2) la expe­riencia consciente, tal como ella es accesible en el relato, incluyendo las modificaciones somáticas subjetivas; 3) modificaciones somáticas objeti­vas, tal como ellas son accesibles a la investigación fisiológica; 4) los productos de la conducta: escritos, dibujos, trabajos, tests,, etc.

El término conducta se ha convertido así, en la actualidad, en patri­monio común de psicólogos, sociólogos, antropólogos, sin que por este solo empleo se esté filiado en la escuela del behaviorismo; inclusive se ha convertido en un termino que tiene las ventajas de no pertenecer ya a ninguna escuela en especial y de ser lo suficientemente neutral como para constituir o formar parte del lenguaje común a investigadores de distintas disciplinas, campos o escuelas.

De esta manera, el empleo que vamos a hacer nosotros del término está fuera de los límites de la escuela conductista o de alguna de sus variantes, aunque por otra parte resume y recoge las consecuencias, para la psicología, de la revuelta watsoniana, tanto como las de la Gestalt y el psicoanálisis. Incluimos así, bajo el término conducta, todas las mani­festaciones del ser humano, cualesquiera sean sus características de presen­tación, ampliando de esta manera el concepto a sectores muchos más vastos que los que caracterizan al conductismo. Es lo que han hecho, entre otros, Koffka, Janet, Lagache y —entre nosotros— E. Pichon Rivière. Al conjunto de manifestaciones del ser humano que llamamos conducta, está dedicado el presente estudio.

Adoptamos, como punto de partida, las definiciones que da Lagache sobre conducta, como "el conjunto de respuestas significativas por las cuales un ser vivo en situación integra las tensiones que amenazan la unidad y el equilibrio del organismo", o como "el conjunto de operacio­nes (fisiológicas, motrices, verbales, mentales) por las cuales un orga­nismo en situación reduce las tensiones que lo motivan y realiza sus posibilidades". En el ser humano este conjunto de operaciones tiene una estructura muy compleja que iremos distinguiendo en el curso de nues­tra exposición.

 

2. LA CONDUCTA COMO FENÓMENO CENTRAL DE LA PSICOLOGÍA

 

Trabajar en psicología con el concepto de conducta es una especie de retorno a "los hechos mismos", en la medida en que esto es factible en cualquier ciencia; este atenerse a los hechos, tal cual se dan y tal como existen, permite confrontación de observaciones, verificación de teorías y comprensión unitaria de aportaciones ubicadas en distintos contextos o encuadres teóricos.

Nuestro estudio de la conducta se hace en función de la personali­dad y del inseparable contexto social, del cual el ser humano es siempre integrante; estudiamos la conducta en calidad de proceso y no como "cosa", es decir, dinámicamente. Mowrer y Kluckhohn enumeran cuatro proposiciones "mínimas esenciales" de una teoría dinámica de la personalidad, a saber:

1. La conducta es funcional. Por funcional se entiende que toda conducta tiene una finalidad: la de resolver tensiones;

2.    La conducta implica siempre conflicto o ambivalencia;

3.    La conducta solo puede ser comprendida en función del campo o contexto en el que ella ocurre;

4.    Todo organismo vivo tiende a preservar un estado de máxima integración o consistencia interna.

Coinciden en estos cuatro puntos el psicoanálisis, la antropología social y la psicología del learning. El psicoanálisis ha demostrado la continuidad entre los fenómenos normales y patológicos de conducta; la antropología social tuvo una gran influencia en esta aceptación de la conducta, como estructura unitaria, al romper la distinción categórica entre sociedades "civilizadas" y "salvajes"; la psicología del learning ha contribuido a integrar nuestra comprensión de los atributos y capacida­des, vistos como únicamente "humanos", y las características de conducta manifestadas por el mundo "animal".

Los aportes con que se cuenta en la psicología contemporánea son copiosos y contradictorios. Aquí desarrollamos nuestra perspectiva de que la conducta es la unidad de estudio de toda la psicología y de todas las escuelas no que lo será, sino que ya lo ha sido. Sean cuales fueren los fundamentos teóricos y los "modelos" de pensamiento empleados, todas las corrientes y todos, los campos psicológicos han estado estudiando consciente o inconscientemente la conducta. Esta unidad de la cual todos han partido es multiforme y contradictoria, en constante devenir. Por ello, lo que intentamos en nuestro estudio presente, es una dialéctica de la conducta, de la que las distintas escuelas han tomado solo frag­mentos diferentes de la misma y con ello han distorsionado las relaciones reales entre los momentos del proceso dialéctico único.

