Meditación Planetaria

Meditación Planetaria


Si pudiéramos reconocer que la Tierra es un gran ser vivo cuyas células somos los seres humanos, entenderíamos nuestra poca importancia personal y nuestra suprema y necesaria realidad grupal.

Sin embargo, concebir tal visión de la Tierra es tan difícil para un ser humano como sería para una célula corporal cualquiera observase como sencilla parte de un todo. Dicha célula, desde su nivel de realidad, posee la actividad inteligente de la materia y unas leyes denominadas “LAS LEYES NATURALES” que le permite tener un nivel primario de discernimiento, además, de la capacidad de procesar la luz y el sonido y de diferenciar ondas, partículas, cargas, etc., Lo que es, sin duda , una especie de órgano de los sentidos en un nivel inicial, al igual que un sistema rudimentario de movimiento.
Sin embargo, a esta célula el cuerpo humano no le representa un todo coherente y vivo, sino simplemente el espacio vital donde ella desarrolla su plan de vida, su única realidad posible, aunque sabe que ha de compartir su existencia con sus similares y con otras no tan parecidas.

Por primera vez sugerimos realizar una meditación por el planeta, algo que puede parecer inútil, o repetitivo de ahora en adelante, Pero sabemos que la naturaleza en la aplicación de sus leyes; busca la preservación de las especies y por consecuencia de nuestro planeta.

Sin embargo, como lo cierto es que todos los habitantes del planeta conformamos una unidad completa e inseparable, pero a veces lo olvidamos, estas meditaciones se proponen recordárnoslo.

Aunque no nos parezca equiparable este ejemplo a nuestra realidad, lo cierto es que la Tierra nos brinda el alimento -desde el principal que es el oxígeno, pasando por el agua, hasta toda la variedad de fauna y flora-, la estructura corporal, el campo energético, el espacio vital, y la posibilidad de transformación y crecimiento, entre muchas otras cosas.

A su vez, este ser es parte de un ser mayor -el sistema solar, el cual también parte de otro mayor aún-, del cual obtiene la cualidad que luego nosotros podemos expresar externamente.
Estas cualidades son simplemente diversas manifestaciones de la energía.
En la presente meditación, trabajaremos con los cuatro elementos de la naturaleza -fuego, tierra, aire y agua-, que son tendencias o cualidades esenciales sobre las que se sustentan y alimentan en conjunto todas las expresiones planetarias. De su equilibrio y armonía individual y grupal.

La siguiente meditación entonces, es para conectarnos con las fuerzas de cada uno de los cuatro elementos (1), a través de analogías y la meditación , con el fin de contribuir a armonizar estos elementos en el planeta y en nosotros.

MEDITACIÓN: Sentados, con la espalda recta, en un lugar cómodo y tranquilo, relajamos nuestro cuerpo, y nos concentramos en la respiración durante unos minutos, hasta lograr que sea lenta, rítmica y abdominal. Esto significa que, en la inspiración, el aire debe ingresar primero hasta el abdomen, y que entre cada inhalación y exhalación se debe realizar una pauta contando hasta dos. Una vez logrado dicho ritmo, visualizamos con los ojos cerrados una luz dorada que sale del sol e inunda todo nuestro planeta. Llevemos esta luz como un manantial de fraternidad a todo el globo terráqueo, hasta volverlo completamente dorado; en donde rige la armonía entre las cosas que la integran y luego la llevamos a nuestro plano de nuestra mente y recorremos nuestro ovoide dorado que representa nuestro cuerpo mental, hasta volverlo igual a la luz dorada recibida; buscando en ella la mayor tranquilidad posible. Posteriormente, hacemos que esta luz salga de nosotros y siga llenando con su energía de fraternidad y armonía al resto del planeta y a los seres que lo habitan y, si lo deseamos, a otras personas en igual manera.

Rescatando mi poder mental