Semana de oración por los cristianos perseguidos

17 - 24 de mayo de 2015



Los obispos españoles reunidos en la CV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española dieron el visto bueno para que, a juicio del Ordinario de cada diócesis, se dedique el tiempo que transcurre desde la Ascensión del Señor hasta Pentecostés, cuando los fieles se preparan para la celebración de la venida del Espírito Santo, a una oración intensa por esta intención.


Materiales

* Petición ha añadir en la oración de los fieles: “Por nuestros hermanos cristianos perseguidos: para que el Espíritu Santo les conceda el don de la fortaleza y convierta los corazones de quienes atentan cruelmente contra sus vidas y sus tierras, y en todas partes se afirme la paz y sea respetada la libertad religiosa. Roguemos al Señor".

* Petición ha añadir en las preces de Laudes y Vísperas esta petición: “Envía, Señor, a la Iglesia y a la humanidad tu Espíritu de Amor para que desaparezcan las disensiones y odios, y los cristianos puedan convivir en paz y armonía con todos los hombres”.





La Voz de los Obispos











Persecución de los cristianos
(Del Discurso Inaugural de la CV Asamblea Plenaria)

Card. D. Ricardo BLÁZQUEZ PÉREZ
Arzobispo de Valladolid
Presidente de la Conferencia Episcopal Española

Nos unimos a las reiteradas peticiones del papa Francisco a favor de los cristianos perseguidos en diversos países del Medio Oriente y de África. La dureza de la persecución ha herido no solo a cristianos de las diversas confesiones, sino también a fieles de otras religiones. Defendiendo a todos ha levantado el papa su voz y les ha mostrado su proximidad en la oración, con el afecto y el apoyo social y económico. Nos adherimos al papa en todas estas manifestaciones. La solidaridad humana, la fraternidad cristiana y la condición de creyentes nos unen a todos para exigir respeto a la dignidad humana y a la libertad religiosa.

Agradeciendo a Dios lo que ha significado para nosotros católicos el Concilio Vaticano II en la relación con todos las religiones, pedimos a todos que nunca utilicemos el nombre de Dios para perseguir e incluso asesinar a personas de otra religión. Matar en nombre de Dios es profanarlo y pervertir el sentido de su reconocimiento, que nos pide unir la adoración de su Nombre y el servicio a los demás. Es terrible que a unas personas y familias se las sitúe irremediablemente ante las alternativas siguientes: o creéis y hacéis lo que os mandamos, o salís de vuestra tierra, de vuestra casa y de vuestro pueblo, que ha sido vuestra patria desde tiempo inmemorial, o inmediatamente os asesinamos. Y así han tenido que huir muchos miles de hombres y mujeres, de niños y ancianos, de familias enteras. El papa ha clamado: es necesario detener este furor y frenar a estos agresores. ¿Se hacen eco nuestras sociedades occidentales debidamente de esta causa, para que la opinión pública exija que se paren estos desmanes? ¡Que toda causa a favor de la vida, de la dignidad humana y de sus derechos halle en nosotros protección y defensa! La violencia y la crueldad han alcanzado cotas que pensábamos habían sido superadas hace siglos de civilización, de cultura y de la relación entre los hombres. Los derechos humanos forman una especie de constelación. Unos derechos deben armonizarse con otros como los astros entre sí que siguen sus propias órbitas. Ningún derecho humano es "absoluto" en el sentido de que pueda desarrollarse sin tener en cuenta los demás derechos. Las personas tienen derecho a la libertad de expresión, a la libertad religiosa, así como tienen derecho a que sean debidamente respetados sus legítimos sentimientos religiosos y sus manifestaciones en el ámbito del bien común.

Me permito recoger dos testimonios muy elocuentes del papa Francisco. El primero lo pronunció en el Parlamento Europeo el día 25 de noviembre de 2014: «No podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente las cristianas, en diversos países del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas, quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos».

El segundo testimonio procede del discurso del papa pronunciado el día 16 de febrero de este año, en el Encuentro con el Moderador de la Iglesia Reformada de Escocia: «Me permito recurrir a mi lengua materna para expresar un hondo y triste sentimiento. Hoy he conocido la ejecución de esos 20, 21 o 22 cristianos coptos. Solamente decían: "Jesús, ayúdame". Fueron asesinados por el solo hecho de ser cristianos. Usted, hermano, en su alocución, se refirió a lo que pasa en la tierra de Jesús. La sangre de nuestros hermanos cristianos es un testimonio que grita. Sean católicos, ortodoxos, coptos, luteranos...: son cristianos. Y la sangre es la misma, la sangre confiesa a Cristo. Recordando a estos hermanos, pido que nos animemos mutuamente a seguir adelante con este ecumenismo que nos está alentando, el ecumenismo de la sangre».

Además de orar por estos hermanos nuestros, queremos promover en la opinión pública y en los ciudadanos de nuestro país una mayor sensibilidad y atención ante este sufrimiento frecuentemente olvidado que atenta cruelmente contra la vida y libertad religiosa de numerosas poblaciones, en este caso de cristianos, y vulnera los más elementales principios humanitarios y la histórica convivencia pacífica de siglos.

Es preciso mostrar a los cristianos perseguidos nuestra solidaridad también en forma de ayuda material para aliviar su sufrimiento en los campos de refugiados y en las poblaciones asediadas.




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