 

3. UNIDAD Y PLURALIDAD FENOMÉNICA DE LA CONDUCTA

 

Desde antiguo se reconocen en el ser humano dos tipos distintos de fenómenos, a los que pueden reducirse todas sus manifestaciones. Uno es concreto, aparece en el cuerpo y en actuaciones sobre el mundo externo; aunque nunca puede existir una acción sobre un objeto sin que concomitantemente ocurra una modificación o movimiento del cuerpo, puede suceder que uno u otro sean, en momentos distintos, lo más importante. Así, consideramos una conducta concreta corporal cuando se trata, por ejemplo, del enrojecimiento o palidez de la cara, mientras que calificamos de conducta concreta en el mundo externo a, por ejem­plo, concurrir a un sitio, conducir un automóvil, aunque para ello se necesite lógicamente de las modificaciones corporales. Otro tipo de con­ducta incluye todas aquellas manifestaciones que no se dan como accio­nes materiales y concretas sino de manera simbólica; estas últimas son los fenómenos reconocidos como mentales.

Éstos son los fenómenos de conducta de los que siempre se ha par­tido en el estudio psicológico. Las diferencias doctrinarias derivan todas, no de la psicología misma, sino de aplicar a la psicología doctrinas cientí­ficas e ideologías que toman selectiva y preferentemente solo algunos de estos fenómenos y los relacionan de una manera dada, o bien olvidan o postergan los fenómenos reales remplazándolos por abstracciones o entes de los que hacen depender los fenómenos reales (alma, espíritu, etcétera); de esta última forma se procede no ya solo en el campo religioso o metafísico, sino en el mismo campo científico. Por ejemplo, exis­ten fenómenos que llamamos mentales; de ellos se deriva el concepto abstracto de "mente", pero que pasa muy pronto a tener independencia y vida propia, de tal manera que el fenómeno concreto está contenido o resulta de un hipotético funcionamiento de una abstracción, instituida en entelequia. Para nosotros hay fenómenos mentales, pero no hay una "mente"; hay fenómenos y valores espirituales, pero ello no implica que haya un espíritu.

 

Fig. 1. Áreas de la conducta: 1) área de la mente; 2) área del cuerpo; 3) área del mundo externo.

De esta forma, los dos tipos de fenómenos (concretos y simbólicos) dieron lugar a un dualismo sustancial; de la pluralidad fenoménica se hizo una trasposición a un dualismo sustancial. Es como si se describieran, por ejemplo, el rayo y el trueno no como fenómenos ligados a un mismo suceso, sino dependiente cada uno de ellos de una especial y particular categoría sustancial, entre las cuales se postulan correlaciones muy complejas y discutidas. Este tipo de trasposición idealista procede de la religión (y de la organización social que la sustenta); tiene una línea de evolución que está ligada a la mitología, donde se hacía depen­der el rayo y el trueno cada uno de un dios particular, y la aparición de los fenómenos se describía no como fenómenos, sino como una lucha entre el dios del rayo y el dios del trueno.

Para nosotros, la pluralidad fenoménica tiene su unidad en el fenómeno de la conducta misma, en el funcionamiento altamente perfeccio­nado del sistema nervioso central, y en el ser humano considerado siempre como persona en cada una de sus manifestaciones, vinculado en su condición humana al medio social.

Siguiendo a Pichon Rivière, representamos los tres tipos de conducta como tres círculos concéntricos y los enumeramos como uno, dos y tres, que corresponden respectivamente a los fenómenos mentales, corporales y los de actuación en el mundo externo. El mismo autor, estudiando muy detalladamente este esquema y su dinámica en psicología y psico­patología, ha llamado a estos círculos las áreas de la conducta.

Mowrer y Kluckhohn refieren que los psicólogos se hallan polari­zados fundamentalmente en dos grupos: los mecanicistas y los finalistas (teleología); para los primeros los estímulos producen movimientos y centran el estudio en esta relación, mientras que los finalistas están interesados por el estudio de la relación entre los movimientos del cuerpo y los efectos resultantes. Los autores nombrados integran esta divergen­cia en un esquema único de estudio:

Estimulación                                           Movimiento                                     Efectos

Pero, además, entre la estimulación y el movimiento intercalan la existencia de los procesos simbólicos (razonar, planificar, imaginar, con­siderar, pensar, etc.), con lo que el esquema es el siguiente:

                               Procesos simbólicos

Estimulación                                            Movimiento                                     Efectos

 

Este esquema último será aclarado más adelante cuando nos ocupe­mos de las opiniones de Murray, que tienen cierta similitud con los conceptos en que se basan Mowrer y Kluckhohn. Desde ya anotemos que la estimulación no es independiente del .sujeto y de su conducta, y que tanto los procesos simbólicos como los movimientos y los efectos, son todos conductas. La división en efectos sobre el sujeto, sobre otros y sobre el medio impersonal, queda sustituida con ventaja por el esque­ma de las Áreas de la conducta, según lo ha formulado E. Pichon Rivière; forma parte además de nuestras tesis principales el no reconocer la existencia psicológica de un medio impersonal, tanto como el hecho de que los movimientos y los efectos son conductas entre las que hay diferencias muy significativas que tocan al concepto básico de conducta y que desarrollaremos más adelante.

 

 

4.  COEXISTENCIA Y PREPONDERANCIA DE LAS AREAS DE CONDUCTA

 

La conducta siempre implica manifestaciones coexistentes en las tres áreas; es una manifestación unitaria del ser total y no puede, por lo tanto, aparecer ningún fenómeno en ninguna de las tres áreas sin que implique necesariamente a las otras dos; por lo tanto, las tres áreas son siempre coexistentes. El pensar o imaginar —por ejemplo— (conductas en el área de la mente) no pueden darse sin la coexistencia de mani­festaciones en el cuerpo y en el mundo externo y —respectivamente—también a la inversa.

Esta permanente coexistencia de las tres áreas no excluye el pre­dominio de alguna de ellas, en un momento dado, y es este predominio el que permite calificar a la conducta como perteneciente a cada una de las tres áreas.

Fig. 2 Preponderancia y coexistencia de las áreas de la conducta

La conducta se manifiesta en 3 áreas:
La intelectual, la social y la corporal.

La conducta es el vínculo entre los seres, desde que nacemos surge una necesidad y con ella una conducta que busca satisfacerla a través del vínculo con los demás.

A lo largo de su vida, cada se humano va desarrollando una forma peculiar de conducirse, vincularse con el medio, fruto de la interacción ente ambos, conformando un estilo propio de conducirse o vincularse, resultado de esa experiencia previa. El término PERSONALIDAD designa, precisamente esa forma particular de vínculo con los otros seres. Cada persona estructura su personalidad a través de las donductas.

5.  CIENCIAS DE LA CONDUCTA

 

Conviene desde ya adelantar que constituye un error suponer que a cada área de conducta corresponda una ciencia particular, a saber: la psicología para el área de la mente, la biología para la conducta en el área del cuerpo y la sociología para las manifestaciones en el área del mundo externo. Este criterio tan erróneo ya no puede ser en la actua­lidad seriamente sustentado por nadie. Estas tres ciencias se pueden y deben aplicar a todas las manifestaciones del ser humano, sea cual fuere el área de predominio o de manifestación, de la misma manera que un mismo objeto puede ser estudiado tanto por la física como por la química; no hay, por lo tanto, en el ser humano sucesos que deban ser estudiados exclusivamente por una ciencia o que sean del dominio exclu­sivo de un solo campo científico.

Toda manifestación del ser humano se da siempre en el nivel psico­lógico, y es por lo tanto factible de ser estudiada por la psicología, tanto si se trata de una manifestación mental como corporal (movimiento. gesto, tic, etc.) o en el mundo externo. De la misma manera, en cual­quier área la conducta implica siempre la participación indefectible del cuerpo y del mundo externo. Una conducta en el área de la mente, por ejemplo el pensar, debe ser estudiada tanto por la psicología como por la biología y la sociología: hay una psicología del pensamiento, una biología y una sociología del pensamiento. Una conducta en el área del cuerpo debe también ser estudiada por las tres ciencias; así, hay una psicología del gesto, una biología del gesto y una sociología del gesto. Una conducta en el mundo externo sigue las mismas exigencias; hay —por ejemplo— una sociología de la movilidad social, tanto como una psicología y una biología.

Por lo tanto, reiteramos que cada área de la conducta no se corres­ponde con una distinta entidad sustancial y que tampoco cada área es privativa de una ciencia en particular. Todas las conductas son objeto de todas las ciencias. Al respecto, el equívoco fundamental proviene en gran parte de la biología de laboratorio, en la cual se estudia fisiológicamente el movimiento de un músculo, de una glándula o de un órgano, pero esta biología no es la de la realidad, sino la de condiciones artifi­ciales, muy reducidas en su complejidad original.

Para el estudio de la psicología, queda con esto anotado un dato fundamental que queremos ahora subrayar: la psicología no es solamente la ciencia de los fenómenos mentales, la psicología abarca el estudio de todas las manifestaciones del ser humano y éstas se dan siempre, en reali­dad, en el nivel psicológico de integración. La psicología no excluye ninguna otra ciencia, sino que las implica necesariamente. Sin psicología no hay un conocimiento total del ser humano. Tampoco lo hay con la psicología sola.

 

6. ÁREAS DE LA CONDUCTA Y LAS "PARTES DEL ALMA"

 

Platón distinguió tres partes del alma, y de esta forma se designó, en realidad, tres tipos de fenómenos psíquicos: la parte concupiscente, la irascible y la racional, cada una de las cuales tenía un lugar propio en el cuerpo: el corazón, el vientre y la cabeza, respectivamente. Al res­pecto, ya Demócríto había creído que el pensamiento asienta en la cabe­za, la ira en el corazón y los apetitos en el hígado.

Aristóteles reconoce también tres partes en el alma: vegetativa, sen­sitiva e intelectiva; la primera es común a todos los seres vivos, la segunda a toda la serie animal y solo la tercera es peculiar y privativa del hombre,

Esta división de Aristóteles es la que se sigue en toda la Edad Media, y su influencia perdura aún en nuestros días.

Kant, basado en Tetens y Mendelssohn, dividió las actividades psíquicas en: conocimiento, sentimiento y voluntad, y es ésta la división predominante aún en la actualidad: intelecto, afecto y voluntad.

Si se examina con cierto detenimiento, veremos que cada una de estas partes del alma, del psiquismo, no significan otra cosa que las distintas áreas de la conducta. Y no puede ser de Otra manera, porque todas estas divisiones han partido siempre de la conducta real y concreta, de la experiencia del ser humano y de su quehacer social.

Fig. 3

Este volver a los fenómenos reales de donde se han originado las abstracciones, ha insumido siglos del progreso científico; ha necesitado del desarrollo del materialismo en forma cada vez más consecuente y —para ello— del desarrollo de las condiciones de vida de los seres humanos (organización social), que es la que permite la formación y emergencia de estructuras con las que se puede tomar conciencia de la subversión en la que se ha incurrido al tomar las abstracciones como entes, de los cuales se hace depender, a su vez, los fenómenos reales (idealismo).

La afirmación de que se hallan presentes siempre las tres áreas en toda manifestación de conducta, corresponde al hecho de que no se pue­den dar fenómenos afectivos sin los intelectuales y volitivos, y viceversa. Aclaramos, nuevamente, que no se trata de los mismos hechos con dife­rente lenguaje. El idealismo no se diferencia del materialismo por el empleo de un lenguaje distinto, sino que se trata en un caso de conocer los objetos y los seres humanos tal cual se presentan en la realidad, mientras que en otro caso se trata en parte de conocer y en parte de seguir desconociendo los hechos y objetos reales.

 Areas de la Conducta

Las áreas de la conducta son (Bleger, Pichón) concebidas como formas de comprensión y expresión de la misma y aunque pueden ser sucesivas, simultáneas o alternantes, las clasificamos por su predominio en área 1 o área de las representaciones mentales, área 2 o área del cuerpo y área 3 o área de las relaciones interpersonales.

Los ámbitos los dividimos (Bleger) en psicosocial, o relación del sujeto con su mundo interno; sociodinámico o de relación con su grupo familiar y otros primarios e institucional o de relaciones del sujeto con las instituciones básicas de su vida comunitaria (laborales, educacionales, recreativas.
En su camino evolutivo el ser humano se vincula a través de mecanismos psíquicos de proyección e introyección, que le van dando una representación interior valorativa (buena, mala o confusa) de sí mismo y de quienes le rodean.

Estos mecanismos son más intensos en la infancia y van amortiguándose con la maduración, aunque por su persistencia en la base de la personalidad reciben el nombre de psicóticos lo que equivaldría a inmaduros (los objetos no son buenos o malos, sino ideal y omnipotentemente buenos o malos.

Fuente(s):

7. PREDOMINIO SUCESIVO O ALTERNANTE DE LAS ÁREAS DE CONDUCTA

 

La conducta es una unidad que tiene una triple manifestación feno­ménica, en cuanto se da al mismo tiempo en las tres áreas, que son así siempre coexistentes, aunque con un predominio relativo en alguna de ellas; lo que nos permite calificar la conducta como mental, corporal o en el mundo externo. Pero este predominio es relativo, en el sentido que puede alternar o sucederse con el predominio en otra de las áreas. Se puede, por ejemplo, reaccionar con ansiedad frente a una situación dada (área de la mente); posteriormente, en otro momento, puede ceder totalmente esta manifestación y aparecer en su lugar palpitaciones (área del cuerpo), o bien ser ambas remplazadas por una conducta inestable en una actividad (área del mundo externo). Esta alternancia puede .hacerse en todas las direcciones y tener siempre el mismo significado, es decir, ser una misma reacción (ansiedad) a una situación dada. Pero en esa alternancia o sucesión de las áreas puede haber una progresiva modificación del sentido de la conducta: a las manifestaciones en el área uno, puede suceder una conducta en el área tres, que modifica la situa­ción y a su vez modifica, ulteriormente, la conducta en el área uno.

La alternancia del predominio puede significar un proceso estereo­tipado, como en el caso de que el significado de la conducta sea siempre el mismo, o bien puede ser un proceso dialéctico, como en el caso del pensar y realizar en concordancia; a su vez la realización modifica el pen­sar, y así sucesivamente.

 

8. PREDOMINIO ESTABLE DE UN ÁREA DE LA CONDUCTA

 

Por otra parte, el predominio de una de las áreas puede ser perma­nente, en el sentido de que las otras dos están muy poco desarrolladas o no se emplean como áreas de expresión de la conducta. En base a esto, se puede estructurar o construir una verdadera tipología que, por otra parte, coincide con tipologías o clasificaciones de la personalidad, ya desarrolladas por otros autores. En todo caso, lo que interesa no es una nueva tipología, sino señalar nuevamente cómo en psicología se ha tomado siem­pre como punto de partida la observación y estudio de la conducta, con mayor o menor inconsecuencia.

Las personas clasificadas como esquizoides tienen un predominio estable del área de la mente, y es en esta área en la que se manifiesta toda su conducta en forma preponderante, con escasa o nula interven­ción de reacciones o manifestaciones corporales, tanto como de actividad o actuación en el mundo externo. O mejor sería decir que los que pre­sentan esta modalidad de expresión de la conducta son los que han sido clasificados como esquizoides, introvertidos. En contraposición a éstos se hallan los "hombres de acción", en los que todo transcurre en el área tres, con escasa o nula intervención de las manifestaciones mentales y corporales. Un tercer tipo está constituido por aquellos en quienes predo­mina el área corporal: tienen palpitaciones si tienen miedo, presentan apetito si están contentos, constipación si están frustrados, acidez esto­macal si tienen rabia, etc. Constituyen el grupo reconocido como el de las personalidades infantiles.

 

9. COINCIDENCIA Y CONTRADICCIÓN DE LAS ÁREAS DE CONDUCTA

 

Hemos visto que en el predominio sucesivo o alternante de las áreas de conducta, estas manifestaciones pueden ser coincidentes, en cuanto a su significado o sentido, en respuesta a una situación dada; es el ejem­plo que hemos dado de la ansiedad, percibida como tal (área 1), rem­plazada por palpitaciones (área 2), o por inestabilidad en una tarea (área 3). Éste es un tipo de coincidencia cuando el predominio alterna.

Otro tipo (de coincidencia) se da cuando las manifestaciones de las tres áreas coexisten en forma relativamente equivalente y de tal ma­nera que todas tienen el mismo sentido o constituyen una misma reacción a una situación dada. Es el caso en el que se dan al mismo tiempo los tres tipos de reacción del ejemplo antes anotado.

Un fenómeno de gran importancia es el de la contradicción entre las manifestaciones de las distintas áreas de la conducta. Esta contradic­ción puede ser sucesiva o coexistente y en ambos casos puede ser en la misma o en diferentes áreas.

La contradicción sucesiva se refiere a que conductas polares, por ejemplo aceptación-rechazo, pueden aparecer sucesivamente como mani­festaciones en la misma o en diferentes áreas (sentir el rechazo y después actuar aceptando).

La contradicción coexistente, en la misma unidad de la conducta en un mismo momento, es un fenómeno de un alto interés para la psico­logía y la psicopatología, que rompe necesariamente con los cuadros del formalismo lógico y en el cual una cosa puede ser y no ser al mismo tiempo. Esto solo puede ser comprendido con la introducción del pensamiento dialéctico, que reconoce como real la contradicción en la unidad. Como fenómeno fue descrito y estudiado por Freud, aunque derivando de ello consecuencias teóricas no del todo correctas por falta del instru­mento necesario (el pensamiento dialéctico). Freud se forzó por hacer entrar sus descubrimientos en el cuadro del pensamiento formal, sin reparar en que lo que descubría rebasaba y hacía entrar en crisis, tam­bién en la psicología, al pensamiento formal.

De este fenómeno que estamos reseñando, la duda es un ejemplo de la existencia de manifestaciones contradictorias en una misma área al mismo tiempo; esto puede darse en el área del cuerpo y del mundo externo en forma de vacilación e inseguridad, respectivamente.

La contradicción en distintas áreas ocurre, en un mismo momento, también tanto en condiciones normales como patológicas, cuando por ejemplo se desea concurrir a una entrevista y al mismo tiempo se llega tarde, después de la hora fijada (contradicción entre áreas una y tres); cuando se desea ser cordial y al mismo tiempo se está tenso (áreas uno y dos), cuando se actúa afectuosamente y al mismo tiempo se está con el cuerpo tenso (áreas tres y dos).

Estas contradicciones entre las manifestaciones en las distintas áreas de la conducta, que se presentan en forma simultánea, corresponden al fenómeno más general de disociación de la conducta o división esqui­zoide, cuyo grado o magnitud puede ser muy variable.

El carácter contradictorio o conflictivo de la conducta fue estudiado muy detalladamente por Freud y constituye un aporte fundamental de la escuela psicoanalítica, pero Freud, que no mantenía la teoría en el plano de la conducta concreta, se vio llevado a la hipótesis de la existen­cia de una segunda mente o una parte especial de la mente, que ya no era de carácter consciente, sino inconsciente, partes que estaban en un interjuego entre sí y de cuyos vaivenes dependía la conducta concreta. Estamos, otra vez, ante el fenómeno de "mentalismo", que antes reseña­mos como una de las variantes o modalidades del idealismo en psicología.

Si la disociación o la división esquizoide no se mantiene, ocurre otro fenómeno ya estudiado también atentamente por Freud; el de la conducta como transacción entre ambos términos en conflicto. Una diso­ciación de la conducta (división esquizoide) evita la aparición del con­flicto aunque, por supuesto, sin resolverlo, mediante una división y separación de los términos opuestos o antinómicos.

 

BIBLIOGRAFÍA

BERGERON, M. (a, b, c); FOULQUIÉ, P., y DELÉDALLE, G.; GEACH, P.; JANET, P. (a, b, c); JASPEAS, R.; KOFFKA, K. (a, b); LAGACHE, D. (a, c, d, f, g); MOWRER, D. H., y KLUCKHOHN, C.; MUENZINGER, K. F.; PICHON RIVIÈRE, E. (a, b, c); PIÉRON, H.; POSTMAN, L.; TOLMAN, E.; SCHILDER, P. (b, c); SCHWARTZ, L.; TILOUIN, A.; WATSON, J. (a, b);
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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